Publicado en: 22 junio, 2018

Breve análisis del surgimiento y consolidación de la Burguesía norteña (1890-1945) [Nuevo León, México]

Por Red Antihistoria

El presente análisis está basado en el libro:

“Nuevo León en el siglo XX. La transición al mundo moderno: del reyismo a la reconstrucción (1835-1939)”, particularmente utilizando los textos:

Factores que propiciaron la industrialización de Monterrey (1890-1910), de Isidro Vizcaya
Revolució

Por: Alonso Aguirre

Introducción

El presente análisis está basado en el libro:

“Nuevo León en el siglo XX. La transición al mundo moderno: del reyismo a la reconstrucción (1835-1939)”, particularmente utilizando los textos:

  • Factores que propiciaron la industrialización de Monterrey (1890-1910), de Isidro Vizcaya
  • Revolución, reconstrucción económica y empresariado en Monterrey, de Mario Cerutti
  • La élite regiomontana y el estado mexicano. Una época crucial, 1929-1931, de Alex Saragoza
  • La confrontación. La élite regiomontana y el cardenismo. 1934-1940

Su función es ser parte del proceso de estudio de la confrontación entre clases hoy en día, comprendiendo como y de qué manera surge, y principalmente, como se consolida la burguesía del noreste del país, actualmente casi con seguridad el segundo bloque político/económico del país, seguido del bloque empresarial de la capital del país.

El presente análisis se divide en etapas históricas, para poder ahondar mejor en el tema.

Antecedentes

Nuevo León se ubica en la parte noreste de México, colindando al norte con EU, al este con Tamaulipas, al oeste con Coahuila y al sur con San Luis Potosí. Esta configuración geográfica de entidades federativas –definición política- surge durante la década de 1840, con la separación de Texas (1836) y su posterior anexión y pérdida de la mitad del territorio mexicano a manos de EU.

Anteriormente a estos sucesos y a la guerra de independencia contra la monarquía Española, Nuevo León formó –la mayor parte de su tiempo desde su fundación- una sola entidad política en conjunto con Texas, Tamaulipas y Coahuila.

La separación de Texas va a marcar poderosamente a la entidad, y su actual capital Monterrey, toda vez que implicó para los hacendados[1] norteños, por un lado, perder el poco poder político que tenían, al quedar relegados por la urbe centrada en sus propias pugnas internas entre las facciones conservadoras y liberales de la primera mitad del siglo XIX.

Para las débiles elites norestenses la separación de Texas trajo la perdida de relación comercial con los centros económicos texanos, el consiguiente desmembramiento del noreste y su división en las actuales entidades federativas trajo aún mayores dificultades para el comercio y la política, de tal forma, que no es de sorprender, que la incipiente burguesía local va a jugar un papel de oposición al centro político nacional, y participar en episodios tales como su poca resistencia a la intervención de EU, su adaptación durante 3 años como eje estratégico de los EU durante la intervención, el intento de Santiago Vidaurri por aprender a Juárez a traición, y su posterior apoyo político y militar a la invasión francesa.

Estas actitudes son parte fundamental de la conformación de la burguesía norestense como clase, no sólo en su ascenso económico, sino en su raigambre ideológica[2], lo que va a repercutir en el futuro en su relación con el estado mexicano.

A pesar del sombrío panorama que se vivía en el noreste, la guerra civil norteamericana (1861-1865) permite posicionar a Monterrey como paso de mercancías y de comercio hacia Texas y los estados confederados, el comercio de armas, algodón, ganado, semillas, etc., logra generar en los comerciantes regios un excedente que va a servir en décadas siguientes para potencializar el desarrollo de industrias enfocadas en generar materias primas.

En 1890 convergen diversas causas internas y externas que se concatenan entre sí y son el origen del surgimiento definitivo de la burguesía norestense como subgrupo de clase con características específicas:

-Proteccionismo económico de EU como medida para impulsar la reconstrucción del país[3], sobre todo en la producción del metal[4] utilizada mayoritariamente en principio para el tendido de vías férreas

-Consolidación porfirista –“menos política más administración”- como consolidación de un régimen liberal, que cedió al capital privado lo controlado anteriormente por la iglesia, y permitió grandes exenciones fiscales

-Llegada de capitales extranjeros.

