Cae una lluvia extraña: Guerra psicológica de IV Generación.

Si la gente supiera realmente, la guerra se pararía mañana. Pero claro, no saben y no pueden saber . [1] ”

Lloyd George, Primer Ministro británico 1914-18

Al iniciarse esta segunda década del siglo XXI, guerras y las amenazas de estas se encuentran esparcidas por todo el planeta, el mundo cada vez es un lugar más peligroso, abiertamente expresa el gobierno de la nación con mayor capacidad destructiva [2] ; en perfecta consonancia con esta sentencia se nos anuncia que deberíamos prepararnos para ellas, susurran beatamente y hasta gritan con histeria premeditada los sofisticados pregoneros modernos. Aquellas son presentadas como hechos ineludibles y a la vez planificados con gran empeño, en respuesta a las acciones demenciales de fanáticos religiosos, a rabiosos nacionalismos, o a psicopatológicos seres que disfrutan con los efectos letales de colocar bombas y asesinar a diestra y siniestra. La redundancia mediática de estos tópicos va constituyendo una visión generalizada y a la vez confusa y opaca, que al ser analizada a fondo reviste todos los ingredientes de una cuidadosa puesta en escena arrojada como red conceptual a millones de receptores de la comunicación contemporánea, en procura de la conquista de lo que fue denominado en los años sesenta del siglo XX, durante la práctica de otras guerras, con rebosante cursilería ‘los corazones y las mentes’.

Sabemos que estas tácticas de generación artificial y determinada de climas de expectación social, han sido llamadas por los doctrinarios de los aspectos bélicos, de forma general Guerra Psicológica, es decir una táctica que toma para su realización los desarrollos de ciencias como la psicología y la sociología, trasladándolos a la categoría de una nueva arma para acallar descontentos y acrecentar pasividades en las grandes masas, tanto en las regiones por someter como dentro de las propias metrópolis.

Este es el trabajo encargado a los opulentos organismos estatales de espionaje y guerra especialmente en Estados Unidos, en los cuales miles de funcionarios se encargan de elaborar teorizaciones sobre las miles de variables de dificultades para la prosecución del control social de países y regiones enteras. Se posee el tiempo y el presupuesto necesario para emprender tales elucubraciones y por tanto los proyectos e hipótesis resultantes son copiosos.

Se ha llegado al interior de los doctrinantes de la institución más importante en estos oficios, el Pentágono, a la elaboración de una teoría muy difundida acerca de la existencia de una Guerra de Cuarta Generación, definida así junto con sus circunstancias de origen:

“… la Cuarta Generación señala el cambio más radical desde la Paz de Westfalia. En la Guerra de Cuarta Generación, el estado pierde su monopolio de la guerra. Alrededor del mundo, las FF.AA. se hallan hoy luchando en contra de oponentes no estatales tales como al-Qaeda, Hamas, Hezbolá y las FARC. En casi todos los lugares, el estado está perdiendo. La Guerra de Cuarta Generación también está caracterizada por un retorno al mundo de culturas, y no simplemente estados en conflicto. Ahora nos hallamos enfrentando el más antiguo y firme adversario del mundo occidental cristiano—el Islam. Después de unos tres siglos en una postura defensiva estratégica que siguió al fracaso del segundo sitio turco de Viena en 1683, el Islam ha reasumido la ofensiva estratégica avanzando en todas direcciones. En la Guerra de Cuarta Generación, la invasión mediante la inmigración puede ser tan peligrosa como la invasión que emplea un ejército de estado. [3] ”

Someramente es observable en el párrafo anterior la inclusión de elementos históricos carentes de contexto, junto con el enunciado de hechos recientes y organizaciones que aparecen sin explicación, en un marco de tesis de confrontación cultural desprovisto de soporte alguno. Viena asediada por el imperio otomano en 1683 es trasladada como referencia de la situación del imperio estadounidense en el siglo XXI, las migraciones como amenaza sin aclaración de las razones por las cuales ocurren en el presente, la invocación de un enemigo amenazante con otro culto religioso, tan sentido para naciones de cristianismo fundamentalista como EE.UU., contradiciendo hechos tozudos como las invasiones actuales de Iraq y Afganistán donde son los cristianos noratlánticos quienes invaden y sojuzgan. En cuanto a la pérdida del monopolio de la fuerza por parte del Estado, el ensayo en cuestión omite intencionalmente la privatización de la guerra realizada por los EE.UU. mediante mercenarios, eufemísticamente llamados en la jerga de la burocracia bélica ‘contratistas’, y a los paramilitares, cuerpos irregulares de raigambre colonial y fascista pero desarrollados pentagonalmente durante la Guerra Fría. Una conclusión del enunciado analizado es la existencia de una nación que se siente agredida, y sin embargo posee la máquina de guerra más grande que las del resto del planeta juntas, además de arraigar más de mil bases militares en el extranjero. Los hechos más bien demostrarían que es el gobierno asentado en Washington quien acecha al mundo.

Este es el eje definitorio de la guerra mencionada, surgida como tal una vez concluye la Guerra Fría y se desdibuja el enemigo de entonces: el comunismo.

El enunciado de las Guerras de Cuarta Generación citado, hace referencia también a un género de guerra de tipo no convencional cuando menciona a organizaciones no estatales como poderosos enemigos del poder imperial estadounidense. Pero tampoco allí es clara la calidad novedosa de estas guerras también denominadas en el lenguaje guerrero como ‘asimétricas’, las cuales de acuerdo a su nombre no hacen otra cosa sino una directa alusión a la diferencia de poderío entre las fuerzas enfrentadas y no a una cuestión tocante de las reglas de la guerra [4] , debiendo observarse la existencia de disparidades de contendientes en cuanto a armas, experiencia, o poderío desde el alba misma la memoria histórica.

Para citar unos ejemplos muy conocidos, existe una asimetría de los contendientes en la palestina romana en la presencia de los Zelotes oponiéndose a las Legiones, en las guerrillas de la guerra de independencia española contra el invasor napoleónico, en los guerrilleros Boers como adversarios de las tropas británicas en la guerra Anglo-Boer de Suráfrica, en los maquis franceses contra los nazis, en los nicaragüenses dirigidos por Sandino luchando contra el invasor gringo, en los Tupamaros de Uruguay y las FF.AA. de este país en los finales de los años sesenta, en las Brigadas Rojas en Italia durante los años setenta y el aparato represivo de esta nación, y un largo, etc., etc., hasta arribar a las conocidas en este momento con el apelativo eufemístico de Guerras de Baja Intensidad donde es apreciable la disparidad de los contendientes como ocurre en la actualidad en Somalia, Sierra Leona, Costa de Marfil, Sudan, Colombia, o Perú.

