Blades Runner

Pocos nombres son tan familiares para los amantes de la música latina (me niego en rotundo a utilizar el término salsa, ese estúpido apelativo inventado en EEUU para definir toda la música basada en la percusión, que nace en los miles de barrios hispanos de aquella nación), como el de Rubén Blades, que debería siempre pronunciarse bleids, ya que el progenitor del cantante, Rubén Blades Bosques, provenía de una familia británica, inglesa por más señas, que fue jockey, jugador de básquet, detective privado y músico anónimo, casado con una excelente pianista de origen cubano, Anoland Bellido de Luna, quien a su vez descendía de una familia de raigambre progresista; tanto era así que su madre le envió a la Universidad convencida de que las mujeres debían acceder a una formación académica para equipararse al hombre. Y en el Panamá de comienzos del siglo XX no estaba bien visto eso de que las féminas se dedicaran a estudiar.

Por ello, Rubén Blades Júnior vivió su infancia y juventud en un ambiente mucho más tolerante y abierto que el del 80 por cierto de las familias panameñas. Su conciencia fue modelándose en la reivindicación política en el barrio de San Felipe, en ciudad de Panamá, a partir del 16 de julio de 1948. Su abuela materna, Emma, le enseñó a temprana edad a leer y escribir, por lo que con tan solo seis años Rubén ganó el primer premio en un concurso de cuentos para niños de primaria. A partir de entonces no dejaría de escribir. Según el mismo dice tuvo una infancia tranquila y feliz: «Yo no supe que mi familia era pobre hasta que salí de mi barrio», señaló en una ocasión. Cuando era un adolescente, su familia pasó por fuertes problemas económicos y, además, la situación política de su país se tornó muy conflictiva.

En este sentido, uno de los hechos que marcó a Rubén e influenció su música, fue lo ocurrido en enero de 1964 en el Canal de Panamá, cuando los norteamericanos allí presentes se negaron a izar la bandera panameña, según el acuerdo firmado en un año antes por los respectivos presidentes, John F. Kennedy y Roberto F. Chiari, que indicaba que la enseña nacional debía ser izada en todos los sitios públicos de la Zona del Canal, junto al pabellón estadounidense, a partir de de la fecha antes mencionada. De este suceso resultaron muertas más de 20 personas. Desde ese instante Rubén cambió su tendencia pro yanqui, y se hizo más crítico ante el papel de Estados Unidos en su patria, asunto que se esfumó definitivamente cuando comenzó su imparable carrera hacia la fama, el cine, la gloria y el dinero.

Rubén Blades inició su carrera profesional en 1965, uniéndose primero al grupo Papi Arozamena, y luego a Los Salvajes del Ritmo. Dos años más tarde se inscribió en la Universidad Nacional de Panamá para estudiar Derecho. Así se mantuvo una larga temporada realizando ambas actividades, hasta que la presión de sus profesores, que no veían con buenos ojos que un futuro abogado cantara ritmos negroides, le obligó a dejar la música. Al año siguiente marcha a Nueva York donde conoce a Pancho Cristal, el productor de Cheo Feliciano, quien lo había escuchado cantar en Panamá y estaba interesado en que grabara un disco con Pete Rodríguez. La producción salió al mercado en 1970. De ahí salieron canciones con cierta fama como Juan González y Descarga caliente. En 1971 regresa a una Panamá inmersa en una tensa situación política, retomando su carrera universitaria con la determinación de terminarla a toda costa. Por razones políticas relacionadas con el régimen de Noriega, su familia tuvo que trasladarse a Miami en 1973. Un año más tarde Rubén se graduó de abogado (título que compulsó en 1985 haciendo lo propio en la Harvard Law Graduate School).y decide alcanzar a los suyos en la ciudad estadounidense, al ver que en su país no tenía futuro ni como músico ni como abogado.

Al poco tiempo de estar en Miami decidió irse a Nueva York. Su primer trabajo fue organizando y repartiendo el correo dentro de la compañía discográfica Fania Records, el sello discográfico por excelencia de todos los músicos latinos. Allí entró en contacto con grandes figuras de la música neoyorquina. Durante esa época compone el tema Guaguancó triste para Richie Ray. Pero la oportunidad de su vida se presentó cuando Ray Barreto, quien estaba buscando un sustituto para uno de los vocalistas de su orquesta, ofreció hacerle una audición de la que sale con un hermoso contrato verbal como solista, que no se cumple hasta que en 1975 grabó por primera vez con Willie Colón: fue una canción también compuesta por el propio Rubén titulada El Cazanguero, a la que sigue Cipriano Armenteros para Ismael Miranda, con la que inaugura el género narrativo que no abandonará el resto de su vida.. Un año más tarde, ya resuelta su situación de inmigrante, pasó a ocupar en la orquesta de Colón el puesto de vocalista dejado por Héctor Lavoe, “La Voz”. Con Willie a su lado, Blades se asienta definitivamente como autor, cantante, músico y abogado.