-Exenciones fiscales a la industria en las leyes de 1888,1889 y 1890 –Isaac Garza y Bernardo Reyes-

-los capitales comerciales de la región acumulados por su posición favorable en la intervención de EU, en la guerra civil de EU y en la intervención francesa a México.

-la cercanía y anterior relación comercial con EU, particularmente con Texas.

-existencia de un artesanado hábil, y con el creciente acaparamiento de las tierras rurales, un número cada vez mayor y creciente de campesinos sin tierra forzados a marchar a la ciudad y engrosar a la naciente clase obrera.

Expansión industrial (1890-1912)

Los años de 1890 a 1912 van a ser la época dorada de la burguesía regiomontana. El creciente aumento de los precios del metal, los rápidos avances técnicos en su producción y transformación, posibilitan que las industrias enfocadas en transformar materias primas crezcan como nunca lo habían hecho en el país.

El surgimiento de los puertos de Matamoros, Tampico y Galveston permiten al capital local no solo recuperar en breve tiempo sus inversiones, sino en unos cuantos años aumentar las inversiones, transformando las pequeñas fundiciones, acererías, etc., en grandes conglomerados industriales. El caso más paradigmático de esto será Fundidora de Fierro y Acero.

No sólo la industria metalúrgica será beneficiada, sino que la importancia de Monterrey como centro clave de la producción industrial y de la logística ferroviaria posibilitará e incentivará a los capitales locales y extranjeros a abrir nuevas plantas productivas de diversos productos, algunos ya terminados y listos para su uso diario. Destacan aquí Cementos Hidalgo, Cervecería Cuauhtémoc, Jabones La reinera, Industria vidriera, etc.

Durante este par de décadas, la política realizada por los capitalistas regios se limitaba en gran medida a promover favores fiscales, derechos de aguas y tierras, más no existió un involucramiento político real tras la imposición de Bernardo Reyes y la salida de Isaac Garza –el cual si fue favorecido, y su familia, por sus gestiones como gobernante-, más bien, en este período, la extrema liberalización económica del estado mexicano, la política pública de expandir rápidamente las vías férreas, la mano dura de Reyes en Nuevo León, de los Creel en Coahuila y de los Terrazas en Chihuahua, como parte de una sola política de estado centralizada en la dictadura de Porfirio Díaz, confluyeron para que la burguesía norteña considerara superflua esta participación, salvo excepciones contadas.

Esto va a explicar el porqué de la ausencia de políticos norestenses en la revolución mexicana, aún y cuando esta región fue campo de operaciones de diferentes grupos armados; y los mismos argumentos aplican para la clase obrera, toda vez que esta se encontraba en un rápido proceso formativo en el cual convergían tres sectores que van a formar a la misma:

-artesanado local experimentado: surgido del desarrollo productivo continuo desde el período de las haciendas en la época colonial[5], y nutrido con la compartimentación de conocimientos con los técnicos e ingenieros americanos y franceses que se quedaron en el noreste tras las sendas intervenciones.[6]

-migración del campo a la ciudad: las capitales económicas del noreste van a ser, junto con la capital y Guadalajara, las metrópolis que atraigan al campesino sin tierras a la ciudad. La llegada de miles de campesinos acostumbrados al trabajo duro y los bajos salarios van a ser una fuente inacabable de recursos humanos.

-importación de obreros calificados y técnicos extranjeros: la industrialización va a obligar a los capitalistas a contratar mano de obra experimentada. Esta va a llegar de países europeos, particularmente Austria y Alemania[7], así como de EU. Con esto se van a generar diversos factores, como una primigenia división entre el trabajo calificado y no calificado en la industria, el ofrecimiento de condiciones de trabajo “mejores” para los obreros calificados[8]

Para la conformación de la clase obrera la convergencia de estos tres sectores va a impedir en lo inmediato la conformación de una conciencia como clase explotada. Las primeras organizaciones obreras, como el Gran Círculo de Obreros de Nuevo León son de hecho asociaciones mutualistas con participación de artesanos, pequeños comerciantes y tenderos, así como únicamente de obreros calificados; y sus tareas consistían en cajas de ahorros, ayudas en enfermedades y actividades culturales.

