Brasil, como Alemania en 1933, vota al fascismo en 2018

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Parecía que el poder de la oligarquía rancia pro fascista brasilera y de la burguesía propietaria dueña del país, asociado a los intereses de las oligarquías corporativas norteamericanas y la política monroeista del establecimiento político gringo, había sido cuestionado y embridado por el pueblo brasileño cuando en cuatro periodos sucesivos recientes le daba su voto de confianza y esperanza al Partido de los Trabajadores (PT) liderado por el ex presidente L.I. Lula da Silva y sucedido como presidenta del país por Dilma Rousseff. La historia nos viene a decir algo totalmente distinto.

Hoy el pueblo brasileño, ese en su mayoría beneficiado por las políticas pro sociales y desarrollistas de los gobiernos del PT, vota como el pueblo alemán en 1933 por el fascismo. La primera ronda de las elecciones a la presidencia del país le da la victoria con nada menos que el 46% de los votos, a apenas 4 puntos de alzarse con el trono de una vez, al representante más conspicuo de la oligarquía fascistoide brasileña, Jair Bolsonaro. Las bolsas de valores explotan en euforia.

Bolsonaro, ex militar devoto de los gorilas que en 1964 dan el golpe de estado contra el presidente democráticamente electo entonces, João Goulart, e implantan una dictadura tenaz que super enriquece y consolida el poder económico exclusivo de la burguesía propietaria del país. Diputado que destaca por su alevosía golpista con el voto de odio contra la presidenta electa democráticamente Dilma Rousseff apenas hace dos años (mayo 2016), a favor del “impeachment” que arma la clase burguesa en base al complot fraudulento de los poderes judicial y parlamentario. “Voto por la destitución de Dilma Rousseff en nombre de Carlos Alberto Brilhante Ustra que fue el pavor de Dilmai – grita desde el plenario del Parlamento justificando su voto Bolsonaro. Se refiere a uno de los coroneles golpistas de 1964, torturador de la entonces activista política de izquierda Dilma Rousseffii. La mayoría derechista parlamentaria celebra.

La Presidenta es destituida. “Se trata de la única líder política que no robó para enriquecerse y una banda de ladrones que sí lo hicieron, le inició juicio político” – declara N. Chomsky al respecto.

El golpe de estado político se impone y asume como presidente de facto M. Temer, representante de la corriente política derechista aliada a la clase burguesa golpista, a los dueños del capital. Acto seguido abre una batida neoliberal despiada que emprende privatizaciones del patrimonio público y recortes draconianos de todos los programas sociales establecidos por los gobiernos del PT, amén de leyes gansteriles contra los derechos laborales de los trabajadores. Todo con la venia de la OEA, la Casa Blanca y sus instituciones financieras expoliadoras el FMI y el BM. El país popular hierve en baño de maría.

Pero el fantasma del regreso de Lula da Silva como candidato a la presidencia por el PT en las actuales elecciones llena de pánico a la clase burguesa y a la oligarquía dominante. Lula apunta en todas las encuestas como favorito y posible ganador en la primera ronda de estas elecciones que hemos sido testigos. Todo un movimiento de apoyo popular a su candidatura inunda el país.

La respuesta de la oligarquía y la clase burguesa apoderada no se hace esperar. Lula da Silva es acusado por el Poder Judicial como cómplice en delitos de corrupción. Pocos casos en la historia de asalto al poder republicano por la derecha fascistoide se han dado, como la ignominia política, moral y ética de la clase burguesa brasileña para dominar, tratando de evitar el golpe gorila militar, y apropiarse del poder político del estado y del país. Lula es condenado sin pruebas que lo justifiquen a 12 años de prisión y encarcelado ipso facto sen contra de todos lo spreceptos legales establecidos, pues el veredicto no es incluso definitivo. “Lula es probablemnte el prisionero político más prominente en la atualidad, una persona de notable significado en la política global contemporánea”analiza N. Chomsky en un impresionante ensayo sobre la situación política de Brasiliii.

La maniobra de atropello político consiste en privarle el derecho y la posibilidad de presentarse formalmente y participar en las elecciones presidenciales. El estado burgués oligárquico se sale con las suyas. El camino queda allanado para su candidato el pro fascista Jair Bolsonaro.

