Candulia: Una mujer de tres siglos


Fotos de Eugenio Pérez Almarales

A sus 125 años, repartidos en tres siglos, Juana Bautista Candelaria Rodríguez no teme a la muerte, la cual, afortunadamente, parece haber perdido su rastro, y afirma que no es la dieta estricta la razón de su larga vida.

¨Después de Campechuela -en Granma- siga hasta Ceiba Hueca, doble a la izquierda; como a dos kilómetros, cuando el camino se divida, coja a la derecha, pase ante el minirestaurante rural y frente a la cooperativa Jesús Menéndez, en una casita con medio portal de placa, la va a encontrar¨.

Seguí las instrucciones y llegué directamente hasta la mujer más longeva de Cuba y quizás del mundo.

-¿Aquí vive Candelaria?- pregunté

– Eso dicen, pero me conocen por Candulia- me respondió la anciana que aparentemente dormía, disfrutando de la brisa del campo.

– ¿Cómo se siente?

Candulia junto a su nieta Margarita

– Ya tú me ves. Regularcita, con una flojera…
– ¿Será por la edad?

– Bueno, ya tengo como 130 años- sonríe

– Usted no lleva mucho la cuenta del tiempo.

– No. ¿Pa´qué? Si siempre voy a morir.

– ¿Le tiene miedo a la muerte?

– No, chico. No le tengo miedo a nada.

– ¿Cuál es el secreto para vivir tanto? ¿Será la alimentación?

– Yo como de todo. Carne, viandas… de todo.

– ¿Pero seguro que carne de cerdo no, porque dicen que hace daño…?

– Carne de puerco también, y manteca. Eso no hace na´. El aceite nada más es pa´l pan, cuando no hay mantequilla. Yo me como lo que haya.

– Pero tiene que cuidarse.

– No. ¿Pa´qué? Yo hasta el otro día tostaba café, a cualquier hora, nunca me pasmé. Me gusta mucho el café. Tomo mucho. Cuando murió mi esposo, hace un montón de años, me levantaba de madrugada, colaba café, me hartaba de café y después me acostaba.

– ¿Nunca fumó?

– Sí fumé. Tabaco y cigarro. Hasta que me enfermé. Me dio dos veces neumonía. Es mala la neumonía esa. Pero hubiera seguido fumando, lo que pasa es que no me dejan. Y aquí estoy, dando lata.

– ¿El buen carácter será lo que alarga la vida? Usted siempre está contenta.

– Luego no. Luego estoy triste.

– ¿Por qué?

– Porque pienso en los familiares que he perdido.

Candulia, segunda de 13 hermanos, me cuenta que sus padres, Aurelio y Cecilia, se casaron y se mudaron para San Francisco –sitio cercano a Ceiba Hueca-, donde nació, el dos de febrero de 1885, y se trasladaron para Santa Rosa, cuando todavía era niña. La madre murió centenaria y el padre a los 96 años. Dos hermanos fallecieron pequeños, por enfermedades.

– ¿Cuántos hijos tuvo usted?

– Tres. Se me murieron dos. Queda Eliduvildo. Es un viejito. Parece más viejito que yo.

La nieta Margarita, quien escucha la conversación mientras trajina en la casa, me pide que mencione a Maelis, la doctora de la familia, quien atiende de manera especial a Candelaria.

– Ahora es que hay médico, porque antes de la Revolución había que ir a Campechuela o a Manzanillo. Aquí no había médicos, ni maestros, ni corriente… No había na ´. En este gobierno fue que le pusieron luz al barrio- comenta la entrevistada.

Recuerda que aprendió a leer con unos libritos que se compró como a los ocho o nueve años y disfrutó mucho de la lectura de libros y periódicos hasta que perdió la vista, hace dos años, como consecuencia de cataratas.

– Candulia, me alegro de haberla conocido y de que esté bien.

– Y yo estuviera mejor, si todos los que vienen a verme me trajeran algo, pero no me traen nada- y me despide con una sonrisa.

5 de febrero de 2010

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