Este retraso en el surgimiento y desarrollo de la conciencia de clase también se debe al rápido crecimiento de la proletarización. En un par de décadas la población obrera paso de ser un par de miles a decenas, y a volverse la población mayoritaria de la entidad. De tal forma, en la medida en que fue mayor la demanda de los capitalistas y menor la necesidad del emigrado del campo a la ciudad por colocarse en el mercado laboral, las diferencias entre los intereses de clase se vieron relegados por el interés de los capitalistas por aumentar la producción en base a aumentar la base laboral, aun cuando esto implicara mejorar las condiciones laborales de los obreros.

Esto va a contrastar por un lado con el sector extractivo y agrícola extensivo del país, el cual con la llegada de la revolución industrial, había aumentado la competencia y la producción, aumentando también la explotación laboral y reduciendo sueldos y prestaciones (sobre todo la minería en el noroeste, pero también los campos de henequén en Yucatán); y también contrasta por otro lado con el sector industrial del centro del país, donde la abundancia de la mano de obra, la falta de higiene en los grandes asentamientos proletarios, etc., contribuyeron desde la década de 1870 al surgimiento de sociedades obreras precursoras de los sindicatos, en las que rápidamente se desarrolló la conciencia social, y que llevaron a cabo importantes movimientos huelguísticos y revueltas durante todo el período del porfiriano, sobre todo en la ciudad de México, en el actual estado de México,  Morelos, Puebla, etc.

Período Revolucionario

A partir de mediados de 1912 las vías férreas del país se utilizan casi exclusivamente para la movilización de pertrechos y tropas. Muchas secciones se encuentran cortadas y esto impide la circulación de las mercancías, y por ende de la ganancia. Este período es considerado por los expertos estudiados como una dura prueba para la burguesía del noreste.

Políticamente la burguesía local no está inmiscuida en lo que es para 1913 en delante, un conflicto casi estrictamente intra clases[9], y por esto se va a beneficiar de los reacomodos políticos en Coahuila y Chihuahua, permitiendo que aún con el conflicto armado, en algunos ramos, la producción se desacelere pero sin parar, o que aun cerrando, el capital pueda subsistir de la venta de remanentes.

Esta producción limitada, con el cierre del comercio al interior del país, dirigió casi todas sus baterías a la exportación a EU, y en menor medida a Europa a través de Tampico, puerto tamaulipeco que vivió un auge durante la revolución, particularmente con las intervenciones por parte de tropas americanas del puerto de Veracruz.

Esta situación permitió aún más la integración económica entre Texas y Nuevo León, y lo que en un principio fue una necesidad con poca ganancia para la burguesía regia, se convirtió con la incursión de EU a la primera guerra mundial en una gran oportunidad comercial, lo que permitió que para 1916 hubiera ya, de nueva cuenta, producción industrial contínua en Nuevo León y permitió que continuara la acumulación de capital.

Es decir, a diferencia de otras regiones económicas de la república, en el noreste no sólo no fue terminada la producción industrial, sino que ésta tenía su propia agenda y lógica comercial para finales de la segunda década del siglo XX. Este factor va a ser de central importancia para la conformación de la burguesía y su derrotero político en el noreste a lo largo de todo el siglo XX, pues implica una ventaja no sólo frente a otros grupos económicos del país, sino también frente al “gobierno revolucionario” emanado del conflicto armado y gobernante todo el resto del siglo XX.

Para la clase obrera sin duda, esta fue una etapa de reacomodo, de adaptación a una situación mucho más complicada, y que le permitió ir ganando para sí de manera gradual una conciencia propia. De esta época se tienen los primeros registros de movimientos huelguísticos y sindicales.

La Reconstrucción

Bajo el nombre de reconstrucción, se denomina al período trascurrido entre el término del conflicto armado y la conclusión del período Callista (1924-1928). En este momento específico, los industriales de Nuevo León de nueva cuenta aprovecharon la relación estratégica con EU, particularmente Texas, para reactivar la producción, al tiempo que la reactivación del mercado interno favoreció el pronto incremento de las fuerzas productivas.

Esto se vio reflejado también en el surgimiento de nuevas empresas en la entidad y que el noreste se convirtiera de nueva cuenta en un polo productivo para el país.

El “gobierno revolucionario”, preocupado por los últimos bandazos del conflicto armado y por el creciente descontento obrero en la capital del país y estados del centro de la república, favoreció a la burguesía local “olvidándose” de ella, permitiéndole guiar y resolver sus problemas a su modo y permitiendo que esta ubicara en el gobierno estatal a gente cercana a ella.

