Camagüey, Patrimonio de la Humanidad

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Camagüey, Patrimonio de la Humanidad

Por Noel Manzanares Blanco

Un reporte cablegráfico de la agencia española de noticias EFE desde Toronto, Canadá, fechado el pasado 7 julio, trajo la agradable noticia sobre una de las primeras siete villas fundadas en la mayor de las Antillas:

El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, reunido en la ciudad canadiense de Québec en el marco de su XXXII encuentro anual, dio su visto bueno a la candidatura del centro histórico de Camagüey, Cuba, para la designación de Patrimonio de la Humanidad.

En el orden personal, confieso que esperaba la noticia y, sin embargo, la emoción se apoderó de mí cuando por múltiples medios de prensa asistía a la amplificación del suceso. Entonces, pensé: “Debo compartir con los lectores lagunas aristas de El Camagüey”. Aquí van.

En un pase de vista por la información que antecedió a este histórico acontecimiento, se localiza “El sueño de lo posible, Camagüey: Patrimonio de la Humanidad”, firmado por la lugareña periodista Yolanda Ferrera Sosa [www.cadenagramonte.co.cu, 01/2005], título que revela cómo desde hace tiempo se daban pasos muy serios en aras de coronar tal dicha para camagüeyanas y camagüeyanos.

Asimismo, se encuentra en el Pagina Web de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey “Valor Universal Excepcional. Centro Histórico Urbano de Camagüey como ‘Patrimonio de la Humanidad’. Camagüey 2008” [www.ohcamaguey.co.cu], un trabajo que sucintamente ilustra el porqué del sueño que hoy se ha convertido en realidad. Entre otros interesantes elementos, allí se lee:

“En el Centro Histórico de Camagüey se corrobora, con singular connotación, la persistencia de atributos y cualidades que transitando por los diferentes períodos históricos, han adquirido un verdadero carácter de autenticidad, haciéndolo reconocible dentro del sistema de ciudades coloniales de Cuba y la región del Caribe”.

A continuación, sedestacan los valores más relevantes y representativos que identifican el carácter excepcional y universal de la zona delimitada, con los rasgos siguientes:

-La irregularidad de la trama urbana fundacional que genera un amplio sistema de plazas y plazuelas, convierte la zona en un caso único en Cuba y el continente, causado probablemente por un crecimiento lento de dos siglos y una falta muy marcada de control urbano.

-La estructuración urbana de la zona se caracteriza por la iglesia y la plaza como núcleo; donde la torre del templo constituye el hito del barrio o feligresía que se destaca sobre el resto del caserío de perfil bajo y lineal; por lo que se ha ganado el apelativo de “ciudad de las Iglesias”.

-La zona propuesta mantiene una gran unidad, dentro de una amplia diversidad y variedad de tipos y estilos arquitectónicos. La yuxtaposición de las diferentes etapas constructivas, le otorga integridad visual, cohesión y autenticidad desde el punto de vista arquitectónico; mientras que las calles estrechas y de trazado curvilíneo y los espacios de múltiples formas lo hacen desde el punto de vista urbano.

-El barro, material local, utilizado para la elaboración de ladrillos de construcción, tejas, pisos, tinajones y más contemporáneamente obras de arte, otorga un color característico a la volumetría y ambiente del conjunto. El uso de tinajones, parecidos a los andaluces y colocados en los patios, han permitido recepcionar el agua de lluvia y la han hecho llamar la “ciudad de los tinajones”.

-La vegetación es un elemento que tiene gran presencia, a diferencia de otros Centros Históricos; en los patios de las casas, en espacios urbanos y espacios abiertos (Casino Campestre), sobretodo si el conjunto se observa desde cierta altura.

-Los diferentes tipos de patrimonios: cultural y natural; tangible e intangible; mueble e inmueble, y la recuperación de costumbres y tradiciones que se reflejan en la cultura viva le da al conjunto identidad y autenticidad.

No obstante, vale resaltar unos apuntes acerca de momentos significativos de esta histórica región centro-oriental del archipiélago nacional cubano distante a poco más de 500 kilómetros de La Habana, como complemento informativo.

Según las últimas investigaciones sobre sus orígenes, hacia 1513 ya existían pobladores en lo que fue nuestro primer asentamiento en Punta de Guincho, en la Bahía de Nuevitas; mientras que la leyenda nos remite al 2 de febrero de 1514 como el momento de fundación de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, demarcación político-administrativa que en 1528 tras varios incidentes, sublevación aborigen incluida se asentó definitivamente entre los ríos Tínima y Hatibonico, arrastrando el nombre original.

