Brasil. Dos niños y una sentencia de muerte

Eran dos jóvenes locos por el fútbol, habitantes del Complejo de la Maré y sin problemas anteriores con la policía –como afirma el comisario Rivaldo Barbosa, titular de la División de Homicidios. Ellos sólo se conocían de vista y, por casualidad, estaban ambos en el centro de Río de Janeiro en vísperas de la apertura de la Copa del Mundo. Sin embargo, sólo el mayor, de 15 años, lograría asistir a los partidos. Mateus Alves dos Santos, 14 años, fue ejecutado por la policía en aquel mismo 11 de junio, en el morro de Sumaré, al lado de una de las residencias episcopales de la Arquidiócesis de Río de Janeiro.

La tragedia se reveló porque el otro niño sobrevivió por milagro a la ejecución. Él era el único que sabía que Mateus Alves dos Santos no había desaparecido como su familia creía. «Desde que él desapareció, estábamos buscándolo en todas partes. Hicimos una denuncia en la delegación policial, fuimos a los hospitales, avisamos a la comunidad y pedimos ayuda a sus amigos por Facebook. Nunca podríamos imaginar que encontraríamos su cuerpo en el morro de Sumaré”, cuenta la tía, Aline Nascimento.

Fue por Facebook que el sobreviviente de la ejecución hizo contacto. Un amigo compartió en su página el llamamiento de la familia por cualquier información sobre el «desaparecido”. M. llevó a la familia –y después a los policías de la División de Homicidios– al morro donde yacía el cuerpo de Mateus, baleado y asesinado una semana antes. «La declaración de M. combina perfectamente con lo que descubrimos en la investigación. No hay duda de que Mateus fue ejecutado”, afirma el Delegado de Homicidios, Rivaldo Barbosa: «El GPS y las cámaras –interna y externa– del vehiculo policial corroboran la declaración del joven”.

Fueron 30 minutos de intervalo entre la detención de cada uno de los muchachos en el centro de la ciudad. Según el relato de M., sin decir ni explicar nada, los dos PMs circularon por 50 minutos, pasando por tres comisarías en el camino –llegaron a pasar por el frente de una delegación policial especializada en niños y adolescentes. «Hablaban entre ellos, sin decirnos una palabra. Pasaban en frente de las comisarías y seguían adelante”, comenta hoy el niño que sobrevivió.

 

Baleado en la espalda y en la pierna, el joven que sobrevivió para denunciar la ejecución

 

Cuando ellos tomaron la subida hacia el morro de Sumaré, los dos comenzaron a preocuparse. «Nosotros también estábamos quietos, pero cuando vimos la floresta, Mateus me dijo: ‘¿Qué será que van hacer con nosotros?’ Después fue todo muy rápido, cuenta M., todavía muy traumatizado.

Él tuvo la «suerte” de ser sacado del vehículo antes. Tirado al suelo, escuchó a un PM decir «éste ya no camina más” y le dio un tiro de pistola en la rodilla y uno de fusil en la espalda. Fingiendo estar muerto, escuchó cuando Mateus fue baleado y sintió su cuerpo caer encima de él. Continuó inmóvil incluso hasta cuando el policía lo pateó para comprobar que había muerto. Veinte minutos después, aterrado, abrió los ojos despacio, y anduvo lo más rápido que pudo con la pierna herida durante tres kilómetros, hasta ser socorrido en la favela de Turano.

 

Thiago, padre de Mateus, asesinado por la PM: «Fue mucha maldad lo que hicieron con mi hijo”

 

Hoy, él viene en bicicleta hasta la casa de los padres del niño muerto cuando algún periodista se interesa por la historia. Por ser testigo clave del caso, su abogado pidió protección para él, pero la que se le propuso implicaba cambiar de estado y de vida. «Él está en una situación muy complicada. La protección policial tiene que realizarse en su casa y él necesita ayuda financiera”, dice su abogado, Fabio Conti.

Pero cuando una periodista pregunta si él realmente quiere ser protegido por la policía, el niño de 15 años se calla, sin saber qué responder. Confiar en la policía es la última cosa que pasa por su cabeza, pero no le quedan muchas opciones. Solamente el Estado –policía, justicia, servicio social, asistencia psicológica– puede ayudarlo a superar el trauma.

Por ahora los cabos de la PM, acusados del delito, Fabio Magalhães Ferreira, 35 años, y Vinicius Lima Vieira, 32, están presos temporalmente (por 30 días) desde el 18 de junio en la unidad carcelaria de la corporación. El delegado Rivaldo Barbosa garantiza que la investigación continúa para averiguar si los policías acostumbraban a practicar este tipo de ejecución. La tranquilidad con que actuaron hace recordar las denuncias hechas por Marcelo Freixo y otras personas en el documental de Mikkel Keldorf «El precio de la Copa”, sobre la existencia de escuadrones de la muerte pagados por comerciantes del centro de Río de Janeiro.

El 7 de julio, la policía hizo la reconstitución del delito en el Morro de Sumaré. En la ocasión, se incluyó una nueva información de la declaración de M., la presencia de un tercer joven en el vehículo de la policía el día del delito, que habría sido liberado al llegar cerca del morro, antes de la ejecución de Mateus. Según el delegado Rivaldo Barbosa, la Delegación de Homicidios está intentando localizar a ese tercer joven.


Hasta ahora, ninguna autoridad se comunicó con la familia, que está decidida a no callarse a pesar de todo. «Es mucha maldad lo que hicieron con mi hijo”, dice el padre, Thiago Virginio dos Santos. La madre no quería hablar con los periodistas, pero terminó diciendo algunas palabras sobre el hijo mayor, un niño calmo, cariñoso y buen alumno. «Nunca repitió año en la escuela”, dice, mirando los libros y cuadernos bien acomodados debajo de la TV en la sala donde dormía con el hermano.

En la tapa de los cuadernos, una foto de niños sonrientes y la frase: «Río 2016, otro futuro comienza ahora”.

 

Agência Pública

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

 


 

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