De tal forma adelantándose al conflicto generalizado en otras partes del país entre obreros y patrones, la burguesía regia optó desde la entrada en vigor de las leyes laborales promulgadas en la nueva constitución por aplicar a su modo las leyes y reglamentos, instaurando desde esos años el hoy celebre “sindicalismo blanco” al servicio de los patrones.

En este mismo sentido y con el surgimiento posterior de las Juntas de Conciliación y Arbitraje, y con la negociación colectiva de los salarios y condiciones de trabajo, la burguesía local comenzó una serie de movilizaciones y presiones a fin de eximirse de este control y de la necesidad de verse obligados a discutir con los propios trabajadores.

A este último factor se uniría después el común reconocimiento de los capitalistas locales de su trayectoria continua durante 40 y hasta 70 años como parte de un incipiente y pequeño grupo al principio y en el fin de la década de los veintes como un gran grupo económico y político de peso.

Este reconocimiento sumado a la emergencia de nuevos capitales ligados al gobierno central que hacían competencia a los capitales locales, va a desembocar en 1929 en la creación de la COPARMEX como herramienta de clase de la burguesía para consolidad sus intereses frente al poder centralizado y sus capitales aliados, así como frente al proletariado y sus intentos de organización industrial.

Este reconocimiento de sus intereses comunes como clase, y de su disposición a la unidad clasista, se forja en la afirmación de las redes familiares a través de los matrimonios consensuados entre familias como alianzas comerciales estratégicas, y se manifiesta también en la capacidad para negociar a diversos niveles de manera compacta con el régimen, y al mismo tiempo, a fortalecer los lazos comerciales con el sur de Texas e identificar plenamente la importancia que ha tenido y tendrá esta relación comercial.

De este período se tienen las primeras luchas gremiales en el estado por defender y aumentar los derechos de los trabajadores, y es también cuando llegan de forma sistemática las ideas revolucionarias en grupos propiamente socialistas y anarquistas.

En la zona del noreste, tendrán mayor influencia en Tampico, donde la constante presencia de marineros y obreros de muy diversos países del mundo pronto influye en la creación de los sindicatos de estibadores y alijadores, trabajadores petroleros y marineros mercantes.

Crisis económica y política

Entre 1929 y 1931, la burguesía regia se consolidó en el país como el grupo duro de la clase capitalista. A través de los organismos patronales, de la prensa ligada a sus intereses o de su propiedad, y de los grupos de acción, la burguesía regia, que dio pie al llamado Grupo Monterrey, con Cervecería y Vidriera a la cabeza.

La discusión de la legislación laboral llevó a las elites regiomontanas a una áspera confrontación con el estado mexicano que comenzó en contra de Emilio Portes Gil, siguió contra Pascual Ortiz Rubio y se extendió hasta la salida de Cárdenas.

Esta confrontación por el poder político de facto entre los capitalistas y el “gobierno revolucionario”, poco tuvo que ver en sí con las reivindicaciones de los obreros, y si con el corporativismo detrás de la instauración de las Juntas de Conciliación y Arbitraje –que tenían por practica resolver a favor de la recién creada CTM- y el poder para mandar sobre la fuerza laboral.

Esta confrontación llevó al gobierno a promover descaradamente la influencia de la CTM en Nuevo León, otorgando laudos a su favor, robando gobernaturas y alcaldías, organizando manifestaciones, etc

Por otra parte, llevó a la clase patronal a radicalizar sus posturas, lo cual es preciso señalar que también era propio de la época. Dentro de esta radicalización, se comienza a dar una intensa formación de cuadros y organizaciones como arietes de la patronal en su lucha contra el estado, y de paso contra los propios trabajadores.

Acción Cívica, “Camisas doradas”, etc., fueron grupos de la patronal que, fuera a través de la propaganda o de la acción violenta, llevaban adelante su plan para golpear al gobierno y a las organizaciones de trabajadores, así como hacer propaganda en general contra el comunismo y defender a los sindicatos blancos.

Estos grupos desarrollaron muy diversos métodos, y sin duda muestran la capacidad y tenacidad de los empresarios para defender sus intereses como clase. Espías, golpeadores, escuchas, redes, etc., fueron métodos utilizados por la patronal durante este período.

En tanto la burguesía se sumaba a esta lucha, los años 30´s permitieron a la patronal aprovechar el estancamiento económico europeo y adentrarse en el mercado de las exportaciones. En este sentido, el conflicto contra el estado debe entenderse más como una avanzada de la burguesía que como una defensa frente a la crisis del 29.

