Brasil. Los dictadores mienten

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La manipulación de datos estadísticos sobre la pandemia por parte del general Eduardo Pazuello, aún en el servicio activo del Ejército, alimenta los argumentos de quienes creen que ya estamos bajo un régimen dictatorial.

Los brasileños miran con incredulidad la manipulación de datos estadísticos sobre la pandemia. Se trata de un crimen indescriptible: impide la planificación efectiva de medidas para defender a la sociedad, afectando directamente la salud planetaria. Interrumpe el cronograma de retorno de las actividades económicas. Provoca más sufrimiento al pueblo y aumenta la desmoralización mundial del gobierno brasileño.

El ejecutor de esta operación criminal es un general del Ejército. Eduardo Pazuello, Ministro interino de Salud, es del servicio de Intendencia, responsable de la logística de la corporación. Todos los oficiales entienden las estadísticas, especialmente los  intendentes. Los generales también conocen la gravedad de las pandemias y la complejidad de las iniciativas necesarias para enfrentarlas.

Pazuello alimenta la desinformación sabiendo que impone dificultades a quienes garantizaron sus estudios, pagan su salario y aseguran su jubilación. El general engaña a quien le trata bien. ¡Qué cosa tan fea!

Pero no inaugura  un procedimiento gubernamental inédito. El periódico O Estado de São Paulo volvió a publicar un artículo de Clovis Rossi, “La epidemia del silencio”, escrito en 1974, en plena la epidemia de meningitis. La dictadura estableció descaradamente la censura sobre las condiciones sanitarias y alimentó una poderosa red de mentiras a través de anuncios fantasiosos. Rossi resume una increíble lista de temas censurados: peligro de rupturas en represas, número de muertes por incendio en un edificio, el saldo de las víctimas en la construcción del puente Río-Niterói y en la Transamazônica, los costos de las obras públicas.

En esa época, las consultas sobre el desvío de recursos usados por los militares, ¡Ni pensar! El Servicio de Prensa de la Dictadura tenía solo una misión: engañar al pueblo. Mientras ocultaba noticias que podrían perjudicar al régimen, sobredimensionaba los logros del gobierno.

En un momento en que tanto se discute sobre la posibilidad de una ruptura en el ya andrajoso marco institucional, la postura del general Pazuello, aún en el servicio activo del Ejército, alimenta los argumentos de aquellos que piensan que ya estamos bajo un régimen dictatorial.

Los militares son preparados para cumplir una misión. En el cumplimiento de misiones los escrúpulos que molestan son puestos de rango. Feo es no cumplir la misión y perder la “batalla”.  Mientras más tiempo los militares demoren ocupando el lugar de los políticos, funcionarios, técnicos especializados y científicos, más sufrirá la gente. Se engañan los brasileños que esperan patrones de racionalidad de quienes no han sido preparados para ello.

Bolsonaro no quiere ser presidente, quiere ser dictador. Los dictadores mienten antes, durante y después de tomar el mando.

Un mínimo de sentido común sería suficiente para que los comandantes comprendieran que, en medio de una pandemia, el Ministerio de Salud es el último lugar para que los militares “cumplan alguna misión”. Pazuello ganó su lugar en el folclore político brasileño al incluir el Norte y el Nordeste en el espacio afectado por países fríos del hemisferio norte. Se multiplicaron los memes de cearenses limpiando la nieve en las calles de Fortaleza. La cuenta de la desgracia resultante de la conducta demente de la lucha contra la pandemia no solo recaerá sólo en Bolsonaro, sino sobre las Fuerzas Armadas que, desacreditadas, dejarán a Brasil todavía más indefenso.

Fuente: A terra e redonda (aterraeredonda.com.br)

Traducción: Carlos Abel Suárez

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