Campamento de violencia machista

A juzgar por la celeridad con la que se sacaron una gala no anunciada del bolsillo, parece ser que a Telecinco le ha pillado por sorpresa el trending topic (temas más discutidos) número 1 de twitter #TodosSomosNoe. La Noe a la que se referían masivamente los tuiteros en un ataque de indignación, denuncia y rabia no era el feliz propietario de un arca destinada a ser la única superviviente del diluvio universal. No, aunque en un primer momento pensé que los tuiteros habían decidido denunciar con unos siglos de retraso la homofobia de un único navío cargado de parejas exclusivamente hetero (¿dejaron a los animales felizmente homosexuales y sin deseo de reproducirse en tierra… erm, en agua?), la Noe del hashtag (la etiqueta precedida con el símbolo #) resulta que es una concursante reciclada del reality Gran Hermano a la que el reality low-cost (vamos, lo que se llama “cutre” de toda la vida) Campamento de verano obligó en su gala del lunes a quedarse casi desnuda, con un minúsculo bikini que le impelía a taparse con los brazos en un gesto de evidente incomodidad, para rociarla con chocolate cual prostituta de lodazal como recompensa por haber pasado cuatro días de hambre —a pan y agua— con una sonrisa.

Mientras el supuesto “sargento” procedía a realizar la tarea con una regadera (low-cost hasta para Telecirco) escuchábamos los repugnantes comentarios del presentador (hijo de presentador franquista que parece haber heredado su gracejo machista) decir barbaridades como que si los demás concursantes querían comer tras 4 días a pan y agua —por un absurdo y maltratador castigo, recordemos— podían lamer a la “premiada” concursante a placer.

noemicampamentochocolateHumillada hasta el extremo (y alérgica al chocolate, parece ser), la concursante acabó por explotar y le espetó al divertido verdugo un dolido “Me parece supermal que ahora me tiren el chocolate para que sea la ‘chica porno’. Me parece supermal lo que hacen conmigo” que completó luego con un iracundo “Si tú me dices a mí que cualquiera… [puede lamerme] ’Ahora que tus compañeros te laman el chocolate’, ¿qué me quieres decir? Ven tú y lámeme el c… (se señala los genitales)”. Prat se limitó a seguir riéndose de la humillación y de la insinuación de que ella se dejaría lamer (o algo peor) por cualquier hombre del campamento que lo pidiese. Especialmente Pedre (tomado como el feo tonto) “el primero de la fila” según el ínclito hijo de Joaquín Prat.

Sé que el argumento de muchos será que Noemí es la primera en aceptar y reforzar los peores patrones machistas. Incluso beneficiarse de ellos (¿de qué iba a estar en televisión si no?, exclamará algún lector acostumbrado al medio). Totalmente de acuerdo, la tal Noemi aparte de jugar a mujer objeto sexualizada para “dar juego” (peligroso concepto con el que se justifica la peor violencia machista y homófoba) o jugar a calentar al “tontito” oficial del campamento para divertimento de los espectadores con más prejuicios y estereotipos (otro discurso hipócrita peligroso el que se nos vende con Pedre como gran oportunidad de dar visibilidad a “niños en cuerpo de hombre, que tontito ya no se dice”, cuando lo están poniendo para mofarse de su diferencia o aparente discapacidad), es la primera que ha reforzado los peores estereotipos machistas para beneficiarse de la recompensa que el sistema ofrece a quien se preste al peligroso juego.

El problema es que todos estos argumentos por muy ciertos que sean, que lo son, no justifican la violencia machista del de enfrente. Vamos, que por muy machista, homófoba o aprovechada que sea la de enfrente eso no justifica que tú también lo seas. Lo siento, pero ese pase que se ha buscado la televisión de “sabía a lo que entraba” no justifica el sadismo, la asquerosa violencia y la humillación que el masivo medio de comunicación infiere a personas que se convierten en modelos de conducta permitida o permisible.

Al igual que no me vale decir que como Esperanza Aguirre es una machista de tomo y lomo puedo usarla para reforzar mi machismo insultándola de forma sexista o degradante, no me vale desatar mis peores prejuicios porque el de enfrente se preste a ello o los haya puesto ya en el tapete. El trato vejatorio no es algo pactable, queridos directivos de televisión.

