Bucaramanga: Su historia y sus principales problemas de pobreza y miseria

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Bucaramanga[1] es hoy una de las mas importantes ciudades de Colombia, en la que viven cerca de 600 mil personas que con el Área Metropolitana son cerca de 1 millón 3 mil habitantes..

El  territorio  donde  hoy  está  la ciudad  de  Bucaramanga  y  una gran  parte  de  su  área metropolitana,  fue  en  el periodo de la violenta conquista colonial hispánica, un área  limítrofe entre los indios yariguíes,  chitareros  y  guanes.  Los yariguíes[2]  hacían presencia  en  esa  zona, en los valles de Girón y Rio Negro; los  chitareros[3],  dominaron  las cuenca  del  Surata,  y  los  guanes[4] se asentaban  sobre  el  territorio  en  el  que  hoy  se  localizan  Bucaramanga, Floridablanca  y  Pie  de  Cuesta.

Como  se puede inferir no  existían  etnias oriundas  de  la  meseta  de  Bucaramanga,  sino  que  esta  región  se  vio constituida demográficamente por diversos grupos étnicos, unos de origen Muisca y otros  de raza Caribe.

Antes  de  la  llegada  de  los  españoles y alemanes,  la  región  parecía  ser  un  sitio  con suficiente capacidad  como  para  albergar  una  considerable  cantidad  de habitantes, y en algunos puntos de su territorio  llegó a cobijar varios grupos humanos, como lo indicamos.  Precisamente  esta  vecindad,  unida  a  la  diversidad  de  los  grupos humanos  y  a  las  diferencias  de  sus  ambientes  climático  y  topográfico, estimularon   enfrentamientos violentos  y  la  búsqueda  de  la expansión territorial.

Entre las tribus indígenas que poblaban el territorio,  tales  contiendas debieron  ser muy  frecuentes, por  cuanto  cada  cacique  aspiraba  a  crecer  sus  dominios territoriales y sociales.

Sin  embargo,  cuando  los  españoles  pisaron el actual territorio  bumangués,  las áreas de influencia  estaba  suficientemente    definida,  lo  cual  si  bien  no conduce a concluir la existencia de un ambiente de paz, tampoco permite pensar que  los  nativos  dedicaran  su  existencia  exclusivamente  a  la  guerra.  Es posible que,  de acuerdo a sus cosmovisiones y rasgos antropológicos, prefirieran algún territorio al cual pudieran adaptarse fácilmente.

Por violentos  que  pudieran  ser  los  yariguíes,  difícilmente  hubieran consolidado  una  expansión  territorial  hacia  zonas  de  ladera  y  de  bajas temperaturas.  Por  la  misma  razón,  los  chitareros,  no  pudieron  haber perturbado en espacios de  llanura y de  climas con altas temperaturas.

En noviembre de 1532, se originó el despegue de un lento pero creciente cambio en la  vida de dichas comunidades indígenas.

Las expediciones conquistadoras y violentas que incursionaron en la región, apenas lo hicieron  de manera pasajera,  al  igual  que  ocurrió  con  los  grandes encomenderos, quienes hicieron que indígenas de la región establecieran rancherías a la postre contingentes. Sólo a partir de  las primeras décadas del siglo XVII, se empezó a considerar esta  tierra  como adecuada para  la permanencia de asentamientos humanos de indígenas adoctrinados a la fuerza en el evangelio católico por las órdenes religiosas europeas, bajo el control y supervisión autoritaria de los funcionarios coloniales de la monarquía.

La  ranchería  construida hacia  1552  en una  cárcava por  la que descendía una quebrada  que  corría  al  encuentro  del  río  del Oro  es  el  origen  remoto  de  los asentamientos  humanos  en  el  sitio  de  Bucaramanga.  Sus  autores,  anónimos indígenas  traídos  de  Guaca  por  su  encomendero,  el  capitán  Ortún  Velasco[5], llegaron a catear las arenas auríferas de dicha quebrada y el río, cuya riqueza fuera  localizada  en  1551.  Fueron  también  ellos  quienes  nombraron  el  sitio con la palabra chitarera “Bucaramanga”, de claro origen indígena.

Durante  la  segunda mitad del siglo XVI otras cuadrillas  indígenas  de los  grupos  étnicos guane  y  chitarero  se asentaron  en  las vecindades  de  los aluviones  auríferos  del Río  de  Oro  y del Suratá.

Todas  las  rancherías  de los  lavadores  de  las arenas  auríferas  fueron establecidas  en  forma dispersa  dentro  del  extenso  territorio  del  distrito minero,  haciendo  parte  del Real de Minas[6] el cual estaba subordinado a la jurisdicción de un alcalde mayor que regularmente era escogido en el Cabildo de Pamplona.

Por  la  naturaleza  itinerante  del  oficio,  ninguna  de  las  precarias  rancherías establecidas podía prometer la consolidación de un poblamiento concentrado y durable. Sólo en los toponímicos que han sobrevivido registramos la huella de todas  las  rancherías  desaparecidas,  cuyos  nombres  designaron  alguna  vez  al del  jefe  étnico  del  lugar  de  donde  fueron  traídos:  Chimitá,  Zapamanga, Butaregua, Macaregua, Guanentá, Chocoa, Suratoque, Aransoque, etc.

Del mismo modo,  la  localización  de  las  capillas  de  paja  en  el distrito minero tuvo este patrón itinerante: primero en la quebrada de la Iglesia, bautizada así por  este  emplazamiento,  luego  en  el  Palenque  (asiento  de  las  cuadrillas  de negros  esclavos),  después  en  la  hacienda  de  Bucarica,  otra  en  la  quebrada Bucaramanga  y  finalmente  en  la  edificada  proyectada  para  el  pueblo  que  se organizó en 1622. Aunque algún cronista quiso ver en estas capillas errantes la  existencia  de  varias  fundaciones  de  Bucaramanga,  se  trataba sencillamente de la provisionalidad que el laboreo del oro aluvial imponía a las rancherías  de  las  cuadrillas  y  a  la  trashumancia  de  los  curas  doctrineros.

Todavía en 1572 seguía nombrándose a Bucaramanga sólo como el sitio donde se  localizaban  los  aposentos  de  las  cuadrillas  indígenas  que  tributaban  al capitán  Velasco,  cuyo  origen  seguía  remitiéndose  al  pueblo  indígena  de Guaca.

Lo  que  se  hizo  en  la Meseta  de Bucaramanga  en  aquella  lejana  fecha  por  el Capitán  Andrés  Páez  de  Sotomayor[7]  y  el  Cura  Miguel  Trujillo  no  obedeció  al propósito  de  erigir  una  nueva  ciudad  colonial  propiamente  dicha  sino  dar cumplimiento  a  las  disposiciones  del  Doctor  Juan  de  Villabona  y  Zubiaurre[8], oidor de  la Real Audiencia  y Visitador de  estas provincias, de  establecer un Real  de  Minas,  que  equivale  a  un pueblo  o  asentamiento  donde  se  practica  el laboreo  de  ellas.  Lo cierto es que la valiente resistencia de los indígenas obstaculizo en el siglo XVI el predominio total de la casta colonizadora europea.

Por  ello  en  el  documento  que  recoge  las  ideas  del  Oidor,  se ordena “que todos los dichos indios de la cuadrilla,  lavadores del dicho Río de Oro,  de  los  repartimientos  de    Guaca  y  Bucarica  de  la  Encomienda  del Gobernador Juan de Velasco y los de Xerira de Juan Martínez de Angulo, vecino de  Vélez,  y  los  de  Quevedo,  de  Andrés  Páez  de  Sotomayor,  y  los  indios lavadores de Cachagua de    la Encomienda del Capitán Lorenzo Fernández de Rojas  y  todos  los  demás  indios  de repartimiento  de  los  dichos pueblos de Guaca  y  Bucarica  que  están  en  la estancia del dicho Gobernador  Juan de Velasco,  se  reduzcan,  junten  y agreguen y pueblen en el sitio y asiento que  llaman de Bucaramanga, para que vivan  juntos  y  congregados  y  sean doctrinados con la comodidad que tanto importa”.

El  22  de  diciembre  de  1622,  el presbítero  de  Trujillo  y  el  juez  poblador,  Andrés  Páez  de  Sotomayor,  por comisión  del  Oidor,  levantaron  un  Acta  dando  por  terminada  la  iglesia  y sacristía  del  lugar,  a  la  que  dieron  el  nombre  de  Real  de  Minas  de Bucaramanga,  donde  luego  de  celebrar  la  misa,  repartieron  los  resguardos entre  los  indígenas de  las distintas encomiendas, con  límites muy similares a los que actualmente se han fijado en el área metropolitana.

Los  delegatorios  del Oidor    Villabona  y  Zubiaurre  no  pretendieron  erigir  una ciudad, sino hacer  la reducción y sometimiento político definitivo de los indios que les había sido encomendados para su explotación, ya que  sabían  que  la  fundación  de  las  ciudades  coloniales  estaba  rodeada  de requisitos  y  solemnidades de poder que  siempre  se  cumplieron  en  otras  de mayor  jerarquía  en  la época colonial,  con acta  de  nacimiento  realmente establecida.

Formalidades preurbanas que consistían    en  el  trazo  de  plaza  y calles,  reparto  de  solares destinados  al  asiento  y  edificación de  grandes y lujosas mansiones  para  blancos españoles,  casas para criollos  y  mestizos, señalamiento  de  tierras  ejidales, construcción  de  iglesia  y  casa cural,  designación  de  autoridades como  alcalde  propio,  regidores,  colector  de  rentas  y  escribano  público.  El fundador, en un gesto inocultable de poder, desenvainaba  la  espada,  daba  grandes  voces  proclamando  la conformación de la nueva ciudad y ordenaba el envío del Acta original al Consejo de Indias en Sevilla. Por  la gracia del Rey vendrían más  tarde  los blasones que  darían  cuarteles  de  nobleza  a  la  nueva  fundación. Poco de esto se registra y por eso es tan débil la memoria en la fundación de Bucaramanga en diciembre de 1622.

Refiere, igualmente, el cronista historiador que la ranchería no daba señales de progreso hasta la llegada y arraigo de los grandes señores de Girón y sus familias, quienes en busca  de  unos  aires más  refrescantes  y  saludables  adquirían  propiedades  y edificaban  casas  pajizas;  otros  buscando  la  expansión  de  sus  negocios agrícolas y pecuarios, venían a  la meseta a construir   en una u otra parte sin propósito de formar una ciudad y sin consultar alineación alguna, sin tener en cuenta las leyes de Indias; haciendo que la incipiente aldea en su parte antigua que es la occidental, aparezca irregular y desordenada en la delineación de sus caminos.

En síntesis, el antecedente de Bucaramanga se remonta al año de 1622 cuando se establece el pueblo de indios adscrito a la jurisdicción de Pamplona por orden del oidor Juan de Villabona y Zubiaure. Es importante reiterar que el poblamiento indígena en la meseta de Bucaramanga y en las cuencas de los ríos Oro y Frío fue posterior a la Conquista española. Los requerimientos de trabajo por la explotación de los aluviones de oro, condujo a una gran movilidad de mano de obra indígena, procedente de cacicazgos lejanos como Guaca, Umpalá, Jérira, Cepitá y Suaque e incluso de aún más lejos como de la ciudad de San Cristobal (Venezuela) dando origen a un número importante de rancherías siendo una de ellas Bucaramanga.

Veinticinco años después de congregadas a vivir en traza de pueblo, las diversas rancherías de lavadores apenas llegaban a 214 habitantes según empadronamiento de Pedro Robayo.

Las primeras casas de teja en 1750.

Sólo  en  la  segunda mitad  del  siglo  XVIII (1700) comenzaron  a  construirse  casas  de teja.  La  primera  de  ellas  se  erigió  en  el marco  de  la  plaza,  hacia  el  año  de 1750, al oriente de la cárcel, conocida como la tienda llamada “La Favorita”, haciendo hoy esquina con el Palacio de Justicia. Luego se edificaron otras más, de  poca  envergadura,  y  entre  las  que  sobreviven  merece  citarse  la  casa achaparrada,  del  estilo  colonial  de  la  época,  con  gran  portalón  de  arco  de piedra  labrada,  que  lleva  la  inscripción  1793,  indicando así  la  fecha de  su  construcción. Esta  casona se ubica en la esquina nor- oriental de la carrera 11 con la calle 41, diagonal al Cuartel de Policía.

La construcción de la Cárcel Real.

Una construcción arquitectónica en el sentido moderno  fue  la Cárcel Real, obra  terminada en  noviembre  de  1792,  con  enormes  paredones  de  dos  pisos,  ventanas enrejadas,  rastrillo  y  garitas  edificado  frente  a  la  plaza  principal  ( García Rovira) que prestó servicios como Cárcel hasta 1925 aproximadamente, año en que el Alcalde   transformó  y  remodeló  la vieja estructura para convertirá en Palacio Municipal. La demolición final de esta construcción se dio en años  recientes  con  la  misma función de ser la infraestructura del gobierno local.

El trazo de la plaza principal.

Según Don José Joaquín García, en esos años la población ascendía a unos 2.000 vecinos. Sólo entre los años 1748 y 1750 se hizo el trazado de la plaza y se despejó el terreno derribando un antiguo árbol cucharal que allí existía,  lo que permite  deducir  que  la meseta  no  era  tan  carente  de  sombrío,  como  lo suponen algunos  y  que  probablemente,  además  de  arbustos  se  daba  una  vegetación consistente en:   guayabos,  anacos,  árboles  de  cucharo  y  otros,  cuya extinción  es consecuencia de las  necesidades  de  consumo  doméstico  y  la  misma construcción del pueblo.

Manuel Ancizar y Bucaramanga.

Don Manuel Ancizar[9], quien escribió su famoso texto en 1850 conocido como la “Peregrinación del Alpha”, dice que “en 1778 comenzó a figurar Bucaramanga como Parroquia. Veintitrés años antes  (1755)  era  un  sitio miserable,  compuesto  de  cuatro  ranchos  de  indios alrededor de una laguna, cuya cuenca existe sembrada de guinea”.

1778, la parroquia.

El  dato  que  da  Ancízar  aparece  confirmado  por  otros escritores de historias locales,  quienes  aseguran  que  sólo  en  1778  el  modesto  caserío  de Bucaramanga fue convertido en Parroquia bajo las referencias a San Laureano y  Nuestra  Señora  de  Chiquinquirá[10],  agregando  que  sólo  en  1750  se  trazó  la plaza  y  se  mejoró  el  oratorio  pajizo  poniéndole  techos  de  teja de barro.  Este oratorio era el mismo donde celebró la misa el Padre Trujillo y quedaba situado en el punto que hoy ocupa la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores.

Las primeras estadísticas de Bucaramanga.