Esta década será crucial para la formación ideológica de la burguesía, toda vez que comprendió en los hechos la necesidad de dotarse de un instrumento político que defendiera sus intereses inmediatos e históricos como clase, o al menos, como subgrupo de clase específico de la región económica, no DF, más importante del país.

Producto de esto, y como parte de la formación de cuadros señalada anteriormente, surgirá más adelante Acción Nacional, que aglutinara grupos anticomunistas, grupos pro autonomía universitaria[10], sinarquistas y agrupaciones patronales, y en Monterrey surgirá también una cantera de formación tecnológica y con menor perfil social, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, que no sólo proveerá de ingenieros y técnicos calificados, sino que será contrapeso a la idea de la educación socialista de Cárdenas y dotará de un corpus ideológico coherente y unificado a las futuras generaciones de burgueses, de mandos medios e incluso de técnicos en el Estado.

Sobre el surgimiento y consolidación de la burguesía

A lo largo del periodo analizado, existen diversos ejes y factores a tomar en cuenta para hacer un análisis de la burguesía local. Su insistencia –y su arrogancia- son sus características por excelencia, y de esta el entramada ideológico del “neoleones trabajador”, la cultura del esfuerzo, y otras alegorías discursivas muy impregnadas en el imaginario colectivo actual.

La siempre presente relación con EU es un punto central que explica su desarrollo dependiente de esta economía, y muestra una serie de lazos de decenas de años entre capitales, procesos productivos e incluso entre manifestaciones culturales en la burguesía, pero también manifiestas en ocasiones en el proletariado, y que deben de tomarse en cuenta.

En un sentido más amplio, la delimitación de norestense aplica muy correctamente a la caracterización del subgrupo de clase analizado. Este esquema puede aplicarse en términos generales en todo Coahuila y Tamaulipas por igual para este periodo.

Profundizando este arista, es importante comprender que el capital y su evolución obedecen a leyes muchas veces por encima de las propias leyes políticas, y que la articulación de una zona comercial, o de varias como eje, puede trascender los límites de las entidades federativas, y, como en este caso en particular, los propios límites de los estados naciones.

Esto nos lleva a comprender que existen más puntos en común en las formas comerciales, industriales y laborales entre norestense y noroestenses que con el resto del país, que existe más similitud entre norestentes y texanos que, seguramente entre norestenses y la gente del sureste del país. La lógica capitalista genera estas condiciones particulares que a su vez son causa y efecto simultaneo de otras lógicas tan importantes como las culturales, etc.

La vocación monopolista del capital, se intensifica, o más bien, encontró camino libre a lo largo del siglo XIX y XX en Nuevo León para el surgimiento y desarrollo de sectores que han monopolizado y monopolizan sus respectivos sectores productivos. Y aun cuando no todas las empresas analizadas están presentes hoy en día, esto no desdice tal vocación, sino sólo que hubo otras que tuvieron mayor fuerza en tal impulso a acabar con la competencia y ganar el mercado.

Tesis de las enseñanzas del surgimiento y consolidación de la burguesía para la lucha de clases del siglo XXI en el noreste hasta nuestros días:

1.- Comprender la circulación del capital y los intereses de la burguesía local, es el primer paso para saber cuándo, en que parte y como atacarla. Es comprender su fuerza y su debilidad.

2.- Comprender la lógica de integración regional del capital nos debe de marcar cual es nuestro terreno de lucha. Sino aspiramos a conocer y dominar formal o informalmente este terreno no podremos aspirar a ganar en una confrontación.

3.- Comprender y valorar la dependencia de la burguesía local al centro capitalista (EU) y su relación con la lucha de clases es central para el correcto análisis del enemigo.

4.- Comprender el origen de la clase obrera neoleonesa es preciso para entender las inercias culturales que se arrastran desde hace 130 años, y ubicar las motivaciones profundas del proletariado local. En tanto estas no se encuentran, se edifica sin cimientos, puesto que se apela a algo futuro e incierto, en lugar de explotar un sentimiento algo cierto.

5.- Comprender que en la defensa de sus intereses la burguesía recorre a cualquier método, y tener en cuenta esto para evitar recibir el primer golpe en una contienda.

