Cagarse en la cobardía

Riflexiones del francotirador del cauto

Les confieso, que me he insertado en este medio porque lo considero un espacio democrático y esta palabra hay que asumirla en toda su extensión gramatical y de contenido. Por supuesto, selecciona usted a diez personas para que miren durante diez minutos un objeto y al cabo de ese tiempo les pregunta que han visto y puede que uno de ellos le responda que necesita otros diez minutos más para observar, porque anteriormente estaba pensando en otra cosa; los otros nueve no coincidirán en lo que observaron, habrá matices, pero se llegará a un consenso.

Por eso, cuando utilizamos una palabra como esa, lo primero que debemos explicar qué entendemos por democracia, yo al expresarla pienso en un medio donde todo el mundo, con honestidad y respeto, con originalidad y hasta sin protagonismos, pueda plantear sus consideraciones y a la vez, acepta, que otros en las mismas condiciones manifiesten lo que piensan de ella.

Por allá por el mes de octubre leí un artículo en Kaos muy interesante, donde se exponía puntos de vistas honestos de un revolucionario que quiere lo mejor para su país y en esa avatar trata de encontrar la verdad. Aprovechando sus palabrase ideas, trataré de dar las mías.

Y quisiera al respecto ahondar en algunas cosas. Como el cubano es per se criticón y hasta le gusta ser el primero en todo, aunque a veces seamos los últimos, nos gusta enmendarle la plana a lo que leemos, y cuando se citaba al cantor venezolano en su expresión “«Y aprendí a cagarme en la libertad que defiende Supermán, porque para algodebe servir la mierda en esta vida.», debemos hacerle algunos cambios y decir: “aprendamos a cagarnos en la cobardía, que para algo debe servir la mierda en la vida”, y esto no lo digo por el autor del artículo, al que le agradezco sus opiniones que me ayudan a riflexionar, sino por nuestra sociedad, porque en Supermán nos venimos cagando hace 50 años.

Mi opinión es que debemos abordar las situaciones en su complejidad y no creo que haya nadie que lleve 30 años en este país discutiendo lo mismo, podemos decir que el Partido y la burocracia que de ella vive, desde hace rato si viene haciendo lo mismo y eso es otra cosa.

La caja de Pandora se abrió con el discurso del Comandante en el 2005 en la Universidad. Hasta entonces unos pocos discutían y censuraban, la mayoría el silencio total, no habían sabido cagarse aún en la cobardía, o esperaban, como siempre ha sucedido, que Fidel nos alertara de la reversibilidad de los éxitos de la Revolución; aún a algunos hoy se les ve desconcertados, parecen que esperan que Fidel deje de reflexionar hacia afuera y comience a preocuparse de los problemas de adentro para comenzar a moverse entonces.

No creo que el conflicto central de nuestra sociedad sea la relación partido-periodista, sino del periodista con su moral y su ética. Dice el artículo que hay falta de valentía y los periodistas solo insinúan, pero ¿a que le tienen miedo?

Me pregunto; ¿Existe por ahí el dato de los periodistas que han sido fulminados en 50 años por decir algo que el Partido o el estado no quería que se supiera? Que sabroso es sentarse delante de una maquina y atacar al vilipendiado periodista cubano, donde hay ejemplos incontables de valentía, solo pensemos en Martí, quien tiene la paternidad de esa profesión en esta isla.

Y es que el problema va mucho más allá. Se nos ha machacado, desde que somos adolescentes, que este es un país libre, donde los obreros poseen –no quiere decir que sean dueños- los medios de producción, un país con plena soberanía política, con una vanguardia política selecta y revolucionaria, un pueblo que iba de conquista en conquista, con las libertades individuales reprimidas por la amenaza de un imperio poderoso. ¿Quién podía oponerse a algo en esa situación? Al que en esas circunstancias se le hubiera ocurrido editar un libelo como el Diablo Cojuelo, después no cojeaba, porque se quedaba sin piernas.

Y es que hay algo, que hoy, ya transcurrido los años y las arrugas dan sus pasosasquerosos en su fase adolescente en nuestro rostro, y vaya a saber en que otras partes, nos llega la hora del recuento unidos y hay que cagarse en la cobardía, aunque hubiera sido más valiente haberlo hecho hace años. Asumo lo que en ello me toca, aunque nunca fui fácil para esa burocracia.

