Campos de la muerte (y II)

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Por Iñaki Urdanibia

       Como ya dejaba señalado, y aunque no lo hubiese dejado, la literatura sobre los campos de concentración y de exterminio ha sido realmente abundante y aunque pudiera parecer que el tema ya estuviese agotado, siguen publicándose obras, algunas de ellas de gran interés. Obras que han de sumarse a las de autores como Raul Hilberg, Florent Blayard, Saul Friedländer, Eugen Kogon, Jean-Claude Pressac, Anne Grynberg, Anette Wieviorka. Chistopher R. Browning, David Bankier e Israel Gutman, Rosa Toran, Laurence Rees, León Poliakov, Chil Rajchman, Montse Armengou y Ricard Belis, etc.,etc.,etc.

 

En el principio

         Quizá quien primero dio cuenta del carácter asesino de los campos nacionalsocialistas fue Vassili Grossman quien participando en el avance hacia Berlín del Ejército Rojo del que formaba parte en calidad de corresponsal de guerra dejó constancia de lo que observó en su « Infierno de Treblinka» ( 1945). Un año más tarde y por encargo del comandante en jefe del Ejército Rojo, Primo Levi y el médico Leonardo Debenedetti, que había sido deportado en el mismo convoy que Primo Levi, se reencontraron en el campo de Katowice, ambos escribieron un « Informe sobre la organización higiénico-sanitaria del campo de concentración de Monowitz para judíos»..

Si el nombre de el autor de « Si esto es un hombre» siempre ha ido unido a Auschwitz y al testimonio desde la óptica literaria, este texto es de carácter absolutamente diferente, lo que no quita para poder mantener que sus páginas dan cuerpo- o podríamos decir señal de salida- para su narrativa testimonial. El informe da cuenta de la llegada en los vagones de ganado de los deportados y la recepción que acogía a quienes llegaban que eran seleccionados: o bien para trabajar o bien para ir directamente a las cámaras de gas.. Se habla de las condiciones insalubres, del frío, del hambre y de los aparentes servicios médicos e higiénicos, que rozaban lo grotesco ya que las duchas obligatorias se realizaban sin jabón, se disponía de muchos medios para asistir a los internos pero la desinfección ( si se exceptúa la realizada a la llegada que iba acompañada del rasurado completo) brillaba por su ausencia: así, se usaban las sábanas que habían sido usadas hasta momentos antes por los fallecidos, la falta de cazos y cucharas hacían que se compartiesen lo que era la principal causa de contagio de las enfermedades más habituales( distróficas, gastro-intestinales, resfriados, infecciosas y cutáneas, quirúrgicas y debidas al agotador trabajo).

La Editorial Debate publica ahora este informe, acompañado de otros ( artículos, informes y reflexiones expuestas en distintas entrevistas) bajo el título de « Así fue Auschwitz».

Materiales que son muestra del deber de memoria del que Levi se hizo entregado abanderado, y a través de los cuales podemos asistir a la barbarie de la muerte programada que ya comenzaba desde el mismo momento en que eran embarcados en los vagones en los que iban a viajar hacinados: un SS les decía, con un siniestro cinismo, que llevasen ropa de abrigo abundante ya que a donde iban hacía más fría que en Italia, al tiempo que aconsejaba a los viajeros que llevasen joyas y objetos de valor ya que no les vendría mal en el futuro.

La muerte domina el lugar, por agotamiento, por frío, por hambre…en aquel mundo sin porqué que le espetase un SS al mismo Levi; y vemos la marcha de seres cadavéricos ( musulmanes). Un integral proceso de deshumanización, de desprecio y del uso del tejido de los taled, pañuelo con que se cubren los judíos, como materia para otras prendas, interiores, etc.

Trabajos forzados, y sin sentido, para seres exhaustos que en el colmo del colmillo iban acompañados con música de violines.

Primo Levi , a pesar de su corta estancia y su débil salud, sobrevivió debido a su profesión de químico y a sus conocimientos de la lengua alemana( perfeccionaba tal conocimiento pagando a otros reclusos con su ración de pan), que hizo que pasase a trabajar en la planta que allá tenía instalada la empresa I.G.Farben con el fin de fabricar caucho sintético.

Las reflexiones del autor de « La tregua» meten el dedo en la llaga, mejor en las llagas, de la incredulidad y del negacionismo; tampoco queda ausente la vergüenza de las miradas para otro lado con el fin de evitar la insoportable vergüenza de pertenecer a la raza humana. La responsabilidad de las grandes industrias alemanas y su empeño por obtener suculentos beneficios aprovechándose de mano de obra esclava también es subrayada.