La doctrina de la Guerra de Cuarta Generación ha sido establecida por civiles y militares de los EE.UU. [5] , a manera de un cambio cualitativo y cuantitativo en lo bélico, más tarde asociado directamente a categorizaciones de confrontación bélica insistentemente mencionados como la guerra Contraterrorista, Contrainsurgente, de Baja Intensidad y a la mencionada Asimétrica. Como si fueran hechos sin precedentes, se especula que dentro de estas guerras ha sido borrado el límite entre el frente enemigo y el frente amigo, para conducir hacia lo abstracto y confuso del anfibológico sustantivo ‘terrorismo’.

Al ser de tal imprecisión la concreción de la definición de amigo o enemigo, gracias al uso del término ‘terrorismo’, el elemento psicológico entra en escena, pues el adjetivo ‘terrorista’ puede ser aplicado en la práctica, a cualquier ser humano, lejano o cercano de quien emite el juicio de valor; por ello es notoria la remembranza del ‘enemigo interno’ procedente de la doctrina militar impuesta por el Pentágono en Latinoamérica, denominada de la Seguridad Nacional, y a la vez el perfecto acople con la cuestionada tesis del politólogo Samuel Huntington del ‘choque de civilizaciones’.

A su vez la novedosa Cuarta Generación de las guerras, emplea la táctica de la Guerra Psicológica, la cual aplicándole también una sucinta perspectiva histórica, así mismo no resulta ser otra cosa que un epíteto contemporáneo a una más de las añagazas realizadas inmemorialmente dentro de una confrontación armada, destinadas a derrotar a quienes previamente han sido erigidos artificiosamente en la condición de enemigo.

La antigüedad de estas tácticas de engaño es tal que se remontan con recuento documental a más de 2.500 años en oriente:

Utiliza muchas señales para confundir las percepciones del enemigo y hacerle temer tu temible poder militar. De esta forma, haces desaparecer la energía de sus ejércitos y desmoralizas a sus generales .” (El Arte de la Guerra. Sun Tzu siglo VI ade.)

En occidente recordando glorias del Imperio Romano en su apogeo el asunto no es distinto:

El apartar a los soldados enemigos de su lealtad y bravura es un servicio especial; para un adversario es más dañina la deserción que la matanza.” (Las Instituciones Militares de los Romanos. Flavius Vegetius Renatus. 378 dne)

Modernamente la táctica de Guerra Psicológica ha sido definida genéricamente como aquella que “«… emplea medios físicos o morales diferentes a las técnicas militares ortodoxas [6] . Por tanto en su ejecución significa necesariamente en una parte muy importante, el empleo intensivo de propaganda orientada a manipular conductas, procurando el control social, a fin de que este rinda resultados en el plano político economizando en represión y en recursos físicos. Aún contemporáneamente elementos metafísicos del bien y el mal son agregados desde los más altos cargos políticos [7] , disfrazando una certera definición de ellos y nosotros dentro del conflicto.

En realidad el problema radica en que ellos los malvados e inferiores (los habitantes de cualquier lugar del planeta) viven donde existen las riquezas ambicionadas por parte de nosotros los bondadosos y capaces (la oligarquía estadounidense y sus asociadas). Naturalmente esta dura definición es desfigurada con un pertinaz discurso de ayuda, expansión de la democracia, los derechos humanos y desarrollo, a manera de aportes a la sociedad por asaltar. En otra época el lema ocultante de la colonización fue la tarea civilizadora cristiana del hombre blanco destinada a pueblos salvajes y alejados de la fe.

Como ya expresamos, expertos en todos los temas relacionados con la psicología de masas, la sociología o la antropología en este contexto son imprescindibles para planificar y justificar tamaño desafuero. Los conflictos éticos dentro de estas profesiones son resueltos por la ideología utilitarista y el materialismo dominante en las metrópolis. Así mismo, el desarrollo de la tecnología de la comunicación es fundamental en esta otra guerra ‘moderna’ y su descentralización en cuanto a sus fuentes logra mimetizar el carácter proyecto militar de toda su aplicación, cuyo fin primordial es el engaño no ya de las tropas en una disputa bélica sino toda la población de un territorio seleccionado como vital para la acomodaticia definición de ‘Seguridad Nacional’ en Washington, léase territorio a ser objeto de toma de sus recursos.

La consecuencia de todo este entramado dirigido a afectar extensivamente a la población, es en realidad la persecución de cualquier pensamiento reflexivo, atisbo de análisis histórico o crítica social, mediante la aplicación de las ciencias disponibles en el dominio de los habitantes de un territorio específico; se enmascara de la realidad más sentida empleando los elementos tecnológicos a disposición, aplicando una catarata de sonidos, imágenes, y escritos lanzados a manera de bombardeo de saturación. No se busca retar la inteligencia humana sino adormecerla manipulando deseos, temores, autocomplacencias, etc., los cuales se verán reflejados en las masas en incoherentes sospechas, adopción de verdades absurdas frente a cualquier lógica conocida, y la interiorización de lemas vacíos y repetidos; estos últimos substituirán al pensamiento curioso y a la búsqueda de sabiduría. [8] La obtención de determinado tipo de emociones es crucial para estos fines pues estas previamente elaboradas son artificiosamente opuestas a razonamientos y sensibilidades, procurando crear una incapacidad para sentirse afectado por las miles de informaciones en muchos casos trascendentes para los propios receptores. Si no se sienten conmovidas las masas con tan graves situaciones que les afectan, se inhibe la capacidad de responder razonablemente como ser humanos [9] .

El mismo enunciado de la táctica de Guerra Psicológica conduce al error, pues nos lleva a la creencia de carecer de elementos de violencia ostensibles en otras tácticas bélicas. Los actos desarrollados en ejecución de las Operaciones Psicológicas de guerra de acuerdo a sus características, sin duda constituyen “un acto de violencia mental para forzar a alguien a someterse a nuestra voluntad” [10] , siendo plenamente coherentes con las finalidades propuestas por los entes militares y civiles de espionaje y control social:

entre los medios esenciales en un conflicto bélico, la acción psicológica, la propaganda y el control de la información pública constituyen un factor fundamental, muchas veces incluso por encima de la economía, el armamento y la misma estrategia” [11] .

