Bono se confunde

&nbsp Pero eso lo dice a sus ex­pensas, pues nadie lo ha dicho ni expresamente ni tá­citamente. No. Lo que no le perdonan sus adversarios es que se diga socialista y sea rico. No se lo perdona el PP, pero tampoco se lo perdonamos los socia­listas y los comunistas de corazón o de mentalidad.

&nbsp Un socialista ejemplar –y un individuo que preside el Congreso de­biera serlo- no se enriquece. Podrá tener mucho dinero por herencia o por azar, pero no se hará rico especulando, como se ha enrique­cido Bono y su familia. En esta cuestión el paralelismo está servido. Bono se une a esa inmensa mayoría de católicos españoles que defien­den lo indefendible en la política pero ni rezan ni van a misa en su vida, o bien, por el contrario, se dicen cristianos por­que frecuentan ritos y procesiones, pero desprecian a los demás o les ponen la bota encima, y no dejan de poner al país jamás patas arriba.

&nbsp Cuando un político socialista que ha formado parte del gobierno o destaca en el Congreso se enriquece, todo el partido se resiente, todo el mundo mira hacia los principios y postulados del partido para señalar las contradicciones que desprestigian. No lo comparemos con el PP. No hay agravio comparativo que valga entre el PSOE y ese de­nominado partido político. Pues el PP no es un partido propia­mente dicho: es notorio que estamos ante una guarida de ladrones y de mentirosos. Por eso todo lo que hagan los correligionarios del PP será conforme a los dictados del monipodio. Y por eso mismo a nada conduce afearles nada de lo que dicen o lo que hacen. Son conformes a su naturaleza mafiosa. Lo que ha de hacer el bien pen­sante y el bien nacido es ig­norarles, soportarles mientras sean due­ños de la finca nacional, del dinero, de las finanzas, de los medios de comunicación en su prác­tica totalidad; mientras estén en los ayuntamientos, en los dispensa­rios, en las instituciones regionales y locales, en las iglesias, en los obispados, en la clínicas. Pero nunca se debiera debatir con ellos, ni responderles. Lo único que procede es ignorarles y sufrirles como cuando hubimos de soportar a Franco.

&nbsp Pero el PSOE es un partido que fue la esperanza de la regenera­ción política de este país. Y prescindiendo de mil peripecias objeti­vas de carácter netamente político que lo han puesto desde el prin­cipio en evidencia, los militantes que abanderan al PSOE y dejan mucho que desear hacen mil veces más daño al partido que un&nbsp desgarramantas miserable que se ha metido en el PP para “fo­rrarse”, como fue el caso de los indeseables Zaplana, Aznar o Alva­rez Cascos. Un señor, como Felipe González, que “asesora” al más rico del mundo, Carlos Slim, es un socialista mugriento y oportunista como la copa de un pino. “Asesora”, pero siempre nos hemos pre­guntado, ¿qué le dirá, si no argucias y tretas basadas en el conoci­miento geopolítico y económico que adquirió en su puesto de vigía los años que profesó el socialismo, para engañar a otros? ¿qué habrá de asesorarle, sino ardides para enriquecerse más, y él con él pese a saber que sabe el mundo que detrás de cada gran fortuna hay siempre al menos un crimen?

&nbsp Está bien claro. Las respectivas haciendas de ambos son la prueba del nueve de que eso es así: tanto González como Bono se han en­vilecido haciendo de su militancia en el socialismo un medio bas­tardo para enriquecerse. Habrá otros, pero sabrán disimularlo. Pues a veces el ocultamiento de la riqueza adquirida honestamente no es indigno sino prudente. A veces la riqueza nos “amenaza”. Pero hay que saber renunciar pues es una vileza del socialista pre­dicar su reparto equitativo por un lado, mientras por el otro se afana en adquirirla a costa de los demás.&nbsp Cuando las circunstancias nos traicionan o traicionan nuestra voluntad o nuestros principios mora­les o de conciencia, lo último que debe hacer un político socialista que ocupa un puesto relevante en el partido y en la gobernación, es ex­hibir la manera de haberse apoderado de 8 millones de euros, equi­valentes a la friolera de 1.300.000 de las antiguas pesetas. Así es que no se confunda Bono. No se le perdona que sea socialista y cristiano. Es objetivamente imperdonable que sea socialista y sea tan rico como tantos y tantos ladro­nes que saquean a este país.

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