Bohumil Hrabal, cronista de Praga

Con solo leer el nombre de la capital de la República checa, varios escritores se asocian de inmediato a ella: Jaroslav Hasek, Jan Neruda , Franz Kafka, Jaroslav Seifert, Rainer María Rilke, Leo Perutz, o Milan Kundera; y por supuesto el nombre del <<pequeño hombre>> que encabeza estas líneas conmemorativas. Brohumil Hrabal nació en Brno(Moravia) el 28 de marzo de 1914 y falleció el 3 de febrero de 1997, en Praga en donde había vivido prácticamente toda su vida. Se licenció en Derecho, si bien nunca practicó  dicha profesión, y posteriormente pasó por una infinidad de variopintas ocupaciones para subsistir :  oficial de notaría, viajante de comercio, obrero siderúrgico, jornalero, tramoyista, actor, triturador de papel viejo, empleado  de ferrocarriles, oficinista, etc. hasta que al filo de los cincuenta años publicó  su primera obra literaria, desde entonces no paró; a no ser en los tiempos en que la llamada  << primavera de Praga >> fuese abortada por los tanques soviéticos, y los nuevos mandamases prohibieran sus obras, época de <<escritores rigurosamente vigilados>>(como los trenes de los que hablase en, quizá, su más celebrada novela que luego fue llevada a la gran pantalla por Jirzí Menzel, recibiendo un Oscar en 1967)… su escritura no debía ser lo  suficientemente seria para los nuevos serios señores de la nomenklatura.

De lo dicho hasta ahora ya se pueden deducir varios rasgos que van a ser decisivos en la prosa hrabaliana; por una parte la indudable huella -o parecidos- con los tres primeros escritores nombrados. El valeroso soldado Schwejk -personaje de la obra fundamental de Hasek- da la medida de lo afirmado con sus triquiñuelas de cara a  esquivar las imposiciones burocráticas y militares, su  anarquismo  espontáneo y vital, y su afán de charlar hasta por los codos; aspectos  que guardan un inequívoco aire de familia con los personajes perdedores, marginales, charlatanes que pueblan las páginas de Hrabal, a éste se le llegó a conocer en su país como el <<Hasek del socialismo>>. También los <<pequeños hombres>> de Jan Neruda -de quien tomase el apellido prestado el poeta  chileno don Pablo- parecen haber marcado a los personajes hrabalianos, los pobres de Praga sí tenían quien les escribiese, y baste ver para convencerse los cuentos de la Malá Strana. Kafka y sus endebles, y arrinconados personajes, tampoco resultan distantes de los de nuestro hombre. Así pues, Bohumil Hrabal situa la  acción de sus novelas en la ciudad de Praga, en la superficie y hasta en las alcantarillas en donde se da una incesante lucha entre las ratas, <<el cielo no es humano…>>, y los personajes que pueblan dicha geografía urbana son seres arrastrados por la vida, insignificantes e infames, y me refiero a la carencia de fama, y por qué no, a sus comportamientos al margen de la norma. La pesca de todos estos personajes la consiguió el escritor en su infatigable desfile por los dispares oficios que ejerció, en el seno también de su propia familia –amplia es la sombra de su tío Pepín en muchas de sus novelas, y total  en <<Las desventuras del Viejo  Werther>>-, y…en la atenta y permanente escucha de las historias de las cervecerías de la ciudad; el mismo escritor lo expresa con contundencia: <<yo es que nací en una fábrica de cerveza y desde siempre he tenido una relación especial con lo que la gente puede decir después de haberse tomado unas cuantas cervezas. Sigo con esta costumbre y voy escuchando en las cervecerías>>. Este deambular de barra en barra para engullir jarra tras jarra se traduce así en las curiosas historias oídas que luego  él escribe en sus obras, al tiempo que en su propia manera de ser narradas, en el filo del devaneo, del incontinente parloteo, de los saltos inverosímiles en la exposición, y por momentos hasta en el mismo carácter delirante del discurso. La cerveza, como  queda subrayado,  juega un papel destacado en las novelas hrabalianas, tanto por los hectolitros que a lo largo de las páginas se cepillan,  al igual que por las conversaciones resultantes, como también por las repetidas referencias a la fábrica de cerveza antes mentada por el propio escritor: ahí están su <<La pequeña ciudad donde el tiempo se detuvo>>, o  su fantástica <<Una soledad demasiado ruidosa>>. Con Hrabal nos vamos de birras(Pilsen) por la Staré Mesto(Ciudad Vieja) a la Nové Mesto( Ciudad Nueva), pasando por las cervecerías Hofman, Vlachovka, La Esquina, el Paraíso Perdido, la taberna Myler, la Cizek, o El Tigre de Oro, hasta pillarnos una curda de órdago, a cuatro patas…cuando los bares se transforman para los que a ellos acuden en <<la iglesia de Belén, en la que todo huesped, mediante la charla, se convierte en aquel que fue o quiso haber sido… una soledad ruidosa y bulliciosa en la que se sueña estupendamente>>.

Si ya he señalado varios aspectos esenciales de la escritura de Bohumil Hrabal ( sus personajes arrojados al mundo, el escenario praguense y la embriagadora presencia de la cerveza), el retrato quedaría cojo si no hacemos referencia al carácter netamente autobiiográfico que asoma en su escritura  y al  estilo, al corrosivo humor y a la desenfadada ironía del escritor checo. Señalado ha quedado líneas más arriba la variedad de empleos de Hrabal, aspecto qque se deja  ver, sin ningún disimulo, en algunas novelas como <<Bodas en casa>>, y en otras en las que aparecen empleados ferroviarios, trituradores de libros, etc. La experiencia existencial vivida por Hrabal, que vio su país ocupado por los alemanes, posteriormente el surgimiento de un nuevo régimen, y más tarde la invasión soviética y sus restricciones, no le llevaron a hundirse en un negro pesimismo, sino que usa el arma del humor y la ironía para mantenerse a una prudente distancia del milieu de la melèe  , tratando de perfeccionarse a sí mismo,  mantener cuidado su jardín, en plenitud dionisíaca, y no echar la culpa a los demás sino examinándose a sí mismo en la parte alicuota de responsabilidad que le pueda corresponder…Aspecto que queda explicitado en su <<Quién soy yo>> y en otras menciones, en las que las caricaturas rabelesianas llevan al lector a reirse hasta en las cercanías del propio horror. Decía un seguidor, y  discípulo, del escritor que en él se da  <<el increíble matrimonio de un humor plebeyo y una imaginación barroca>>(Milan Kundera).

Y. leyéndole …seguimos a Hrabal de tasca en tasca…conociendo historias y más historias que la cerveza provoca en los que la ingieren, contadas por él en tono burlón y dicharachero.

                                                            [ publicado en su día, en el diario GARA ]

 

 

 

 

 

 

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