Breve aproximación histórica al comunismo gallego

Tres capítulos malogrados, más uno inconcluso

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El comunismo revolucionario gallego no se identifica conla lectura que las diversas escisiones del PCE, realizan sobre la fundación, hace ahora un siglo, del primer núcleo autodefinido sin complejos como comunista.

No está constatada presencia gallega entre las docenas de firmantes del manifiesto de ruptura con las Juventudes Socialistas/PSOE, y su transformación en la sección española de la III Internacional. Si en la fundación del efímero primer PCOE, 13 de abril de 1921.

Aunque desvertebrados, la memoria militante y la historiografía creen en la existencia de núcleos terceristas dispersos en diversas comarcas de Galiza, ya en los años inmediatos a la victoria bolchevique. No obstante, hasta abril de 1923 no tiene lugar el congreso constituyente de lo que se llamó Federación Comunista de Galiza, en la realidad la sucursal “regional” del PCE.

No negamos la trascendencia y significado histórico, del acuerdo ratificado el 15 de abril de 1920 en la Casa del Pueblo de Madrid. La génesis del Partido Comunista Español [no se denominó de España hasta el congreso de unificación en noviembre de 1921] fue determinante para el posterior proceso de recomposición, orientación y ofensiva clasista del movimiento obrero.

Mas lamentablemente nació contaminado, mutilado por la concepción centralista/españolista de su núcleo promotor, incapaz de incorporar en su cosmovisión y programa político, el derecho de autodeterminación, y portanto de auto-organización obrera en el específico cuadro nacional de lucha.

Hipotecados y deudores de las esterilizadas tradiciones políticas del liberalismo burgués, que empapó desde su nacimiento al primigenio movimiento obrero, carecieron de la osadía para incorporar a su corpus teórico-práctico, las lecciones de la Revolución Bolchevique y las aportaciones de Lenin.

Así como logró corregir los desafortunados diagnósticos iniciales sobre el rol del proletariado rural, del campesinado pobre y de los pequeños propietarios agrícolas gallegos, como parte inherente del sujeto revolucionario, las erróneas indicaciones de los asesores de la III Internacional, tampoco contribuyeron a extirpar el virus jacobinista instalado en el cerne del partido de los “cien niños”.

Primera tentativa frustrada en articular el comunismo gallego

La acta fundacional del comunismo gallego es difusa. Carecemos de una fecha definida, de un lugar concreto, de un acta de constitución precisa.

Podemos sintetizar en tres, los grandes capítulos del inacabado proceso de constitución de un partido comunista gallego.

El traumático final del efímero período frentepopulista, imposibilitó el desarrollo del proceso de cristalización del partido comunista nacional gallego, que se venía larvando en la Galiza meridional centro-oriental.

A partir de 1933/34 comienza a tomar cuerpo la idea de edificar un destacamento obrero y campesino con el centro de gravedad en Galiza. La intensidad que adoptó la agudización de la lucha de clases en los centros fabriles, y en la hegemónica Galiza campesina, unido a las reivindicaciones en favor del Estatuto de Autonomía, siempre sometidas a las inevitables leyes de la dialéctica, permitió y facilitó “descubrir” la tangibilidad del marco nacional secularmente negado.

El líder obrero y dirigente de la sucursal autóctona, José Silva, siguiendo el rastro de los vientos favorables emanados de las tesis oficiales del VI Congreso de la Komintern [Moscú, verano de 1928]-posteriormente debatidos y ratificados en el IV Congreso del PCE [Sevilla, marzo de 1932]-,escribía en el mismo mes y año, en la revista teórica “Bolchevismo”, un texto de gran valor histórico. En “La revolución y el movimiento nacionalista”, el cantero compostelano manifestaba que no podemos ignorar el problema de las nacionalidades oprimidas y el papel que juega la lucha de estas minorías nacionales por su independencia en el desarrollo de la revolución. […] De ahí que los intereses del movimiento revolucionario de la clase obrera estén ligados estrechamente al de las nacionalidades y colonias por su liberación.[…] Solamente tomando posición del lado de las minorías nacionales que luchan por su independencia, apoyándolas contra el Estado imperialista, hacemos labor revolucionaria y trabajamos por la unificación de los trabajadores”.

 Fue la irrepetible y excepcional segunda generación de marxistas-leninistas ourensanos, comandados por Benigno Álvarez -el carismático veterinario de Maceda-, acrisolada como un fabuloso cerebro colectivo, quien sentó las bases de la constitución de lo que habría sido el PCG si la bestia fascista no hubiese vencido en el verano de 1936. Manuel Gómez del Valle, Ramón Lafuente Rodríguez, Luis Soto, Enriqueta Iglesias, Antonio Fernández Carnicero, Eduardo Villot Canal, Francisco Gayoso Frias, José Villar Lafuente, son algunos de los nombres de los bolcheviques que habían evaluado correctamente la dimensión política de la lengua y cultura hegemónica en el seno del pueblo trabajador.

