Cádiz: La UCA derrochó dinero con visas sin control

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La Universidad de Cádiz entregó, bajo el mandato de su anterior rector, Diego Sales, tarjetas de crédito de empresa a integrantes del equipo de gobierno (vicerrectores y algunos directores generales) que fueron usadas prácticamente sin control generando un gasto nunca inferior a los 380.000 euros en el periodo comprendido entre 2007 y 2011. El montante pudo ser muy superior, ya que la UCA no ha hecho pública auditoría alguna sobre el dinero destinado, en la práctica, a un sobresueldo que cada cargo podía utilizar sin una estricta fiscalización, a juzgar por el uso que algunos de los titulares hicieron de ellas.

Entre los gastos costeados por la UCA, según consta en los extractos a los que ha tenido acceso este medio, hay un gran número de compras personales o facturas de restaurantes, bares de copas, además de innumerables viajes, que se supone que se tendrían que haber realizado a través de una central de compras con el operador habitual con el que trabaja la institución. Curiosamente, lo que apenas hay es gasto en librerías. La UCA, una universidad modesta que en aquella época se encontraba en un duro proceso de reestructuración económica y que lastraba un déficit de casi 60 millones de euros, pagaba incluso gastos ínfimos, como desayunos, tiques de parking o billetes de metro. También aparecen apuntes de hipermercados como Makro, o de tiendas de muebles, como Ikea, o de electrónica, como Media Markt, o pagos a través de plataformas como PayPal (cuyos conceptos no aparecen nunca en los extractos de las tarjetas), por reseñar sólo algunos de los casos más significativos en los que no tenía sentido realizar compras personalmente de las que tuviera que hacerse cargo la universidad.

El descontrol y el derroche durante estos años fueron frenados con la llegada del nuevo equipo de gobierno, en 2011. Una de las primeras medidas del nuevo rector, Eduardo González Mazo, que había sido director general de Acceso en la etapa de Diego Sales, fue eliminar las tarjetas, pero no se emprendió ninguna acción de cara a investigar qué cantidades se gastaron indebidamente para poder recuperar el dinero. Los hechos llegaron recientemente al consejo de gobierno, donde se pidió la explicación por estos gastos. También tuvo conocimiento el Consejo Social de la UCA, que solicitó un informe acerca del uso de de estas tarjetas durante la anterior etapa. El rector prometió que se realizaría este informe, pero todavía no se ha entregado ni se conoce en qué estado se encuentra.

Las tarjetas utilizadas durante el periodo de Sales son de dos clases. El rector, Diego Sales, y el gerente, Antonio Vadillo, contaban con tarjetas Business Oro, con un tope mensual de 30.000 euros. Sales utilizaba la tarjeta a menudo y gastó no menos de 85.000 euros -no existe una documentación completa sobre los extractos-, mientras que Vadillo fue más prudente y, según los extractos que se han dado a conocer en una institución de titularidad pública donde es muy difícil acceder a sus cuentas pormenorizadamente, gastó poco más de 10.000 euros.

Las tarjetas entregadas a los vicerrectores y a algunos directores generales eran más modestas. Se trataba del producto Mastercard Empresa, con un tope de 3.000 euros al mes, si bien nadie alcanzó nunca ese tope, aunque sí es cierto que en ocasiones se acercaron bastante. La frecuencia en el uso de estas tarjetas por los responsables de la Universidad es muy variado, desde los más de 34.000 euros gastados por el adjunto al rector, Francisco de Asís Álvarez González, especialista en Estadística, hasta la moderación del vicerrector de Innovación, Manuel Blanco Ollero, que la utilizó poco y cuyos gastos no alcanzaron los 5.000 euros en este periodo.

Esta enorme diferencia es significativa, ya que demuestra que había miembros del equipo de gobierno que no necesitaban de esa tarjeta y eran sus departamentos, tal y como sucede en la actualidad, los que corrían con las necesidades económicas propias de su tarea. Esto no quita que hubiera departamentos, como el vicerrectorado de Investigación, que durante este tiempo, bajo la dirección de Francisco Antonio Macías, presentara gastos desmesurados no muy relacionados con la investigación. Así, al menos, lo entendió el actual vicerrector, Manuel Bethencourt, que puso en conocimiento del rector las cuentas del anterior mandato para que constara que no formaban parte de su gestión.