Si alguien continúa con dudas sobre el carácter violento de estas Operaciones Psicológicas de Guerra, las puede encontrar como acciones encubiertas de sabotaje de la CIA, junto con el fraude electoral, los sobornos, la manipulación de partidos y las acciones paramilitares [12] . Cualquier medio para influenciar la voluntad de lucha del estimado como contrincante es válido. Esta es la razón de la denominación de ‘psicológica’ dada a esta guerra, pues el efecto generado en la población es lo más importante cualquiera sea el medio para ello, por supuesto la violencia física no queda excluida. Concretamente la variedad de técnicas empleadas no tiene límites:

l a propaganda abierta (blanca), secreta (negra) o gris -subversión, sabotaje, asesinatos, operaciones especiales, guerrilla, espionaje, presiones políticas, culturales, económicas y raciales- son consideradas como armas utilizables [en el marco de la guerra psicológica]» ”. [13]

Las formas de lucha de esta táctica bélica general se encuentran definidas por los militares estadounidenses desde 1948:

Destruir la voluntad y la capacidad combativa del enemigo. Privarlo del apoyo de sus aliados. Acrecentar entre nuestras tropas y las de nuestros aliados la voluntad de vencer . [14] ”

La Guerra Psicológica y dentro de esta la consecuencial de propaganda, por no utilizar armas físicas destinadas a causar daño directo, no deja de poseer elementos de violencia, pues la propaganda de guerra es un instrumento que pretende violentar nuestra voluntad confundiendo la sensibilidad hasta adormecerla o exacerbarla de acuerdo a las necesidades. En el presente es una herramienta facilitadora de la desmoralización de las fuerzas contrarias a la dominación planetaria cualquiera sea su actividad para tal propósito, como lo habían preceptuado ya Sun Tzu o Vegetius. Implica la violencia mimetizada pero real del control antidemocrático de los entes de comunicación, el soborno y la presión sobre sus empleados y la trapacería y la mendacidad como formas periodísticas a propalar [15] . Esta violencia por su naturaleza puede prescindir del concurso de seres humanos en magnitud, centrándose en el uso de los instrumentos de la comunicación y del empleo de la fuerza dosificada, no requiriendo del poder emanado del consenso de las masas [16] . En resumen, los medios de comunicación se transforman en instrumentos de la violencia generalizada física y mental de nuestro tiempo al servicio de unos pocos, un asunto con antecedentes de miles de años, tan sólo han cambiado sofisticándose los instrumentos.

La misma amplitud y complejidad de estas acciones de Guerra Psicológica como procedimiento general de todas las clases de guerra, tiende a hacer verlas como estructuras mentales de difícil detección y por tanto los receptores, que somos todos, como impasibles víctimas de oleadas sucesivas de aconductamientos contra nuestros propios intereses como seres humanos e incluso como seres vivientes.

Podemos no apreciar las tácticas descritas como un momento del enfrentamiento bélico, aun cuando los efectos sean percibidos en la forma de muerte y opresión. De tal manera se revela también la relación de la Guerra Psicológica con la de Baja Intensidad preponderante en zonas de dominio neocolonial como proceder bélico vigente, y no obstante avizorado para ser puesto en ejecución planetariamente, pues como ya se deja entrever en los teóricos del tema, las grandes batallas de otrora van dando paso a pequeñas escaramuzas, bombardeos limitados, masacres específicas y en resumen por un dominio de la población a través de la propaganda y el terror [17] , algo ya presenciado en algunas regiones del sur del planeta como presión para la obtención de recursos humanos y naturales.

El asunto no es una exclusiva elucubración teórica de tímidas realizaciones prácticas en el presente. Con los ataques a Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001, el tema del control de la información para el Pentágono es prioridad en la lucha contra el enemigo difuso ya citado, el ‘terrorismo’, como parte de la Guerra Psicológica contra el mismo. Bajo el mayor secretismo es creada la Office for the Strategic Influence (OSI), una agencia de propaganda del más puro corte orweliano, encargada de modelar el pensamiento y el comportamiento de las masas mediante la intoxicación masiva de los medios de comunicación a fin de lograr el apoyo a la guerra contra aquel ambiguo enemigo. Debido a problemas legales internos, la OSI debe ser sustituida por la Northern Gulf Affairs Office, creada en septiembre de 2002 y supervisada por el subsecretario de Defensa, y cuya labor fue inicialmente preparar falacias destinadas a la invasión a Iraq de abril de 2003 [18] . La guerra informativa y periodística fuera de toda sospecha de ser una mera teoría conspirativa, es entonces uno de los pilares de las acciones de la milicia gringa:

«La importancia del dominio de la información explica el objetivo de transformación de las Operaciones de Información para hacer de las mismas un arma en su totalidad como son las fuerzas aéreas, terrestres, navales y las fuerzas especiales» [19] .

Los anteriores desarrollos resultan en una militarización de trabajos de manipulación que estaba realizando el Departamento de Estado y su Under Secretary for Public Diplomacy and Public Affairs , un verdadero ministerio de propaganda, con instrumentos de distorsión periodística tan visibles como son Voice Of America o TV Martí [20] . La idea al parecer ha sido realizar una reorganización dirigida al uso bélico de cualquier tipo de información, en cuanto a medios de comunicación y de los acontecimientos narrados por estos. Iraq ha presenciado los usos de esta guerra de información, con posturas favorables a la ocupación estadounidense elaboradas por un contratista del Pentágono encargado de la deformación mediática: Lincoln Group, pero difundidas por tarifados periodistas iraquíes [21] .

La parafernalia ampulosa de las técnicas comunicativas de última generación sirve de tramoya a esta propaganda de guerra; la instantaneidad, universalidad y formatos de realidad virtual son parte de este propósito. En la ejecución de esta propaganda de lo bélico en el presente adquieren trascendencia repetidos anuncios de enorme irracionalidad como lo son las persecuciones de aparato militar y tecnológico más grande y sofisticado de la tierra por varios continentes en procura de fantasmales villanos con atuendos exóticos para occidente, habitando cuevas en montañas escarpadas; es puesto de presente el ininteligible funcionamiento de organizaciones etéreas de hombres malvados con unas cualidades de omnipresencia tan sólo comparables a las del dios judeocristiano; se tornan en apenas normales luchas infinitas contra torvos comerciantes de psicoactivos ilegales (siempre no estadounidenses); o adquieren un carácter lógico y sin trascendencia las muertes de mujeres y niños en ataques contra pueblos pobrísimos catalogados como habitantes de santuarios terroristas, o de naciones de delincuentes, etc.

