Cabalgata indignada: adiós a la inocencia

Paula Guerra || Madrid.
Periodista.

No importó el frío ni la carga policial. Bajo el lema común “¡Porque hemos perdido la inocencia!”, miles de personas asistieron a la Cabalgata Indignada de ayer, demostrando que las manifestaciones ciudadanas no han hecho más que comenzar.

Al grito de “menos policías, más educación” comenzó la cabalgata indignada convocada por el 15M y en la que participaron más de cien barrios, pueblos y colectivos ciudadanos de Madrid. La consigna no era casual. Pese a la cantidad de asistentes, la policía se negó a cortar el tránsito, retrasando el inicio de la cabalgata, previsto a las 19:00 horas desde la Puerta de Alcalá hasta Sol.

Tras el altercado, en el que los agentes antidisturbios hicieron gala de sus peores costumbres, y que finalizó con varios heridos y detenciones, la cabalgata inició su recorrido detrás de una figura que hablaba por sí sola: un cerdo de oro sentado en un especie de trono. Vistiendo chaleco, pajarita y sombrero de fieltro, el animal sostenía un puro en su boca y lucías una grandes gafas oscuras.

Pero no fue la única imagen. Dividida en bloques temáticos (desempleo, vivienda, sanidad, educación, etc.), la manifestación demostró la creatividad de los asistentes, que llegaron portando toda clase de figuras y disfraces, entre las que se encontraba una Esperanza Aguirre convertida en “diabla” y un Iñaki Urdangarín Caganer.

Sobran los motivos

Al ritmo de la batucada Samba Darrúa, compuesta por treinta jóvenes de Carabanchel, los manifestantes avanzaron gritando consignas y repartieron manifiestos entre los curiosos, que observaban y aplaudían desde las aceras.

Los asistentes al acto representaban todo el espectro de la sociedad. Los había de todos los sexos y de todas las edades. Cada uno con su motivo, pero todos con el mismo fin: más justicia social.

Sergio (54), de la asamblea popular del barrio Salamanca, marchaba con su perro y con una flauta entre las manos: “Como soy tolerante, los insultos me hacen gracia, por eso vengo con mi perro y con mi flauta, lo tengo asumido como un símbolo de identidad”. Ya más en serio, comentaba que los que se está viendo en las calles no es más que la respuesta a la agresión del sistema capitalista. “Mucho antes de que nos manifestáramos, el sistema ya nos había agredido”.

Otro de los asistentes, Pedro (28), de la asamblea popular de Torrejón de Ardoz, marchaba detrás de una figura de Benedicto XVI, cuyos pies pisaban una escuela pública: “Queremos manifestarnos contra los miles de millones de euros que el estado español le entrega a la iglesia y que podría invertir en educación”, afirmó Pedro, añadiendo que “hemos perdido la inocencia, por eso creemos que ha llegado la hora de sacar a la calle todas nuestras vergüenzas”.

En la asamblea popular de Alcorcón el tema elegido fue el desempleo. Uno de sus manifestantes, José Antonio (56), afirmaba tajante: “Debemos luchar por un mundo mejor y afrontar juntos el futuro incierto que nos espera. Pretendemos que la gente se mueva y que salga a la calle a pelear por sus derechos”.

Entre los asistentes también se encontraban familias enteras. Vicente (41) asistió junto a su mujer y sus hijos en el bloque temático de educación: “Como padre de dos niños que estudian en la escuela pública me preocupan los recortes que se están produciendo, me preocupa que los recursos se estén destinando a subvencionar a gente que puede pagar altas mensualidades en la privada, mientras a los demás nos dejan sin nada”.

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Un cerdo dorado abría la cabalgata indignada. ©Germán Gallego

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“Pero mira qué bien viven”

Cuando la cabalgata llegó a la Puerta del Sol los manifestantes animaron aún más la marcha con susvillancicos indignados. Así, la clásica Pero mira cómo beben los peces en el río, se transformó en Pero mira qué bien viven los cargos del partido, lo que causó la risa y el aplauso de todos.

Eran cerca de las diez de la noche y la temperatura rondaba apenas los 4 grados, pero nadie se marchaba. Repartidos en diferentes puntos, siguieron bailando y protestando al ritmo de la música.

Un joven, que miraba con emoción a los otros manifestantes, le decía a un amigo que “esto es sólo el comienzo” y mostraba orgulloso su cartel: “Adiós inocencia, hola dignidad”.

Nota de Kaos: Añadimos una galería de fotos de Miguel Álvarez.

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