Capital de Argentina se recluye para frenar el contagio por COVID-19

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Calles sin transeúntes, avenidas con menor afluencia de automóviles y negocios vacíos esbozan una estampa atípica de Buenos Aires, donde sus habitantes intentan guarecerse del nuevo coronavirus.

«Tenemos que trabajar y entonces buscamos que los clientes vengan, pero ellos también se tienen que resguardar, así que se junta todo», reflexionó en diálogo con Sputnik el camarero de una pizzería, llamado Gustavo.

Eran las 22:30 de la noche (01:30 GMT) y sólo había un par de comensales en una mesa que estaba junto a uno de los grandes ventanales del restaurante, de modo que el local tenía en ese momento más empleados que clientes.

La pizzería, perteneciente a una franquicia, tendría un centenar de mesas distribuidas en dos pisos, que por lo habitual solían estar en su mayoría ocupadas, pero esta semana figuraba distinta, sin apenas movimiento.

Los camareros, sin mucho trabajo por delante, miraban la televisión encendida o se apoyaban en el mostrador a la espera de que entrasen nuevos consumidores.

Gustavo calculó que la afluencia al local había bajado más de 50% con respecto a un día ordinario, pero de momento los encargados no habían planteado una reducción temporal del personal.

«Por un lado uno piensa que si estuviera del otro lado se quedaría en casa pero también se junta la necesidad de trabajar», señaló.

El Ministerio de Salud de Argentina confirmó hasta el momento 97 casos de COVID-19, pero la capital argentina es la ciudad que se presenta como uno de los mayores focos de contagio al tener 53 pacientes hospitalizados.

A una hora donde el bullicio en general solía marcar el paso en el centro de Buenos Aires, un joven bajaba la persiana de una empresa textil, donde vendían al por mayor y por menor telas y tapices, apenas a unas manzanas de la emblemática avenida 9 de Julio.

«Generalmente cerramos a las 18:00 horas, pero estos días cerramos dos horas antes por la falta de gente, pues hoy habremos tenido un 50% menos, así que hay que ver cómo sigue esto», señaló Álex, empleado del comercio.

El joven conversó con Sputnik mientras miraba a un lado y otro de la calle, donde la mayoría de los locales ya estaban cerrados y apenas se divisaban peatones.

«Nosotros nos salvamos porque en parte vendemos a través de Internet, pero a esta hora solía haber trabajo y ahora la gente se cuida, no sale porque tiene miedo, así que decidimos cerrar dos horas antes», indicó.

Los comercios de la zona también clausuran antes «y hay menos movimiento, de tal manera que los clientes que se acercan vienen porque les faltó algo puntualmente, pero ya no vienen a comprar o a ver, y tampoco entran turistas», añadió Álex.

El joven comentó que cada día toma el tren para trasladarse de su casa, en la provincia de Buenos Aires, a la capital.

«En los últimos días se nota que hay mucha menos gente, ya que puedo viajar sentado», sostuvo.

El único movimiento que tenía un restaurante llamado Sabores Cosas Ricas, a unos metros de la empresa textil, era el de los camareros que trajinaban en la cocina.

«Esto es muy reciente para nosotros, no hay gente, pues muchos trabajadores recibieron asueto y los mayores de 60 años no salen de casa por lo que dijo el Gobierno», señaló la dueña del local, Roxana Erenberg.

La mayor parte de su clientela, que son oficinistas o empleados de las empresas textiles de alrededor, dejó de frecuentar la zona.

«Se despiden y dicen ‘Chau, nos vemos a partir del 1 de abril’, porque les han dado licencia», comentó la mujer.

Así las cosas, las ventas del lugar de comidas han bajado entre 40 y 50%, sin que hasta el momento Erenberg haya decidido reducir el personal.

«Justo se me han ido dos personas así que no voy a tomar más gente, pero si sigue así la cosa, voy a tener que sacar una persona», reconoció, al referirse a los seis empleados que tiene contratados.

Transporte reducido

El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires ordenó desde esta semana el cierre de teatros, cines, centros culturales, deportivos, clubes y establecimientos culturales.

Los centros comerciales permanecen abiertos pero con restricciones, mientras que desde el viernes el subterráneo de la capital sólo funciona en las cabeceras y en las estaciones que tienen combinación con otras líneas.

Cada vez más empleados de comercios y supermercados atienden con mascarillas a los clientes, mientras son mayoría los locales que establecen un máximo de dos o tres personas dentro de los establecimientos y que piden a los clientes que mantengan al menos un metro de distancia con ellos mismos.

Hasta las panaderías se han resentido por la falta de ventas, como le consta a la confitería Anahid, a metros de la Avenida de Mayo.

Su encargada, Patricia, también cifró la caída de ventas en 50%.

«He hablado con mi proveedor de carne de cerdo que dice que el teléfono lo tiene empapado, de toda la gente que lo llama llorando para cancelar los pedidos», explicó la mujer.

El local, que solía ofrecer almuerzos con guisos y carnes diversas, optó por reducir su oferta a tartas de verduras y otros vegetales.

«Ahora sólo hacemos comidas que nos puedan aguantar de un día a otro, porque la demanda ha caído muchísimo ante la falta de oficinistas que vengan a almorzar por la zona», señaló.

El 70% de las personas contagiadas con el COVID-19 se encuentra en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires.

El Gobierno argentino de Alberto Fernández adoptó numerosas disposiciones para frenar la propagación del nuevo coronavirus entre la población, como el cierre de fronteras, cuarentena obligatoria para los pasajeros provenientes de zonas de riesgo, limitación de movimientos y restricciones en el transporte público.

El Ejecutivo prohibió además el ingreso de extranjeros no residentes en el país hasta el 31 de marzo.

La gestión actual tiene pensado destinar más de 700.000 millones de pesos (10.769 millones de dólares) para asistir a las empresas damnificadas por la disminución de la actividad y para contener a la población más postergada, a fin de que pueda hacer frente al descalabro que están generando las medidas de prevención del coronavirus.

El país sudamericano se encuentra en fase de contención para evitar la propagación del virus, difundir métodos de prevención, detectar casos sospechosos, asegurar su aislamiento, brindar atención adecuada a los pacientes y fortalecer medidas de investigación.

Desde el 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) califica como pandemia la enfermedad COVID-19, causada por la nueva cepa de coronavirus, SARS-CoV-2, que empezó a propagarse desde la ciudad china de Wuhan a finales de 2019.

Actualmente, en el mundo hay 191.127 casos confirmados de COVID-19 y 7.807 muertos, informó la OMS en su último reporte.

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