Hacia  1773  Bucaramanga  empezó  a  cobrar  relativa  importancia,  si  se considera  que  de  ese  año  en  adelante  empezó  a  llevarse  en  orden  la estadística  de  bautizos,  matrimonios  y  defunciones,  en  libros  que  eran revisados  periódicamente  por  los  inspectores religiosos.  Los  curas doctrineros  que  autorizan  ese  primer  archivo  parroquial  son  los  presbíteros Prieto  y  Ponce,  Felipe  Solano  y  Reyes  Zabala.  Aparece  en  el  registro  un lamentable  vacío,  inexplicable  a  no  ser  por mutilación  o  saqueo  del  archivo, pues el primer libro de matrimonios de San Laureano se inicia el 8 de enero de 1737 con el casamiento de Andrés Duarte y Lucía González y el primer libro de defunciones se abre el 2 de abril del mismo año.

La hermenéutica histórica de esos textos parroquiales permite conocer que por aquellas épocas, hacia mediados del siglo XVII, paseaban por la meseta y sus  collados  adyacentes,  personajes  importantes  avecindados  en  San  Juan Girón,  quienes  venían  a  disfrutar  de  largas  épocas  de  veraneo,  buscando  el clima  refrescante  y  aireado  que  soplaba  en  la meseta,  cubierta  entonces  de árboles que debían darle agradables toques de verdura y frescor.

Llegan en masa familias españolas en 1750.

Pero  es  en  la  segunda  mitad  del  siglo  XVIII  cuando  se  produce  el  aluvión invasor de familias españolas y criollas que poblaron,  con propósitos económicos, la meseta de Bucaramanga y establecieron su asiento definitivo en simples  pero  sólidas  casas construidas  de  tapia, madera  y  teja.

Para entonces los libros parroquiales registran apellidos muy conocidos hasta hoy  como  los  García,  Valenzuela, Puyana, Ordóñez Valdés, Bretones, Estévez, Benítez, Reyes, Navas, Consuegras y los Valdivieso.

Bucaramanga  dejaba atrás las épocas del  Real  de  Minas  para ingresar paulatinamente, siempre a expensas de la villa de San Juan Girón, en el pleno desarrollo de las villas del Nuevo Reino de Granada. Su participación, para esa época, en la potente insurrección comunera fue marginal.  Suficiente con indicar  que  su  primera  escuela,  de carácter privado, con cuota mensual de tres reales sólo se estableció en 1805 en  el  llamado  entonces  barrio  de  “El  Cordoncillo”,  después  Charcolargo  y  El Volante. Los libros parroquiales y notariales suministran apreciable ayuda en la indagación  histórica  y  por  ellos  sabemos  cómo  el  último  cuarto  del  siglo XVIII  es  abundante  en  nombres  de  personas  de la  tradicional nobleza oligárquica, algunos de los cuales se ligan a los procesos independentistas como Custodio García Rovira, Sinforoso y Facundo Mutis, José María Estévez, Miguel Valenzuela, José Elías, Francisco y Enrique Puyana.

Hacia 1799 se había un poco más que duplicado la población con un total de 568 almas como aparecen en los padrones de la época. No obstante, el crecimiento demográfico que experimentó en el último cuarto del siglo XVIII su condición como pueblo de indios llegaría a su fin con la visita del fiscal de la Audiencia, Francisco Antonio Moreno y Escandón quien ordenó el traslado de los indígenas al pueblo de Guane, retornando las tierras de resguardo a la Corona y erigiendo el pueblo de indios en parroquia. Con ello confirmó el predominio en el que en sus alrededores tenía la población blanca y mestiza. A raíz del movimiento comunero[11] y gracias a una orden de amparo dada por la Audiencia algunos indígenas retornaron a su antiguo poblado, pero su condición fue la de simples agregados a la parroquia de San Laureano.

ASCENSO A CONDICIÓN DE VILLA.  1810-1850.

En 1810, el Gobierno provincial de Pamplona, confirió a  Bucaramanga el título de Villa,  lo que  tuvo un  carácter provisional, porque el hecho es que en 1821, reunido el Congreso del Rosario de Cúcuta, un grupo de vecinos de Bucaramanga, encabezados por Don Enrique Puyana, solicitó a aquella alta corporación  se  restituyera  a  la  parroquia  el  carácter  de  Municipalidad.  El Congreso  pasó  la  solicitud  a  una  comisión  de  legisladores  a  fin  de  que  se informara “sobre  la necesidad y utilidad pública de que se erija  la nueva villa de Bucaramanga; qué propios pueden asignársele; cuál es su población y la de los lugares que deben componer aquel cantón capitular; cuáles son los límites que han de fijarse”.

Simón Bolívar en Bucaramanga.

En  este  periodo  cabe  destacar  la  visita  y  permanencia  del  Libertador  en Bucaramanga, durante los meses de mayo y junio de 1828, en observación de los  sucesos  políticos  que  se  desarrollaban  por  aquellos  momentos  en  la Convención de Ocaña.

El Libertador  fue alojado en una  casa  situada al Oriente de  la  Iglesia de San Laureano,  que  no  es  exactamente  la  misma  donde  tiene  hoy  su  sede  la Academia de Historia, conocida como Casa de Bolívar, pero el sitio o  lugar si corresponde efectivamente al de  la antigua  residencia.

A  pocos  pasos  de  la morada  asignada  a  Bolívar quedaba  la  casa  de  Don  Facundo  Mutis Consuegra,  suegro  del  General  Luis  Perú  de Lacroix,  por  ser  este  casado  con  Doña  Dolores Mutis  Amaya,  Perú  de  Lacroix,  edecán  y confidente  del  Libertador,  ponía  oídos  a  las conversaciones de sobremesa que el Libertador tenía con sus acompañantes de ocasión, para transcribirlas enseguida, en casa de su suegro. Años después se publicaron estas memorias, pese a haberse perdido una buena porción de ellas y alterado o interpolado el resto, según pruebas fehacientes, con el nombre de “Diario de Bucaramanga”.

De todas maneras, desde la Independencia y con la emergencia de los proyectos republicanos una nueva organización política administrativa acompañaría los cambios territoriales en el nororiente de la actual Colombia. Tendencias que se consolidarían a finales del siglo XIX, cuya expresión más significativa fue la decadencia política y económica de los antiguos centros coloniales de Vélez, Pamplona, Socorro y Girón y la emergencia de nuevos centros urbanos como Bucaramanga y Cúcuta, que jugarían un papel fundamental en el proceso de configuración del espacio regional santandereano

De 1850 en adelante.

Para mediados del siglo XIX y los años subsiguientes Bucaramanga, a pesar de los  problemas  que  limitaban  su  desenvolvimiento,  empieza  a  adquirir  otro talante  y  el  crecimiento  de  la  población  traía  otras demandas.

Los censos  oficiales  exhiben  los  siguientes  datos  numéricos  respecto  del  distrito: 5,841 en 1843; 10,008 en 1851, y 11,255 en 1870.

Las guerras civiles y  las disputas por el poder que,  fueron  las constantes del siglo XIX y que tendieron a involucrar a todos los sectores de la población del país, también dejaron ver su influjo en Bucaramanga, convirtiéndose en uno de los peores obstáculos en su ruta  hacia el progreso.

A esta situación, que desintegró  familias y sociedades, y que dejó miseria, destrucción y  pobreza,  se  vinieron  a  sumar  otros mecanismos de control natal espontaneos que escaparon a cualquier previsión. Desde 1849 la escasa salubridad trajo consigo diversas  epidemias,  como  la  viruela,  el  cólera  asiático,  especialmente,  que causaron una gran mortalidad infantil.

La situación del vecindario era  lamentable. En  tan apurado  trance, se  llevó a efecto  una  rogativa  a  la  Santísima  Virgen  de  Chiquinquirá,  patrona  hoy  del lugar. Además, hicieron  los  feligreses  el  voto,  firmando una  escritura ante  el Rector de la parroquia, para celebrar una fiesta religiosa especial en honor de la Virgen,  en  día  distinto  de  su fiesta ritual.

Estas circunstancias permiten por lo menos emitir una explicación acerca de la reducida  cantidad  de  población  que  tuvo  Bucaramanga  durante  la  primera mitad  del  siglo  XIX  y  del  desigual crecimiento  que  mostró  durante  toda  la centuria.

1850 – 1900.

En  contraste  con  esta  situación  vivida  en  los años  anteriores,  Bucaramanga empieza  a  cobrar  importancia  en  el  contexto regional y nacional. Obtuvo  la designación de capital del Estado Soberano de Santander  en  la Asamblea Constituyente  reunida  en  Pamplona, mediante  ley de  24  de  noviembre  de  1857.

En  el Código  Político  y Municipal  expedido  en 1869, se le dio el título de ciudad.

En 1861 la capital del Estado de Santander se trasladó al Socorro[12], conservando dicha categoría durante 25 años. Se  le devuelve  luego a  la ciudad su antigua investidura:  Capital  del  Estado,  según  Decreto  del  24  de  marzo  de  1886. Más  tarde, hacia octubre, se  instala en  la capital   el Tribunal Superior del Distrito Judicial del Norte.

Precisamente,  esta  ola  migratoria  permitió alentar,  con  su  trabajo y deseos de  sobresalir, la proyección hacia una nueva ciudad, capaz de sustituir  la  dirección  que  habían  delineado  la marcha  de  Bucaramanga  en  años  pretéritos  y según la categoría municipal que ahora tenía.

Esto  hizo  que  en  la  ciudad  paulatinamente empezaran  a  proliferar  carpinterías,  herrerías,  hojalaterías,  zapaterías, guarnecerías, sastrerías, platerías, oficinas de dibujo, peluquerías, sombrerías y fábricas de diversos artículos.

A todo ello se agregaba la consolidación de la idea de construir  el  tan  esperado  ferrocarril  de  Puerto  Wilches,  hacia  1881.  En  el mismo sentido, la empresa de Teléfonos que para 1890 ya estaba en correcto funcionamiento  y  el  advenimiento  de  alumbrado  le imprimían un aire de modernidad a  la  ciudad,  constituyéndose en una de  las primera con tales servicios en el país.

En su aspecto demográfico, social y económico, Bucaramanga es la segunda ciudad en importancia del nororiente colombiano después de la ciudad de Cúcuta. Este fue un proceso largo que involucró los siglos XIX y XX. El punto de partida fue la ciudad de San Juan de Girón[13], fundada por Francisco Mantilla de los Ríos y que tuvo la función inicial de operar como frontera militar y de avanzada hacia los indios Yariguíes que comprometían la navegación por los ríos Sogamoso, Lebrija y Magdalena. La ciudad concentraba para aquel entonces la elite comercial que manejaba los excedentes económicos de la región.

Ante la imposibilidad de expandirse hacia el occidente la nobleza de Girón tuvo en su horizonte económico las tierras del resguardo del pueblo de Bucaramanga. En sus tierras iniciaron los cultivos de algodón, cacao, caña y tabaco, que configurarían en el futuro el hinterland de la moderna ciudad. Este fenómeno económico fue registrado en una crónica de la ciudad que trazaba un cuadro de sus habitantes quienes “…se ocupaban en atender a sus labores de campo, y muy particularmente al cultivo del algodón, cuyos sembrados se veían crecer en los alrededores, en los mismos sitios en que al presente se hallan las mejores casas de la ciudad”. El comercio, en especial de artículos importados, se realizaba en la ciudad de Girón que les proveía a los bumangueses los artículos más indispensables para sus labores y su vida diaria.

Durante el siglo XIX los sombreros de jipijapa alcanzaban gran fama tanto en el mercado interno como en el externo. A propósito de esta actividad el intelectual liberal Manuel Ancizar nos legó en su Peregrinación de Alpha una semblanza de las tejedoras de sombreros que con laboriosidad e ingenio contribuyeron al ingreso de las economías familiares de la ciudad. Así, nos describe que “cerca de 3,000 de ellas emplean sus manos en tejer anualmente 83,000 sombreros de calidades diversas en solo el cantón de Bucaramanga, los cuales, vendidos les dejan 59,000 pesos de utilidad neta, deducidos 20,000 pesos, valor de los cogollos de nacuma y palma ordinaria…”.

Esta actividad económica se concentró en la Calle del Comercio lugar donde se llevaron a cabo las transacciones más importantes de un negocio que se convirtió en la mayor fuente de riqueza de la ciudad.

Hacia 1840 la prosperidad era evidente y se reflejaba en el activo comercio de importación que poco a poco fue cambiando los gustos y preferencias por nuevos bienes de consumo.

El desarrollo comercial experimentado en la ciudad encontraría un nuevo impulso al vincularse los inmigrantes alemanes a esta actividad. Leo Von Lengerke[14], figura legendaria en la historia y en la literatura regional, es el arquetipo del inmigrante europeo del siglo XIX que hizo de sus proyectos empresariales una verdadera épica. Como bien lo relata Horacio Rodríguez Plata, con los alemanes llegaron nuevas técnicas de comercio practicadas en las casas comerciales por ellos fundadas. La imagen positiva que para algunos pudo tener la inmigración germana contrasta con la percepción negativa que algunos sectores populares de la época tuvieron de ellos, en especial los integrantes de la asociación “La culebra Pico de Oro”[15]. El profundo resentimiento en contra de los alemanes finalmente desembocó en los sucesos conocidos con el nombre de “el 7 y 8 de septiembre”[16] en el marco de un evento electoral para elegir presidente de la Unión y cabildantes locales. Dos bandos en pugnan se enfrentaban en la ciudad de Bucaramanga: Los del Comercio y los Democráticos. Estos últimos ganadores de la contienda. El homicidio de un hombre y la agresión a otro fueron los hechos que crearon las condiciones para que afloraran dichas tensiones sociales y políticas. A los crímenes iniciales le siguieron otros y cada bando reclamaba para sí a una u otra víctima, algunas de ellas ajenas a los bandos en pugna. El punto de la discordia de los “los democráticos” contra “los del comercio”, fue la amplia injerencia que los alemanes tenían en la política local en alianza con la elite comercial nativa. A propósito, un integrante de la facción democrática expresaba desde la cárcel “…que los esfuerzos supremos por ganarles en esta localidad todas las elecciones, y en particular las de Regidores del Cabildo, se encaminan a contrarrestar con el apoyo moral y garantías de la Municipalidad el prestigio que a nuestros enemigos les da el dinero y su mejor y más cómoda organización social”. A la crítica política se unía la moral: “La embriaguez se ha propalado de tal modo en Bucaramanga, que hoy la juventud está aquí completamente perdida. En particular los jóvenes que sirven de lacayos o dependientes de las casas alemanas. Y es tal lo que ha dañado el sentimiento moral este vicio, que en cada almacén, en cada tienda y en muchas casas, se ofrece el espectáculo, como la cosa más inocente del mundo, de tener prontas las botellas de brandy y los vasos para obsequiar al primero que llega, sea o no su conocido, en particular si va a proponer algún negocio”. La relación comercio y política en el caso de los inmigrantes alemanes en Santander encuentra en Leo Von Lengerke su exponente más conspicuo por su participación en la Guerra de 1876. No se trataba pues de una práctica traída por los extranjeros sino la adaptación al medio que hizo del ejercicio comercial y de la actividad política dos actividades mutuamente dependientes en la época. El éxito en los negocios estaba en la mayoría de ocasiones acompañado del favor estatal. Fueron prominentes los casos de políticos comerciantes como Aquileo Parra y Manuel María Zaldúa, nacidos ambos en las más tradicionales provincias de Santander.