De hecho alcanzan naturalidad planes de dominación del capital de países colonizados por más de cien años en la forma de ayudas militares a fin de combatir militarmente tales amenazas que preceden o siguen al dominio económico de aquellos

En estas circunstancias la táctica de Guerra Psicológica y demás estilos de enfrentamiento bélico anotados, no pueden llamar a engaño en sus métodos y fines específicos, implican “El uso planificado de la propaganda y otras acciones orientadas a generar opiniones, emociones, actitudes y comportamientos en grupos foráneos, sean enemigos, neutrales o amigos, para que apoyen la consecución de los objetivos nacionales.” [22]

Históricamente esta clase de táctica de guerra de impacto sobre las percepciones y sentimientos de la población, ha sido empleada sin límites dentro de las Guerras de Baja Intensidad, desarrolladas fundamentalmente por los EE.UU. a partir de los años 50, durante el inicio de la era de la supuesta descolonización en Asia y África y la modernización en América Latina. Es el momento las luchas anticolonialistas y nacionalistas en el Tercer Mundo y no es coincidencia la reaparición de este tipo de belicosidad disimulada por entonces, pues ya no son bien vistas las aventuras de expansión abierta de los imperios como en el siglo XIX, luego de los desastres causados por dos guerras mundiales y dos bombas atómicas, y por lo tanto es necesario constituir junto con unas fuerzas locales de control del tipo cipayo, fundamentalmente una población nativa dócil y una metropolitana insensible, evitando incursiones costosas e impopulares (lo cual no se logró hacer en el caso de Vietnam). Los estragos de la guerra con ampliada letalidad de sus armas no pueden llegar ser padecidos en los hogares de las clases populares de las potencias coloniales, sino quedarse en los destacamentos cipayos de los pueblos sometidos y ensañarse ilimitadamente en estos últimos. El propósito por entonces es continuar la dominación ya sin recurrir a la colonización tradicional, evitando el surgimiento de movimientos sociales hostiles al neocolonialismo, lo cual como teoría y praxis se va elaborando a modo de actuar en el extranjero esencialmente por parte del gobierno de Washington; esto genera la doctrina y el aparato aún hoy utilizado para la propagación de un ambiente favorable o al menos impasible a la dominación del mundo . [23]

Un buen ejemplo de la historia más cercana de las manipulaciones mediáticas de este tipo en el siglo XX, es decir Guerra de Propaganda enmarcada dentro de la Psicológica, es la llamada Operación Sinsonte de la CIA durante el gobierno de Dwigth Einsenhower, mediante la cual se puso al servicio de los programas manipulatorios de la agencia durante la Guerra Fría, a un gran número de periodistas para que usando los mensajes redactados por la CIA sirvieran de difusores de los mensajes en pro de los intereses estadounidenses; era en ese entonces un esfuerzo de propaganda centralizado con unos 3.000 empleados. [24] Al día de hoy el asunto continúa y no obstante se ha descentralizado abarcando decenas de miles de periodistas en los cinco continentes, ya no directamente bajo el mando de las agencias de espionaje, sino indirectamente a través de los medios absorbidos como rentables y estratégicos por las minorías mundiales y regionales acaparadoras de riqueza.

La propaganda puesta como información corriente de datos y opiniones desinteresadas proviene de una supuesta variedad de funcionarios estatales, políticos, empleados de grupos empresariales, y militares, en realidad expresando un único punto de vista de defensa de la profundización y expansión del control de plutocrático y de contención de los movimientos sociales opuestos a tales propósitos, con sus correspondientes falacias electorales, económicas y políticas [25] .

Lo verdaderamente novedoso de las anteriores formulaciones destinadas a desmovilizar las fuerzas opositoras al proyecto de dominación mundial, reside en su planificación como táctica de guerra contra las poblaciones tomadas como enemigos internos incluso en las mismas naciones de asiento del gran capital [26] , y en el monopolio de los entes comunicativos a nivel planetario. La fuente de información actual universalizada es exclusivamente las expresiones verbales, escritas o de imágenes de agentes estatales o del capital que aquellos protegen, los restantes mortales contra toda deontología del oficio de informar, sólo tienen papeles sometidos y su única referencia son las clases dominantes. Así las informaciones en cuanto a forma y contenido están determinadas por sus finalidades manipulatorias bajo conceptos cada vez más militarizados, o mejor dicho pentagonizados. Ello es particularmente apreciado en el lenguaje tendiente a ubicar en terrenos abismalmente separados las categorías ya descritas de amigos y enemigos, algo curiosamente no visto modernamente sino a partir del discurso totalitario nazista, con su lenguaje empobrecido por frases breves, cifradas y toscas [27] , hoy muy presente en la oratoria incluso de políticos moderados estadounidenses.

Empero, a pesar de lo amplio y sofisticado de las operaciones de Guerra Psicológica junto con su panoplia propagandística, el dominio sobre los seres humanos no es nada sencillo y tales esfuerzos concebidos por entes que parecen sacados de pesadillas de Huxley, Wells u Orwell, son susceptibles de ser contrarrestadas eficazmente por las mismas actividades humanas que han permitido la construcción de las civilizaciones precedentes y actuales. Le son oponibles a aquellas la asunción de actitudes politizadas a través del afianzamiento de los múltiples lazos de integración y solidaridad en la vecindad, la ciudad y región; en materia de información procurando el acceso a diversas fuentes independientes entre sí, y la constatación directa de los hechos por los sentidos sobre las mediaciones tecnológicas y de partes interesadas. La pluralidad de fuentes de contacto con la realidad hace dificultosa la adscripción acrítica de posiciones políticas procurada por las diversas formas de manipulaciones mediáticas de las corporaciones monopolizadoras del capital y la información, y por ello la búsqueda afanosa de una autocracia global de fuentes de mediación con la realidad. Sorprende gratamente así mismo, que la charla directa de mujeres y hombres, un método de intercambio de ideas tan antiguo como la humanidad, sea tan útil para desvirtuar los efectos del control totalitario impuesto por los agentes del capital. Por ello el aislamiento de los individuos es uno de los propósitos de las operaciones psicológicas dentro de la propaganda de guerra, pues el ser humano desconectado de sus semejantes es fácilmente controlable en estas situaciones. Esta es otra muestra de la violencia mental y física consistente en una especie de rapto psicológico aislante inclusive de nuestro más cercano entorno, contrariando nuestra naturaleza social la cual ha erigido el mundo tal y como lo conocemos.