No se puede obviar uno de los aspectos que siempre atormentaron al turinés: la culpabilidad de los que sobrevivieron ya que según su visión lo habían hecho a costa de algo o de alguien…con mención especial para con quienes intentando mantenerse a flote se servían del dolor ajeno, trepando con su buen comportamiento, sus delaciones, etc.; asunto que no era exclusivo de los campos sino también de los países en los que se efectuaban redadas con la colaboración y delación de los vecinos.

Si Primo Levi abrió brecha, al ser el primero en testimoniar, junto a Antelme y Rousset, luego vinieron más testimonios, más obras históricas y ensayísticas…

El sistema nacionalsocialista

Consideraba Hannah Arendt como uno de los rasgos esenciales de los sistemas totalitarios la puesta en pie de los campos de concentración. Si sobre tal tema se han publicado numerosas obras, muchas de ellas parciales y/o dedicadas en alguno de los campos de los que hablo, ahora acaba de publicarse un libro-esponja y lo digo ya que en él se absorben las informaciones contenidas en tales libros del mismo modo que se recogen los testimonios de los supervivientes, de los más conocidos y de otros que el autor desvela con todo tipo de detalles. El libro monumental del que hablo es « KL. Historia de los campos de concentración nazis» ( Crítica). La obra consta de mil cien páginas de las cuales más de cuatrocientas están dedicadas a notas, bibliografía e índice analítico, lo cual da cuenta de la exhaustiva documentación utilizada y de la magnitud de la empresa llevada a cabo por Nikolaus Wachsmann a lo largo de diez años.

El autor presenta la génesis y desarrollo de los campos, desde los primeros organizados en el propio territorio germano con el fin fundamental de acabar con la oposición política, y que se instalaban en tabernas, barcos, palacios en los que la tortura campaba por sus respetos, a la utilización de otros medios más expeditivos si cabe y con la ampliación de las víctimas; es decir, cuando ya parecía que se había liquidado a la oposición ( comunistas, cristianos..), el exterminio se extendió hacia el este europeo con el centro de gravedad puesto en dirección higienista: debía acabarse con los parásitos( judíos, gitanos y otras etnias), con los desviados( homosexuales…) y con los “anormales”. Fue en su marcha hacia el este en donde se dio el mayor número de asesinatos por medio de balas, enterramientos en zanjas a las que iban a parar poblaciones enteras; la salvajada fue elevada a forma de gobierno, ya que se llegó a la convicción de que el terror podía mantener a Hitler en el poder y ampliar su territorio por medio del uso de este.

Dicha arma de gobernar fue institucionalizada en forma de campos de concentración y de exterminio, cuyos nombres cobraron siniestra celebridad: Dacha, Treblinka, Auschwitz, etc., etc., etc. La responsabilidad de la escabechina fue dejada en manos de Himmler que mostró un celo sin par en culminar la « solución final». En el caso del complejo de Auschwitz compuesto por una red de campos subalternos, fue Göring quien se hizo cargo de la « fabricación de cadáveres», al principio a regañadientes y hasta mostrar ciertos desacuerdos con los métodos expeditivo instaurados por el director general nombrado; tras estas primeras dudas, el sujeto fu cogiendo gusto al trabajo y llegó a enorgullecerse pos sus certeras innovaciones asesinas: entre ellas, la utilización del Zyklon B, que hacía ganar en eficacia ( frente a los iniciales camiones y sus tubos de escape, o los tiros en la nuca) además de que evitaba los problemas de conciencia y depresión de los encargados de suministrar la muerte.

El trabajo de Wachsmann combina la información documentada con las sangrientas anécdotas que nos son presentadas hasta los límites de la nausea. Nadie tome lo anterior con un morboso recurso a los temas escabrosos sino el tenaz empeño de hacernos vivir, y sufrir, lo allá vivido…propósito que el profesor de historia alemana en la universidad londinense cubre con creces, al plantarnos ante la existencia vil de las víctimas y la acomodada existencia de los kapos, y nada digamos de los jefes de las SS; en este orden de cosas , el nombrado Göring señalaba en sus memorias la placidez de su vida familiar en el chalet que en tal geografía disfrutaba con su familia..

Trabajo cronológico, que va señalando los distintos pasos y que deja ver la adecuación de la mortífera empresa a los tiempos de guerra…que hicieron que el führer tomase a los detenidos, y más en concreto a los judíos, como rehenes ante el avance de los aliados y del ejército rojo.

No es de extrañar que grandes especialistas del estudio de la Shoá hayan elogiado sin remilgos esta obra: Saul Friedlänger o Christopher Browning, o Ian Kershaw que la considera « insuperable», o de Ricard Evans que la valora como una« hazaña de la investigación» y, a la vez, « una narración humana y sobrecogedora, bellamente escrita».