Entre tanto los procesos de modernización de la ciudad avanzaban con proyectos de asistencia pública y planes de higienización. Así se construyó el primer hospital por iniciativa del párroco José Ignacio Martínez quien además promovió la construcción del cementerio de la ciudad a finales de la década de 1830, pero fue quizás hacia final de los años de la década de 1860 que los cambios de la ciudad por efecto de la modernización fueron más evidentes: nuevos hospitales, alumbrado público con lámparas de petróleo, nuevas acciones por la “mejora y el ornato”, proyectos y fundaciones de establecimientos bancarios como el banco Santander y anexa a él, la caja de ahorros, creada con el fin de estimular la práctica del ahorro en los sectores medios de la ciudad. Es de destacarse que en las últimas décadas del siglo XIX las autoridades políticas de la ciudad, religiosos y filántropos, promovieron proyectos importantes de asistencia social como los asilos de pobres y establecimientos educativos para ambos sexos. Estos proyectos se hicieron posibles gracias a la prosperidad económica de la ciudad que, hacia finales del siglo XIX, se soportaba en la economía cafetera de los pujantes municipios de Rionegro y Lebrija, riquezas canalizadas por Bucaramanga gracias a su condición de centro mercantil, donde abundaban las transacciones producto de un medio circulante abundante, donde la moneda de oro, según un observador de la época, era la más común en los negocios.

La centralidad político administrativa que año tras año fue conquistando la ciudad de Bucaramanga se materializó con la creación del Tribunal de Guanentá, en la década de 1840, hecho especialmente celebrado por los bumangueses. La casa del tribunal se convirtió así en un referente urbanístico: La plazuela y la casa del tribunal.

EL COMIENZO DE UN NUEVO SIGLO. 1900-1930

Al  iniciarse    el  siglo  XX,  la  capital  de  Santander mira  hacia  el  Río  Magdalena  y  al desarrollo  alrededor  de  la  construcción  del Ferrocarril a Puerto Wilches[17] que le permitirá unirse a  la  gran  vía.

Electricidad, automóviles y bus urbano.

En 1900 con el  fin de  las guerras civiles se  inicia un periodo de crecimiento, aparecen los primeros edificios de arquitectura  republicana y  se construyen obras para celebrar el centenario de la Independencia.  Se  funda  la  primera  compañía eléctrica en 1910 y aparecen  los primeros automóviles. Se  importa el primer bus urbano.

La ciudad ve  llegar  los primeros vehículos para  reemplazar  paulatinamente  los  tradicionales  coches de  caballos  de  propiedad de  Gustavo  Cáceres  y  manejados  por  el  “turco  Gandur”,  cuya  estación  se encontraba en la carrera 15 entre calle 33 y 34 con su pesebrera en el Puente de la Cochera. El primer automóvil es importado en 1910 por Antonio Chedraui y armado en el taller de los Hackpiel

Los viejos carretones,  tirados por un par de caballos han sido sustituidos en 1925   por  rápidos  y  confortables automóviles y el potente camión ha vencido a la lenta pareja de bueyes. En la calle 5ª, arriba del Parque Santander,  todos  los dueños de  casas hicieron empedrado con el solo objeto de que los autos pudieran transitar por frente a sus casa y establecimientos y valorizar de esta manera sus fincas.

Para los años 20 del siglo XX, existen  en  la  ciudad  112 autos  de  plaza,  44  de  servicio  particular,  13 motocicletas,  66  carros  de  dos ruedas, 236 de mano y 198 bicicletas.

El  transporte  público  también  se  popularizó rápidamente  en  la  ciudad.  Primero  se  fundó  la estación  del  Parque  Santander,  cuyo  número telefónico,  el  2-5-0,  resulta  tan  familiar  para  los bumangueses de varias generaciones y más tarde la del  Parque  Centenario  y  Bolívar.

La  Transcolombia fue  la  primera  empresa  de  buses  urbanos  y  sirvió  durante  mucho  tiempo únicamente la ruta Chapinero – San Mateo que unía la ciudad de norte a sur.

La aviación.

Otro de los acontecimientos del siglo XX, la aviación, se vive tempranamente en Bucaramanga, primero con los vuelos experimentales del avión Bolívar que aterriza  en  el  campo  del  “Conuco”, mas  tarde  cuando  el  pamplonés  Camilo Daza  repite  la  hazaña  y  con  la  creación  de  la  Compañía  Santandereana  de Aviación,  COSADA,  filial  de  la  Scadta,  cuyos  vuelos  comerciales  entre Bucaramanga  y  Puerto  Wilches,  se  iniciaron  en  1926,  convirtiendo  al departamento en el único con servicio de aviación propio.

La radio.

Los últimos  años  de  la  década  del  veinte,  son  “días  de  radio”  para  los bumangueses y al promediar el siguiente decenio, ya “Radio Bucaramanga” es la emisora líder del oriente colombiano, seguida de cerca por Radio Santander.

En cualquier contexto la transformación de una sociedad agrícola y artesanal a una  en  donde  la  industria  empieza  a  enseñorearse,  significa  necesariamente rompimientos,  destrucción  de  valores,  nacimiento  de  modos  de  vida  que parecen mirar hacia  el  futuro.

La primera mitad  del  siglo  enfrenta  a  Bucaramanga,  lo mismo  que  a  los  demás  centros urbanos  del país,  a  elementos  nuevos  que  van  transformando lentamente la vida cotidiana y la cultura.

Bancos y barrios obreros.

La  creación  del  Banco  de  la Mutualidad  y  de  los  primeros  barrios obreros,  acompañan  el  nuevo  estilo urbanista  que  vive  la  ciudad,  con zonas verdes y antejardines sobre  las vías,  donde  las  viviendas  aparecen con una  nueva  tipología  con  garaje  y  existe arborización  sobre  el  espacio público.

Veamos  a  continuación  como  Susana  Valdivieso  en  su  libro Bucaramanga Historias de 75 años consigna esta etapa:

A partir del núcleo inicial, la Plaza de García Rovira y el Parque de Romero, que parecen hoy los únicos referentes de una historia de siglos que se perdió bajo el  asfalto  y  el  concreto,  el  desarrollo  urbano  de  la  ciudad  se  redujo  durante mucho tiempo a las posibilidades físicas del terreno en el área limitada por las depresiones de la Quebrada Seca, al norte, la Quebrada de la Rosita, al sur y la escarpa occidental de la meseta.

Teniendo  siempre  como  punto de partida  la  Iglesia y  la Plaza, rodeada  de  casas  amplias,  con inmensas  alcobas  y  corredores con  cayenos  y  un  espacio  casi sin  límites  para  la  actividad social,  la  ciudad  fue expandiéndose  hacia  el  oriente siguiendo dos ejes principales:  la “calle de  la Iglesia” (calle 37) y  la “calle del comercio”  (calle  35)  conformando  dos  zonas  características,  la  primera resultante de  su desarrollo  comercial,  la  cual  se  cristalizó  con  el  traslado del primitivo mercado al actual edificio que hoy ocupa la Plaza Central de Mercado (calle  34);  la  segunda,  en  la  zona  de  influencia  de  la  parroquia  de  San Laureano,  donde  se  situaron  los  primeros  edificios  culturales  y  asistenciales como  la Escuela de Artes y Oficios,  la Biblioteca Pública, el Teatro Peralta, el Colegio San Pedro Claver, el Hospital San Juan de Dios etc. Y que se convierte, a la vez, en el sector residencial de las familias de altos ingresos.

Al iniciarse el siglo XX, el sector urbanizado sólo comprendía un cuadrado de unos 1.500 metros de lado en el sector centro-occidental de la ciudad de hoy.

En  las  afueras,  las  Quintas,  en  su mayoría  perteneciente  a  los  extranjeros, eran los puntos de referencia de la ciudad. La Quinta Estrella, en lo que es hoy Campo Hermoso. La Quinta Larsen, que más tarde será el Asilo de San Rafael y la Quinta Dania  de Christian Clausen,  en  terrenos  que  hoy  ocupa  el Hospital González Valencia. En el centro se destacaba el edificio de la Cigarrería El Buen Tono,  el  primero  de  tres  pisos  en  Bucaramanga,  cuyo  reloj  enseño  a  los bumangueses el control del  tiempo que caracteriza  las sociedades modernas.

Su sirena, que Luis Emilio Garnica hacía funcionar con ocasión de los grandes eventos,  sirvió  durante mucho  tiempo,  no  solo  para  establecer  el  final  de  la jornada de trabajo, sino para alertar a la ciudad de la llegada de los visitantes ilustres, los incendios o el inicio de la fiesta de los toros.

Posteriormente,  los  centros  de  atracción  para  la  conformación  de  las  nuevas áreas, se definieron a partir de las plazas o parques nuevos: la Plaza de Belén, hoy  parque  Santander,  que  con  la  construcción  de  la  iglesia  de  la  Sagrada Familia desplazó hacia allí  la  zona  residencial y  la Plaza Waterloo,  convertida en el Parque Antonia Santos que en la década del veinte del siglo XX, fue núcleo de origen de un intenso proceso de urbanización que significó la pérdida definitiva de la centralidad que caracterizaba la aldea-villa-ciudad heredada de la colonia.

La ciudad nueva se caracteriza por una intensa confrontación de fuerzas, por la apropiación  del  espacio,  resultado  en  buena  parte  del  proceso  de descomposición de la estructura agrario-artesanal de la región y de la creciente migración  rural, que en  las primeras décadas del  siglo XX estuvo estrechamente vinculada  con  el  “boom”  de  las  obras  públicas  que  se  iniciaron  durante  el  quinquenio de Reyes y se intensificaron en el período de “prosperidad a debe” de  los  años  veinte,  consolidando  la  transición  demográfica  del  país,  y  en particular, de la capital santandereana.

Una  mirada  sobre  los  censos  de  población  realizados  en  el  país  durante  la primera mitad del siglo XX, nos muestra la siguiente evolución para Bucaramanga:

1896   1904   1912   1918   1928   1938

17.873            18.827            19.735            24.919            44.083            51.283

El  anterior  cuadro  es  una  evidencia  de  la transformación  radical  de  la  tendencia  de crecimiento poblacional que solo llega a 0.6% anual  hasta  1912  para  dar  un  salto  hasta 4.3% en el siguiente período intercensal.

Bucaramanga,  1928[18].

En la década comprendida entre los censos de 1918 y 1928, la población de la ciudad casi se duplica, con tasas de crecimiento promedio anual de 7.3%. Este incremento puede explicarse por el éxito sostenido de la economía cafetera de las poblaciones vecinas que motiva  flujos poblacionales de esos  lugares hacia la capital en busca de mayores niveles de vida y nuevas oportunidades y por el desarrollo petrolero de Barrancabermeja que le asigna a Bucaramanga nuevas funciones en el contexto regional. La descomposición del campesinado,  ligada a  la  expansión  de  las  obras  públicas,  tiene  también  participación  en  este proceso.

La  presión  de  la  población  creciente  se  traduce  en  un  intenso  movimiento urbanizador.  Las  empresas  privadas  asumen  la  dotación  y  adecuación  de  la ciudad  a  los  requerimientos  del  proceso  transformador  que  se  viene  dando.

Entre  las  principales  ciudades  del  país  será  en  Bucaramanga  en  dónde mas tardíamente  empiece  a  hablarse  de  la  municipalización  de  los  servicios domiciliarios  y  la  regulación  estatal  de  los  fenómenos  urbanos.  Es  de  sobra conocido  que  por  la  iniciativa  de  Jones  &  Goekel  la  ciudad  contaba,  desde finales del siglo pasado con el servicio de energía eléctrica; que el nombre de Elíseo Camacho,  recuerda a  la primera  empresa de Teléfonos de Santander y que  la Compañía Anónima de Acueducto  convivió durante mucho  tiempo  con pequeñas empresas individuales.

Esa expansión urbana, que tiene su máxima expresión en la década del veinte del siglo XX, se  da  ahora  en  sentido  norte-sur  a  lo  largo  de  los  caminos  que  conducen  a Rionegro  (norte)  y  Florida  (sur),  una  vez  que  se  venció  la  depresión  de  la Quebrada  Seca  con  los  puentes  del  Comercio  (carrera  15),  el  de  la  Avenida Camacho (carrera 19) y más tarde el de  la carrera 27, ya que anteriormente, en un paso  tortuoso,  era necesario bajar hasta  el  lecho de  la quebrada para subir nuevamente.

El  occidente  empieza  a  poblarse  primero,  mostrando  un  abandono  de  la configuración  centralizada  y  la  emergencia  de  asentamientos  periféricos.  El Barrio “Nuevo”, mas tarde llamado Girardot, se desarrolla en los primeros años veinte, en la Hacienda “Cuyamita” de Antonio Castro Wilches.

La primera gran innovación urbana de Bucaramanga.

Al  lado  del  barrio  Girardot,  el  barrio  obrero,  cuya  construcción  la  inicia  el municipio en terrenos comprados a José A. Serrano en 1925, será más tarde el “Chapinero”  bumangués.  Pero  sin  duda,  los  más  importantes  proyectos  de urbanización de la década son, por una parte, el emprendido por la Compañía Colombiana de  la Mutualidad que compra parte del  llano de Don Andrés  (esa enorme extensión de  tierra  inculta  comprendida entre  la Quebrada Seca y el final de la meseta hacia el norte y entre la carrera 15 y el límite de Morrorico) y diseña el Barrio de la Mutualidad a partir de dos diagonales denominadas hoy Bulevar Santander y Bulevar Bolívar, el primero siguiendo el eje del primitivo camino a Matanza y  respondiendo ambos a dos polos de atracción: el primer campo  de  aterrizaje  (al  oriente  del  Estadio)  y  el  Parque  de  los  niños, constituyéndose en una primera innovación en el esquema de la ciudad.

El  otro  proyecto  importante  es  el  Barrio  Puyana,  en  el  Llano  de  Don  David, cuyos límites eran las actuales carreras 27 y 35 entre la calle 30 y la 41, y que ofrecía los servicios de acueducto propio.

Si  se  analiza  el  contexto  económico  del  país  en  la  época  de  esta  fiebre  de construcción  es  fácil  observar  que  coincide  con  la  estabilización  del  sistema fiscal y monetario, la afluencia de capital extranjero a los enclaves del banano y el petróleo, la facilidad de crédito y unas condiciones favorables para el café en el mercado exterior, hechos  todos que propician una bonanza de  recursos que, en la mayoría de las ciudades, son semilla de la gran industria y que aquí en Bucaramanga alimentarán especialmente la especulación con tierra urbana, considerada en el momento como un “excelente negocio”.

“Sobre  los  intereses  de  la  Agricultura  y  de  la  Industria  prevalecen,  se lamentaba el gobernador de Santander Alfredo García Cadena en su informe a la Asamblea Departamental, los de los capitanes de la especulación urbana”. Y la prensa  local deja entrever el  fenómeno:  Puede decirse que en espacio de seis  años  (1920-1926)  se  ha  triplicado  el  volumen  de  la  propiedad  raíz.