Para la aplicación de propósitos tan opuestos a la esencia cultural humana, los ejércitos modernos, y específicamente el de EE.UU. tiene unidades completas destinadas a desarrollar operaciones psicológicas y de propaganda sobre el terreno, con lemas tan inequívocos sobre sus funciones antisociales como: “Persuade, Change, Influence [28] ”; más también recientemente se han creado corporaciones privadas de elaboración de bulos informativos en la forma de empresas mercenarias de la manipulación mediática, que prestan servicios a estados, entes de espionaje y cuerpos militares cipayos, por supuesto bajo el dominio imperial de la Casa Blanca [29] . El objetivo concreto no es otro que el diseño de campañas de intoxicación masiva y desinformación inequívocamente dirigidas a evitar la organización del descontento y las sublevaciones, y a fin de cuentas, perseguir la extinción de la solidaridad allí donde gobierna el capital, o de subvertir el orden que se está creando en aquellas naciones estimadas como bajo la influencia de poderes contrarios al orden oligárquico mundial.

Sabemos por lo hechos que el capitalismo y su variante profunda contemporánea neoliberal, tienen a la guerra como forma privilegiada de expandir sus rendimientos y fronteras de dominación a todo el orbe. Ya Jean Jaures anunciaba la correspondencia de aquel y la muerte en los campos de batalla: “El capitalismo trae en sí la guerra como el nubarrón trae la tormenta [30] ”. Las diversas violencias contra los habitantes de todo el planeta incluidos los de las propias metrópolis no son fortuitas, y sus consecuenciales propagandas de guerra no son producto de contingencias o casualidades sino de acciones cuidadosamente planificadas [31] , y lo son al más alto nivel [32] , pues lo que está en juego es la continuidad de las conflagraciones bélicas como motor y sustento de acumulación del trabajo de las sociedades transformado en capital, concentrado en unos pocos. En consecuencia desarrollos teóricos como los ya mencionados sobre las guerras y los medios de comunicación no pueden ser catalogados como criterios espontáneos o aislados de funcionarios medios o contratistas, sino formulaciones prácticas de estrategias generales de políticas de Estado.

Como es fácil suponer, esta red de control de comportamiento humano, pasa forzosamente por la colaboración estrecha de los medios de comunicación más renombrados y sus trabajadores-periodistas, en prensa escrita, radio, y televisión. Esta específicamente es la Guerra de Propaganda, manifestada al interior del periodismo en el quebrantamiento consciente de los propios códigos de regulación del oficio de la comunicación, cuando los periodistas se convierten en piezas del engranaje del aparato de guerra capitalista; cautivados por el arribismo utilizado como cebo para ser participes de las operaciones de control social mediático, prestan fidelidad periodística para la realización de la guerra. Pasan a ser directamente bajo la táctica de guerra descrita periodistas-contratistas-soldados, o más escuetamente, mercenarios de la Guerra de Propaganda, librada dentro de la psicológica.

Dentro de las finalidades más notorias de tal mengua del sentido humano de la actividad de informar, se encuentran la de lograr una propaganda divisiva que menoscabe la moral, la identificación de intereses y la cooperación del conglomerado social, al mismo tiempo imponer la apatía, el derrotismo, la discordia, el pánico, la capitulación o la deserción en las masas; pero también la propaganda puede ser cohesiva, cuando promueve la identificación y el respaldo de los intereses de las minorías que controlan autoritariamente el planeta [33] .

Los mismos espacios supuestamente destinados al comentario político, al ser estimados maliciosamente como aburridos, son redireccionados con comentarios de animadores-bufones o modelos de cotilleo, sacrificando el comentario profundo y la investigación periodística [34] . Con ello se banaliza una vez más los temas más trascendentales a las sociedades allí mismo donde deberían ser expuestos a plenitud, fingiendo tocar los tópicos más álgidos, los cuales resultan ser abordados superficial y desfiguradamente, eso sí, excluyendo a quienes sufren las consecuencias del sistema depredador.

En consecuencia, el oficio periodístico en estos momentos pasa por su peor momento desde que se le conoce como tal modernamente, al ser instrumentalizado como forma concertada de manipulación colectiva; con ello se logra que la versión cínica y deshumanizada de los acontecimientos sea la dominante [35] . Sin embargo, como es fácil inferir, los periodistas tienen el doble papel de ser manipuladores y a su vez ser manipulados, por quienes dictaminan las tácticas de propaganda bélica, los cuales como ya dijimos se encuentran en los más altos cargos del gobierno tanto en el plano militar como el civil. La complacencia con este rol asignado por una buena parte del gremio comunicador hace pertinentes las palabras de un presidente estadounidense continuador en su momento de una cruenta guerra:

Los reporteros (periodistas) son marionetas, reaccionan simplemente a la cuerda que les tire más fuerte. [36]

Difícilmente la presión por la supervivencia dentro del oficio justifica el obrar antiético de los periodistas como obedientes soldados del capital cuando tienen la percepción muy cercana de tanta muerte y sufrimiento colectivos; los excepcionales que no se pliegan a servir de verdugos son quienes aún honran el ejercicio humano de informar, arriesgándose al ostracismo, la pobreza, la persecución y hasta a la muerte.

Concretamente esta ocupación del periodismo al servicio de la opresión y la mezquindad ha sido observada ensañándose, por supuesto con los más débiles de los débiles, en la catástrofe de Haití, cuando un renombrado reportero de una famoso medio de comunicación británico obra como instrumento de una operación psicológica que permite la invasión militar de aquella nación caribeña, en medio de la muerte y la desolación; gracias a ello se creaba un ambiente permisivo de que en vez de equipos de rescate y médicos llegaran soldados, en vez de alimentos y medicinas tanques y pertrechos, y los responsables de la pobreza resultaban ser los propios haitianos por actuar como saqueadores [37] . Evidentemente toda una página de la infamia periodística, a la vez que una práctica de trabajo de Guerra Psicológica; necesariamente vemos por doquier una coadyuvando a la otra.