Segunda tentativa

Las indelebles huelgas proletarias de marzo y septiembre de 1972, en Ferrol y Vigo respectivamente, que sacuden las profundidades de los fundamentos del relativo confort alcanzado por el franquismo, no solamente provocan la segunda gran erupción de la clase obrera, como sujeto potencialmente revolucionario en la Galiza contemporánea. Configuran el segundo malogrado capítulo de la construcción del comunismo gallego.

En esta ocasión fue la juventud obrera del sur-occidente del país, en ruptura con el ya por aquel entonces desacreditado PCE, quien promueve esta nueva tentativa fundacional.

Moncho Reboiras destaca como el líder natural de esta valiosa generación que reactiva el cómodo estado semiletárgico que definía a la UPGen aquella altura. A pesar de que esta fuerza política ya había sido fundada en dos actos en 1963/1964, no actuaba como partido comunista, más bien como organización patriótica gallega defensora del derecho de autodeterminación, influida por el discurso tercermundista, y centrada en las reivindicaciones de índole cultural.

Aunque en sus buenas intenciones optan por dotarla de una línea genuinamente obrera, siguiendo el barniz maoísta de moda imperante en aquel momento, son incapaces de superar el discurso dimitroviano del interclasismo nacional-popular y de la estrategia anticolonial.

Sin embargo, si la dotan de una acción teórico-práctica combativa, combinando dialécticamente el trabajo de masas con el de vanguardia, adaptado a las limitaciones inherentes al marco de la clandestinidad, impuesto por las singulares características de la dominación capitalista española de entonces, de la restauración de la brutal dictadura burguesa resultado del triunfo fascista de 1936.

En esta ocasión si contamos con documentos y textos que confirman la voluntad de construir un partido comunista nacional gallego. Pues, más allá de las declaraciones, entrevistas y registros del libro biográfico de Luis Soto, aún no se ha encontrado suficiente documentación que constate el nivel de madurez, determinación, correlación de fuerzas y desarrollo de esta línea patriótica, de indiscutible manufactura  leninista, que se estaba fraguando cuatro décadas antes en la sede de la calle Reina Victoria de Ourense.

La caída en combate de José Ramón Reboiras Noia en agosto de 1975, quiebra y altera la concepción y estrategia rupturista del núcleo dirigente. En el posterior intenso debate interno de líneas, entre turbulencias que desangran al capital militante acumulado, vence el lobby liquidacionista de profesores. La misma casta pequeño-burguesa que la dirige en la actualidad.

Cuatro décadas de debates, más de formas que de contenidos, entre escisiones, abandonos y rupturas con cadencia de diez años [PGP, PCLN/FPG, MPB],transformó el sueño de una UPG marxista e independentista que honestamente defendía Luís Soto, en un inofensivo partido socialdemócrata nacional-autonomista, configurado por la mayor concentración por m² de apparatchik y funcionariado burocrático de toda Europa Occidental.

El fracaso en construir un genuino partido comunista gallego, cuarenta años después del inicio del holocausto gallego, deriva principalmente de la composición pequeño-burguesa de la mayoría de sus cuadros, y portanto, del discurso identitario  y etnicista que prevalece sobre el de clase en la práctica totalidad del movimiento de afirmación nacional gallego, tanto el de tinte autonomista/nacionalista, como el claramente independentista.

Si en el período de la Segunda República española fueronlas enormes resistencias internas, e incomprensiones derivadas de profundas limitaciones teóricas, quienes frustraronen el seno del PCE, aplicar la línea leninista defensora de la auto-organización obrera en los específicos marcos nacionales de lucha, más la independencia de clase y el internacionalismo proletario, con la inédita excepción de la fundación del PSUC en julio de 1936, en este segundo capítulo, fue al revés.

El nacionalismo estrecho centrado en la obsesiva defensa “de los sectores productivos”, de la búsqueda de “peso en Madrid”, la vocación institucional y el fetichismo electoralista, desconsidera  las condiciones materiales del pueblo trabajador y empobrecido, y portanto, sus prioridades y más sentidas aspiraciones.

Tercera tentativa

En el ojo del huracán político-ideológico derivado de la implosión de la URSS, y posterior contraofensiva devastadora del imperialismo que aún padecemos, tiene lugar la original configuración del primer partido comunista fundado en Europa después de haber sido arriada la bandera de la hoz y el martillo del Kremlin.

La fundación de Primeira Linha [MLN] en la primavera de 1996, procuraba combinar de forma creativa, la dialéctica a la ecuación clase/nación en el seno de las fuerzas que se reclamaban marxistas. El nuevo comunismo revolucionario gallego se edifica en base a la tesis central de que, en una formación social que padece la opresión nacional, la lucha de clases adopta la forma de lucha de liberación nacional. La lucha por una Patria Socialista debe estar dirigida por la clase trabajadora. La emancipación de más de la mitad de la fuerza de trabajo conforma la otra tarea prioritaria interligada a las otras dos. La Revolución Gallega debe ser pues, una revolución socialista de liberación nacional y antipatriarcal, descartando la errónea concepción de revolución etapista y progresiva, promovida por las variantes socialdemócratas de fachada “socialista”.

