Brasil. 1984 en el 2018

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¿El apartamento es suyo?
– No.
– ¿Seguro?
– Seguro.
– ¿Entonces no es suyo?
– No.
– ¿Ni un poquito?
– ¿O sea, que usted niega que sea suyo?
– Lo niego,
– ¿Y cuándo lo compró?
– Nunca.
– ¿Y cuánto le costó?
– Nada.
– ¿Y desde cuándo lo tiene?
– Desde nunca.
– ¿O sea, que no es suyo?
– No.
– ¿Está seguro?
– Lo estoy.
– Dígame ¿Por qué eligió ese apartamento y no otro?
– No lo elegí.
– ¿Lo eligió su mujer?
– No.
– ¿Quién lo eligió?
– Nadie.
– ¿Entonces, por qué lo compró?
– No lo compré.
– Se lo regalaron…
– No.
– ¿Y cómo lo consiguió?
– No es mío.
– ¿Niega que sea suyo?
– Ya se lo dije…
– Responda la pregunta.
– Ya la respondí.
– ¿Lo niega?
– Lo niego.
– O sea, que no es suyo…
– No.
(…)
– Señor Juez ¿Usted tiene alguna prueba de que ese apartamento sea mío, que yo haya vivido ahí, que haya pasado allí una noche, que mi familia se haya mudado, o tiene usted algún contrato, una firma mía, un recibo, una trasferencia bancaria, algo?
– No, por eso le pregunto.
– Ya le respondí.»

 

Esto, mis amigos, no es un chiste, es un extracto del interrogatorio hecho por el juez Sergio Moro a Luis Ignacio -Lula- Da Silva, y este ha sido todo el argumento legal para sentenciarlo a doce años de prisión.

No hay que ser un doctor en política internacional ni vernácula para darse cuenta que la verdadera intención es, a corto plazo, impedir que concurra como candidato a las próximas elecciones de Brasil, y a largo, destruirlo políticamente.

Definitivamente, la derecha cavernaria ha refinado hasta la quinta esencia sus métodos contra la democracia, la libertad y el bienestar de los pueblos…

Luis Tomás Oviedo

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