Mucho menos es lícito beneficiarse de la humillación de alguien inventándose una gala en la que disimuladamente se quiere pedir disculpas por ser un machista de mierda aunque sin reconocer que se está haciendo y perpetuando así el juego: “habéis montado una hora de programa para pedirme perdón pero eso no borra lo que me habéis hecho. Mejor no haber hecho nada por lo que se tenga que pedir perdón”, proclamó en un fugaz momento de lucidez la concursante mientras se aprestaba a recibir su regalo-disculpa que llegaba acompañado de protestas del presentador-verdugo que negaba que ese programa se hubiese hecho para pedir disculpas pero que le pedía disculpas hasta en un vídeo…

  1. este bochornoso ejercicio de negacionismo disculpatorio se sumaba la co-presentadora (y reciente concursante en otro reality low-cost de la cadena low-costhigh-circo) desde el mismo campamento. Sonia Ferrer, a la que conocí cuando empezaba en Cosmopolitan TV y no estaba tan maleada, se ha convertido en una obediente colaboracionista que intenta manipular todas las situaciones para convertir a las víctimas en verdugos y a los verdugos en víctimas, en un ejercicio de cinismo que escandaliza bastante. Por muy bochornoso que sea lo que esté viendo, por muy desagradable que sea la violencia machista que se desarrolle ante sus ojos, ella se limita a cumplir órdenes e intenta convencer a las víctimas de que ellas son las culpables de su mal sin pestañear.

Pero no bastando semejante despliegue de violencia machista, Telecinco pensó que la mejor manera de diluirla era sumando una buena dosis de homofobia, de esa que ellos manejan tan bien para luego vender como “visibilidad”. Y cuando metieron a Víctor Sandoval (convertido ya en el friki-gay oficial por la maquinaria Telecirco) en otro desesperado intento de resucitar la audiencia con giros improvisados que engorden la polémica, aprovecharon para, ya de paso, reforzar unos cuantos estereotipos homófobos de esos que tanto divierten a la audiencia inculta y casposa. La entrada nos recordó que Víctor antes que nada es marica oficial. Porque todo el mundo sabe que los maricas desde que salimos del armario y tenemos algo de pluma nos desplazamos en un único medio de transporte: carroza del Orgullo con 4 drags de oferta (mételes a cuatro go-gos de discoteca medio en pelotas que también las tenemos de oferta y dan color de Orgullo heterosexualizado). Víctor, al igual que Sonia, parece estar encantado de ser un mandáo y dejarse humillar a cambio de cinco minutos de pantalla (conste que le conozco desde hace 20 años y me entristece mucho que se preste a todo esto desde hace bastante tiempo). Categorizar y simplificar es la regla de oro de la televisión y su máximo exponente, los realities.

Para rematar la faena “maltrato a tutiplén”, la Fábrica de la tele (productora de todas estas carroñas, irónicamente propiedad de un par de gays que están haciendo todo lo que ningún heterosexual facha se atrevería a hacer en pro de los estereotipos, la explotación de los prejuicios y la caricatura) decidió llenar la cama de Víctor Sandoval de arañas en una “hilarante” referencia al episodio en Miami del ex-presentador convertido en tertuliano-escarnio, cuando le picó una peligrosa especie de araña que según él a punto estuvo de costarle la vida. ¿Alguna broma sobre el sida o el cáncer para venideros episodios, chicos?

Y con este penoso ejercicio de disculpa low-cost la cadena de Berlusconi y la productora del par de gays troyanos se limpiaron las manos de toda responsabilidad y aprovecharon para revivir el agonizante formato.

Qué diferente la respuesta de Telecinco a los desmanes machistas a la que tuvo el Celebrity Big Brother de Gran Bretaña cuando a una concursante india otra le llamó despectivamente “papadum” (la torta que acompaña a las comidas indias) en un insulto racista que a punto estuvo de costarle el cierre a la cadena Channel 4 y cuyo escándalo acabó con la cancelación del programa, de los contratos de patrocinio al programa y la cadena y por involucrar hasta al primer ministro Brown que tuvo que pedir disculpas oficiales en su viaje a la India.

El caso es que en twitter ya muchos piden a los anunciantes el boicot del programa low-cost, lowest-moral.

Lo único que puedo añadir a este lamentable episodio es que a causa de esta deriva carroñera de la televisión tomé la decisión de apartarme del medio que me convirtió en una cara familiar en los 90 y a principios del milenio. Y viendo el precio que nuevas “piezas” de la maquinaria como Lucía Etxebarría han pagado por reverdecer su fama no me puedo alegrar más.

La dignidad nunca viaja en low-cost.

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