Personaje que promete llevar a término la política de privatización y expropiación social y económica del pueblo emprendida por el golpista M.Temer. El PT sustituye como candidato a la presidencia a Lula en una maniobra desesperada de último recurso político en mantener latente la inclinación popular por Lula da Silva, en nombre del cual Fernando Haddad asume el peso de la campaña por la opción del PT. Pero rápido los sondeos de opinión muestran la retirada masiva del apoyo popular a esta candidatura. La ofensiva derechista mediática es implacable, todos los medios en manos de un puñado de cinco familias oligárquicas. Su candidato es el pro fascista Bolsonaro. Las redes sociales brasileñas son ganadas por la maquinaria burguesa. El PT es un partido de ladrones y dictadores, retumba en las redes. La salvación es el candidato del fascismo corriente. Mano dura contra la pobrecía vagabunda, contra la violencia delincuencial y policial que mantiene a Brasil en estado de emergencia permanente. Son los llamados que asuza la burguesía, como si no se tratara del sistema político capitalista burgués.

Los generales se pronuncian a favor del candidato fascistoide. En medio de la campaña presidencial este es apuñalado en un acto político por un fanático convertido por los medios en “un militante de izquierda”. El candidato se salva del percance y todo ello aumenta el ratio de la creciente ola de apoyo al mismo en la sociedad. ¿Que sociedad?.

La clase media brasileña constituye el ejemplo vivo de la pusilanimidad de clases que ha caracterizado Marx. En un país quebrado socialmente por el peso de la colonización y el martillo de las oligarquías enriquecidas con la explotación primero del trabajo esclavo agrícola y luego del trabajo esclavo industrial, la división de clases se estructura y permanece notoria. La exclusión del proletariado y los marginados del sistema enclaustra a estas mayorías en el cepo de la esclavitud moderna de clase sin conciencia de clase para sí. Mantenidas durante centenios por la burguesía apoderada en el analfabetismo iletrado y en el funcional es una pobrecía social y política desesperante. Se desprecia a si misma porque desprecia su estatus, pero reverencia a la burguesía en una expresión de la más baja auto estima social que ojos humanos hayan visto. El sistema de esclavización y sumisión ha sido eficaz hasta nuestros días. Toda una clase, mayoritaria, tiene que pedir permiso para vivir, a los patrones, a los capitalistas, a los empresarios dueños del capital y de la vida de ellos, justo como lo analizaba Marx en su disección del sistema de explotación y sometimiento del capital. “Por favor Sra. No me trate más de patrón, Ud es una trabajadora de servicio y no una subordinada, por demás que me recuerda mucho, su familia, a la mi propia familia en Cuba, de origen humilde pero liberada con la Revolución” – por más que le explicaba y pedía a la sra. durante mi larga estancia en Brasilia, no podía ella desprenderse de la relación de servilismo que su estatus social le había creado en Brasil, que le había creado la clase burguesa. Con el gobierno de Lula se tomó la medida de convertirlos a todos en trabajadores sociales con carteras laborales. En su familia, sus descendientes declaraban ahora votar por el pro fascista Bolsonaro. Las masas faveladas abandonadas a su destino manifiesto se consumen en el tráfico de drogas y las batallas campales por dominios propios de la ley de la selva. Algunas de esas comunidades están logrando salir por sí solas de ese círculo vicioso en que el sistema las ha embutido. Los medios privados, es decir todos, lucran con el embrutecimiento cultural, la sub educación y la adicción a la sociedad consumista que la burguesía necesita mantener oxigenada para que su vida siga en las cimas. El presidente golpista M. Temer en su primer anuncio decreta suspender los gastos en la educación por 20 años, la dictadura de la ignorancia.

En las ciudades emblemáticas de Rio de Janeiro y Sao Paulo la vida no vale nada, miles de homicidios, asesinatos, secuestros con fuerza, violaciones convierten la realidad en una lotería existencial. Brasil no ha dejado de vivir en una guerra civil de clases de baja intensidad. La burguesía contra el proletariado, el capital contra el trabajo, la opulencia contra la pobreza. El cinismo del establecimiento burgués socio-cultural-político contra los despojados de casi todo.