Al interior mismo de la Guerra de Propaganda del presente, las informaciones noticiosas son la parte más visible de los mensajes destinados a la manipulación y la falacia, el campo preferido del accionar de las operaciones de Guerra Psicológica. Allí donde esencialmente esperamos que nos sea transmitido lo más importante de lo ocurrido ya sea en nuestro vecindario o en otros continentes, el resultado es notoriamente contrario a nuestras urgentes necesidades comunicativas, puesto que las noticias por el medio que sean difundidas resultan inexorablemente ser por este tiempo una constante “mezcla sutil de medias verdades, hechos aislados de su contexto y convertidos así en poco comprensibles o insignificantes, escándalos molestos a veces tapados a veces evocados, pero sin que la investigación vaya más allá ni denuncie a los auténticos responsables: todo en este conjunto queda diluido en una amplia dosis de “cotidianidad” despolitizada e irracional y acaba envolviendo al espectador. [38] ”

Como buen instrumento de guerra ningún medio de información al servicio de la causa de la dominación permite ser apreciado como tal, y aparenta afanosamente imparcialidad a costa de acometer con dificultad algunos actos ajustados a la ética del oficio; más esto es emprendido por la sencilla razón de no perder el camuflaje de ser creíbles como fuentes de información por los lectores, oyentes y televidentes. Es parte de la táctica del ocultamiento de su carácter de órgano de propaganda de guerra. Incluso, las informaciones más ostensiblemente contrarias a la oligarquía de un determinado país, de las cuales se puede vanagloriar un medio como prueba de su <>, en el fondo frecuentemente son manifestaciones de Guerra de Propaganda dirigidas a socavar a personajes ya desgastados o incómodos a quienes detentan las riendas del poder ya sea local o internacionalmente. Las campañas pomposas denunciando corrupción de las personas disimulan la corrupción estructural del sistema capitalista siendo otra parte de las operaciones de Guerra Psicológica.

Empero, como la distorsión de la realidad no es suficientemente lograda en el mero relato y comentario de los mismos periodistas paniaguados, pues a pesar de sus múltiples técnicas manipulatorias en muchos aspectos se deja abierta la posibilidad de la contrastación crítica del discurso propagandístico, el propósito bélico-psicológico se acentúa entonces en la intención de la despolitización y la desviación de la insatisfacción a través de los grotescamente magnificados deportes y sus vacuos chauvinismos, y en las irracionalidades de las morbosas narraciones sensacionalistas durante la infaltable y descontextualizada crónica roja, muy adecuada para imponer miedos; lo cual es adornado con las restantes futilidades a las cuales nos vemos sometidos por instituciones mediáticas por entero fuera de nuestro alcance.

A pesar de su planificación concienzuda, los denodados esfuerzos monetarios gastados y los artilugios desplegados, una guerra con las características anotadas, no puede cumplir sus propósitos únicamente a través de los escritos de prensa y portales de la red o durante la emisión pretenciosa de los informativos radiales y televisivos y sus falacias pequeñas, medianas y grandes. El desarrollo incesante de la industria del entretenimiento luego de la Segunda Guerra Mundial (justamente cuando se piensa haber derrotado al aparato de propaganda nazi), permite coadyuvar en el control subrepticio de la población, poseyendo un papel relevante en la táctica de la Guerra Psicológica y en la más reciente formulación teórica de la de Cuarta Generación.

El entramado de las industrias del entretenimiento, tejido y controlado, como no podía ser de otra manera, por unos cuantos plutócratas, sirve asimismo de refuerzo a cuidadosas operaciones de persuasión e influencia sobre la población. En este panorama tampoco nada es gratuito y todo intenta ser puesto al servicio de la preservación del injusto orden existente; el espectáculo en que se ha convertido la comunicación de ideas e imágenes conlleva altas dosis de mensajes creados genéricamente como cargas de enajenación allí donde nadie las aguarda:

El espectáculo, entendido en su totalidad, es al mismo tiempo el resultado del proyecto del modo de producción existente. Es el núcleo del irrealismo de la sociedad [39] .”

No puede ser casual que la mayor parte del espacio y el tiempo empleados por los carteles del espectáculo del presente sean del tipo no relacionado con los grandes problemas ambientales, sociales y políticos que afectan directa e indirectamente nuestras vidas, y para los cuales se requieren decisiones colectivas; lo procurado es que continúen siendo decididas las relaciones al interior y entre pueblos por órganos tan antidemocráticos y conspirativos como Wall Street, la banca internacional, la OMC, el Fondo Monetario Internacional, o el Banco Mundial y otros menos conocidos pero de semejante naturaleza. Los espacios privilegiados de la comunicación se emplean en una variedad de asuntos que en ningún caso pueden ser comparables con temas como la situación ecológica del planeta, las desigualdades sociales, la contaminación ambiental, la opresión sufrida por grandes capas de población mundial, el modelo de producción social, etc. El irrealismo devenido a hostigante espectáculo es otra arma de propaganda utilizada para avasallar a las sociedades.

La realidad estimada como trascendente y vital para la existencia como seres vivos y con historia, es el aspecto menos importante en los medios dominantes, en favor de los rumores, detalles nimios, banalidades, parroquialidades, de lo pasajero, subjetivo y que no se proyecta, que si bien forman parte de la vida humana, no puede ser comparables en su exposición ampliada y reiterada con las amenazas a la existencia misma de la especie; aquellas minucias no deberían tener un tratamiento de acontecimiento privilegiado en aparatos de información, con un mundo donde la muerte y el sufrimiento provocados por mano humana se encuentran tan presentes.

Tomemos por ejemplo el caso del desmesurado espacio y el tiempo mediático otorgado a las denominadas celebridades y sus en el fondo, corrientes vidas. ¿Por qué son personajes importantes merecedores de ser destacados dentro de los miles de millones de habitantes del planeta con existencias verdaderamente apasionantes?

La razón es que de alguna forma son representantes de las promesas de prosperidad que el capitalismo ofrece, en la forma engañosa de su belleza construida mediáticamente, su riqueza producto de papel de paradigmas de un modo de vida sin sentido y sin embargo absurdamente realzado [40] ; son erigidos los figurones como dechado del estilo de vida del derroche y el despilfarro de la sociedad occidental dominante. Propagan un ideal de existencia que es y será de imposible obtención para la casi totalidad de los seres humanos, lo cual equivale a una inmensa falacia divulgada cotidianamente con plena conciencia. Es decir, mediáticamente son erigidos como propaganda de bondades capitalistas siempre inalcanzables, favoreciendo la obtención de una distracción engañosa de la población de sus angustias reales y cotidianas, esto es pretendiendo su despolitización, la cual es uno de los fundamentales empeños de la Guerra Psicológica: no olvidemos que se debe desmovilizar al enemigo.

Esta magnificación de lo humano pero banal, no es un hecho que en la comunicación haya existido siempre. Hacia los inicios de los años setenta del siglo XX las noticias de este tipo carecían de interés como información relevante para los periodistas en general, pero ya veinte años después las fábulas de farándula fueron el pan de cada día en los medios disponibles [41] . Las tácticas de control social dentro de la guerra lo requirieron así.