Bucaramanga  crece,  se multiplica  de  una manera  vertiginosa  e  increíble.  El Llano de  la Mutualidad, ayer no más desierto, se va urbanizando con  rapidez que entusiasma, el barrio Puyana empieza la obra de su urbanización, el barrio Girardot es ya un pequeño y mimado caserío.

Los  datos  estadísticos,  tomados  de  una  publicación  de  la  Contraloría Departamental nos ayudan  a entender la magnitud del proceso expansionista: entre 1922 y 1929 el valor de la propiedad gravable en Bucaramanga pasó de 4.172.900 a 23.825.360. Eliminando  la  influencia de  la  escalada  inflacionaria del período,  la multiplicación por  cuatro de  la  cifra  inicial es verdaderamente importante.

En  la  década  prolifera  el  surgimiento  de  sociedades  comerciales  que  se plantean como objetivo “todos aquellos relacionados con  la construcción y  los negocios  con  la  propiedad  raíz”.  Entre  ellas merece  destacarse  la  de  Ramón Castro Wilches, urbanizador de casas obreras o para estratos medios, Gustavo Cáceres, que emprende la urbanización del Barrio Bolívar, “antiguo barrio de la Cochera,  entre  carreras  18  y  22  y  calle  de  la  Rosita  y  calle  5  bis  (antigua nomenclatura  con  acueducto  propio)”,  la  “Empresa  de Urbanizaciones”  cuyos  accionistas  son Alfredo García Cadena,  Jorge Clausen, Rafael Gavassa,  “Lega hnos”,  Tobías  Valenzuela,  “Villamizar  hnos”,  entre  otros;  la  “Compañía Urbanizadora de Bucaramanga”,  de Gustavo Cáceres,  Isaías Cepeda, Ernesto Sanmiguel,  Manuel  Camargo,  Ludwing  Stunkel,  Luis  Ogliastri,  G.  Lubinus, Francisco Bueno,  “Parra hermanos” y algunos otros;  “Serrano y Valsent” que urbanizan el Barrio de los Comuneros en terrenos de José A. Serrano, etc.

La  firma  “Sucesores  de David  Puyana”  que  ya  en  este momento  se  propone urbanizar  “la  parte  occidental  de  la  Avenida Oriental  de  extremo  a  extremo, desde la esquina denominada Sol de Oriente hasta el empalme de la carretera que conduce a Florida” y que a la vez es socia de la firma “Fomento Urbano de Santander”  junto  con  Roberto  Cadena,  Enrique  Ordóñez,  Ambrosio  Peña, Roberto Carreño, Roberto Clavijo, Carlos Julio Ardila y Ludwing Stunkel.

En  la  siguiente  década  dos  zonas  se  incorporaron  al  desarrollo:  el  Barrio Sotomayor entre las carreras 27 y 33 y las calles 42 a 56 cuya construcción es llevada a  cabo por  la  firma  “Larsen & Robledo”  y del que  resulta  interesante destacar  su  composición  radial,  materialización  de  la  búsqueda  de    nuevos diseños urbanísticos y el barrio de Mejoras Públicas,  también al oriente de  la actual carrera 27.

A  finales  de  los  años  treinta,  después  de  la  liquidación  de  la  Compañía Colombiana  de  la Mutualidad,  la  agencia  en  Bucaramanga  del  Banco  Central Hipotecario  y  la  firma  “Sucesores  de  David  Puyana”  emprenden  una  vasta labor en la Cabecera del Llano que en 1944, consolida el barrio de este nombre.

En esta época, el Estadio Alfonso López se convierte en otro polo  importante de atracción en  la parte nor-oriental de  la ciudad, que es aprovechado por  la firma  “Robledo  hermanos”  para  intensificar  la    densificación  de  los  antiguos terrenos  de  la  Mutualidad:  San  Francisco,  San  Alonso,  Ricaurte  y  Alarcón surgen en ese momento. La localización allí, además  del centro deportivo, del cuartel y de las principales instituciones educativas hace que sea la parte sur-oriental la que adquiera el carácter de zona residencial por excelencia, y allí se desplazan, en etapas sucesivas, las familias de altos ingresos.

El recorrido por el proceso expansivo de la ciudad en la primera mitad del siglo XX, no puede hacernos creer que el problema del espacio urbano es una simple cuestión de metros cuadrados, ya que, en tanto materialización física de desarrollos  históricos  y  socioeconómicos,  tiene  que  ver  con  la  estructura cultural, con lo que podría llamarse la identidad de la ciudad.

En  el  espacio  de  tiempo  analizando,  se  destacan  dos  hechos importantes: por una parte, el  incremento de  la  función comercial del centro cambia radicalmente la fisonomía del núcleo de la ciudad vieja. Los alrededores de la Plaza de Mercado se van poblando de comercio al menudeo y de pequeña industria, aparecen cacharrerías, depósitos,  talleres, sombrererías, almacenes de  ropa,  teatro,  cantinas  y  cafeterías,  pensiones,  residencias  etc.,  que deterioran  su  función  residencial.  En  una  descripción  de  finales  de  los  años cuarenta, se hace notar ese cambio de fisonomía:

Ningún sector urbano tiene tan definida importancia sobre la vida de la ciudad como el puente del comercio; es una entrada que vincula a Bucaramanga con todo  lo  que  viene  de  fuera  y  la  desvincula  de  lo  que  está  por  salir:  el campesino cargado de  frutas y de  ilusiones  tiene que pasar por esa garganta con rejas para llegar al mercado central.  Los  contornos,  pensiones,  tiendecitas  y  cafetines  alojan  a centenares de gentes. Venta de Café, Fábrica de Cobijas, Tamales por la noche, Cenas y Posada, Afeitadas a Cinco y muchos otros rótulos similares se  leen  frente a  las  respectivas puertas del mundillo de establecimientos que funcionan en las zonas adyacentes al puente.

El otro fenómeno, que es una respuesta a la deshumanización del centro, a la pérdida  de  la  plaza  central  de  su  carácter  de  espacio  de  encuentros  y relaciones  sociales,  es  la  reproducción  que  los  barrios  intentan  hacer,  en pequeña  escala,  de  la  ciudad  antigua.  Limitando  el  ámbito  de  intercambio  a personas de su misma condición, empiezan a aparecer  los rasgos dominantes de estas nuevas unidades de la ciudad.

En  Chapinero,  a  las  cinco  de  la  tarde  se  inicia  el movimiento,  la  agitación nocturna. De Caras y Caretas,  la  fonda más  ruidosa del barrio, empiezan a salir peregrinos. Unos humildes y sencillos, otros con síntomas  de embriaguez y muchos con malas entrañas, son gente que van en pos de la zambra, el licor y las mujeres. Obreros, choferes, lustrabotas, cantineros, vociferan, discuten, cortejan a las mujeres, bailan La Bamba, Espejito, etc.

El Barrio Girardot, como el de Los Comuneros, sirve de residencia a las clases obreras en su   generalidad. Familias numerosas, modestas y  respetables que residen  en  reducidas  casas,  antihigiénicas  e  incómodas. Por último, en La Guacamaya, una  notoria  escasez  de  alumbrado  se  observa,  las  aceras  no  existen  y  las calles  sobresalen  por  su  mal  estado.  Las  casucas  apretujadas  y  calurosas alojan a agentes de toda clase y procedencia. Es otro barrio nocturno, también vive  en  continua  comunicación  con  el  Permanente,  con  el Hospital  y  con  los médicos.

Es  importante  destacar  que  paralelamente  a  esta  evidente  pérdida  de centralidad  de  la  ciudad  emergen  nuevos  hitos  que  articulan  su  estructura física.  Generalmente  son  las  sedes  institucionales  o  los  edificios  públicos.  El Palacio  de  Justicia  y más  tarde  el  de Gobierno,  los  colegios  Santander  en  el Centenario, la Santísima Trinidad en San Francisco, el nuevo San Pedro Claver en Sotomayor y en los barrios populares las escuelas públicas.

La  realidad  de Bucaramanga,  en  la  primera mitad del siglo XX, nos muestra más un núcleo urbano que es continuidad de la aldea que un centro diferenciado con los rasgos de las urbes modernas.

A pesar de  la primacía de  la población urbana sobre  la  rural en el municipio, registrada  en  los  censos  poblacionales  de  la  presente  centuria,  algunos aspectos  nos  muestran  la  verdadera  faz  de  la  “ciudad  moderna”.  Por  una parte,  la  escasa  densificación  de  la  construcción  se  puede  observar  en  los avisos clasificados de la prensa. En 1929 se puede leer “Se vende un magnifico globo en la calle real de 4.328 metros cuadrados con una gran casa con solar, un local amplio sobre la calle real, cinco mediaguas amplias con solar, un lote con  esquina  sobre  la  carrera  16  y  calle  4a  donde  caben  ampliamente  cinco casas capaces.  “Igualmente, en 1937,  todavía se anuncia  “Vendemos  la casa No.2000 sobre la carrera 12 sur de esta ciudad con establos, cuadra, aguadas y lavaderos, propia para negocio de lechería y avicultura”.

EPOCAS DE CONTRADICCIONES. 1940 – 1960

A  finales  de  la  década  del  treinta,  desde  el momento  en  que  se  designa  a Bucaramanga  sede  de  los V  juegos Olímpicos  nacionales,  el  evento  vuelve  a jugar  el  papel  de  impulsor  del  desarrollo.  Cuatro  obras  se  consideraban fundamentales en el momento: alcantarillado, acueducto, energía para toda la ciudad y pavimentación de las calles sin las cuales era imposible cumplir con la responsabilidad de las festividades olímpicas previstas inicialmente para 1940.

Comité Olímpico, Sociedad de Mejoras Públicas, Cámara de Comercio y demás entidades  se  dan  a  la  tarea  de  arreglar  la  vitrina  que  venderá  la  imagen  de Bucaramanga en el resto del país.

La ciudad toda se compromete de tal manera con el proyecto olímpico, que sus habitantes  recuerdan hoy  todavía el año de 1941  (fecha en  la se  celebró),  como  el  año  olímpico.  Basta  darse  un  paseíllo  por  la  ciudad  – afirmaba  un  diario  local  en  1940  –  para  hallar  a  cada  cuadra  un  camión arrugado  como un acordeón que ostenta en  su  frontal un  letrero que dice El Olímpico,  y  mas  allá  está  el  hotel  con  el  mismo  apelativo,  la  fonda,  el restaurante,  la  zapatería,  la  carbonería,  la modistería,  la  heladería.

El Estadio Alfonso López, El Hotel Bula, es lo que le queda a Bucaramanga después de esos días en los que fue centro de atención  de  los  colombianos.

En 1947 la UIS se creó por las Ordenanzas números 41 de 1940  e inició  labores  académicas  el  1  de  marzo  de  1948  en  las  instalaciones  del entonces  Instituto  Dámaso  Zapata Pinzón  Neira.  Tres  profesores  y  quince  estudiantes  matriculados  en  las facultades  de  Ingeniería  Mecánica dieron  origen  a  una  actividad  académica  que  durante  tantos  años  ha contribuido al desarrollo de la economía y la cultura nacional.

“La Vanguardia  Liberal”    fue  el órgano de mayor  importancia  del partido,  “El Deber”  fue  lo mismo  para  el  conservatismo,  periódicos  que  se  identificaron visiblemente con las ideologías partidistas.  Hacia la primera mitad del siglo el líder  liberal  Gabriel  Turbay,  candidato  presidencial  en  dos  ocasiones,  se distingue  por  ser  un  renovador. Desde Bucaramanga  y  Santander  se  impulsa  a  la  presidencia  a  Eduardo  Santos  y Laureano Gómez quienes iniciaron su trabajo en el Congreso.

En los cuarenta, hechos sociopolíticos de relevancia como el asesinado de Gaitán 1948, agudizan  la violencia política en  la  región, con acciones de   toma de  la gobernación  y  otras entidades  con  gran  número  de  víctimas.

Por  sus  opiniones,  los obispos de la zona censuran los dos diarios de la ciudad.

La  ciudad  se  caracteriza  por  un  espíritu  práctico  que  no  permite  una proliferación  artística  en  la  ciudad. Hacia  los  años  veinte  y  treinta  existe  un núcleo  de  intelectuales  en  el  “Club  Santander”,  con  participación  de  Aurelio Martínez Mutis, en donde se organizaban publicaciones periódicas que lanzaron a  los  escritores  Luis  Rojas  Reyes,  Jaime  Ardila  Casamitjana,  Rafael  Ortiz González.

Por otra parte, surge el Centro de Historia de Santander, se crea el Centro de Bellas Artes dirigido por Luis Alberto Acuña, en el cual sobresalen Carlos Gómez Castro y Rafael Prada Ardila quien también es docente en la UIS.

En 1948 se funda el Club Unión, el cual hace mayor  énfasis  en  el  éxito  que  en  la  estirpe de sus miembros.

Los datos del censo en el período 1951-1964,  indican alto crecimiento urbano como consecuencia de esta situación de violencia que  se  traduce en  la migración de familias enteras hacia la ciudad:

1938,    1951     1964

51,238    112,152  229,748

En  la siguiente década  (50´s) se evidencia de  forma contundente el  régimen bipartidista,  influenciado  desde  antes  por  la  misma  topografía  fuerte  de cordillera, a través de enfrentamientos y movilizaciones, a lo cual se adicionan los procesos electorales con marcado  fervor e  intransigencia, no obstante, en Bucaramanga  la  violencia  política  no  es  tan  marcada  como  en  el  resto  del departamento,  fenómeno  al  cual  se  suma  parte  de  la  cultura  licenciosa  de Barrancabermeja,  con  su  actividad  petrolera.  Los  sindicatos  en  esta  década presionan  a  varias  de  las  empresas,  por  mejores  condiciones  de  trabajo  y  seguridad social, igual ocurre con  otros sindicatos de obreros,  de empleados departamentales y los de la industria tabacalera.

El  Club  Atlético  Bucaramanga  continúa  con  sus  labores  deportivas  desde  su fundación,  en  1949.

Como  actividad  cultural  novedosa,  el  cine  en  los cincuenta se consolida con ampliación de teatros como el Libertador, Rosedal, Unión,  Analucía,  Garnica,  en  donde  también  se  presentan  espectáculos  de mariachis  y  cantantes  populares.

En  1953  la  ciudad  se  consagra  como  Sede Episcopal con el primer obispo, Mons. Aníbal Muñoz Duque.

En 1954, dos nuevas carreras,  Ingeniería Metalúrgica e  Ingeniería de Petróleos se  incorporan a la UIS.

La Universidad  se  mudó  a  las  instalaciones  que  hoy  ocupa, constituyéndose en una «Ciudad Universitaria» que año tras año fue adecuando nuevos programas de estudio. Ingeniería Industrial nació en 1958 e Ingeniería Civil en 1964.