A esta cuasi absurda realidad los gobiernos del PT lograron ponerle algunas cotas con políticas de redistribución de la renta y programas sociales y educativos integradores. El socialismo vulgar que nos demuestra Marx. La repartición más o menos del pan y los peces sin tocar el modo de multiplicarlos le hace pleitesía al rancio keynesismo burgués. Las raíces del modo de reproducción del capital y la explotación social permanecen intactas. Cuando el gobierno progresista parecía extenderse en el poder las oligarquías en maridaje con el capital gringo pararon el curso de esas aguas. Brutalmente. Las manifestaciones populares de protesta no llegan al río. En la clase proletaria, en los pobres y excluídos, en esas mayorías no caló el sentido de pertenencia clasista, la consciencia de que la clase buerguesa es opresora y es gracias a ello que ostenta sus riquezas en detrimento del pueblo trabajador.

Es la burguesía la que ha demostrado, cual criterio de la verdad marxiana, su consciencia de clase para sí. Y ha arrastrado a la asumida por la ideología burguesa como “clase media”, el estrato más reaccionario del clasismo capitalista que se vertebra en la lucha por dejar el fatum de la pobreza y la exclusión endémica de la sociedad brasileña, luchando por saltar a escalones medios y superiores que la acerquen al estatus burgués, pero sin poder llegar a alcanzarlo en su mayoría. Puesto que no logra convertirse en burguesía propietaria, permanece como aliada del poder que le proporciona esa ilusión, pateando a esa mayoría asalariada del capital que la amenaza con las mismas intenciones que ella. La alienación social de las llamadas clases medias se torna directamente proporcional a la identificación con la clase burguesa. Paradójicamente los Gobierno del PT con el presidente Lula hacen avanzar hacia ese estrato de clase media a una buena parte de esos grupos sociales desclasados. Pero no hay alternativa cultural para ella desde ninguna fuerza ni corriente política. La izquierda no lo es.

La clase media llega a disfrutar de sus políticas redistributivas de la renta igual que la pobrecía, pero ideológicamente está minada con la perspectiva de estatus que ostenta la burguesía media y alta. Esa “clase media” en Brasil sí vota conscientizada de sus aspiraciones, como clase en sí y para sí, buscando el favor hacia sus intereses en la mesa del capital. Concurrió masivamente a las calles en manisfestaciones multiplicadas por los medios locales e internacionales para apoyar el golpe de estado político contra la Presidenta Dilma Rousseff. Ahora, consciente de lo que está en juego, esa “clase” sale a votar masivamente por el candidado de la burguesía, de la oligarquía, de los generales para liquidar la esperanza de un mandato progresista que retome siquiera el atemperamiento del banquete de los ladrones del capital.

En contraste, el proletariado agarrado por el narigón por los apropiados del capital con la a remolque no se moviliza de manera militante, no ve claro cuál es el norte de sus intereses, no vota o vota también por los patronos. El candidato presidencial de izquierda del PT siendo la representación del propio Lula da Silva y sus gobiernos progresistas obtiene un mísero 28% de votos en la primera ronda de las presentes y cruciales elecciones presidenciales. La gente de a pie no tiene conciencia política que le haya podido crear el PT, vota por el caudillo redentor. Cuando este ha sido suprimido de la contienda burdamente por la burguesía, descreída se queda en casa, más esperanzada con el próximo carnaval que con su propia suerte, como observara Jorge Amado. El desplome moral frente a la fuerza de la burguesía es evidente. Mientras tanto, al régimen económico de la burguesía y la oligarquía apoderada de Brasil no le hace falta el 50% de la población del país para prosperar en su riqueza y en la entrega a los capitales foráneos. Con la explotación de la otra mitad les basta. El resto vivirá, como hasta ahora, como pueda, con menos de tres dólares diarios. Eso es todo lo que anuncia el candidato vencedor en la primera vuelta de las elecciones. “Traeremos a los Chicago‘s Boys para transformar el sistema económico”, dice a estas alturas teniendo en mente lo que considera el milagro económico en el Chile de Pinochet, sin decir que a la oligarquía chilena le hizo falta varias decenas de años de sangrienta dictadura para afianzar con la doctrina del shock la acumulación privada de capital y poner a Chile entre los países más desiguales socioeconómicamente de América Latina.