A pesar de nacer confrontada con las limitaciones congénitas del soberanismo de izquierda, al margen del  esencialismo independentista anticomunista de vocación satelital del partido de la espiral, del dimitrovismo contemplativo de la época, la inexperiencia del material humano que se embarcó en la configuración del “Comunismo gallego del siglo XXI”, derivada de su juventud, aunque logró avances teórico-prácticos de envergadura, esenciales para edificar un genuino Partido Comunista Gallego Revolucionario, tampoco consiguió sus objetivos.

Las adversas condiciones subjetivas y objetivas de dos décadas de intensa actividad, condicionaron y posteriormente imposibilitaron su consolidación como embrión del partido comunista gallego.

Las naturales contradicciones endógenas que genera toda iniciativa colectiva, pero básicamente las insertadas artificialmente, la tardía e insuficiente introducción en el seno de la clase obrera, la deriva neopiñeirista reintegracionista, el poco coraje y determinación por construir un proyecto político claramente autónomo,y una política de alianzas que hipotecó y atrasó su desarrollo organizativo, son algunas de las principales causas que provocaron  su crisis interna en la primavera de 2015.

Por las inercias heredadas y las resistencias internas, fue incapaz de tejer una política de alianzas amplia en base a programas avanzados, estando permanentemente condicionada por las unidades estrechas con proyectos de mínimos.

La implosión provocó una regresión de décadas en la acumulación de fuerzas organizativas, experiencias militantes, estilos de trabajo, combinación dialéctica de métodos de lucha, y básicamente, de la más perfeccionada elaboración teórico-práctica marxista-leninista de la historia del comunismo gallego.

Nuevo capítulo

Actualmente, seguimos embarcados en la construcción del partido comunista combatiente, patriótico y revolucionario gallego. Debilitados, pero con mayor experiencia que cuando en aquel 1º de Mayo de 1996, participamos en el congreso fundacional de Primeira Linha.

Ni somos los únicos, ni tampoco los más numerosos y nutridos destacamentos que afirman ser embrión del necesario PCG, antítesis del esperpento sucursalista promovido en 1968 por la camarilla encabezada por Santiago Álvarez, quéa día de hoy, aún usurpa la sigla.

Mas frente a la degeneración eurocomunista que en la actualidad cogobierna la España postfranquista, el objetivo que perseguimos debe alejarse de toda tentación de reproducir los errores tácticos y básicamente los estratégicos, de la larga trayectoria del comunismo gallego.

Sintetizar el mejor de los insumos de Benigno Álvarez, Luis Soto y Moncho Reboiras, forma parte del desafío visado para la toma del poder.

El antídoto frente a la degeneración oportunista del “carrillismo”, no es seguir instalados en la fascinación nostálgica del capitalismo de estado soviético, ni lo vamosa encontrar en el reformismo claudicante de los múltiples grupos que se reivindican seguidores de Trotski, tampoco en las diversas expresiones del folclore maoísta. Y aún menos podemos esperarlo de la socialdemocracia de fachada socialista. Más de cien años de constantes traiciones a la lucha de clases así lo constatan.

Nada de esto sirve para la inmensa y urgente tarea de dotar al proletariado y al conjunto del pueblo trabajador y empobrecido de Galiza, de una eficaz herramienta de combate para las necesidades históricas del presente, en la fase de profunda crisis del capitalismo crepuscular, acelerada por la pandemia del coronavirus.

Sin dotarse del instrumento organizativo, del cerebro colectivo, del destacamento de vanguardia representado en la vigencia y actualidad del modelo leninista de partido comunista, nuestra clase seguirá instalada en la triple derrota estratégica padecida en 1936, 1977 y 1991.

Los objetivos son tumbar el régimen postfranquista, recuperar la independencia y soberanía nacional conculcadas por el Estado español y la UE, organizar la Revolución Socialista para edificar la República Obrera. No reformar, “humanizar”, ni remendar el capitalismo.

Y para lograrlo debemos seguir centrando considerables energías en la lucha de ideas, continuar elaborando la alternativa que aglutine los diversos colores de la rebeldía bajo la centralidad de la lucha de clases, coordinando los combates parciales frente a la disgregacióny amorfismos postmodernos. La clase obrera es el único sujeto potencialmente revolucionario con capacidad de convocatoria, coordinacióny dirección de las múltiples rebeldías.

Mas sin depurar al marxismo de la adulteración socialdemócrata de la izquierdita electoral, de las torres de marfil académicas, sin restaurar  su contenido profundamente subversivo, sin recuperar sus principios fundacionales, seguiremos ineluctablemente condenados al naufragio, a seguir instalados en el residualismo o ,en el mejor de los casos, en la marginalidad.

Entre enormes tempestades seguimos implicados en la construcción del necesario partido comunista patriótico e internacionalista gallego, siempre guiados e inspirados por Marx, Lenin y el Che, participando y promoviendo espacios internacionalistas.

No nos resignamos porque nuestra lucha es para venceren esta vida, en esta tierra y en este tiempo.

¡Independencia y Patria Socialista!
¡Comunismo o caos!

Galiza, 17 de abril de 2020

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