El desplazamiento origina zonas subnormales, desordenadamente ubicadas en la periferia, con arquitectura  irregular e  informal,  incrementándose  la miseria urbana. En la década del cincuenta, la escarpa occidental con sus problemas de erosión y derrumbes deja damnificados, esto condiciona que el crecimiento se extienda hacia el noroccidente (río Suratá y De Oro).  El nororiente se pobló de barrios de clase media, al igual que en las faldas del macizo de Santander.

Por el suroriente surgen nuevos edificios. La  ciudad  se  urbaniza  buscando  la  mejor  utilización  de  las características del terreno y con tejidos urbanos poco homogéneos sin acciones que  orienten  efectivamente  la  racionalización  del  espacio.  Con agudizamiento de condiciones de este tipo, en 1965 se crearía  la Corporación de la Defensa de Bucaramanga, que en el siguiente año diseña el Plan Maestro de Alcantarillado y la reubicación de barrios para erradicar los tugurios.

La  radio  toma  importancia  en  los  60,  cuando  surgen  nuevas  emisoras  y programas;  por  otra  parte,  la  televisión  es  montada  en  1964  con aproximadamente  3000  familias  usuarias.    Hacia  1965  se  da  un  periodo  de renombrados artistas como  Beatriz González, Mario Hernández Prada; el grupo Bucaramanga, que reunía a  Jorge Mantilla Caballero, Francisco Santos, Esperanza Barroso,  el museo  Casa  de  Bolívar  se  transforma  en    el  Museo  de  Historia  Regional.

Sobresalen Pablus Gallinazo, premio literatura nadaísta, en 1967, y Pedro Gómez Valderrama con “La otra raya del tigre”.  Se funda  el  Museo  de  Arte  Moderno  de  Bucaramanga.    Por  esta  época  se populariza  La Casa de Mercado, punto de  encuentro para gente de  todas  las clases.  Sobresalen los cafés Centenario y Central y El Inglés.

Para la UIS los años 65 al 67 fueron particularmente memorables. La anexión de  la Universidad Femenina con sus programas de Bacteriología, Fisioterapia, Trabajo Social y Nutrición y Dietética, estableció las bases para la creación de la  División  de  Ciencias  de  la  Salud  que,  en  febrero  de  1967,  fecha  de inauguración,  estaba  integrada  por  las  carreras  de  Medicina,  Enfermería, Fisioterapia,  Laboratorio  Clínico  y  Nutrición.  Ese  año,  1967,  también  dejó  la creación  de  la  Facultad  de  Ciencias  Humanas  que,  antes  y  hoy,  se compromete  con  el  ingrediente  humanista,  indispensable  en  la  formación integral  del  individuo  y  su  organización  social.

Resultan  comunes  las celebraciones  de  fiestas  como  La  Feria  Industrial  y  Agropecuaria,  reinados, bailes  populares,  semana  universitaria  de  la  UIS.    En  esta  década,  la  UIS contaba  con  más  de  2000  estudiantes,  con  ocho  ingenierías,  carreras  en ciencias de la salud y una nueva Facultad de Humanidades.

En 1969 es  fundada  la EDAF (Escuela de Administración y Finanzas, que más tarde pasaría a ser la UNAB.

HASTA NUESTROS DIAS

En  1971  la UIS  es  ocupada  por  los militares,  lo que  genera  el  respaldo  de  los  colegios  de bachillerato.  La  Universidad  Santo  Tomás,  la INDESCO  (hoy  Universidad  Cooperativa)  y  la ITAE  se  crean  en  1972.  Se  presentan  revueltas estudiantiles por inconformismo social.

El crecimiento de  la  ciudad es desordenado, con una  urbanización  irregular,  los  servicios  públicos  se  amplían.  El  servicio telefónico  también,  el  cual  venía  funcionando  desde  1955    con  una  central automática para 2000 líneas telefónicas.  La fundación de las EEPP se da hacia los  años  setenta,  favoreciendo  la  ampliación  de  la  cobertura  de  los  servicios con  programas  de  desarrollo  en  la  prestación.    Bucaramanga  es  una  de  las primeras  ciudades  con  gas  natural   abarcando  zonas  cercanas  a Floridablanca.

Inicios de la planificación urbana.

Por  esta  época  empiezan  a  considerarse  la  planificación urbana  que enfatiza en los espacios públicos y calidad de vida ciudadana, con remodelación de zonas centrales de comercio y sedes administrativas y con  la densificación de  la  meseta  mediante  unidades  multifamiliares,  conjuntos  residenciales, paseos.   El crecimiento del sur se dinamiza,  la ciudad se expande, se habilita el  Viaducto  Benjamín  García  Cadena  y  empieza  la  urbanización  de  “La Ciudadela Real  de Minas”;  con  la  aplicación  del  sistema UPAC,  Bucaramanga tuvo el  índice relativo de construcción más alto del país, pero con criterios de tipo  comercial  y  urbanista  en  perjuicio del componente  social  y  cultural, el condominio cerrado desarticula el conjunto ciudadano,  faltan espacios para  la recreación ciudadana.

En  esta  época  se  establece  el  Área Metropolitana  de  Bucaramanga, integrada  por  Florida,  Girón  y Piedecuesta.  En  1981  se  instalan  los primeros  semáforos  en  la  ciudad; hacia  1982  Bucaramanga  es  subsede del Mundial de Basquetbol y empieza a funcionar la Plaza de Mercado “Satélite del Sur “. En 1983  se inaugura el Hotel Chicamocha.

Comunas y corregimientos en Bucaramanga.

La  Ley  11  de  1986  ordena  la  división  del  territorio  municipal  urbano  en comunas  y  el  rural  en  corregimientos,  para  mejor  manejo  administrativo, prestación de servicios públicos y así  facilitar el desarrollo  local (para 1989 el Concejo Municipal organizaría el municipio en 14 comunas y 3 corregimientos; hoy, las comunas son 17).

En 1989 se amplían la calle 56 entre 27 y 36 y la intersección de la autopista Foridablanca  con  carrera  27;  se  construyen  la  Terminal  de  Transportes  y  los paseos “Los Comuneros” y “España”.

En  1990  la  Compañía  del  Acueducto  Metropolitano  de  Bucaramanga  ejecuta obras que garantizan el 98% de la cobertura en el Área Metropolitana AMB.

Se constituye  la  Emisora  Luis  Carlos  Galán  Sarmiento,  la  cual  funciona  en  la Biblioteca  Municipal  Gabriel  Turbay  ;  el  Acueducto Metropolitano de Bucaramanga   construye  la  “Plaza  Cívica  Luis Carlos Galán Sarmiento”

Dentro del contexto actual, Bucaramanga se encamina hacia  retos como  la construcción del ferrocarril, la transversal de unión con Venezuela – Medellín – Costa  Pacífica.    Posee  asociaciones  para  proyectos  económicos  y  culturales, como Promisión,  Prosantander,  Fusader.    Se  caracteriza  por  las famiempresas,  por  problemas  como  el  de  los  desechos  en  El  Carrasco.    Es pionera  en  infraestructura  educativa,  con  un  doctorado  pionero  en  el  país, investigación, actividades culturales de nombre nacional como  los “cuenteros” en la UIS, actividades feriales de tipo comercial, de exposición en el centro de la ciudad.

El  crecimiento  desordenado  de  Bucaramanga,  que  asimila  sin  planes  sus nuevas dimensiones poblacionales y las actividades irregulares de urbanización que  se multiplican  sin  una  efectiva  intervención  del  Estado,  con  sus  efectos desoladores sobre la calidad de vida de sus gentes provocan el efecto positivo de  generar  desde  los  años  60,  una  discusión  sobre  la  ciudad;  sobre  los servicios domiciliarios, sobre el deterioro de sus zonas céntricas, la pérdida de su  memoria  histórica  y  en  fin  sobre  la  ciudad  deseada  para  los  años venideros.

Como hemos visto a  través del anterior análisis, Bucaramanga es  fruto de un proceso  desorganizado  de  urbanización,  es  la  hora  de  continuar  con  la construcción de la ciudad equitativa, democrática y justa para todos sus habitantes.

Para cerrar esta visión general de la evolución histórica urbana de Bucaramanga, señalemos que tal desarrollo bien se puede inscribir en un modelo nacional que presenta las siguientes tendencias.

Históricamente los modelos de la ciudad en Colombia pueden agruparse en cuatro configuraciones: a) el modelo de aglomeración de tradición española; b) el modelo republicano (1850-1930); c) los modelos urbanos afines a la dinámica del esquema económico de sustitución por importación (1930-1990); y d) los modelos de ciudad-región implementados bajo la apertura económica a partir de 1991, que se institucionalizan con la expedición de la Ley 28 de 1994 de Áreas Metropolitanas, y se profundizan con la posibilidad de crear Regiones Administrativas y de Planificación -RAP- en el marco de la Ley 1454 (Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial -LOOT- expedida en Junio del 2011).

El primer modelo de ciudad en Colombia se refiere a la forma particular de diseño urbano tradicional en la colonia española, que inicia desde el Descubrimiento de las Américas hasta principios del siglo XIX. Este modelo se caracteriza por aglomerar los poderes en un espacio relativamente corto entre sí; donde la imagen predominante es la plaza rodeada de la  cuadrícula de las representaciones de poder: El poder religioso en la Iglesia, el poder político local en el Ayuntamiento (alcaldía), el poder armado en la policía y, finalmente, el poder económico en los comerciantes y el mercado.

El segundo modelo de ciudad responde a los esquemas e intereses instaurados en el periodo republicano de la nación colombiana, los cuales comienzan a ser implementados a partir del proceso de la independencia. Este modelo estuvo muy influenciado, en sus orígenes, por la implementación de formas federales en la organización política (1850-1886 y 1930-1946).

El tercer modelo de ciudad en Colombia corresponde a un modelo de planificación intrínsecamente relacionado a la estrategia económica conocida como Industrialización por Sustitución de Importaciones parte del Estado de compromiso y bienestar, organizado por el primer gobierno de Alfonso López Pumarejo puesta en práctica desde un poco antes de la segunda mitad del siglo XX hasta la década de los 90. En tanto se proponía la industrialización del país, era necesario contar con una importante cantidad de mano de obra, de tal manera que fenómenos como la violencia política y el despojo territorial en el campo colombiano fueron fundamentales para movilizar enormes ejércitos de reserva del campo a la ciudad.

Esta situación se tradujo en un crecimiento urbanístico y demográfico de las ciudades colombianas, el cual, debido a la diferenciación histórica y geográfica del país, se fue nucleando en diferentes regiones del eje norte–sur de las cordilleras y los valles interandinos; dinámica que se ve confirmada si consideramos que el crecimiento poblacional urbano entre 1930 y 1990 se  cuadruplicó.

El cuarto modelo tiene sus pilares en la política neoliberal de la Apertura Económica (Gobierno Gaviria Trujillo 1990-1994)) y en la nueva Constitución Nacional. Las ciudades, entonces, empezaron a depender de las dinámicas del libre mercado y derivaron en ciudades neoliberales en las que el mercado es el centro del desarrollo. Este modelo ha venido estructurándose a través de decisiones importantes como: 1. Adopción de la Ley 388 de 1997. 2. Adopción obligatoria de los POT (1998-2001). 3. Intervención del Gobierno Nacional, a veces excesiva, por medio de decretos nacionales, en decisiones locales sobre ordenamiento de lo local. Puesta en marcha en varias ciudades del Plan “Ciudades Amables” (2002-2010). 4. El primer cuatrienio Santos con el P.N.D. 2010-2014   “Prosperidad para todos”,  resucitó las regiones como motoras del desarrollo de las ciudades. Esto fue corroborado con la expedición de la LOOT (Ley 1454 de 2011).

El nuevo PND 2014-2018 “Todos por un nuevo país” incorpora un nuevo modelo de ordenamiento a partir de lo que denomina Sistemas de Ciudades: toda una estrategia para soportar grandes inversiones en proyectos de movilidad que redireccionen las condiciones parroquiales de muchas ciudades para posicionarlas en el escalafón de la competitividad neoliberal regional, nacional y global.

Bucaramanga en el siglo XXI[19].

Composición demográfica de la ciudad y del AM.

Bucaramanga, capital del Departamento de Santander, está ubicada al nororiente de Colombia, sobre una meseta aluvial y dista a 384 km de la capital del país.

Bucaramanga es una ciudad eminentemente urbana, su población rural solo representa el 1,3% de los habitantes. Está rodeada por los municipios de Girón, Floridablanca y Piedecuesta con los cuales se conforma el Área Metropolitana de Bucaramanga, y cuya población urbana asciende a 1.089.269 ciudadanos[20].

La zona urbana Bucaramanga se divide en 17 comunas, las cuales incluyen barrios, asentamientos y urbanizaciones. Las comunas contienen 1.341 manzanas y existen 177 barrios y 84 asentamientos precarios. La zona rural está compuesta por tres corregimientos que a su vez se dividen en 29 veredas. Cada Comuna y Corregimiento tiene una Junta Administradora Local compuesta por siete ediles elegidos por sufragio en el mismo periodo de elección del Alcalde y Concejo Municipal.

Las comunas Norte y Oriental albergan la mayor proporción de habitantes, en contraste con la comuna del Centro que presenta el menor porcentaje (1,64%). Por otra parte la comuna Norte y Morrorrico corresponden a las zonas más afectadas por fenómenos de amenaza de erosión, remoción en masa e inundaciones. Así mismo, las Comunas 1, 2, 8 y 14 son las áreas más deprimidas, mientras que los habitantes de las Comunas 12, 13 y 16 gozan de altos estándares en calidad de vida.

La población total de Bucaramanga, proyectada por el DANE a 2011 es de 525.119 habitantes, equivalente al 1,14% del total de la población nacional, de los cuales 518.370 (98,71%) habitan en el casco urbano y 6,749 (1,29%) viven en la zona rural. Por género, el 52,2%de los habitantes son mujeres y el 47,8% son hombres. La desagregación por género y zona es similar a nivel nacional y departamental, al observarse mayor concentración de la población en la zona urbana y representación de las mujeres.

En la pirámide poblacional, se observa que el porcentaje de las mujeres en edad fértil entre 15 a 49 años es 53,9%. En relación a la esperanza de vida al nacer estimada para los años 2010 a 2015, corresponde a 78,5 años en las mujeres y 72,3 años para los hombres, datos que son muy similares al compararlos a nivel nacional La población de Bucaramanga, en edad productiva representa el 65,2%; sin embargo, se debe tener en cuenta que la población infantil está disminuyendo, lo cual implica que el sistema pensional tendrá a futuro un menor número de cotizantes sobre las cuales recaerá la financiación de las necesidades de la población adulta. La población entre 0 y 14 años disminuyó en 17.436 al pasar de 137.911 en 1995, a 120.475 en 2011. La caída más importante en materia poblacional se da en los niños y niñas entre 0 y 4 años. Aunado a esto en Santander, Bucaramanga notificó el mayor número de casos de muertes perinatales en 2010, tasa de 10,3 por mnv, lo cual aumenta dicha problemática.

  • Origen y formación del Área metropolitana[21].