Al interior de los mismos aparatos mediáticos, el autoelogio y la autoreferencia de medios tan invasivos como la televisión y su engañosa imagen, colaboran a que esta sea vehículo preferencial de la época para transmitir propaganda de guerra, intentando hacer olvidar que la imagen representada en la pantalla no es una realidad, sino una representación de la misma, implicante de una escenificación, como lo es una obra de teatro o una película. Es indispensable repetir una verdad de Perogrullo: la imagen de la realidad no es la realidad. En este aspecto la televisión toma del cine su conversión en arte, mediante la modificación de su la inicial reproducción de la vida del tipo documental, para llegar a su intensificación [42] , a la cual somos expuestos inclementemente en la actualidad a diario como si fuera información relevante y confiable, cuando es en buena parte una mera puesta en escena con trasfondo castrense.

Del lado del cine los argumentos de las copiosas obras fabricadas por la industria dominante asentada en Hollywood, poco disimulan su intensión de constituirse en relato encubridor de pecados fundacionales del imperio estadounidense como el genocidio de los aborígenes, la esclavitud de los africanos [43] , y más recientemente maquillan el modo de vida ostentoso y depredador del American way of life, y sus correspondientes excursiones de saqueo. En concordancia con ello los guiones donde el resto de los seres humanos somos ubicados en el plano de traidores, amorales, incompetentes, y prescindibles; y los instrumentos obra de la creatividad humana, son mutados tramposamente a producto de la entrega bondadosa de estadounidenses. En el caso de abordar un acontecimiento histórico como la Guerra de Vietnam, la destrucción intencionalmente realizada sobre dicho pueblo no es mencionada, pero si el sufrimiento de los invasores, lo cual es un esquema de operación psicológica trasladado al presente en Mesopotamia y el Centro de Asia. Las películas de la industria del entretenimiento imperial niegan los hechos más evidentes y este parece ser su finalidad como espectáculo propagandístico de desmentido de la historia, si tenemos en cuenta la injerencia en muchos de los guiones del cine omnipresente de EE.UU. por parte del mismísimo Pentágono [44] , quien sin ambages utiliza este espectáculo como forma de operación psicológica en favor de su causa:

El espectáculo, entendido en su totalidad, es al mismo tiempo el resultado y el proyecto del modo de producción existente. [45] ”

La filmografía comercial de la nación más letal del planeta, propaga valores afines a la propaganda de guerra, como el machismo y la agresividad ampulosamente difundidos, junto con el ideal del honor imperial únicamente revalidado con la violencia; por último, se agrega la competitividad sin sentido y el inhumano desprecio por el otro en todos los ámbitos [46] , como argumento constante de toda representación artística.

Cuando el discurso de las Operaciones Psicológicas, traspasa el informativo de prensa, radio y televisión y su truculenta estética, permite que toda la rocambolesca parafernalia de los mensajes del presente sea constituida en un espectáculo “que el orden actual mantiene sobre si mismo, su monólogo autoelogioso [47] ”. Es decir un arma de guerra que se regenera inadvertidamente. La industria del entretenimiento se lucra con la manipulación que propaga, es decir alimentamos económicamente a los tósigos con los cuales se nos atolondra.

Este mundo mediático avenido en espectáculo ininterrumpido y universal, nacido después de la Segunda Guerra Mundial y dispuesto como industria del entretenimiento desde entonces, pretende inundar todos los espacios de la vida con su pegajoso e emponzoñando mensaje del aquí y el ahora y sus planificados delirios. Es tal la saturación provocada, que cuanto más se apela a los medios controlados menos se entiende la realidad. Y allí evidencian perfectamente la acción de operaciones de guerra y control social. El espectáculo amnésico-estimulante emitido va siendo magnificado hasta instituirse como ente de autonomía frente al conglomerado:

En el espectáculo una parte del mundo se representa ante el mundo apareciendo como algo superior al mundo [48] ”.

Cada uno de los diferentes trucos de la contrainsurgencia y proinsurgencia contenidos en la Guerra Psicológica con blanco en las conductas de las masas hacia su desorientación, se encuentran aplicados en el entretenimiento industrial del presente:

El espectáculo organiza con destreza la ignorancia de lo que sucede, e inmediatamente después el olvido de lo que después de todo, ha llegado a conocerse. [49] ”

Esta conclusión es bastante significativa si tenemos en cuenta la imposibilidad del funcionamiento una sociedad estimada como democrática con tales niveles de desinformación, y el absurdo de opiniones razonables basadas en la ignorancia. Si a esto le adicionamos el carácter de fuente de distanciamiento de la población de parte de la comunicación a grandes distancias, que han resultado ser los medios de comunicación, el control social instaurado sobreviene en mucho más eficaz que los anteriormente erigidos [50] .

Y por este sendero dentro de esta Guerra de Propaganda encontramos otro papel asignado nada fortuitamente a los medios demostrativo de su poca novedad, como es el de ser el reemplazo del rol asignado a la iglesia cristiana siglos atrás, de hacer pasivos, integrados y resignados a los feligreses, hoy indolentes, apáticas, e irreflexivas a las masas de analfabetas funcionales en cuales se nos intenta convertir. La misma omnipresencia en la vida humana de los ostentosos aparatos comunicativos con su barbarie de la ciencia sin conciencia como decía Walter Benjamin, era la poseída en un tiempo no demasiado lejano por la iglesia y su cristiano abandono de Cristo, estableciendo una sutil y efectiva manera de colaborar con sus pares de la minoría dominante de entonces en el aplacamiento de los rebeldes.

El reforzamiento de los estereotipos humanos es otra de las tareas asignadas a los medios en la Guerra Psicológica. Las caracterizaciones de los personajes que vemos en informativos meticulosamente dramatizados y la industria del entretenimiento impuesta como dato esclarecedor de la realidad, son un recrudecimiento de la visión colonizadora noratlántica a través de los relatos de catástrofes, guerras, pobreza, en noticias y en argumentos de cine y demás, prolongando la idea de que aquellos lejanos pueblos del sur y el oriente son primitivos y necesitan estar bajo la tutela del gobierno de los EE. UU. y sus aliados europeos, obviando por supuesto, que todo ese caos puesto de presente sin explicación ni temporalidad razonable, es directamente originado en la injerencia continuada de ese poder colonialista en estos territorios, afectando negativamente la vida de sus habitantes en algunos casos por varias centurias.

