Brasil-México: Libre comercio para reducir dependencia

RÍO DE JANEIRO, 17 ago (IPS) – Los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, y Felipe Calderón, de México, se comprometieron este lunes a avanzar en un acuerdo de libre comercio, en el marco de una estrategia para reducir su dependencia de otras economías más fuertes.

«Es mejor un mercado de 300 millones de personas que de 110, en el caso de México», sostuvo Calderón al término de una reunión con su homólogo brasileño, en la capital de este país sudamericano, Brasilia.

Asimismo destacó que las dos naciones representan la mitad del territorio de América Latina y 70 por ciento del producto interno bruto (PIB) de la región. México tiene una población de más de 107 millones de personas, y los brasileños son más de 189 millones.

«La dependencia fundamental de la economía americana (estadounidense) explica por qué México resultó tan afectado en esta crisis global que tuvo su epicentro en Estados Unidos», dijo el mandatario al justificar su objetivo de diversificar e intensificar sus relaciones con Brasil.

De acuerdo con Calderón la crisis hace necesaria más que nunca la ampliación de acuerdos entre países en desarrollo.

«Es previsible que el crecimiento no vendrá de las economías desarrolladas. Vendrá de las economías emergentes, como China, Brasil, India y México», anticipó al insistir en la necesidad de reforzar las relaciones comerciales entre estas naciones.

Calderón reiteró así en conferencia de prensa, al término de su reunión con Lula, su disposición a firmar en el futuro un tratado de libre comercio con Brasil, al que también se refirió el sábado ante una platea de empresarios de la Federación de Industrias de São Paulo (FIESP), representativa del principal polo industrial de este país, situado en ese estado del sur.

La propuesta fue de la FIESP, y Calderón dijo recibirla con mucho «mucho interés».

«Tenemos que superar miedos y prejuicios y por eso me ofrezco para plantearla –la idea de un acuerdo bilateral– a los empresarios y a los sectores económicos, políticos y sociales de mi país», dijo.

En 2008, según la cancillería brasileña, el comercio bilateral llegó a los 7.400 millones de dólares, con un superávit a favor de Brasil de 1.156 millones de dólares.

En 2000, el comercio entre México y Brasil llegaba apenas a 2.500 millones de dólares.

Los presidentes destacaron que las inversiones mexicanas en Brasil –las mayores en la región– alcanzaron los 16.000 millones de dólares, y las brasileñas en México a unos 2.000 millones.

Esto señala un intercambio «inconcebible», según Calderón, tratándose de «dos economías tan grandes, con ingresos per cápita similares, con tamaños de economías con ciertas semejanzas».

El presidente recordó que el comercio con este país sudamericano representa apenas uno por ciento del total del intercambio de México con el mundo.

«Brasil es nuestro principal socio en la región latinoamericana, pero apenas el séptimo en relación al resto del mundo», recordó Calderón.

El mandatario dijo «estar convencido» de que la ampliación del comercio genera beneficios para todos.

«Es mejor para el consumidor, que puede escoger mejores productos, menores precios. Es mejor para los empresarios, que pueden escoger mejores insumos y tener acceso a otros mercados», agregó.

Calderón dijo reconocer que «hay muchas restricciones –a un acuerdo de libre comercio con Brasil– para vencer, algunas de ellas ideológicas, algunas otras derivan de la falta de información sobre Brasil y su potencial», destacó.

Para avanzar en ese rumbo, ambos mandatarios se comprometieron a «profundizar sus relaciones comerciales y de inversiones».

Al coincidir «en la importancia de que Brasil y México sean las dos mayores economías de América Latina», asimismo instruyeron a las autoridades competentes a que se reúnan a la brevedad para definir los términos y el calendario de una negociación.

El objetivo, según destacaron Lula y Calderón en un comunicado final, es «que la relación económica bilateral corresponda a las potencialidades de sus mercados, con pleno apego al marco jurídico constitucional de ambos países».

