Byung-Chul Han, ontología del presente

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El filósofo coreano continua su tarea poliédrica de trazar un análisis de nuestro hoy, centrándose en cada una de sus entregas en diferentes aspectos de nuestras sociedades. Como ya es marca de la casa, si se exceptúan algunas de sus intervenciones en lo temático ( su ensayo sobre el budismo, la visita a su jardín o su análisis amoroso sobre Hegel) el centro de interés son las sociedades contemporáneas, tarea que emprende en obras, las traducciones superan la quincena, que sobrepasan escasamente las cien páginas ( en lo que hace a las medidas, solamente Topología de la violencia dobla la paginación); me permito aclarar que las nombradas entre paréntesis también tienen cierta relación con nuestro hoy: la primera en lo que hace a subrayar la ejemplaridad de algunas posturas orientales dignas de ser tenidas en cuenta en las concepciones de Occidente, la segunda, que expone su ejemplo personal, de su jardín, como modelo de contacto con la naturaleza y desmarque del bullicio , entre otros mediático, en el recinto de sus plantas; y en la tercera cuyo estudio del poder en el autor de la Fenomenología del espíritu, deriva hacia la palabra del amor y la amabilidad, como antídotos de la palabra del poder hegeliano, que domina generalmente las interpretaciones del filósofo alemán).

Vaya por delante que las obras de Han siempre sirven para centrarse en aspectos esenciales de la actualidad, aunque a veces la apariencia de que se refiere a aspectos no centrales, resulta engañosa ya que tales aspectos son significativos y paradigmáticos en la definición del presente; estas aparentes insustancialidades y las relaciones que el pensador establece entre ellas le ha valido más de una crítica, en la medida en que sus afirmaciones parecen moverse más en el futuro que en el presente. Me viene a la cabeza, salvando las distancias que se hayan y se han de salvar, el mundo metafórico de Jean Baudrillard que sorprendía al personal con sus fuites en avant, que pillaban descolocado a todos dios, como si su mirada tuviese capacidades no comunes al común de los mortales Cierto es que algunas de las lecciones que expone Han, por ejemplo las relacionadas con el cansancio , provocado por la conversión de cada cual en empresario de sí mismo, en esta sociedad del rendimiento que no hace sino rendir a los ciudadanos, han sido criticadas , a mi modo de ver con razón, debido a que tal cansancio en la carrera que cada cual establece consigo mismo convirtiéndose en empresario de sí ( en lo productivo,en el ámbito de la salud, de la higiene y corporal…) es inducido desde fuera por el neoliberalismo, y no por medio de una decisión propia como da a entender Han, siendo solamente aplicable a algunas franjas de trabajadores y de algunas zonas del mundo mundial; ya que algunos trabajadores se agotan con sus trabajos penosos y que exigen esfuerzo físico…y no por ningún tipo de narcisismo, ni de superación personal ( justas en este sentido resultan las críticas que Slavoj Zizek expone veloz en su Pandemia). Dejaré de lado las pertinentes distinciones que establecía Gilles Deleuze, a raíz de una obra teatral de Samuel Beckett, Quad, entre agotado ( épuisé) y fatigado

( fatigué) y es que ciertamente una cosa es estar fatigado o cansado y otra más paralizante, hasta la incapacidad de actuar, es la propia del agotamiento.

En la presente ocasión, su obra, « La desaparición de los rituales», publicada como todas sus obras por Herder, incide en cómo tal desaparición de los rituales sociales produce una comunicación sin comunidad ; podría decirse que si se sigue su enfoque, los rituales como acciones simbólicas, crean una comunidad sin comunicación, ya que asentándose como significantes, permite que una sociedad reconozca en ellos sus señas de identidad. Dos cosas diré de entrada a este respecto: ya el propio Marx, escrito junto a Engels, hablaba, en el Manifiesto, de cómo los rituales caballerescos, propios de los tiempos feudales, habían dejado de funcionar para dar entrada a los valores de la burguesía que se traduce en moneda sonante y contante; hablaba Louis Althusser de la ideología como cemento que sujetaba el edificio de la sociedad . Si se da por cierto la postura del francés, parece que la de Han adolece de un escore que hace que una parte, los rituales, se conviertan en el todo, en el eje de la constitución de la sociedad, de la comunidad con sus señas de identidad.

Así pues, si damos por sentado que la comunidad está desobrada ( desoeuvrée) – por adoptar la expresión de Jean-Luc Nancy- los caminos se bifurcan: o bien, cabe levantar acta notarial de la situación , o bien tratar de proponer alternativas y cambios que modifiquen el estado de cosas, en vez de limitarse a chapotear en él. Byung-Chul Han hace confluir ambas posturas ya que por un lado, traza la genealogía y síntomas del fenómeno estudiado, y por otro, propone ciertos posicionamientos alternativos que supongan salidas al impasse o al menos sirvan de contrapeso.