De esta forma se inició el mayor y más impactante cambio que sufrió la música caribeña en el último siglo. La primera producción se llamó Metiendo Mano que incluyó Plantación Adentro y Pablo Pueblo, dos canciones de Rubén que fueron un gran éxito tanto entre las comunidades latinoamericanas emigradas a EEUU, como en varios países del Caribe y Centroamérica. Paralelamente, compuso canciones para Ismael Miranda, Cheo Feliciano, Pete Conde y La Compañía, además de grabar con Mongo Santamaría, Adalberto Santiago, Perico Ortiz, Louie Ramírez y la compañera de éste, Paula Campbell, quien años después quedaría inmortalizada en el tema Paula C. La competencia era dura porque en aquel 1975 se producen discos formidables como Barretto (Ray Barretto), La voz (Hector Lavoe) y Bobby Valentín va a la cárcel (Bobby Valentín).

Ese mismo año Willie Colon estaba preparando un cambio en su línea interpretativa, decidido a meterse de lleno en nuevos sonidos y experimentando con todos los ritmos y fusiones latinas. Ese trabajocomienza a tomar cuerpo y pocos meses después apadrina la salida oficial de Rubén como solista, cantando junto a Héctor Lavoe en el disco The good, the bad and the ugly, aunque Blades ya había cantado anteriormente (pero de forma casi clandestina) junto a Tito Gómez en el disco Barretto. En 1976 Ray había abandonado su orquesta, deja el sello Fania y se dedica a grabar jazz latino con la compañía Atlantic Records.Héctor Lavoe gozaba de un renombre y fama bien consolidados. En ese estado de cosas, Johnny Pacheco y Jerry Masucci proponen al tandemgrabar un disco con ellos, pero la idea en principio no les agrada mucho, sobre todo cuando se sabe que muchos colegas acusaban al panameño de ser un solista más que discreto, e incluso de ser tachado como un mal imitador de Cheo Feliciano. Pero la profunda amistad que había entre Pacheco y Masucci con Willie Colon vencieron la resistencia de ambos.

La orquesta de este último adquiere una nueva identidad, poniéndose al servicio del timbre vocal de Blades. No fue fácil, pero desde ese año ya se comienza a hablar del “sonido elegante de la orquesta de Willie Colon”. En 1977, registran el disco Metiendo manoWillie Colon presenta a Ruben Blades, que supuso un éxito sin precedentes, lanza al estrellato al panameño, le abre las puertas de la Fania All Stars y es habitualmente invitado por otros compañeros, como en el magnífico LP Louie Ramírez and friends, en el que interpreta el bellísimo retrato de Paula C.

Y así llegamos al momento cumbre en la carrera de Blades. 1978 es el año en el que él y Willie Colon entran el estudio Good Vibrations en Nueva York para grabar la pieza fundamental sobre la cual se edificaría todo un estilo, toda la historia de un nuevo movimiento musical, profundamente latino, pero impregnado de todos los americanismos inherentes a una sociedad que quiere vivir sin perder identidad, en un territorio en el que hay miles de distintas sensibilidades étnicas y sociales. El resultado superó todas las expectativas: Siembra es considerado como el mejor disco latino (me niego de nuevo a pronunciar salsa) de todos los tiempos, y el más vendido jamás. Una producción en la que todos sus temas son obras maestras, desde la voz crítica de Plástico, el sutil doble sentido que encierra Buscando guayaba, la crónica social (cómic genial, más bien en el que algunos creyeron ver una adaptación literaria del Mack The Knife de Bertold Brecht) que es Pedro Navaja, el homenaje a Venezuela titulado María Lienza, la descarga poética (¡ ah ¡…, la sangre cubana) de Ojos, la melancolía nada rebuscada de Dime, hasta el compromiso social y político que encierra Siembra. Cuatro trombones (Lewis Khan, Leopoldo Pineda, Josè Rodrigues y Sam Burtis), el piano exquisito del profesor Joe Torres, el envolvente bajo de Eddie Rivera, la percusión incendiaria (qué congas, señores) de Eddie Montalvo, Jimmy Delgado y Brian Make (el único yanqui), las alegres maracas de Al Santiago, más el coro que formaronAdalberto Santiago, José Mangual y el propio Wilie Colon, amén del genio de Rubén, son los culpables de esta joya imperecedera, que años más tarde sirviera a Manel Josep para fundar la Orquesta Platería.

A partir de los años ochenta, Rubén dejó otras obras memorables, pero su aportación más notoria a la música latina ha sido, junto a la labor gigantesca de la Nueva Trova Cubana, la de dotar de conciencia a una manifestación artística que hasta entonces sólo se distinguía por su enorme atractivo rítmico. Que no es poco.

Hace unos meses, su última obra Canciones del Subdesarrollo,se puso a la venta a través de Internet, en el sitio oficial del cantante (www.rubenblades.com) al precio de 10 $, mientras se pasea por el mundo como responsable de Instituto Panameño de Turismo (equivalente al cargo de Ministro), tratando de que sus amigos del alma, como Antonio Banderas, o el ciudadano panameño Miguel Bosé, inviertan millones de dólares en las playas de su patria, pero deja entrever un cierto regusto amargo en su sonrisa, antes socarrona, producto de saber que es el ministro peor valorado del gobierno Torrijos.

Viaja (huye) tanto que ya le llaman Blades Runner.
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