En este aspecto solicitaron a sus equipos que «exploren todas las opciones que permitan ampliar su comercio e inversiones, incluyendo la posible negociación de un acuerdo de libre comercio», según consta en el documento final.

Lula coincidió con su par en lo poco significativos que son los intercambios comerciales, lo que determina que «todavía ocupen una pequeña parte de su comercio exterior» y que los acuerdos preferenciales firmados hasta el momento entre ambos países sean «restringidos y limitados».

Por ese motivo, también manifestó su disposición de ampliar el acuerdo comercial con México, objetivo que será reforzado con la extensión prevista en el acuerdo de asociación entre México y el Mercosur, que además de Brasil integran Argentina, Paraguay y Uruguay, con Venezuela en proceso se ingresar como miembro pleno.

Al referirse a la crisis financiera internacional, Lula defendió la ampliación de los acuerdos comerciales y dijo que se debía aprovechar el resto de los respectivos mandatos para llegar a esa meta.

«Esta crisis demostró que cuanto más diversificamos nuestra balanza comercial e interactuamos con otros países, seremos menos dependientes de una única economía. Brasil ya no depende más sólo de Estados Unidos o de la Unión Europea», ilustró.

El «sueño» de Lula es un «México con una mirada más dirigida a América Latina y un Brasil más volcado a América Central y el Caribe y México», agregó.

José Augusto de Castro, presidente de la Asociación Brasileña de Comercio Exterior, analizó en entrevista con IPS la importancia de un eventual tratado de libre comercio entre las dos potencias latinoamericanas.

«Es algo que interesa a los dos países. Por un lado México destina 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, y con un acuerdo como ése disminuiría su dependencia con ese país», dijo Castro.

Por otro lado, «Brasil tendría acceso a un mercado de alto poder adquisitivo y de consumo como el mexicano, hoy abastecido básicamente por Estados Unidos», resaltó.

«México podría venderle a Brasil productos como los de su poderoso sector petroquímico», ejemplificó tras aclarar que un acuerdo de libre comercio sólo sería posible con el beneplácito del Mercosur (Mercado Común del Sur), según compromisos firmados en este bloque, «que impiden acuerdos bilaterales aislados».

México ya tiene un acuerdo de libre comercio con Uruguay, que ese pequeño país sudamericano consiguió negociar en forma bilateral con aceptación de los demás miembros del Mercosur.

«Un acuerdo más amplio tendría que ser oído por el Mercosur», reforzó Castro. Brasil y México firmaron tratados de cooperación en biotecnología y nanotecnología.

Sin embargo todavía no concretaron el objetivo de ampliar tratados de cooperación en áreas como biocombustibles, entre las empresas petroleras de ambos países, Petrobras de Brasil y Pemex de México.

El domingo, durante una visita a una instalación de desarrollo tecnológico de Petrobras en Río de Janeiro, Calderón manifestó su intención de aprovechar la experiencia de la empresa mixta brasileña para la estatal Pemex y de incrementar acuerdos tecnológicos en el área de biocombustibles, un aprendizaje que calificó como «fundamental».

Calderón comparó que mientras la producción de Pemex está cayendo, Petrobras aspira a convertirse en una de las mayores petroleras del mundo en una década.

Cifras citadas por la delegación mexicana indican que la producción de crudo de Pemex bajó de 3,3 millones de barriles diarios en 2004 hasta 2,5 millones este año. Mientras, Petrobras planea aumentar su producción de crudo de 2,7 millones de barriles diarios este año a unos 5,7 millones en 2020.

En términos políticos, ambos presidentes reiteraron su «rechazo» al golpe de Estado en Honduras y manifestaron su intención de actuar de forma conjunta en el plano internacional para restituir en su cargo al depuesto presidente Manuel Zelaya.

«No aceptaremos atentados contra el orden constitucional», destacó Lula. La visita a Brasil de Calderón es parte de una gira regional que incluyó también a Colombia y Uruguay.

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