Brasil. Violencia, boicots y prejuicios ayudan a explicar déficit de mujeres en la política

Brasil es uno de los últimos países en América Latina en ranking de la ONU de derechos y representación femenina

«Lo que afirmo es que mi mujer no votará». La declaración del parlamentario Coelho Campos, en 1891, da el tono de los posicionamientos que impidieron que Brasil sea la primera nación del mundo en aprobar el voto femenino. En esa ocasión, el país discutía la elaboración de la primera Constitución de la República y la posibilidad de sufragio para ellas recibió el apoyo de 31 constituyentes. No obstante, en el plenario, la presión fue mayor y la idea no se concretó.

Fue solamente en 1932, más de cuatro décadas después, que el derecho de las mujeres al voto se convirtió en realidad. Aun así, apenas para las alfabetizadas y empleadas. Desde entonces a la fecha, no es exageración usar la palabra retroceso para el proceso de inclusión femenina en la política brasileña. En América Latina, por ejemplo, el país figuró en noveno lugar, entre once países, en un índice de derechos y participación política de mujeres, divulgado en septiembre por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y a ONU Mujeres, con el apoyo de la organización IDEA Internacional.

Para visualizar el tamaño del retroceso, Arabia Saudita tiene más mujeres en la política que nosotros

El Informe Atenea analizó 40 factores, divididos en temas que van desde las condiciones que las mujeres tienen para ejercer sus funciones hasta la participación en partidos y el derecho al voto. Cada aspecto recibió una puntuación que varía entre 0 y 100. Entre los países latinoamericanos, Brasil quedó en antepenúltimo lugar, con 39,5 puntos. En la clasificación mundial quedó atrás de naciones como Etiopia, Timor Leste y Arabia Saudita.

Para Lígia Fabris, abogada y profesora de derecho de la Fundación Getúlio Vargas (FGV), la posición brasileña es vergonzosa.

«Parece un enigma. En América Latina entera muchos países tuvieron avances fantásticos en los últimos tiempos y Brasil continúa persistiendo en el atraso. El país mantiene una bajísima representación de mujeres en la política y es motivo de vergüenza mundial, regional, en todos los aspectos. Para visualizar el tamaño del retroceso, Arabia Saudita tiene más mujeres en la política que nosotros», afirma.

Las dificultades para cambiar el cuadro son diversas, desde la falta de una legislación que obligue a los partidos a garantizar la paridad, hasta la resistencia de quien hoy ocupa el poder en dejar espacio. Incluir socialmente, económicamente y políticamente la diversidad que forma el país nunca fue el fuerte de Brasil. En el caso de la representación de las mujeres en la política, hasta el año de 2018, los partidos no tenían ningún tipo de obligación de invertir en las candidaturas.

Si tenemos 30% de candidatas efectivas y ellas reciben 30% de los recursos, la expectativa es que tuviéramos como mínimo 30% de mujeres electas. No tenemos ni la mitad de eso.

En marzo de 2018, el Supremo Tribunal Federal (STF) votó la Acción Directa de Inconstitucionalidad (ADI) 5617, que consideraba inconstitucional el techo de 15% del Fondo Partidario para la inclusión femenina. Para el STF, la reserva precisaba ser de, como mínimo, 30%. Fabris participó en el proceso e hizo la sustentación oral en defensa del aumento de la asignación. Ella cuenta que a partir de ese marco, hubo un aumento en la participación de las mujeres en la política, pero no el suficiente para dar cuenta del atraso de casi un siglo en el debate.

«Cambiaron la regulación de la inversión de recursos en candidaturas femeninas, pero hay muchos otros factores que es necesario vigilar, inclusive para que podamos estar seguras de que ese dinero está llegando realmente a las candidatas mujeres. Si tenemos 30% de candidatas efectivas y ellas reciben 30% de los recursos, la expectativa es que tuviéramos como mínimo 30% de mujeres electas. No tenemos ni la mitad de eso«, afirma la abogada.

Fraudes para eludir la ley de cuotas

El primer gran obstáculo son los fraudes en candidaturas, que tienen el objetivo de burlar la cuota de 30% para mujeres. Los partidos reservan espacio lanzando candidatas apenas nominalmente, un cumplimiento de fachada de la regla. Hay discrepancias también en el destino de los recursos, que muchas veces salen de las campañas femeninas irregularmente para financiar acciones electorales de candidatos hombres.

Además de eso, no existe castigo previsto en ley para esas irregularidades. Ya hubo un caso en que el Tribunal Superior Electoral (TSE) eliminó una lista entera por fraudes en las candidaturas, pero el mecanismo jurídico no está en la legislación. «Fue un mensaje de un poder regulador fundamental, que es el TSE, que decía que eso no es admisible y que los partidos deberían tomarse en serio las cuotas», afirma Ligia.