El Área Metropolitana de Bucaramanga fue constituida mediante Ordenanza No. 020 del 15 de Diciembre de 1981. Bucaramanga es el Municipio Núcleo y aporta el 50,27% de la población urbana de los 4 municipios que la conforman; mientras que Floridablanca alberga el 25%, Girón el 14% y Piedecuesta el 11% del total de población urbana[22].

De acuerdo al Artículo 1 de la Ley 128 de 1994, las Áreas Metropolitanas son entidades formadas por un conjunto de dos o más municipios integrados alrededor de un municipio núcleo o metrópoli, vinculados entre sí por estrechas relaciones de orden físico, económico y social, que para la programación y coordinación de su desarrollo y para la racional prestación de sus servicios públicos requiere una administración coordinada[23].

Un análisis crítico del proceso de metropolización de Bucaramanga.

A propósito del proceso de metropolización de Bucaramanga con el resto de municipios conviene hacer el siguiente análisis de carácter general y crítico.

Dada la desigualdad en el desarrollo urbano y no obstante la emergencia del urbanismo regional, de la ciudad región y de otras formas de aglomeración urbana, conviene, reiteramos, hacer la reflexión más profunda sobre los procesos de metropolizacion, que se ven reflejados en nuestro caso por la existencia del Área Metropolitana de Bucaramanga desde el año 1981.

El concepto moderno de «Área Metropolitana» -puesto en circulación en los años 40- hace referencia a la nueva situación, al nuevo carácter de lo urbano: la ciudad deja de ser un artefacto físico preciso y bien delimitado, claramente diferenciable de su entorno rural y de otros núcleos de población próximos, para convertirse en una realidad más compleja y menos fácilmente perceptible visualmente; puede integrar territorios más o menos extensos en su contexto urbano inmediato, pueblos o ciudades menores e incluso llegar a confundirse, o a soldarse a través de determinadas axialidades, con otras áreas urbanas inmediatas.

Otra serie de modificaciones tecnológicas se insertan y amplifican esta tendencia a la expansión del espacio urbano; por ejemplo, los nuevos procesos productivos requieren desarrollos horizontales (se abandonan las estructuras de producción en vertical) y áreas superficiales cada vez más extensas; la generalización de los sistemas de comunicación a distancia (teléfono, cable, internet etc.), permiten la progresiva separación espacial entre los distintos segmentos de las organizaciones empresariales (líneas de producción diversificadas, cadenas de montaje, centros de administración y toma de decisiones, laboratorios y oficinas de diseño e investigación, etcétera).

La complejidad de los territorios urbano-metropolitanos genera diversas dificultades tanto para el análisis como para la elaboración y ejecución de políticas públicas.

Los parámetros metropolitanos son de geografía variable. Los indicadores tradicionales (como los relativos a la continuidad territorial, a la movilidad cotidiana y a la existencia de servicios comunes) sirven para delimitar las aglomeraciones constituidas a lo largo de años de sociedad industrial, aun incipiente como en el caso de Bucaramanga, desde los años 30 con la vigencia del modelo de industrialización por sustitución de importaciones. Son las áreas metropolitanas clásicas, definidas en muchos casos desde los años 50 o  60 del siglo XX, en los que la relación centro-periferia es la más pertinente. Sin embargo,  estos indicadores son insuficientes para definir y comparar las regiones metropolitanas discontinuas, con zonas altamente integradas y otras marginales o de reclusión, con movilidades erráticas y multipolaridades.

La Gobernabilidad metropolitana.

Más difícil es la gestión o la gobernabilidad de esta complejidad territorial.

La gobernabilidad de las regiones metropolitanas es hoy una  cuestión clave tanto para las ciudades como para los Estados centrales, debido al peso que estas ciudades tienen en el conjunto de la vida política, económica y cultural.

No es posible,  adicionalmente, extrapolar las formas  institucionales o de gestión de las viejas áreas metropolitanas (la aglomeración propia de la ciudad industrial) a las actuales regiones metropolitanas postmodernas.

En primer lugar por la sencilla razón que es un problema que no fue resuelto en el pasado y que en general solo ha dado lugar a la proliferación de políticas sectoriales dependientes de distintas administraciones y a la multiplicación de organismos públicos, mixtos o concesiones a empresas privadas para la gestión de programas o servicios de índole metropolitana. La segunda razón es que la región metropolitana es una realidad de escala mucho mayor, sometida a los desafíos de la globalización y competitividad,  que requiere unas funciones y unos recursos que van más allá de los que han sido propios de los municipios, puesto que debe responder a retos no solo de reproducción social a una escala mayor que en el pasado (vivienda, educación, programas sociales y culturales) sino también de producción social (grandes infraestructuras, atracción y regulación de actividades económicas, políticas destinadas a garantizar la cohesión social  y la sostenibilidad ambiental, etc.). Las funciones y  competencias que se requieren no solo son propias de los municipios, también afectan al ámbito  de competencia y financieros de los municipios y departamentos. Por lo cual se requiere una institucionalidad metropolitana democrática y participativa que  represente al conjunto de la población y de los municipios y también que posibilite la concertación entre el nivel local-supramunicipal con el autonómico y estatal. Sin lo cual no se podrán desarrollar políticas integrales y estratégicas que  incluyan ordenación y gestión del territorio, redistribución social e integración cultural, atracción de actividades que generen inversiones y empleo y optimización y sostenibilidad en el uso de los recursos básicos (suelo, energía, agua, aire).

Los inconvenientes de esta complejidad urbana institucional confusa son evidentes. Los más importantes a nuestro parecer son los siguientes:

  1. a) La opacidad del funcionamiento institucional y de las políticas públicas. En muchos casos las responsabilidades se diluyen, en otros no se sabe muy bien quien toma las decisiones. En general los ciudadanos no perciben bien la realidad del territorio en el que necesariamente actúan y que reciben los impactos de las políticas públicas (por acción u omisión) y por lo tanto se contribuye así a crear ciudadanos pasivos o impotentes. La institucionalización formal de la realidad metropolitana es imprescindible para que los ciudadanos se sientan parte de ella.
  2. b) La proliferación de organismos, especializados pero poco representativos en unos casos, de la vida política pero con competencias y recursos muy insuficientes en otros, no solo conduce a solapamientos, confrontaciones y costes inflacionarios, lo que favorece la colusión entre intereses particulares públicos y privados.
  3. c) La competencia entre estos organismos, especialmente entre municipios, puede conducir a formas de dumping local (ofrecer el municipio barato a los inversores), de exclusión de aquello que no parece rentable o atractivo (vivienda social, inmigración, infraestructuras no deseadas) y al desarrollo de la cultura del “no en mi patio trasero”.
  4. d) El resultado de todo lo anterior es la relativa impotencia de las políticas metropolitanas respecto a las dinámicas del mercado y a las decisiones sectoriales del Estado o de las grandes corporaciones.

La gobernabilidad democrática metropolitana  no ha sido resuelta en los territorios  producidos por el desarrollo de la sociedad industrial y su prolongación a la sociedad tercerizada. Es decir las realidades metropolitanas vinculadas a una ciudad central (o en algunos casos conurbaciones entre dos o más ciudades cada una con su cuota de centralidad) y a la integración de las periferias según pautas de ocupación continua del territorio.

Esta nueva realidad metropolitana, de dimensiones diversas no permite una solución única en materia institucional. Sin embargo la articulación de las políticas públicas hace necesario definir un “territorio” concreto.

El territorio “vivido” no es el  territorio “estratégico”.

Una estructuración  política representativa,  con capacidad de desarrollar políticas públicas integradas y redistributivas, probablemente debe apoyarse más en el territorio vivido presente que en el estratégico futuro.

El reto político es construir estructuras democráticas que correspondan a estos nuevos territorios.

Es necesario encontrar fórmulas de democracia representativa, complementada por múltiples formas de democracia deliberativa, participativa y comunal.

Para impulsar el proceso de planeamiento y gestión se requieren entidades públicas o mixtas específicas.

Para el nivel aglomeración  o área metropolitana tradicional se requiere seguramente una entidad política representativa, basada en los gobiernos o consejos municipales o de elección directa, con capacidad de gestionar servicios comunes y con objetivos redistributivos.

De organizarse un Consejo metropolitano de aglomeración – Entidad política local formada por el gobierno de la ciudad central  (ciudad y delegaciones o distritos) y por las Alcaldías metropolitanas. El mismo asume las competencias del planeamiento urbano y de gestión de servicios urbanos, sobre la base de un plan de desarrollo sostenible y de integración social. Gestiona los problemas y servicios sociales, culturales y de procesos económicos que acuerden los Municipios.

El Estado debiera tener la capacidad de elaborar propuestas propias, concretas y transversales, basadas en valores y objetivos ampliamente consensuados y legitimados, en sus relaciones con las áreas metropolitanas o  las aglomeraciones.

En el caso de las áreas urbanas metropolitanas más extensas, discontinuas y policéntricas,  parece razonable establecer una diversidad de contratos entre el Estado y los entes territoriales a partir de un tronco común concertado con la aglomeración metropolitana.

Las políticas metropolitanas  contractualizadas, precisamente por su ambición y porque en ellas hay invertidos recursos y objetivos de poblaciones diversas, y también porque la multiplicidad de aliados puede conducir a una cierta difusión de responsabilidades, deben ser objeto de un seguimiento y de una evaluación periódica rigurosos.

El Estado nacional debería ver  en estos procesos de planificación integral y de programación contractualizada  una oportunidad de reformar sus servicios haciéndolos  más ligeros y operacionales, más impulsores y de apoyo técnico que de gestión directa o de tutela burocrática, más transversales que  sectoriales, en definitiva conectados políticamente con el territorio pero sin pretender ocuparlo administrativamente.

De tal manera, es preciso hacer, en teoría, por lo menos la distinción entre la aglomeración (área metropolitana clásica, la ciudad central y su periferia inmediata, el continuo urbano, área de los desplazamientos cotidianos) y  la región metropolitana  (discontinua, estratégica, policéntrica).

Sin pretender normar las funciones que corresponden a los dos niveles teóricos que se deben considerar en este proceso sostenido de desarrollo urbano, metropolizacion y regionalización, (Dice Borja) es conveniente apuntar unos criterios derivados de algunos casos globales estudiados y de una cierta lógica de gestión:

Primer nivel (aglomeración strictu sensu) – dominan los servicios comunes (agua, transportes, policía) y los proyectos sociales y de desarrollo urbano inmediatos y de mediana escala (vivienda, renovación urbana, renovación de áreas obsoletas, etc.) Es un ámbito de gestión local supramunicipal, no solo intermunicipal.

Segundo nivel (la región metropolitana) –  ámbito de planeamiento más estratégico que regulador, que funcionará según una geometría variable pero que requiere un territorio estable de concertación. Hay que priorizar los grandes proyectos metropolitanos, principalmente de carácter infraestructural, los “esquemas de coherencia” o planes de sistemas básicos, las reglas destinadas a garantizar los equilibrios del desarrollo urbano.

En cualquier caso los programas y proyectos deben encontrar la escala territorial adecuada, tanto en lo que se refiere a los proyectos urbanos y a los programas sociales, en los que el nivel de “aglomeración” predominará, como en los planes y proyectos infraestructurales y de desarrollo económico, más propios de la región urbana.

El nivel aglomeración requiere planeamiento y gestión, base fiscal común y políticas redistributivas y reequilibradoras, organización política representativa (de elección directa o indirecta y con presencia de todos los municipios).

El nivel regional puede apoyarse en un plan estratégico regional compartido con el gobierno departamental, es de geometría variable y puede ejecutarse mediante un catálogo de programas y proyectos y la coordinación de las inversiones de las entidades concertadas que pueden ser de naturaleza diversa (Estado y municipios, consejos provinciales o equivalentes y entidades metropolitanas, consorcios, etc.).

El nivel aglomeración o área metropolitana chica puede consolidarse mediante un proceso político-cultural con un plan estratégico “sui generis”  más orientado por la calidad de vida, la cohesión social, la sostenibilidad, el desarrollo de una diversidad de centralidades y  la gobernabilidad democrática que por la competitividad y los grandes proyectos infraestructurales, como es el caso del Área Metropolitana de Bucaramanga. Las grandes infraestructuras si no  están aún  realizadas o programados, deben estar integradas en el planeamiento estratégico regional o de gran escala.

  1. Los principales indicadores de la pobreza y miseria en Bucaramanga, hoy[24].

Bucaramanga se reconoce hoy como una ciudad de bajo desempleo y con una población emprendedora; sin embargo, se registran altos niveles de informalidad.

A continuación se presentan algunos indicadores que reflejan el estado actual de la ciudad:

  1. Los problemas del Hábitat y el déficit de vivienda[25].

En relación con el acceso a la vivienda, la problemática es generada por la escasez de oferta, los altos costos de la vivienda en el mercado y la escaza producción de vivienda para la población en condiciones de pobreza y miseria. Así mismo, en la demanda se presentan problemas por bajos ingresos y difícil acceso al crédito, situaciones resultantes de los altos niveles de precariedad social que se agravan en el caso de Bucaramanga por el hecho de ser una ciudad receptora de población desplazada por la violencia de los grandes hacendados y agentes estatales.

En cuanto a la tenencia, esta problemática se refiere a la baja capacidad de sostenibilidad de las viviendas en el mediano y largo plazo, igualmente por factores económicos y sociales, bajos niveles de ingreso, inestabilidad e informalidad laboral, y la inexistencia de una cultura que genere la participación de la población en el proceso de superación de sus condiciones de calidad de vida y entorno.

En el caso de las familias en pobreza extrema, estas no cuentan con la capacidad para sostener la vivienda, mucho menos para pagar los servicios públicos y terminan vendiéndolas por debajo de los costos reales, volviendo nuevamente a ocupar el suelo de manera ilegal.

El déficit de vivienda cuantitativo en Bucaramanga según el censo del 2005 del DANE, es de 24.521 viviendas urbanas, se puede estimar que el 79% de los hogares con déficit corresponden a familias por debajo de la línea de pobreza (ingresos menores a 2 SMMLV), es decir 19.371 viviendas prioritarias, de las cuales 9.298 corresponden a familias de pobreza extrema que no tienen forma de acceder a la vivienda y de sostenerla. Cruzando el crecimiento de las familias con la oferta realizada desde 2005 al 2011 se tiene un incremento de 800 familias promedio de las cuales el 50% son vulnerables y una oferta de vivienda prioritaria en el mismo período de 353 viviendas por lo tanto se asume que el déficit a 2011 se incrementó en 280 viviendas prioritarias. Por el contrario el sector rural tiene un déficit de vivienda que se incrementó por la necesidad de reubicar las familias que se vieron damnificadas en las olas invernales.

El déficit cualitativo en el 2005 era de 6.795 viviendas, a pesar que durante los últimos 6 años se realizaron mejoramientos en cuanto a saneamiento básico con la construcción de redes domiciliarias de acueducto y alcantarillado, las viviendas continúan con carencias, esta cifra se incrementa en 2.000 viviendas que sufrieron afectación por la ola invernal 2010 – 2011.

