CÓMO ACTÚAN LAS FUERZAS OSCURAS

                                          

¿Quién se sintió cautivado por alguna de esas películas donde abunda la riqueza de los escenarios, el  esplendor sensorial y la vida regalada de sus protagonistas?

¿Quién no  ha oído decir alguna vez o pensado para sí que si le tocase la lotería o una herencia dejaría de trabajar  y se daría a la “buena vida” de los ricos?

¿Cuántos no quisieran ser  afamados profesionales, admirados deportistas, encumbrados escritores o artistas?

Estos son los imitadores, las víctimas de los aparentemente poderosos, que son los cómplices de las sombras. Tienen un dios: el dinero; un culto: el culto al yo; y ofician en muchos templos: bolsas, iglesias, cátedras, palacios de gobierno y un largo etc.

La debilidad  de sus  víctimas, por las que estas  son atrapadas, es la envidia, pero no sólo. Cómplices y víctimas participan del mismo dios, del mismo culto y siente respeto por los mismos templos.

“El pequeño yo quiso y quiere tener siempre cada vez más. Por eso imita a sus modelos, a los famosos  y ricos de este mundo.

Muy pocos de estos hombres orientados hacia el mundo saben algo sobre los valores internos. Para muchos, el sentido de su vida es la adquisición de cosas externas.

Los placeres y apetitos están muy  cerca entre sí, especialmente cuando se trata de conquistar a la mujer o al hombre del prójimo o de tomarse varias mujeres o varios hombres a la vez. Estos  fueron y son mantenidos como siervos para provecho del propio cuerpo.

Todo esto aumenta el egoísmo, la voluntad personal, que es atadura. Esto significa que lo que me pertenece es mío, y lo ato a mí  con todos los medios  y posibilidades; ahora bien, esto me obliga también a defenderlo, aunque sea con la guerra y con las armas.

Con esto se contagiaron también las víctimas, las que hicieron y hacen lo mismo.

Los hombres se atan a hombres según el  principio de: esto es mío y eso  es tuyo. Los hombres se atan al dinero  y a los bienes, al trocito de tierra, siguiendo el principio: esto es mío y eso es tuyo.

Estas ataduras a hombres y a cosas conducen a rivalidades, envidia, discordia y odio. De esta manera se van produciendo una y otra vez hostilidades que pueden conducir  incluso a guerras.

Cuando hay discordias y peleas se siente, se piensa y se habla  mucho de forma contraria a la ley divina, es decir, se emite y se recibe negatividad. De esto nacen otras subcomunicaciones negativas que se prestan a su vez para más inyecciones.

El propósito siempre  ha sido y es que aquel  que domina el mundo material recibe energía suficiente para abrir nuevas posibilidades  y con ellas seducir cada vez más a los hombres, y conservar  y ampliar su territorio.

Los cómplices y las víctimas son por lo tanto las fuentes de energía de los demonios. El desorden en y alrededor del hombre, las discusiones en el matrimonio, en la pareja, en la familia, y en el lugar de trabajo, así como entre los pueblos, proporcionan las energías negativas correspondientes. Del mismo modo, el abuso de los deseos, las pasiones, el ansia de ser alguien, de tener y poseer, estimulan la voluntad personal y liberan de este  modo cada vez más energías contrarias a la ley divina.

Los demonios han logrado con muchos hombres lo que querían muchos se crearon  su pequeño mundo  que consiste en  sensaciones, pensamientos, palabras y hechos humanos; en deseos, anhelos y pasiones; en intransigencia, envidia, discordia, odio y enemistad. Cada uno se ha enredado en su pequeño mundo egoísta y  gira sólo en torno a sí mismo. Trabaja sólo para sí mismo, y en definitiva habla sólo lo que él mismo es.

Este es por tanto el mundo pequeño e inferior de su yo. Un hombre tal vive enredado en este capullo negativo, limitando su existencia. Ha olvidado así a sus semejantes, a su prójimo, a no ser que este tenga que prestarle algún servicio. Si su prójimo no está dispuesto a ello, lo injuria, lo menosprecia, y por último lo olvida. Aquel que exige, tiene interés en su prójimo  sólo en tanto este haga su voluntad; de otro modo apenas le concede atención. Así actúan los principios de los demonios  separa, ata y domina

(Fragmento de El  Estado de los demonios, sus cómplices y sus víctimas”.

(www.vida-universal.org)

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