Nuevamente la reacción vino permeada por el espíritu del atraso. El año pasado, tramitaron en el Congreso Nacional proyectos de ley con el objetivo de extinguir las cuotas. «Es como si los partidos dijeran: si es de verdad, no quiero y si me obligan a hacerlo, ya no lo quiero más», compara Fabris. Según ella, la retórica vino acompañada por un discurso «de que las mujeres no se interesarían por política y que los partidos serían forzados a fraudar candidaturas, pues no habría mujeres interesadas en número suficiente para cumplir la ley».

Los boicots: una historia de larga duración

Los proyectos de ley en reacción a mecanismos que garantizan la presencia femenina en la política, que se tramitaron en el Congreso en 2019, guardan mucho de la naturaleza de los boicots pasados. En 1891, cuando Brasil elaboró su primera Constitución republicana, y tuvo la a oportunidad de instituir el voto femenino, la presión reaccionaria fue tan significativa, que algunos parlamentarios llegaron a retirar su apoyo a la medida. En los años siguientes, nuevos intentos también fueron derribados. En 1894, la Constitución Política de la ciudad de Santos (estado de São Paulo) concedió el derecho al voto a mujeres letradas y empleadas. Un grupo de ciudadanos ingresó un recurso en el Congreso Legislativo de São Paulo y derribó la propuesta.

En 1917, se presentó al Congreso una enmienda alterando la ley electoral del año anterior e incluyendo a las mujeres. En la Comisión de Constitución y Justicia la idea fue rechazada. En palabras del entonces ponente, Afrânio de Mello Franco: «Las propias mujeres brasileñas, en su gran mayoría, rechazarían el ejercicio del derecho de voto político, si este les fuera concedido».

En 1928, Rio Grande do Norte incluyó a las mujeres en las elecciones. El Senado, no obstante, hizo una reclamación que anuló los votos femeninos, alegando que era preciso legislación sobre el tema. El proyecto que vendría a efectivizarse fue presentado en 1930, pero nuevamente fue postergado por la suspensión de actividades parlamentarias durante la Revolución de 1930, que puso fin a la llamada Primera República (1889-1930) y llevó a Getulio Vargas (1882-1954) a la presidencia.

El texto fue aprobado solamente en 1932, por el propio Vargas, pero la participación era facultativa. El voto obligatorio sólo llegó en 1934, aún así excluyendo a las mujeres que no sabían leer y escribir y que no trabajaban. En el grupo de juristas que elaboró nuevo código electoral estaba la militante histórica Bertha Luz (1894-1976).

La historia de Almerinda Gama

Durante las cuatro décadas entre la primera discusión parlamentar sobre voto femenino (1891) y la realización del derecho (1932), Brasil tuvo tiempo de ver la formación de diversos movimientos, colectivos y entidades feministas que iniciaron la lucha por el sufragio. Pero las inconsistencias de la inclusión, de cierta forma, influencian hasta hoy el ritmo insuficiente del avance.

La lucha por la representación política femenina fue permeada por el contexto histórico de exclusión del país. El movimiento estaba compuesto por mujeres blancas, con mayor poder económico y acceso a educación.

La historia de la abogada negra, Almerinda Gama, ilustra bien ese escenario. Elegida representante clasista, del Sindicato de las Dactilógrafas, a la Asamblea Constituyente de 1934, Gama fue la única constituyente mujer, al lado de Carlota Pereira de Queirós, en medio de 252 hombres. Ella escribió artículos y participó activamente en el movimiento por representación política. Pionera, Almerinda, mientras tanto, aparece poco en los documentos y textos sobre el asunto. Aunque la foto que abre esta pieza, de la militante votando en la elección para la Constituyente, se haya convertido en icónica por décadas, el nombre del personaje raramente es citado.

Gama nació en Alagoas, creció en Belém, en el estado de Pará, y migró a Rio de Janeiro en su vida adulta. Hija de padre blanco y madre negra, fue criada por la familia paterna, en medio de mujeres con acceso a formación. Almerinda se casó, se quedó viuda y comenzó a buscar empleos que garantizaran su sustento, pero siempre se encontraba con salarios menores y cargos peores por el hecho de ser mujer.

Para la periodista e historiadora Cibele Tenorio, que se dedica a rescatar la historia de Almerinda desde 2013, el despertar de la militante para la lucha por los derechos políticos de las mujeres está totalmente conectado a los desafíos que encontró como trabajadora. «Yo supongo que Almerinda se percibe mujer a partir de la opresión del mundo del trabajo», dice.

Al mudarse a Rio de Janeiro, ella se unió a las reuniones conducidas por Bertha Lutz en la Federación Brasileña por el Progreso Femenino. La organización era la más preeminente del período y tuvo influencia fundamental en las conquistas. El grupo compuesto por mujeres blancas, de clase media alta, guardaba diferencias estructurales con la vivencia de Almerinda. Mientras actuaba en la comunicación de la Federación, ella cursaba la facultad de derecho, escribía para periódicos, hacía traducciones y era dactilógrafa.