6.- Comprender que su profunda solidaridad de clase se ha logrado a través de las alianzas familiares, y que su fortaleza reside por unir sus intereses en un espacio cerrado y perfectamente conocido. Que la solidaridad de clase y la organización proletaria deben de recuperar esta enseñanza para sí.

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[1] Hay que tener presentes que la hacienda, junto con el Real minero, y las tierras de la iglesia utilizadas por los campesinos para la labranza de la tierra y el pago de los diezmos, fueron las principales formas de producción durante el virreinato. Época que comprendió entre el sistema despótico oriental-esclavista precolombino y el triunfo del liberalismo tras las leyes de reforma y la victoria sobe el imperialismo francés. Época en la cual no existe –tesis mía- un sistema económico propio, sino más bien una paulatina transición entre despotismo y modernidad capitalista, sin los rasgos particulares del feudalismo (como la atomización del poder político). Todas estas definiciones están pendientes para futuros estudios.

[2] Es curioso y propio de estudiar que fue la incipiente burguesía norestense, con Vidaurri a la cabeza, la que se opuso a Juárez, todavía en su papel de terratenientes y comerciantes rurales, y sin embargo una de las principales beneficiarias de la aplicación en el porfiriato de las leyes de reforma y la introducción de la modernidad capitalista y las leyes que facilitaron el monopolio en el país.

[3] Aquí hay que recordar que la guerra civil norteamericana fue sobre todo el choque entre dos modelos productivos que ocupaban un mismo territorio para sobrevivir. Por un lado el esclavismo sureño basado en el extractivismo y las plantaciones, con poco o nulo nivel de trasformación de las materias primas, y por el otro lado, el norte burgués e industrial que ocupaba proletarizar a los mismos esclavos para desarrollar un esquema económico basado en la gran producción sostenida en nuevas técnicas, implementadas hasta ese momento sólo en pequeña escala.

[4] Aquí comienza la época de consolidación a nivel mundial del gran capital. La era dorada de la acumulación capitalista a través del globo con el consiguiente saqueo de los recursos naturales y materias primas de los países semicolonizados. Y justamente aquí enlaza la relación comercial entre los capitales del noreste del país y su relación con los crecientes carteles y trusts del este norteamericano.

[5] A diferencia del resto del país, las fuentes productivas y los propios productores no fueron víctimas de las constantes guerras internas del siglo XIX –salvo incursiones apaches- de tal forma que materia prima, maquinaria, herramientas y conocimientos pudieron heredarse y mejorarse lenta pero paulatinamente con el transcurso de los años.

[6] Sobre estas situaciones existen mil y un historias regionales, que explican el uso de diferentes técnicas productivas y artesanales en muy diversos ramos derivadas de tropas francesas perdidas en la sierra madre oriental, de esclavos americanos convertidos en herreros y carpinteros, de panaderos europeos, etc y que forman parte del folclor local y de la relación del artesanado como antecesor de la industria.

[7] A este sector se le debe en parte algunas de las costumbres gastronómicas actuales y sin duda la influencia musical y cultural en la clase obrera (la polka como música popular derivada hoy en día en la música norteña hermana del country texano que también tiene influencia de austriacos, belgas y alemanes llegados a Texas a fines del XIX para trabajar la extracción petrolera)

[8] En este punto entra también toda una caracterización sociológica y sicológica específica sobre las relaciones obrero-patronales en la entidad, tanto de la fuerte tendencia burguesa a la estratificación del trabajo (más acentuada que en otras visiones productivas: ej. Fordismo) y los trabajadores, bajo los modelos demócrata cristianos franceses de ofrecer seguridad social y viviendas propias a los trabajadores como medio de asegurarse una planta productiva estable y leal, y también como medio de control social; y por otro lado la distinción permanente entre los propios trabajadores.

[9] Considerando aquí las limitaciones propias del villismo y por otro lado, territorialidad espacial del zapatismo, este si con un programa con mayores y más claras reivindicaciones de clase que el villismo, pero acotado por mucho frentes a Morelos, Estado de México, Tlaxcala, Guerrero, Puebla, etc., muy alejado de la realidad industrial del noreste, que en dicho período además se encontraba aislada de la lucha faccional que ocurría en el país.

[10] Recordemos que la autonomía universitaria de la UNAM, luego extendida a todo el país, fue producto en los años 30 de la lucha entre estudiantes de diversas orientaciones, principalmente derecha, contra los intentos cardenistas de socializar la educación.

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