Por ello a quienes se dirige la comunicación espectacular de hoy son personas específicas:

Los medios son en su conjunto, un factor de despolitización que actúa, evidentemente de manera prioritaria sobre las fracciones más despolitizadas del público. Más sobre mujeres que sobre los hombres, más sobre los menos instruidos sobre los más instruidos, más sobre los pobres que sobre los ricos. [51] ”

Los blancos de las operaciones dentro de la Guerra Psicológica son justamente estos mismos.

De allí que si se emplean para la difusión de tal cantidad de futilidades como es la que abarrota los mensajes de la comunicación, la conclusión es de que esto se debe a que son muy importantes, pues ocultan y transmiten cosas muy valiosas [52] . El valor esta relacionado con la inmensa utilidad despolitizadora de esta parafernalia de banalidades; nada es fortuito cuando el poder y el dinero son los que se encuentran en juego.

Ahora bien, como ya se ha dejado entrever, las funciones tácticas de los aparatos de información y entretenimiento varían de acuerdo a las situaciones políticas presentadas. Si los medios controlados por el capital se encuentran en naciones con gobiernos tendientes al nacionalismo y a crear condiciones de gestión independiente de las masas desposeídas, el papel de aquellos cambia diametralmente, y la politización del ambiente se abre con una exposición intensa de los problemas sociales, no ocurrida cuando los capitalistas controlan todos los sectores de la sociedad. La invocación de persecuciones a la prensa de parte de los gobiernos titulados de ‘populistas’, tiene acogida de trueno en los restantes medios de la metrópoli gringa y europea, mientras que los homicidios, amenazas o destierros de periodistas en regímenes proclives al capital extranjero pasan intencionalmente desapercibidos en el mundo.

La existencia de una diversidad de tácticas y técnicas de acuerdo a la posición de los gobernantes frente a la desnacionalización de un país, confluyentes en las desmovilización de las masas en naciones bajo poderes imperiales, y una activación de la defensa de la propiedad privada transnacional en aquellos con participación popular, se evidencia en estos casos, lo cual no puede ser sino consecuencia de una estrategia de bélico-psicológica que para Latinoamérica tiene como cabezas bien visibles los gobernantes de Washington y subalternamente Madrid, en contra de quien atente contra el dominio del capital de las oligarquías de estas dos naciones, y no obstante, permite ver su existencia en otros continentes. &nbsp

Las formas de contrarrestar colectivamente a esta Guerra Psicológica, que en realidad en el caso tratado es una guerra de operaciones de violencia dosificada y propaganda intensa contra la percepción y conciencia de la población, debería implicar extraer de la comunicación las formas dictadura del capital incrustadas en la organización de periódicos, radios o televisoras, con su democratización; pero así mismo subvertir la comunicación mediante cambios en las específicas maneras de conectar a los individuos con la realidad, en razón a que estas transmiten claros componentes de jerarquía plutocrática, belicismo y consumismo mediante su estética y distribución de funciones.

El periódico, el noticiero, el teleinformativo, el portal de la red, manejado por un periodista-director-editor encumbrado a sumo sacerdote definidor de los contenidos, debe dar paso en un ambiente de transformaciones sociales a un grupo de comunicadores con un organizador de funciones elegido ad hoc, pero sin caer en la especialización limitante; las decisiones sobre los temas por tratar deberían tener en cuenta a los receptores de las informaciones y sus más acuciosas dificultades para una existencia plena.

La misma forma exterior de la emisión de las noticias debería dejar de ser un dictado de una o un teleprontista-maniquí y ser reemplazado por el relato ágil de quienes entienden de lo que se está hablando, con preguntas y contra preguntas de los destinatarios de los mensajes sobre los temas más álgidos, pues no debe existir una comunicación sin contrastación. Los relatos sobre una misma situación deben multiplicarse, guardado el sentido común de que todo periodismo es intencional y por tanto se deben desenmascarar las supuestas neutralidades de los medios y periodistas tarifados al servicio de la Guerra de Propaganda, con la declaratoria de la posición política de los periodistas con postulados éticos.

Si los cambios de algunas sociedades latinoamericanas pretenden ser profundos, la transformación de la industria del entretenimiento con su poco disimulada ideología imperialista y capitalista, ha de empezar a verse, dejando de lado esos mismos caracteres de de distracción y pasividad, dando paso para el surgimiento de formas de diversión invitantes a la acción solidaria; aquel comportamiento de la industria del espectáculo despolitizante en una sociedad que cuestione el capitalismo debe tender a disminuir. De ser instrumento de Guerra de Propaganda y operaciones psicológicas debe pasar a prolongación de la sensibilidad a través de su arte para recrear con este la realidad en un dialogo del realizador y su obra pictórica, literaria o audiovisual dejando de lado el guión de estereotipos.

En un contexto de tales características en el arte y la comunicación el héroe individualizado y todo poderoso como artífice de hazañas iría dando paso lentamente al más real y no menos poético esfuerzo colectivo hecho crónica, cortometraje, película, o lo que venga. El Acorazado Potemkin, una de las mejores películas en la historia del cine no tuvo protagonistas individualizados sino los marineros del barco y la población de Odesa; no hubo individuos sobrehumanos, presenciamos en aquella obra creíbles esfuerzos fusionados.

Dar continuidad a los actuales formatos de entrega de mensajes es también proseguir con la esencia del autoritarismo de las élites capitalistas. La comunicación como las formas de organización social, puede y debe ser modificada por el consenso organizado para dar lugar a expresiones propias de las nuevas maneras de solucionar los problemas sociales. Es incoherente con procesos revolucionarios el continuar con los mismos esquemas de manejo de los temas periodísticos en formas y contenidos, cuando se pretenden modificaciones estructurales. Por ejemplo, el mayor filtro de censura de los medios monopolizados actuales es la propia ideología capitalista, con su consecuencial sacralización de la jerarquización basada en los latrocinios precedentes, la cual debe desaparecer paulatina pero incesantemente en las sociedades donde se plantean nuevas formas de organización de la vida humana. De tal manera los protagonistas de los acontecimientos relevantes deberían cada vez más ser quienes han sido sistemáticamente ocultados en los medios al servicio del capital: los desposeídos; en detrimento de las aparatosas ceremonias de jefes de Estado que elaboran una pedagogía para el alejamiento de la constitución de un verdadero poder popular. Es necesario dar cabida a múltiples formas de transmitir lo significativo, determinadas por cada tema, el público, los estilos periodísticos, ideologías revolucionarias y medios de difusión, y no como en el presente cuando un medio de comunicación resulta ser la copia al carbón de todos los restantes en formas y temas.

La opinión de los de abajo debe ser difundida preferencialmente …..

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