Hacia principios del siglo XVII según hizo constar en 1605 el gobernador Pedro de Valdés Puerto Príncipe era lugar de gente rica, y la ganadería constituía la actividad económica fundamental de sus habitantes. Tres años después, el escribano del Cabildo, Silvestre de Balboa Troya y Quesada, redacta Espejo de Paciencia, considerada la más antigua obra literaria escrita en Cuba.

En 1880 tuvo lugar un verdadero acontecimiento: desde Santo Domingo trasladan para la localidad la sede de la Real Audiencia, con la derivada relevante significación política, económica y cultural para el territorio. El 12 de noviembre 1817, el rey Fernando VII firma el Decreto Real que concede el título de Ciudad a la Villa y el derecho a usar escudo de armas.

A partir del primer cuarto del siglo XIX, la ciudad puertoprincipeña se comienza a destacar por su espíritu de rebeldía. Por ejemplo, Francisco Agüero Velazco (Frasquito), en 1825 se encontraba en el exterior en los preparativos de un plan de levantamiento armado contra el colonialismo español y en apoyo a la proyectada avanzada internacionalista de Simón Bolívar a Cuba; y en enero del año siguiente, precisamente cuando se encontraba en los trajines conspirativos, es detenido por las autoridades de la metrópoli española, en unión de Andrés Manuel Sánchez Pérez; ambos son condenados a la pena máxima y ejecutados el 16 de marzo de 1826.

También la Historia recoge el ejemplo de Joaquín de Agüero y Agüero, quien resultó el primer compatriota destacado que le dio la libertad a sus esclavos (ocho en total, 3/2/1843); además firmó una Declaración de Independencia (4/7/1851 coincidente por casualidad con el Día de la Independencia de los Estados Unidos de América) y encabezó un combate frontal entre cubanos y españoles (13/7/1851), aspectos inéditos hasta esos momentos. Por esa razón fue fusilado en unión de sus compañeros Fernando de Zayas, Tomás Betancourt y Miguel Benavides (12/8/1851).

Otro tanto se debe decir de la figura de Gaspar Betancourt Cisneros (El Lugareño), alguien aún no situado en el lugar que le corresponde en la Historia de Cuba; de la personalidad de Salvador Cisneros Betancourt (Marqués de Santa Lucía), revolucionario de más largahoja de servicio a la Patria en la región; y del camagüeyano mayor, Ignacio Agramonte Loynaz, cuya impronta en la Revolución de 1868 fue muy significativa, y cuyo legado se puede apreciar en el hecho de que con orgullo la gente del Camagüey nos denominamos agramontinos (as), manifestación exclusiva de nuestro terruño en todo el archipiélago nacional.

A partir del siglo XX, entre los méritos de nuestra Patria Chica se encuentra el haber sido el escenario de la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), en los primeros días de agosto de 1925; haber protagonizó uno de los episodios más combativos de la denominada Revolución del 30: en Jaronú (Esmeralda) y Senado (Minas), en 1933, se constituyeron Soviets de obreros y campesinos; ser un escenario de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, desde el mismísimo golpe de Estado del 10 de marzo de 1952; y haber contribuido al Triunfo de Enero de 1959, y a la profunda transformación que recontinuó.

También aparece el 4to. día que le siguió a la victoria, momento en que el suelo natal del sobresaliente científico Carlos J. Finlay y del destacado intelectual Nicolás Guillén (devenido Poeta Nacional) sirvió para que en lo sucesivo el pueblo agramontino abrazara y acompañara a Fidel Castro.

En correspondencia, no fue casual el hecho de que el 21 de octubre del mismo ‘59 se protagonizara lo que quizás sea la Primera Marcha del Pueblo Combatiente en Cuba esta vez, encabezada por el propio Fidel, para desarticular un complot contrarrevolucionario. Todo ello constituyó base de lo distintivo del posterior quehacer revolucionario en la provincia.

Así, fue coherente el hecho de habernos convertido en acreedores de la convocatoria que nos hizo el Comandante en Jefe Fidel Castro, en 1987, para ser ejemplo de la construcción del Socialismo para Cuba y el Tercer mundo, idea que el máximo líder de la Revolución Cubana ratificó dos años después, en ocasión de celebrarse en Camagüey el XXXVI Aniversario del Asalto al Moncada, el 26 de julio de 1989.

Natural resultó, pues, que en los difíciles y gloriosos tiempos del Período Especial (1990 hasta la actualidad), camagüeyanas y camagüeyanos acompañaran y defendieran-enriquecieran la Patria Revolucionaria y Socialista, al compás de la consigna Camagüey, cada día una obra mejor.