Bolivia. “… Y seremos millones! ”

El Papa Francisco, tan oportunista y acomodado, tan santurrón él, calló como una ostra. La OEA con su por todo concepto impresentable Almagro, demostró que definitivamente Fidel Castro sí era sabio y visionario cuando la definió como el Ministerio de Colonias de los Estados Unidos.    Los gobernantes de los países latinoamericanos, tontos envalentonados tan solícitos cuando se trata de invocar  el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca –TIAR- para que los Estados Unidos mande sus marines contra quienes alteren la democracia en la región –valga decir, cuando arriben gobiernos que se tomen en serio eso del “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”-, no han dicho “ni mu” en este preciso punto. Sólo piden a la indecente autoproclamada, una tal Yanine Áñez vocera de un partidito de la nueva corriente evangelista fascista que asola  Latinoamérica, que llame a elecciones “lo más pronto posible”.

La Unión Europea –tan civilizada ella, tan pulcra ella-, “toma atenta nota” de la situación del país y “llaman a las partes a que inicien diálogos cuanto antes”. La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Michel Bachelet, “manifiesta su preocupación” por la violencia que se da en el país, y llama a una “transición pacífica”. El presidente de Colombia Iván Duque y su Cancillería claro, los primeros  reconocen a la autoproclamada como legítima mandataria del país, y claman porque el escarnecido pueblo ponga fin a la violencia. Sí el pueblo. Y exige que igual se  terminen “las dictaduras” de  Nicaragua y Venezuela. Es decir, para nadie hubo un vulgar cuartelazo -incruento en su primer momento-, ni fue derrocado un presidente legítimo, ni la usurpadora es dictadora. El mundo que nos tocó vivir.

Tal la reacción de los poderes de la tierra  frente a la reedición en Bolivia del mas siniestro de los males que han aquejado a la América Latina a lo largo de su historia, los golpes militares y su corolario las sanguinarias dictaduras. Algo que se creía definitivamente superado y arrojado al basurero de la historia por siempre jamás después de más de 192 cuartelazos  en ese suelo desde la independencia dada en 1825 por el padre de esta patria Simón Bolívar. Promesa hecha y jurada por los actores del extravío y el mismo artífice del engendro los Estados Unidos, en palabras de su presidente  Barak Obama en visita a la Argentina. No era para menos en el escenario de tantas atrocidades patrocinadas por esa nación.

Sí, hipocresía, y sólo hipocresía esas reacciones. Del Papa, la OEA, la ONU, la UE, la Iglesia Católica boliviana y las peligrosas sectas evangélicas,  la Alta Comisionada y desde luego el Departamento de Estado. De todos, y de la mayoría de los gobiernos de América y de Europa. Golpe militar no ha habido, así a la  luz del mundo, el comandante del ejército un risible general Kalimán, le haya exigido la renuncia a su comandante supremo el presidente a quien debía irrestricta obediencia. El presidente elegido tres veces por abrumadora mayoría en elecciones impolutas e incuestionadas, resultó ser un dictador. Su renuncia forzada, no fue aceptada por el Parlamento mayoritario, pero eso no se menciona.  La obscura Yanine es  presidenta constitucional, aunque nadie la eligió, no está en el orden sucesoral  constitucional, ni fue investida por un parlamento legalmente  reunido ni con quorum para decidir. Entre tanto, la nueva “mandataria” ordena al ejército del cual es títere, -recordemos,  Estados Unidos prometió que no volvería a propiciar  los burdos cuartelazos tradicionales-,  la  represión de las multitudes de indignados nativos que marchan hacia las ciudades en defensa de su presidente. Y decreta  la impunidad de los crímenes que cometan. Y sobre los  muertos y heridos que antes de posesionarse ya ha causado, jura sobre la biblia con la que se  posesionó “en nombre de Dios”, que no ha habido un solo disparo de la tropa contra “esos indios”.

La prensa -falta la prensa cuándo no-, la nacional y la internacional, toda al unísono, incluida radio y televisión, replica lo anterior. Ninguna – increíble coincidencia-, ha mencionado la expresión golpe militar, los pocos muertos y heridos que a su pesar y muy de paso mencionan, son producto de “enfrentamientos”, no crímenes deliberados de un ejército fieramente  armado contra unos indígenas inermes ataviados de ponchos y polleras, agitando la wiphala su símbolo de identidad. Crímenes de odio racial y de clase de la aristocracia santacruceña que siempre vio a las mayorías originarias como una clase despreciable llamada a ser -y así lo fue hasta la llegada de Evo al poder-, siervos y sirvientes.

Y cuando aumentan los muertos y las redes sociales llevan al mundo las desgarradoras escenas de la indiecita hablándole a su hijo adolescente  que acaba de caer, la canalla mediática  entonces cambia de tema y descubre que “el dictador” Evo Morales vivía como un jeque, un sultán, imagínense, tenía cama. Y dedican  programas enteros  radiales y televisivos a  mostrar la cama del “jeque”, y a debatir sobre ello con sus “analistas internacionales”. Y para mayor desvergüenza, imagínense dicen, la habitación del potentado tenía baño. Y  en un país con tantas necesidades, también computador.

El risible general Kalimán recibió su millón de dólares en la propia sede de la embajada de USA en La Paz, y sin dar explicaciones, voló hacia los Estados Unidos donde vivirá espléndidamente aunque debe saberlo, con el desprecio con que el gobierno y los militares de allí  miran a sus pares  que traicionan a la patria. El Departamento de Estado, jubiloso pero discreto para que no se note que son la mano detrás del golpe, llama a “serenar los ánimos, y reconstruir juntos la democracia”.

Entre tanto, ya son decenas de miles los indígenas movilizados desde sus humildes poblados en las altas y lejanas sierras, y llegan a Potosí, Senkata, Oruro  y La Paz, enfrentando todas las inclemencias y necesidades, sin reparar en comida ni dormida,  bizarros agitando su wiphala, enarbolando como otra bandera sus muertos y los heridos que les van causando los criminales  apostados a lado y lado de la vía.

Lo que aunque sabiéndolo  presumen que no los golpistas y los regentes del capitalismo que desde la metrópoli y sus clientelas satélites los apoya, es que ese pueblo boliviano está integrado primordialmente por indígenas Aymarás. Con un pasado de lucha y heroísmo  de difícil parangón en el mundo. Que han enfrentado más de 190 dictaduras militares, dejando en esos combates miles de muertos, heridos, mutilados y torturados. Que están acostumbrados a ello, y por eso no se amilanan con esta. Y saben que el derrocamiento de su presidente es una declaración de guerra  de la aristocracia y la oligarquía pazeña y santacruceña, y aceptan el reto. Y lo hacen tomándose las carreteras y marchando por ellas con sus cánticos y proclamas. Y como muestra de que recogieron el guante y no les da miedo, van gritando ¡Guerra Civil! Es que son los hijos del gran Aymará  Tupac Katari quien al momento de su  atroz descuartizamiento por los españoles, lanzó su sentencia  que se cumple en este año de 2019: “¡Volveré! ¡Y seremos millones!”

Bogotá, Noviembre de 2019

Alianza de Medios por la Paz

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