La práctica desaparición de los rituales que formaban comunidad de sentido, en el trato con las personas y las cosas, ha sido forzada por la primacía otorgada a la producción y unida a ésta, al consumo, que se centra en lo efímero, en lo fugaz que no permanece como los objetos sino que fluyen como lo hacen los mensajes y las incesantes noticias u ocurrencias que pueblan los móviles, y otras pantallas, creando adicción; éstos se mueve más por emociones que por necesidades, lo que supone que en el centro del consumo se sitúe el objeto pero como modo de satisfacer del deseo del yo, dentro de la lógica de la supuesta realización de sí. Desde el inicio Han aclara que no escribe con nostalgia, ni con pretensión alguna de vuelta atrás sino que únicamente intenta destacar el hecho de que la falta de rituales hace que los lazos sociales flaqueen, teniendo en cuenta que las variables de espacio y tiempo hayan dejado de funcionar como antaño con lo que se origina cierta falta de asidero que supone, a su vez, un desbrujule. Entre las causas que han provocado este desvanecimiento se detiene en la revolución digital, en el poder de los big data, juzgados por Han como maneras que adopta el capitalismo moderno con la omnipresencia de las nuevas tecnologías traducidas en el asentamiento de un individualismo que se expresa en patologías de época ( neurosis, hiperactividad, las crisis de agotamiento, o depresiones, etc. ).

Frente a tales invasiones, que Han considera interiorizadas, hasta el punto de haberse convertido en segunda piel de los ciudadanos como si perteneciesen per se a los yos; Han recurre a Paul Lafargue y el derecho a la pereza, alzándose contra la religión del trabajo, que anula la libertad y creatividad de los ciudadanos al convertirles en siervos de sí mismo en el trabajo, acompaña también sus diatribas con la apuesta por el homo ludens de Huizinga, espíritu lúdico que ha quedado enterrado por las cuestiones ya señaladas. La frialdad de lo común se expresa igualmente en las formas nuevas, de baja intensidad en su sutileza, de las violencias y enfrentamientos sociales ( del cuerpo a cuerpo en las contiendas bélicas se ha pasado al enfrentamiento a distancia con la utilización de drones y otros ingenios), concepciones que penetran hasta en los cuerpos de manera aparentemente no impuesta como sucedía en los regímenes totalitarios o dictatoriales, sino por medio de las tácticas de seducción que hace que la imposición sea tomada por los sujetos, sujetados, como sí fuera cosa suya, de su libre voluntad. El simbolismo , que no otra cosa son los rituales, ha dejado de funcionar como nexo de unión de los ciudadanos al perder gas, haciendo que el topos común ceda y que se dé un atomismo que convierte a cada cual en un islote ajeno a los demás; pérdida traducida en la desaparición del re-conocimiento. Las distintas esferas en las que se pueden comprobar estos cambios son llamados a capítulo por Han: el imperio de los signos, la guerra y sus cambios, los ritos de iniciación y de cierre, la sexualidad, la fiesta y la religión, la vida y la muerte, con el trasfondo agónico ( agon en griego lucha) mostrando a partir de tales aspectos visitados la situación de indefensión a la que queda reducido el ciudadano de hoy, recluido en sí mismo y falto de herramientas y útiles interpretativos, y con unas relaciones que , las más de las veces, se reducen a un mero like. Los ecos de la comunidad de solitarios de Pascal Quignard, los isolatos de Herman Melville o la muchedumbre solitaria de David Riesman, resuenan, salvando todas las distancias que se quieran y deban.

Esa preocupación por el yo y los deseos individuales hacen que se aflojen las visiones colectivas, y que los valores pasen a regir únicamente a cada cual; lo que no evita que la constante exigencia de transparencia haga que se de una exposición, con respecto a lo que Han traza unas atinadas pinceladas que diferencia el deseo, la seducción y la sexualidad, que en los tiempos de neoliberalismo se convierten en materia de mercadeo, despejando la paciencia y para dar paso a la velocidad que hace que se confunda lo uno con lo otro y se exija una inmediatez que hace que la rapidez y la exhibición privilegien la corriente pornográfica que impera en las sociedades actuales.

Hay un permanente recurso por parte del coreano a las proposiciones oximorónicas, que hacen que lo que muchas veces se interprete como positivo por la generalidad de analistas, él les dé la vuelta mostrando el pretendido engaño que suponen las tan cacareadas: hiperlibertad, hipercomunicación y la hiperinformación de las redes, que de hecho no hacen sino enredarnos y sujetarnos, mas Han no es de la opinión de que ante tal mecanismo panóptico el camino sea la rendición sino que considera que hay que alzarse y poner freno a las tendencias sumisas; subrayando que no hay peor panóptico que el instalado en la propia mente supuestamente de manera ( casi)voluntaria; recuerdo en este orden de cosas unas declaraciones de Noam Chomsky, en un libro de presentación editado por Gedisa, que si hubiese un dictador fascista racional elegiría el modelo norteamericano: cada ciudadano con un policía en la cabeza. No cabe duda de que el bombardeo de tono mercantilista invade el campo de los valores de justicia, verdad, humanismo, haciendo que la mercantilización de lo más sagrado penetre las mentes y los corazones de los ciudadanos, haciendo que los valores más que colectivos devengan en la búsqueda de la satisfacción o el logro personal de los sujetos; proceso que supone una absoluta reificación de los individuos.

En la lectura de los libros de Byung-Chul Han se dan ciertas repeticiones o aires de familia de ideas ya anticipadas con anterioridad, lo que, sea dicho al pasar, es normal si en cuenta se tiene que la trayectoria de los análisis de Han parten de un molde o estructura interpretativos, que las distintas piezas van encajando en él para ir completando el cuadro.

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