Brasil. “El problema de este país no es Lula”

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Lula regresó al punto de inicio de su historia para desenterrar la pólvora. Allí, en el Sindicato Metalúrgico de San Bernardo do Campo, en el mismo escenario que catalizó la lucha social y política de los metalúrgicos contra la dictadura, dibujó algunos retazos de 40 años de la epopeya. Estaban junto a él algunos de los que vieron nacer el proyecto más consistente de la izquierda en la historia de Brasil y uno de los más relevantes en América Latina a finales del Siglo XX. Su discurso, sin embargo, no fue un canto a la nostalgia sino una respuesta política a la coyuntura.

Brasil atraviesa una de las mayores crisis económicas y políticas de las últimas décadas. El gobierno de Michel Temer, sin ninguna popularidad, realiza el trabajo sucio de barrer conquistas económicas, sociales y democráticas de las últimas tres décadas, precisamente desde la promulgación de la reforma de la Constitución de 1988.

“Estoy siendo procesado por un departamento que no es mío, aseguró Lula en un fervoroso acto donde se coreaba la consigna “não se entrega, não se entrega”. La Red O Globo, recalcó Lula “mintió cuando dice que era mío, pensé que (el juez) Moro iba a resolver y él mintió diciendo que era mío…ninguno de ellos duerme con la conciencia tranquila que yo duermo”.

Advirtió: “no piensen que estoy contra el Lava Jato. Si castigar un bandido, hay que castigar y detener a un bandido que robó. Todos queremos eso. Todos nosotros decíamos que en Brasil sólo se castiga al pobre, no se encarcela al rico. El problema es que no se puede hacer justicia subordinado a los medios de prensa”.

Al referirse a la condena y encarcelamiento puntualizó “yo saldré más fuerte, más verdadero e inocente, porque yo quiero probar que ellos cometieron un crimen, el crimen político de perseguir a un hombre que tiene 50 años de historia política”.

Cerró su alegato de la mano de dos de los candidatos presidenciales Manuela Dávila (Partido Comunista do Brasil) y Guilherme Boulos (PSOL) y líder del Movimiento de los Trabajadores sin Techo, un claro mensaje de unidad de la izquierda. Acompañaron también a Lula representantes de otros partidos de la izquierda y dirigentes de los movimientos sociales, que fue presentando y agradeciendo uno por uno.

Sus palabras, a veces quebradas por la emoción o el esfuerzo, hicieron recordar por momentos al orador vigoroso de los tiempos de lucha contra la dictadura o de los debates con los líderes patronales, pero también aquellos donde se mostraba como el dirigente político capaz de navegar con soltura entre los tiburones de la vieja política brasileña.

Lula preso es un trofeo de caza para el gobierno y la derecha. Pero el proceso político y la legitimidad de las acciones contra Lula tienen flancos muy débiles. “La evidencia contra el señor Da Silva, sostiene Mark Weisbrot en el New York Times, está muy por debajo de los estándares que se tomarían en serio, por ejemplo, en el sistema judicial de los Estados Unidos”.

El propio debate del STF y el empate de la votación, que zanjó con dificultad Carmen Lucía, presidenta del Tribunal, mostró la debilidad del montaje.

Numerosos casos de corrupción, entre ellos los que apuntan al presidente Temer y a gran parte del elenco actualmente gobernante reúnen mayores evidencias que las mostradas contra Lula, pero tienen suficiente cobertura judicial y política.

El ministro del STF, Gilmar Mendes, que sorprendió el miércoles pasado al votar a favor de Lula, siendo un jurista proveniente de la derecha, que llegó a la magistratura nominado por Fernando Henrique Cardoso, calificó de “absurda” la premura con que Moro pidió la detención del expresidente. No obstante, adjudica al PT lo que él llama “despotismo judicial”, por las designaciones en los tribunales que hicieron Lula y Dilma. No es descabellado lo que sostiene Mendes: Carmen Lucia, fue nominada por Lula, Rosa Weber, Edson Facchin, Luis Roberto y Luiz Fux, por Dilma Rousseff; todos votaron contra el habeas corpus.

Si algún condimento faltaba a esta encrucijada brasileña lo puso el jefe del Ejército con sus advertencias despachadas horas antes del pronunciamiento del STF, lo que da cuenta André Singer en el siguiente artículo. El ministro más antiguo de la Corte, Celso de Mello, al inicio del fundamento de su voto, calificó de “inaceptables intervenciones pretorianas”, las admoniciones del general Eduardo Villas Bôas.

“Voy allá (a la cárcel de Curitiba) con la convicción, repitiendo lo que vengo diciendo estos días: el problema de este país no es Lula, sino la conciencia del pueblo”, aseguró el líder del PT y dos veces presidente de Brasil.  Vale preguntarse si esa pólvora que fue a rescatar a San Bernardo do Campo estará en condiciones de aquí a octubre, para las elecciones nacionales. SP

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www.sinpermiso.info/textos/lula-en-la-carcel-dossier

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