Con lo anterior se puede calcular que el déficit cualitativo en Bucaramanga es de 8.795 viviendas. En el sector rural también el déficit cualitativo creció por las pasadas olas invernales que agravaron más las necesidades de esta población.

Sumado a las cifras anteriores de déficit de vivienda se debe incluir el número de viviendas que requieren mitigación del riesgo, legalización y consolidación del barrio[26].

Los asentamientos y barrios precarios[27].

En reciente estudio realizado por la Corporación Autónoma para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga,  se identifican 146 asentamientos precarios en los que se ubica el 12% de la población del municipio de Bucaramanga, es decir 16.557 viviendas.

La Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga ha indicado en varios estudios que en la actualidad hay 236 asentamientos o barrios precarios en el área metropolitana de Bucaramanga, los cuales requieren atención urgente porque carecen de algunos servicios o se encuentran en zonas de alto riesgo.

Para la Corporación, es preciso que las alcaldías tomen cartas en el asunto y conformen un Observatorio de Precariedad, que articule los planes de recuperación y mejoramiento de estos sectores, tal y como lo recomendó el estudio de asentamientos y barrios precarios que realizó dicha entidad.

Según el estudio de investigación multidimensional, realizado entre 2009 y 2013, en Bucaramanga hay 181 mil 993 habitantes en asentamientos y barrios precarios.

Por su parte, en Girón hay 63 asentamientos con un total de 49 mil 29 habitantes.

Floridablanca registra 43 asentamientos y Piedecuesta 16, con un total para estos dos últimos municipios de 59 mil 380 habitantes.

Es decir, en el área hay unas 300 mil personas que viven en asentamientos precarios.

Así pues, el 12% de la población del Área tiene su hábitat en asentamientos precarios.

La mayor proporcionalidad de la problemática se encuentra en el municipio de Girón con el 23% de la población municipal, de la  cual 32.770 personas residen en asentamientos precarios.

El fenómeno de los asentamientos precarios en el área metropolitana de Bucaramanga ha venido en un crecimiento del 180% para el 2013, con respecto a los últimos 20 años.

Es importante destacar que, el 68% de los sectores de precariedad urbana presenta amenazas por remoción en masa en el área metropolitana; es decir, 242 asentamientos y barrios precarios de los 357 determinados.

Análisis crítico de la pobreza y la precariedad en Bucaramanga.

A propósito de los problemas sociales, de precariedad urbana, y particularmente de los de vivienda, conviene hacer las siguientes consideraciones.

Actualmente algunas ciudades de América del Sur y Centro América, se encuentran entre las mayores del mundo: Río de Janeiro, Sao Pablo, México, Lima, Córdoba, Santiago, Buenos Aires, Bogotá, Medellín, Caracas, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y el Área Metropolitana etc., desde luego con tasas de crecimiento muy elevadas.

Sin embargo, el proceso de crecimiento y sus causas tienen poco que ver con las delineadas para las ciudades europeas y de América del Norte.

Los inicios de su desarrollo hay que buscarlos en la desorganización de los sistemas tradicionales de cultivo y posesión de la tierra sufridos en la época colonial, que no han hecho más que continuarse en la era poscolonial. La emigración masiva a la ciudad no se ve acompañada por la creación de una base industrial y de una infraestructura física y de equipamientos sociales (vivienda, educación, sanidad) comparables con la acaecida en las metrópolis centrales en los dos últimos siglos. En estas condiciones la ciudad se convierte en un refugio de la miseria, en lugar de destino de las muchedumbres desplazadas de sus medios originales. Si a esto se suma una tasa de natalidad muy elevada -consecuencia de la introducción de ciertas prácticas sanitarias mínimas como la vacunación, de la persistencia de patrones culturales clásicos y de una ausencia de mecanismos eficaces de previsión social-, tenemos diseñado el cuadro de un crecimiento rapidísimo y desordenado.

En Bucaramanga, se superponen hoy estructuras físicas muy diferentes, inmediatas las unas a las otras:

– La ciudad tradicional, antigua, con mayores o menores niveles de renovación, degradación y congestión, con sus diferentes sectores con cualificaciones muy diferenciadas en algunos casos.

– Los nuevos barrios, crecidos sobre todo en las últimas 5 décadas, a veces inmediatos a los otros sectores y siempre fruto de operaciones parcelatorias elementales, cuando no de simples ocupaciones del terreno, con bajísimos niveles de urbanización, construcción y equipamiento.

Bucaramanga refleja en esa línea una enorme desigualdad social en todos los aspectos de la vida urbana. Se ha podido hablar de que el 65% de la población urbana vive en la ciudad informal, o que una cantidad parecida sufre un cuadro de contraposición entre una minoría cualificada y una mayoría en condiciones urbanísticas precarias que se relaciona con todas las formas de desigualdad, a la que le corresponde una situación de “exclusión territorial”. Esta situación de exclusión es mucho más que la expresión de las desigualdades de renta y de desigualdades sociales: es agente de reproducción de esa desigualdad.

En este análisis debemos ver cuál es la incidencia de la desigualdad y la pobreza en los procesos de urbanización; por lo que nos parece necesario indicar los siguientes efectos:

– El proceso más reciente, con gran impacto durante la década de los ’90 y la primera del siglo XXI, de fragmentación urbana debido a la intromisión en las estructuras existentes de ghettos para ricos, ya sea en forma de “productos urbanos”, o sea grandes equipamientos “autistas” con respecto al entorno, segregadores y dedicados principalmente al consumo- o de comunidades, barrios, ciudades o pueblos cerrados[28].

– El desarrollo urbano mediante asentamientos informales, el crecimiento horizontal, el despilfarro de suelo, la contaminación de las aguas por ausencia de redes de saneamiento, la captura ilegal de algunos servicios básicos (energía, agua), la proliferación de servicios de naturaleza pública no reglados (transportes, a veces asistencia sanitaria, policías barriales, etc.), la ocupación de suelos no idóneos y la vulnerabilidad a las catástrofes (inundaciones, incendios, corrimientos de tierras, etc.), la constitución de ghettos que reproducen el círculo vicioso de la marginalidad, etc.

– La degradación de áreas centrales o de barrios de la ciudad formal que no se renovaron en su trama y / o actividades y en los que se produce la dialéctica del deterioro social y funcional que conlleva abandono de actividades  centrales o dinámicas y de  poblaciones de ingresos medios, deterioro del patrimonio físico, incluso del arquitectónico y monumental, pérdida de elementos simbólicos o identitarios de la ciudad, inseguridad ciudadana, etc.

– La proliferación en la ciudad de actividades informales como los vendedores ambulantes con efectos depredadores sobre los espacios públicos y los servicios urbanos y que a menudo entran en conflicto con los habitantes residentes o activos (comerciantes especialmente) formales.

– El desarrollo de actividades vinculadas a la economía ilegal y a la delincuencia urbana, y en general aumento objetivo y subjetivo de la pérdida de seguridad y de calidad de vida por parte de la población urbana formal.

– La menor eficacia de políticas urbanísticas redistributivas y reactivadoras (por ejemplo mediante la generación de nuevas centralidades, construcción de espacios públicos de calidad en los barrios de menores ingresos, etc.) debido al bajo nivel de la demanda solvente y a la menor integración cívica de la población.

– El bajo nivel de participación ciudadana espontánea y poca capacidad de negociación de importantes sectores de la población marginal (no toda, los ambulantes, por ejemplo, tienen muchas veces una fuerte capacidad de presión sobre los gobiernos locales)

– La dificultad de reconversión de ciertas áreas  (por todas los efectos ya dichos, a los que se añade muchas veces la resistencia de la población al cambio y de las zonas formales a recibirla) o la implementación de  soluciones que reproducen la marginalidad desde una teórica formalidad (conjuntos de viviendas  públicas de baja calidad y separadas física y culturalmente de la ciudad formal). Eliminar las viviendas marginales del área central, trasladando a la población de barrio es un grave problema para sus habitantes. Se desarticulan los lazos de relación, se dificulta y se encarece el acceso al trabajo.

La ciudad dual.

Con ese desarrollo distorsionado de su dimensión social y urbana, adicionalmente, la economía, tanto a nivel internacional como al nivel local de cada país, parece producir, con intensidad notable, dos tipos de funcionamiento urbano de muy diverso carácter.

El sector formal o emergido funciona dentro de las normas y reglamentaciones de todo tipo establecidas, sus empresas tienen sedes fijas y actividades conocidas, realizan contratos laborales dentro de los regímenes correspondientes, mantienen relaciones regulares con las distintas administraciones (municipal, fiscal, etc.); el sector informal o sumergido funciona total o parcialmente al margen, produce y distribuye más o menos clandestinamente, mantiene relaciones de trabajo irregulares, no paga impuestos, etc. La importancia relativa de cada tipo de economía varía de ciudad a ciudad y, en términos generales, se puede establecer una correlación positiva entre nivel de desarrollo y formalización económica/laboral/fiscal; no obstante, en todas las ciudades persisten amplios sectores no integrados que habitualmente se refugian en fragmentos determinados de la ciudad: en los sectores más degradados de los centros históricos y en las periferias menos cualificadas y de desarrollo urbanístico más irregular.

La ciudad fragmentada genera sus propios lugares donde el factor distintivo es, precisamente, ese carácter de precariedad, de marginalidad, no sólo de la población que en ellos reside sino también de las propias actividades económicas y laborales que cobijan.

La orgullosa sociedad que hace alarde de haber superado las «luchas de clase» a través de mecanismos de integración político/económica, presenta, sin embargo, una no siempre clara línea de fractura entre sus sectores formal e informal, entre las actividades sometidas a reglas y controles y las que se refugian en las fisuras y oquedades del sistema. Surge el tema de la dualidad -social, económica, política-entre los grupos urbanos que forman parte de un continuum en el que las líneas de desplazamiento (ascenso social) están establecidas y, en teoría, abiertas a todos los grupos marginales, exteriores a todo ese proceso, relegados debido a una serie de razones no siempre explícitas (edad, nivel educativo, etnia, etc.). La ciudad colombiana de hoy refleja esa dualidad dentro de su fragmentación. En algunas de sus piezas clásicas encuentran refugio niveles considerables de heterogeneidad, marginación e informalidad. Ejemplos claros los encontramos en la algunas ciudades colombianas, donde la fisura se establece entre la antigua ciudad colonial y sus extensiones planificadas, como el Barrio la Candelaria en Bogota, que  constituyen recintos de relativo bienestar y desarrollo económico, mientras que amplísimas periferias de crecimiento espontáneo, habitualmente ilegal en términos urbanísticos, acogen a la paupérrima masa de inmigrantes y desplazados por la violencia, como en Ciudad Bolívar, Soacha, Bosa, Usme, Suba.

Es muy gráfica la descripción que hace Castells en su reciente estudio sobre el auge de la Ciudad Dual (1991)  entre «el cielo metropolitano y el infierno de la ciudad interior», que refleja la distinción, básica en el mundo anglosajón, entre el suburbio residencial y la ciudad densa; aunque en esta última también pueden aparecer notables diferencias, como él mismo recuerda (1985) en el caso de Nueva York, donde se pueden encontrar zonas de deterioro y destrucción masiva (vg., el South Bronx) y zonas de espectacular desarrollo económico y renovación física (Manhattan).

Es interesante su conceptualización de la Ciudad Dual  como «estructura socioespacial formada por dos sistemas (internamente estratificados), uno de ellos relacionado con el polo dinámico de crecimiento y generación de renta, mientras que el otro concentra la mano de obra degradada en espacios e instituciones que no ofrecen posibilidades de movilidad ascendente en la escala social y que inducen a la formación de subculturas de supervivencia y abandono».

Ascher  (1992), entre otros, prefiere relativizar de alguna manera el fenómeno de la dualidad y referirse a un sistema ternario, que integraría a los estratos altos de la sociedad, los marginados y pobres y, finalmente, las amplísimas capas intermedias cuyo destino se presenta más o menos incierto entre las crecientes dificultades para mantener su status y los visibles riesgos de un gradual empobrecimiento.

Las principales problemáticas sociales de Bucaramanga y el Área metropolitana, particularmente en lo relacionado con el Habitat y la movilidad, se han querido resolver con la adopción de los Planes de Ordenamiento Territorial a partir del año 2000. Sin embargo, con 15 años de vigencia de tales instrumentos urbanísticos, los resultados son negativos, pues quien se ha visto favorecido por dichas herramientas son los especuladores inmobiliarios y un pequeño núcleo de constructores que controla la institucionalidad para favorecer sus procesos de acumulación capitalista. La verdad es que el papel de tal planificación es  traducir el orden social jerarquizado, controlado por unas minorías, en una organización  territorial que  lo  reproduce.

Ya Lefebvre indicaba que la planificación institucional es una secrecion de una sociedad dominada por el valor de cambio que, por ende, generaba un espacio homogeneizador, represivo y cuantitativo manteniendo a raya la diferencia, la calidad y la creatividad.

Para él solo  una  práctica  de  oposición  o  anti-planificación  puede  abrir  las  puertas  a  la  producción  de diferencia. Tal práctica tiene que ser agresiva y contestataria e inscrita en una lucha de clases que abra  nuevos  espacios  de  posibilidad  y  genere  nuevas  prácticas  donde  el  uso  y  la  apropiación prevalezcan.   El  futuro no es un resultado mecánico de  leyes subyacentes a  la  realidad ni de una racionalidad  objetiva. El  futuro  es  lo  que  queremos.  No  se  puede  predecir  o  diseñar científicamente en una mesa de dibujar. Si bien podemos actuar guiados por  lo que no queremos, sobre  la base de aquello de  lo que conocemos que nos aliena  y de principios humanizantes, no podemos predecir cómo será ese futuro; pero si podemos construirlo a través de la eliminación en la práctica diaria lo que nos aliena y excluye.

En última instancia, la planificación urbana es un acto de poder. Entonces podemos hablar de un poder que  impone  su agenda desde arriba, una  negociación donde  cada parte entra con la misma posibilidad de influir el resultado, o un ejercicio de contradicciones donde puede haber formaciones que incluyen varios sectores de clase bajo el control de una de ellas (ej. el clientelismo) o una lucha por imponer los intereses de una a las demás.

De  hecho  la  planificación  no  ha  logrado  ni  puede  imponer  un  dominio  absoluto  de  clase.  La democracia liberal  representativa  ha  propuesto  una  planificación  con  participación  constreñida (planificación  participativa)  donde  se  manipulan  los  intereses  de  clase  y  donde  se  presentan muchas  combinaciones.  Para  nuestro  caso,  la  globalización  neoliberal  aparece  como  un  nuevo absolutismo  de  clase  apoyada  en  una  maquinaria  apabullante  de  propaganda  e  ideología  (las virtudes del  libre cambio y de  la mal  llamada democracia), un monopolio cada día más arraigado del poder  represivo del estado y  la dictadura del mercado. Esta planificación ha sido devastadora para la ciudad colombiana y ha profundizado el sistema de transferencia de valor hacia fuera y hacia el Norte. Si Colombia quiere cambiar su destino  tiene que desarrollar otra doctrina, otra  práctica,  y  una  planificación  contestataria  o  alternativa  a  la  que  la  globalización  neoliberal impone.