Francisco Antonio Macías es precisamente uno de los casos más curiosos a la hora de analizar el uso de las tarjetas. Con un gasto no inferior a 30.000 euros, se descubre en el desglose cierta rutina en los fines de semana, en los que era asiduo al Foster Hollywood (hay 44 apuntes en este establecimiento), el restaurante El Laúl (33 apuntes) en El Puerto, o Los Tarantos, en San Fernando. Además, durante este tiempo conoció mundo. En los extractos figuran gastos en ciudades como Dusseldorf, Melbourne, Estambul, Londres…

Sales quiso situar a la UCA en el mundo, darle cierto nombre. Y a fe que lo debió conseguir porque una constante en los extractos de la tarjeta son apuntes llegados de todos los puntos del planeta. El vicerrector de Posgrado, Francisco López Aguayo, hizo gastos por casi 1.000 euros en la cadena hotelera Dann Carlton en Bogotá y en Medellín. En Shanghai utilizó la tarjeta en un establecimiento llamado Regal SH East Asia Hot. Francisco Álvarez, adjunto al rector, que solía comprar con la visa de la Universidad en el Súper San Francisco, era sobre todo un viajero virtual y realizaba compras en PayPal, Itunes, o en Swishzone, con sede en Balmain, Australia. Encontramos gastos en el hotel Almerimar, de la costa de Almería, en Tapas Gaudí, de Barcelona o, con cierta asiduidad, en sidrerías de Gijón. Su principal viaje en esta etapa fue a Mérida, en el estado mexicano de Yucatán, donde pasó unos gastos de casi 800 euros. En marzo de 2008 pagó 722 euros con la tarjeta para poder asistir al PTI Europe, un foro internacional de expertos en ahorro. No hay constancia de lo que aprendió en el foro, pero sí de que durante esos años cargó a su tarjeta de la UCA 15.009 euros sólo en restaurantes.

Mercedes Dobarco, responsable de Cooperación y Solidaridad, realizó su tarea en viajes a Sao Paulo, donde aprovechó para pasarse por la tienda Fnac, o en Managua, capital de Nicaragua, en cuyo aeropuerto hizo gastos en Savipsa, que es la firma de los salones vips de los aeródromos de Centroamérica. Los viajes son innumerables y el más viajero era el propio rector, Diego Sales, que estuvo por toda América: Guadalajara, Managua, Cartagena de Indias, Bogotá… Y, periódicamente, en San Luis de Potosí, con cuya universidad autónoma se firmó un acuerdo de colaboración. En esta ciudad mexicana reside el hijo del ex rector.

Catedráticos muy veteranos consultados por este medio han asegurado, bajo compromiso de confidencialidad, que «el caso de las tarjetas es una vergüenza que era conocido por buena parte de la comunidad universitaria. Esto sucedía durante los años de bonanza, pero también cuando llegaron los recortes y la mayor parte de los departamentos de cualquier facultad perdía profesores porque no se podían pagar sueldos de poco más de 600 euros, una miseria. 600 euros eran los que más de uno del equipo de gobierno se gastaban en una sola comida en Cumbres Mayores, Veedor, San Antonio o El Faro, que eran los lugares habituales. Se gastaba sin ton ni son».

Uno de los catedráticos consultados, que en sus inicios apoyó a Diego Sales para, posteriormente, irse distanciando por estar en desacuerdo con algunas de las decisiones de personal adoptadas por el antiguo rector, defiende que «durante el tiempo de Sales se fortaleció la marca UCA y hay que reconocérselo, incluso se logró aflojar la asfixia económica, pero eso también tuvo un coste».

El coste al que parece referirse es a la drástica reducción en el capítulo económico relacionado con la docencia que ha dejado facultades como la de Medicina, como apunta un tercer catedrático, al borde del colapso por el escaso número de profesores. Medicina, que había sido la joya de la corona de la UCA, ha perdido buena parte de su prestigio.

En los últimos doce meses, la Universidad de Cádiz, a causa de los recortes, ha perdido ya más de 40 profesores.