Cierto es que la extensa obra no peca de la aridez de los textos del género histórico, sino que su modo de narración hace que se lea con fluidez , si bien con escalofríos y el desasosiego debidos a la crudeza de muchas de las significativas- en su horror y crueldad- situaciones relatadas, asoma hasta los límites de lo soportable.

El presente del pasado

El Holocausto-uso el término que usa Snyder y que se utiliza habitualmente en el ámbito anglosajón, a pesar de que no me convence por su sentido ritual religioso que con corresponde de ninguna de las maneras con los hechos nombrados- no es cuestión de historia pasada sino que es una cuestión presente, demasiado presente, según el autor de Timothy Snyder, << Tierra negra . El Holocausto como historia y advertencia>> ( Galaxia Gutenberg).

Con tal perspectiva el profesor norteamericano continua su profundización en el desastre que sacudió el Viejo Continente a mediados del siglo pasado. Si antes visitó la zona en su « Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin», ahora centra su mirada en la expansión germana en busca del necesario «espacio vital» lo que hizo que se diese por parte del III Reich una política claramente colonialista , buscando en las tierra invadidas hordas de colaboradores en su criminal faena, de este modo puede verse con los hechos que aporta el autor cómo muchos de los asesinos no eran germanos sino pertenecientes a otros pueblos ( polacos, lituanos, ucranianos…), que aprovecharon la desmembración del tejido político-institucional propio para cometer sus tropelías y arreglar así viejas cuentas, y rencillas ancestrales, pendientes; todo ello con la vista gorda de los estados democráticos. Fueron en tales zonas en las que los asesinatos en masa se cobraron mayor número de víctimas y no en los campos nacionalsocialistas propiamente dichos. El reparto de Polonia firmado por el pacto germano-soviético supuso unas amplias zonas de contacto entre ambos campos, que una vez roto el pacto por parte de las fuerzas hitlerianas hizo que estas entraran en colisión creándose en medio-por decirlo de algún modo- un cierto vacío de poder propio de los ciudadanos locales.

Snyder entrega un trabajo documentado ampliamente y combina los datos históricos con las lecciones que de ellos de han de extraer, empeñándose en huir de ciertas visiones sesgadas que obvian la complejidad del asuntos estudiado. Subraya cómo la mayor parte de las muertes de dieron en zonas en las que los aparatos estatales habían desaparecido, y no en tierras germanas ni en campos de concentración ( y de exterminio) bajo su mandato; los asesinos no fueron solamente germanos sino que muchos de ellos pertenecía a otros pueblos.

La visión que ofrece el ensayista completa las interpretaciones intencionalistas con las funcionalistas; es decir, es claro que en la doctrina de Hitler que predicaba la pureza de la raza aria y la eliminación de todos los parásitos o cuerpos extraños que podían infectar tal pureza estaba ya in nuce cierta senda que conduciría a la « solución final», mas no todo estaba allá sino que sobre la marcha fueron probándose el cómo aplicar el ideario y podría decirse más: la práctica del exterminio fue calentando las ansias de sangre, lo que fue acrecentado de manera mayor todavía ante la creciente amenaza de la derrota.

Estos aspectos que antes he señalado que subraya la obra es la que conduce a mostrar la actualidad de aquellos hechos y la necesidad de tenerlos en cuenta, convirtiéndolos en materia de enseñanza por otra parte, como lecciones para que no se pueda repetir el desastre, si no como mera repetición de lo mismo, como voz de alerta ante ciertos males que pueden acecharnos de manera permanente. Esa interpretación que guía el profesor es la que le lleva a propugnar una concepción de los hechos desde una óptica colonial, internacional, cronológica, política y multifocal; aspectos que han de tenerse en cuenta no sólo por motivos de justicia sino de comprensión , como paso necesario para escapar de las redes del desastre; dice: « la combinación exacta de ideología y circunstancias del año 1941 no volverá a producirse, pero tal vez si algo parecido. En consecuencia, el esfuerzo por comprender el pasado pasa en parte por hacer el esfuerzo necesario para comprendernos a nosotros mismos. El Holocausto no es sólo historia, sino advertencia».

Por fusionar los términos contrapuestos de Umberto Eco pueden atisbarse ciertos tonos apocalípticos-integrados en la escritura de Zinder, ya que alertando ante los peligros del posible incendio los hace con cierto beneplácito ante lo menos malo que las «experiencias totalitarias» que sería el statu quo actual, con respecto al que no está de más destacar las intervenciones que so capa de lucha antiterrorista y caritativo « humanitarismo» se llevan a cabo por distintos lugares del globo , que casualidades de la vida son zonas ricas desde el punto de vista geoestratégico y de materias primas, y de las que huyen despavoridos personas que buscan si no el paraíso al menos el menos infierno…hileras que, sin caer en interpretaciones anacrónicas ni diacrónicas, recuerdan a escenas vistas en épocas que el libro visita.

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