Construimos una sociedad con amor, pero no faltó el odio. El odio que debió dejarse solo para el enemigo que nos quiere destruir se desbordó en ocasiones y nos hizo daños, que son reparables, porque en esta isla siempre sobra mucho corazón y mucha inteligencia, pero no nos hagamos los desmemoriados, ni estemos regalando almohadillas de olor.

Y pregunto ¿quién, en el momento preciso, se paró en una reunión, ya fuera obrera, del Partido, o en esas instituciones intelectuales, donde algunos de sus integrantes aún se pliegan a la burocracia actual y nos tildan de gusanos, y censuraron los mítines de repudio contra los cubanos que abandonaban el país en 1980 por el Mariel? ¿Quién incentivó ese odio? Pues, los mismos que convirtieron décadas después a los gusanos en mariposas, a los integrantes de la supuesta gusanería de Miami en integrantes de la “comunidad”. En aquel momento, nadie cantó, y si lo hubo, desapareció del mapa, pues nadie lo conoció. Hoy, con más madurez reconocemos, que no todos en Miami tocan el mismo son y a no todos se les puede poner en la misma olla.

No le achaquemos al periodista los males de toda una sociedad, los errores son colectivos, tampoco se los achaquemos a un hombre, ni al sistema. Quien calló, otorgó. Por lo menos no callen ahora, pues tendrán que otorgar nuevamente mañana. Embreemos la cobardía con unga de vaca, para que nuestros nietos, al menos reconozcan, que fuimos capaces de sacar al socialismo del estancamiento en que se encuentra. En eso coincido con el articulista y le agrego que los errores colectivos solo se superan con buenas decisiones colectivas.

Sobre los resultados económicos, hay siempre tela por donde cortar. En un artículo mencioné que cuando el estado crece un 15 %, de la misma forma decrece el nivel de vida en mi casa. Lo califique como el malabarismo de la contabilidad.

Yo pienso que si usted vive entre monos tiene que dejarse crecer el pelo, bañarse una vez al mes y no fijarse en la mona del jefe del clan; pero nos pasamos la vida haciendo comparaciones con el capitalismo para mostrar nuestras fortalezas, pero usando una contabilidad coyundeada.

Voy a poner dos ejemplos. Una empresa que da servicios al turista de primera mano ingresa al año 700 mil dólares. Lo declara como ingreso. Eso está bien, pero de esos 700 mil dólares empleo 400 mil en comprar a otras empresas del estado víveres, licores, servicios, transporte, etc. Cada una de esas empresas que vendió al hotel declara también ingresos en divisas y lo único que entró al país fue el ingreso del hotel.

Otro ejemplo, recuerden que son traídos por los pelos para ser explícitos. La fabrica de cigarros incrementó su plan de producción en 130 %, la de palillos de dientes en un 135 % (esto es un ejemplo porque no hay palillos de dientes en el mercado), la de cubos plásticos en un 150 %, la de acero en un 70 %, la alimenticia en un 50 %, los servicios en un 75 %: el crecimiento en % fue de un 1.67 %.

Señores crecimos en nada importante, solo en palillos de dientes, en cigarros y en cubos plásticos, lo demás decreció. Para eso sirve el secretismo económico que hay en nuestro país, y si nos fijamos en los planes del 2009 Cuba, en problemas sociales, hará una inversión increíble, pero eso no produce nada. Le dejaré una carta a mi biznieto pidiéndole disculpa por la deuda externa que le dejaré desde hoy.

Y la economía no es simplemente Administración organizada y correcta de los bienes, entraña mucho más, tiene también que ver con estrategias de corto y largo alcance, de visión en las inversiones, de control, de incentivación al que trabaja para que tenga un salario decoroso para vivir y esparcirse, que para eso intentamos construir el socialismo, para que el hombre tenga tiempo libre y acceso a la cultura y al ocio.

Y un poco más, en el socialismo la economía tiene que tener en cuenta al obrero como primer responsable y administrador de los bienes y medios de producción, entre otras cosas, evitaremos el derroche, la malversación y desvío de recursos. Ningún inspector, dirigente del Partido o del Estado puede suplir esa tarea de la clase obrera.

Mi apoyo a las medidas que propone el articulista, son el sentir de muchas personas en este país, salvo que me gustaría cambiar la batalla de ideas por batalla económica, verás que sólidas serán entonces nuestras ideas.

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