La oligarquía inmobiliaria que controla y domina la ciudad.

El nuevo modelo urbanístico de Bucaramanga pautado por el neoliberalismo a través de los Planes de Ordenamiento Territorial/POT tiene en un pequeño grupo de empresas inmobiliarias sus principales beneficiarios. Se trata de empresas como Marval, Fénix, Urbanas y el empresario Rodolfo Hernández.

Estos poderosos conglomerados inmobiliarios son los mas ampliamente favorecidos con el desarrollo urbano neoliberal de la ciudad, en perjuicio de cientos de miles de ciudadanos hundidos en la pobreza y miseria.

Bucaramnga, 26 de abril de 2015.

[1] Esta historia general del desarrollo urbano de Bucaramanga a lo largo de su existencia se apoya en el texto cuyo enlace se encuentra en el siguiente sitio electrónico http://uniciencia.ambientalex.info/infoCT/POTbucaramanga1.pdf

Una bibliografía más amplia sobre la historia de Bucaramanga incluye los siguientes textos:

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García, José Joaquín. Crónicas de Bucaramanga, Bogotá, Banco de la República, 1982.

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Ilse Ibeth Quintero Dueñas, Santander: Hacia una nueva geografía económica y humana. Ver siguiente enlace electrónico http://repository.javeriana.edu.co/bitstream/10554/2805/1/QuinteroDuenasIlseIbeth2012.pdf

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MARTINEZ GARNICA, Armando y GUERRERO RINCON, Amado Antonio. La provincia de Soto. Orígenes de sus poblamientos urbanos. Colección de historia regional. Escuela de Historia. Bucaramanga – Santander. 1995.

GOMEZ ORTIZ, Armando y PARDO MARTINEZ, Orlando (Compiladores). Las constituciones políticas del gran Santander 1853 – 1885. Escuela de Historia. Universidad Industrial de Santander. 2004.

PINZON GONZALEZ, Gustavo. Historia de la formación de Santander, sus provincias y municipios. Sice Editorial. Bucaramanga – Colombia. 2007.

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Jairo Melo, Bosquejo de la Provincia de Soto después de la guerra de los Mil días. Ver en siguiente enlace electrónico https://jairomelo.wordpress.com/2010/02/25/bosquejo-de-la-provincia-de-soto-bucaramanga-y-piedecuesta-despues-de-la-guerra-de-los-mil-dias/

VALDERRAMA BENÍTEZ, Ernesto. “Santander en 1928. Situación económica” en: Tierra Nativa, Bucaramanga, marzo 2 de 1929, año III, Núm. 106, p. 2.

Jacques Aprile-Gniset Perspectiva histórica y aproximaciones teóricas.

[2] Los yariguíes era un pueblo indígena que se situaba en una extensa zona selvática del Magdalena Medio, al occidente del actual departamento de Santander, en Colombia. Ver siguiente enlace electrónico http://es.wikipedia.org/wiki/Yariguies . Ver igualmente en siguiente enlace electrónico sobre el violento exterminio de los yariguíes http://yurileveratto.com/articolo.php?Id=121 ; Ver igualmente el texto sobre los Yariguíes en el siguiente enlace electrónico http://www.revistacredencial.com/credencial/content/los-yaregu-es-resistencia-en-el-magdalena-medio-santandereano; Ver también el texto completo de la historia de los yariguíes en el siguiente enlace electrónico http://www.bdigital.unal.edu.co/25808/1/23288-80985-1-PB.pdf

[3] Los Chitareros son una familia de indígenas colombianos extintos y que se ubican en la época de conquista adelantada por los españoles. Habitaron la región que actualmente corresponde a los municipios de Chinácota, Chitagá y Málaga, Santander. Este grupo indígena fue quien acabó con la vida de Ambrosio Alfinger, el primer europeo que pisó las tierras del departamento. Ver siguiente enlace electrónico http://es.wikipedia.org/wiki/Chitareros ; ver también de SILVANO PABÓN VILLAMIZAR, su trabajo Los Chitareros: Prehispánicos habitantes de la antigua Provincia de Pamplona, en el siguiente enlace electrónico http://historiador.silvanopabonvillamizar.com/wp-content/uploads/2014/12/Los-Chitareros-de-Pamplona.pdf

[4] Los guanes fueron un pueblo indígena que habitó el territorio que actualmente corresponde a los municipios de Los Santos, Jordán y Cabrera, hasta la unión del río Charalá o Fonce y Suárez o Saravita; departamento de Santander. Ver siguiente enlace electrónico http://es.wikipedia.org/wiki/Guanes ; Ver igualmente el siguiente enlace electrónico http://www.zapatoca-santander.gov.co/apc-aa-files/62666137393338633261386235646265/EL_PUEBLO_DE_LOS_GUANES.pdf

[5] Ortún Velázquez de Velasco (Cuéllar, s. XVI – Pamplona, 4 de noviembre de 1584) fue un militar, político y conquistador español en el Nuevo Reino de Granada (Colombia), en Venezuela y en el Perú, y fundador junto a Pedro de Ursúa de la ciudad de Pamplona y otros lugares, como Guaca y Cácota de Velasco. Ver siguiente enlace electrónico http://es.wikipedia.org/wiki/Ort%C3%BAn_Vel%C3%A1zquez_de_Velasco

[6] Durante el periodo Colonial, junto con la villa, la provincia, la misión y el presidio, instituciones españolas, existió en el noroeste colonial otro importante establecimiento llamado Real de minas. Se trataba esencialmente de un distrito minero en donde las autoridades, además de ejercer las funciones de gobierno, judiciales, fiscales y militares, debían aplicar las medidas conducentes al incremento de la producción de metales. Las autoridades superiores habían elaborado unas ordenanzas que los administradores del Real de minas debían aplicar con firmeza y sagacidad. Con frecuencia, el administrador era el mismo alcalde mayor de la provincia, ya que aquí se podían obtener las mayores ventajas económicas. Ver el siguiente enlace electrónico http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/estados/libros/sinaloa/html/sec_42.html

[7] hijodalgo, hijo legítimo de Pedro de Sotomayor y doña Ana Garzón de Tauste. Nietos de don Fernando de Sotomayor y Téllez de Figueroa, natural de la ciudad de Cáceres en Extremadura y de doña Leonor de Figueroa. De don Alonso Garzón de Tauste y doña María Aguilar. (Los Garzón de Tauste fueron vecinos muy importantes de Timaná) Don Alfonso de Sotomayor, fue encomendero de Nuestra Señora de Altagracia de los Utagos, corregidor de naturales, casó con doña Ana de Blasco, hija legítima de don Alonso Hernández Mohedano y Blasco y doña María Collantes, vecinos de Santafé. Fueron hijos del matrimonio de don Alfonso y doña Ana: don Francisco, doña María, doña Feliciana casada con don José de Rueda Sarmiento; doña Violante y doña Inés de Sotomayor y quienes eran vecinos del actual departamento de Santander, donde se considera como el fundador de su actual capital, la ciudad de Bucaramanga a don Andrés Páez de Sotomayor. Ver http://memoriavirtualbucaramanga.com/andres-paez-de-sotomayor/

[8] Juan de Villabona Zubiaurre nació en Cuenca en 1577. Hijo de don Diego de Villabona (nacido en Cuenca, fue ministro de la Inquisición en su ciudad natal y en Sevilla) y de Jerónima Campuzano. Era nieto de Lázaro de Zubiaurre, natural de Villabona (Guipúzcoa), y biznieto de Miguel de Zubiaurre y de Juana de Vidaez. Se avecindó en Sevilla, con su padre, donde se hizo bachiller. Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_de_Villabona_Zubiaurre

[9] Manuel Ancízar Basterra (25 de diciembre de 1812 – 21 de mayo de 1882), fue un escritor, político, profesor y periodista colombiano.

[10] Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá es una de las advocaciones con que se venera a la Virgen María en el catolicismo. Es la patrona y reina de Colombia, de la ciudad de Maracaibo y del Estado Zulia en Venezuela, y de la ciudad de Caraz, en el Departamento de Ancash en Perú.

En Colombia la imagen descansa en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, a donde acuden miles de peregrinos no solo el día de su fiesta patronal el 9 de julio sino todos los domingos, cuando se celebran las misas y procesiones.

[11] La insurrección de los comuneros fue un levantamiento armado gestado en el Virreinato de la Nueva Granada en 1781. Este tuvo lugar en lo que hoy es el departamento de Santander, Colombia. La insurrección estuvo motivada por la necesidad de reclamar un mejor tratamiento económico, como la rebaja de los impuestos por parte de la corona Española.

[12] El Socorro, fundando en 1681, es un municipio del departamento de Santander. Está localizado a 121 kilómetros de Bucaramanga. El municipio tiene una gran influencia en la historia de Colombia y en la constitución de su Estado, pues allí se llevó a cabo una serie de hechos importantes en la lucha de la Independencia de Colombia, como la Insurrección de los Comuneros en 1781, contra la opresión del Imperio español, y la firma de la primera Acta de Independencia del país, fechada 10 días antes de la proclamada Acta de Independencia de Colombia en Santafé.

[13] San Juan Girón. (antes: Villa de los Caballeros de Girón, más conocida solo como Girón) es un municipio del departamento de Santander, que forma parte del área Metropolitana de Bucaramanga al noreste de Colombia. El municipio se conoce a nivel nacional por su infraestructura colonial. El municipio de Girón fue fundado en 1631. Por su arquitectura artesanal de la época colonial fue reconocido como Monumento Nacional en 1959, hecho que fue reglamentado en 1963.

[14] Geo Von Lengerke (Georg Ernst Heinrich Von Lengerke) (Dohnsen, Alemania, 31 de agosto de 1827 – Zapatoca, 4 de julio de 1882) fue un ingeniero, aventurero, colonizador y terrateniente alemán.

De vasta cultura, llegó a Colombia hacia 1852, huyendo de la justicia de su país natal que lo buscaba por haber dado muerte a un coterráneo suyo durante un duelo. Se instaló en el entonces Estado Soberano de Santander (Colombia), donde se dedicó a la explotación y comercio de la quina, a la construcción de caminos y a la colonización de tierras en el valle del río Magdalena, llegando a poseer más de 12.000 hectáreas.

[15] La Culebra Pico de Oro fue la más famosa de las sociedades democráticas del Estado Soberano de Santander. Fundada por artesanos en 1864, con el nombre de los Pico de Oro y por sus enemigos bautizada como La Culebra Pico de Oro (mote que parece deberse a Adolfo Harker, uno de sus principales contradictores); surgió como respuesta a las reformas políticas y económicas ocurridas en Colombia en la segunda mitad del siglo XIX. La organización buscaba mejores utilidades económicas para sus afiliados, quienes tenían interés en la conquista de preeminencias políticas al tiempo que atribuían con resentimiento social a los alemanes y a quienes estaban vinculados en empresas de comercio, el monopolio de la riqueza y la ostentación de una superioridad agresiva que en su concepto lesionaba la dignidad de su gremio.

[16] Esta lucha entre demócratas y comerciantes alemanes enfrentó a los dos bandos en las elecciones al Cabildo Municipal el 7 de septiembre de 1879.

[17] Puerto Wilches es un municipio del departamento de Santander, Colombia, forma parte de la provincia de Mares. Está situado a la margen derecha del río Magdalena, ver más información en el siguiente enlace electrónico http://es.wikipedia.org/wiki/Puerto_Wilches

[18] Ver texto en el siguiente enlace http://repositorio.uis.edu.co/jspui/bitstream/123456789/8843/2/122847.pdf

[19] Para una información más amplia de Bucaramanga hoy ver el siguiente enlace electrónico http://es.wikipedia.org/wiki/Bucaramanga

[20] Sobre la actual división urbana de Bucaramanga consultar el siguiente enlace electrónico http://www.bucaramanga.gov.co/

[21] Sobre el Área Metropolitana de Bucaramanga ver el siguiente enlace electrónico http://www.amb.gov.co/#

[22] Sobre la creación y el funcionamiento del Área Metropolitana de Bucaramanga ver el siguiente enlace electrónico http://www.amb.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&id=117&Itemid=1095

[23] Sobre las nuevas tendencias y lineamientos del ordenamiento territorial de Bucaramanga, el Área Metropolitana y el departamento de Santander, ver el documento publicado y ordenado por la gobernación de Santander denominado “Lineamientos y Directrices de Ordenamiento Territorial del Departamento de Santander” el cual puede ser consultado en el siguiente enlace electrónico http://www.santander.gov.co/index.php/gobernacion/documentacion/finish/359-lineamientos-y-directrices-del-ordenamiento-territorial/5969-lineamientos-y-directrices-de-ordenamiento-territorial-del-departamento-de-santander

[24] Sobre los principales indicadores de Bucaramanga ver el siguiente enlace electrónico file:///J:/BucaramangaIndicadores2.html

[25] Sobre el déficit de vivienda en Bucaramanga ver el siguiente enlace electrónico http://www.almamater.edu.co/sitio/Archivos/Documentos/Documentos/00000123.pdf

[26] Otra fuente para los problemas de vivienda en Bucaramanga se encuentra en el siguiente enlace electrónico http://www.revistaescala.com/attachments/348_3.%20POT%20Diagnostico.pdf

[27] Sobre los asentamientos precarios en Bucaramanga ver el siguiente enlace electrónico http://www.compite360.com/getattachment/5f7d874b-10cc-4d0f-b9cf-57db6f6437e3/Problematica-de-Precariedad-Urbana-en-Asentamiento;;.aspx

[28] Adriana Hidalgo Guerrero en su excelente texto Conjuntos cerrados de vivienda:  el caso de Pedro Gómez & cía. en Bogotá, Ver siguiente enlace electrónico    hace una oportuna aproximación al tema de los condominios en Colombia y  propone una reflexión  crítica a los enclaves cerrados residenciales que son ya muy comunes en Bucaramanga, como es el caso de Ruitoque,  entendidos como una característica de la  urbanización difusa, propia de la ciudad  postindustrial. La expansión del fenómeno  ha producido una urbe con gran cantidad  de espacios abiertos privatizados, manzanas  extensas, monótonas e inaccesibles, y una  profusión de avenidas e infraestructuras  especiales para el automóvil. En consecuencia,  el peatón se enfrenta a un entorno demasiado  extenso para ser recorrido a pie, carente de  espacios públicos de calidad y con abundantes barreras que dificultan el libre acceso a  distintos lugares.

A pesar de las disfuncionalidades ocasionadas por la urbanización “cerrada”, el gran mercado inmobiliario y ciertos altos estratos ciudadanos parecen  entusiasmarse con esta condición. El papel jugado  por las empresas promotoras y constructoras  en la “venta” de un modo o estilo de vida,  ha llevado al mercado a mostrar preferencia por este tipo de productos. Para describir la  situación se escogió a Pedro Gómez & Cía.,  una compañía pujante que ha edificado un  significativo número de metros cuadrados  en Colombia y es líder con los conjuntos  cerrados de vivienda exclusiva.

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