En los años siguientes, siguió en la lucha política. Pero se separó del movimiento feminista e incluyó más aún las cuestiones laborales en su militancia.

«Ella se separó del movimiento de mujeres. Hay algunos intercambios de cartas en los que quedan explícitas las cuestiones de clase. De quien tiene una realidad diferente. La Federación no apoyaba ciertos temas que para Almerinda eran caros y ella terminó separándose», cuenta Tenorio.

Es desde esa tribuna que Marielle Franco dice ‘No seré interrumpida’. Sólo existe Marielle porque existió Benedida da Silva. Sólo existe Benedita porque existió Almerinda

Una de las búsquedas de su investigación es por la fecha de muerte de la militante, nacida en 1899. En los pocos registros sobre Almerinda, la información aparece en blanco. «Existe un borrado que dice mucho sobre esto. Esas pioneras mueren y nosotras no sabemos que pasó con ellas, cómo fue su vejez», evalúa la historiadora.

Al hablar sobre la foto histórica que muestra a Almerinda votando, Tenorio se emociona. «Esta foto es en el Palacio Tiradentes, que era la Cámara Federal antes de mudarse a Brasilia. El Palacio Tiradentes es hoy la Cámara de Concejales (en Rio de Janeiro). Es desde esa tribuna que Marielle (Franco) dijo ‘No seré interrumpida’. Cuando decimos que nuestros pasos vienen de lejos, y Marielle dice mucho eso, sólo existe Marielle  (1979-2018) porque existió Benedita da Silva (PT). Sólo existe Benedita porque existió Almerinda», concluye.

El obstáculo de la violencia

El crecimiento de la violencia política en Brasil, notado con más fuerza en los últimos años, también atinge las mujeres de manera desproporcionada. En algunos aspectos ellas son las mayores víctimas. Un estudio hecho por las ONG Tierra de Derechos y Justicia Global, divulgado en septiembre último, mapeó ocurrencias de 2016 hasta 2020. En el caso de las ofensas 76% de los blancos eran mujeres.

La conclusión del estudio es de que hay un cambio de configuración de las fuerzas políticas brasileñas a partir de 2018 que privilegia el conservadurismo. Es una táctica de desmonte de los progresos conseguidos a lo largo de los períodos de democracia, aunque que tímidos. En la cotidianidad de las mujeres que trabajan con política, esa violencia se manifiesta de diversas formas.

La vida política exige una dedicación que se enfrenta muchas veces con nuestras posibilidades y los papeles que la sociedad impone a la mujer. Nadie pregunta dónde está el hijo del candidato.

Rayssa Tomaz, dirigente y militante hace diez años del Partido Verde (PV), relata que eses desafíos se imponen de manera sistemática para las mujeres. «El machismo incorporado en nuestra trayectoria de vida tiene impactos sustanciales en la cuestión política. Es muy común, cuando pensamos en una candidatura, tenemos la imagen del hombre blanco, conservador y exitoso», analiza.

Los relatos personales y profesionales de Rayssa se parecen a situaciones vividas por una mayoría de mujeres, no sólo en la vida política, sino en la sociedad en general. Ella cuenta que, actuando en cargos de coordinación, todavía tiene que lidiar con la desvalorización y los cuestionamientos diariamente.

«La vida política exige una dedicación que se enfrenta muchas veces con la posibilidad que tenemos y los papeles que la sociedad impone a la mujer. Nadie pregunta nunca dónde está el hijo del candidato. Cuando tenemos el acumulado de los papeles sociales, tener un papel político es otra actividad en una jornada que ya es extenuante», explica.

No hay garantía de nuestra integridad física y emocional. También es el miedo lo que nos hace sobrevivir

En artículo analizando la violencia contra las mujeres como impedimento de plataformas políticas femeninas, la militante usa su propio ejemplo. El texto narra un intento de feminicidio sufrido por ella misma en 2017. «(Escribir fue) una posibilidad de sensibilizar otras compañeras de la actuación política y, aún más importante, llamar a hombres que hacen de esta misión su camino de vida para juntos buscar efectividad en la garantía de más igualdad para todos», justificó.

Las conclusiones podrían ser aplicadas al ambiente social como un todo, dado el alto chance de sufrir violencia que una mujer corre en Brasil. «No hay garantías de nuestra integridad física, mucho menos emocional. También es el miedo lo que nos hace sobrevivir. Miedo de que algo nos pase, les pase a nuestros hijos o a tantas otras personas. El miedo hoy es mi mayor combustible», concluye Rayssa Tomaz.

Edición: Rogério Jordão

Traducción: Pilar Troya

brasildefato.com.br/2020/10/26/violencia-boicots-y-prejuicios-ayudan-a-explicar-deficit-de-mujeres-en-la-politica

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