El imaginario de la violencia fascista acompaña al nefasto candidato de la derecha en todos sus discursos. Todo el estado mayor de su campaña política lo componen generales en retiro o activos. Declara que si definitivamente gana el candidato del PT, en la segunda ronda (28 de octubre del presente), al menor error de su gobierno los militares darán cuenta de ello. La generalizia no se pronuncia ante tamaña declaración contra el estado de derecho. Ya no existe en Brasil estado de derecho alguno. Permanecen confiados en que la clase proletaria y el resto de los excluídos tienen metidos en el tuétano casi ya como su adn político el alma de pueblo esclavo. No habrá revoluciones, no habrá sublevaciones, todo está bajo control. Y los gobiernos progresistas que logran llegar al poder no podrán más que administrar el poder económico, financiero de la burguesía y la oligarquía. Desafortunadamente es lo que viene a corroborar la historia de casi 15 años de gobiernos del Partido de los Trabajadores. Afincado en la izquierda comporta el centrismo oportunista de la socialdemocracia ideológicamente corrupta. Saca en ese lapso de gobierno a varias centenas de pobres y miserables de ese estado vegetativo, pero no ataca las causas del problema. El PT no tenía un proyecto de emancipación política para Brasil. No lo tiene.

Brasil sigue siendo el gigante latinoamericano que decide el rumbo de América Latina. Plegado a los intereses imperialistas de los EEUU condena a toda la región al sumidero de la historia. Los gobiernos de Lula da Silva y el PT llegaron a posicionar el estado y el país en una ruta de integración latinoamericana más allá de la consideración yanqui de la misma como su patio trasero. La política exterior del Gobierno de Lula tejió la alianza con los BRICS como clara y potente señal del mundo multipolar que empujan China y Rusia. Se sepultó en América latina el tratado ALCA, dándosele paso en alianza con la Venezuela de Chavéz, la Argentina de Kichner, el Ecuador de Correa y Cuba a una nueva configuración geopolítica regional. El nacimiento de la UNASUR a iniciativa de Venezuela y secundado por Brasil ponía fin a la hegemonía política de los EEUU en América Latina. Los estrategas del Imperialismo yanqui no dormían. Es así como propician el reciente golpe de estado en Brasil, la prisión de Lula y el empoderamiento de la corriente más reaccionaria fascista que levanta cabeza después de la era de los gobiernos progresistas en la región. La Espada de Dámocles sobre la democracia, el desarrollo inclusivo y la soberanía de los países latinoamericanos se desata.

Venezuela ha caído víctima del error de las revoluciones que devoran a sus propios hijos. La crisis de identidad ideológica del gobierno de N. Maduro pone en crisis terminal el proyecto socialista. La derecha representada en la burguesía, la oligarquía y un amplio espectro de la clase media no tiene crisis de identidad alguna, van a por todo con el apoyo de los EEU y la UE. Cuba, aún con vida en ese empeño social originario, transita por el interregno que la lleva al retorno capitalista. De ello no hay ya dudas que valgan cuando se constata el cambio constitucional que avanza la fuerza política en el poderiv. Se empoderan las fuerzas del capital y sucederá así a menos que el pueblo le de un vuelco revolucionario socialista a ese giro. Son los dos pilares que habían de apuntalar una nueva realidad socialista en la región. La siembra del precedente que haga posible la alternativa al capitalismo hace aguas por todos los costados.

Si el pueblo brasileño logra sacudirse, por pánico o cálculo instintivo de costos/beneficios, el letargo de clase sin consciencia para sí y detiene el fascismo corriente en la segunda ronda de las elecciones presidenciales, habrá un respiro para la región y para los movimientos progresistas, izquierdistas y humanistas en retomar los espacios que comiencen a hacer reversible la honda derechista neoliberal y profascista que amenaza con sumir los países latinoamericanos en una ruta hacia la destrucción y la definitiva conversión de los mismos en esa propiedad monroeista que reimpulsa ahora el deep state con la Administración de D. Trump.

ihttps://www.youtube.com/watch?v=h3VoCM91gu4

iihttps://www.youtube.com/watch?v=UJiJBaFBuZg

iiihttps://theintercept.com/2018/10/02/lula-brazil-election-noam-chomsky/

ivhttps://robertocobasavivar.wordpress.com/2018/08/11/cuba-constitucion-socialista-o-contrarrevolucion-capitalista/

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