Bilbomanía y reflexiones heterodoxas

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El espectáculo mediático, contabilizado en horas: programación telediarios incluidos, fue apabullante, ensordecedor diría yo. Durante varias jornadas, fue imposible acceder a un medio vasco y que no te endosara la correspondiente andanada futbolera. Por momentos llegué a tener la sensación de que lo que realmente estaba en juego, era el plebiscito por la independencia de Euskalherria. La verdad es que dudo de si llegado el caso, los medios se fajarán tan acérrimamente. Seguro que algunos, cerrarían el chiringuito.

Dejo en manos de la sociología o quizás de la siquiatría, la interpretación de este fenómeno. Un servidor, aunque sus opiniones sean irrelevantes, se limita a beldar sus impresiones, con la sospecha de que no sean tachadas como socialmente incorrectas, o improcedentes o inoportunas…

Claro que si la peña, se entusiasma, olvida o se transciende con la tempestad «furbolera» está en su derecho. Y dicen que el pueblo es sabio, aunque algunos excéntricos califiquemos de lamentables ciertas sabidurías…

Seríamos obtusos, si en esta gran movida, no destacáramos algunos matices ejemplarizadores, habitualmente impropios en acontecimientos similares. Ha sido apacible y pacífica y si no fuera por su magnitud, diríamos que entrañable. Se notaba que existía «feeling», entre ambas aficiones. Ni altercados, ni destrozos urbanos… Todo el mundo habló de «buen rollito»

En pocos eventos deportivos, el espíritu de Pierre de Coubertin ha estado tan presente: «Lo más importante no es ganar, sino competir…» Lo esencial no es haber vencido, sino haber luchado bien. Nada parecido a los mejunjes mafiosos, al compincheo y a los malos modos deportivos que flotan habitualmente en antenas y estadios.

Feeling incluso en la respuesta al protocolo oficial. Evidentemente, aquel no era ni el himno, ni el rey de la afición. Incluso alguna tertuliada de la corte -con rabiosas máscaras- reconoció, a pesar de la falta de respeto, el derecho democrático a manifestar el enfado o la complacencia…

Una pena que la televisión pública no acabe de controlar a ese viejo duende franquista que se jala mensajes, transmisiones y escenitas controvertidas…

Uno no sabe como hubiese actuado de vivir la ceremonia, probablemente se hubiera dejado arrastrar por el abucheo y la ventolera humana. Pero así, en frío, quizás simplemente hubiera pasado de los acordes y de la monarquía. Y pasaría «realmente» si su mantenimiento no significara unos buenos doblones de nuestros impuestos o la obligatoriedad de acatar las veleidades y la sumisión a la corona. Por mí, uno puede montársela de rey o de arcángel San Gabriel… siempre que no meta el garfio en tu zurrón o la criba en tu discurso…

De todos modos, los forofos de la monarquía lo tienen fácil si quieren controlar a la bellaquería antimonárquica. La liturgia del himno se ve que les trae a mal traer, con tanto pito y abucheo. Quizás, me decía un camarada, si el himno fuera silbado -ya que lo de la letra resulta tan patético-, todos, monárquicos, republicanos, quedarían satisfechos… El abucheo de los soberanistas, se integraría armónicamente como registro de pedal. Es simplemente una idea.

Pero no nos despistemos y centrémonos en el meollo futbolístico, porque lo del «balompié», podemos decirlo una vez evaporadas las efervescencias del evento, resulta como poco, disparatado.

Fríamente considerado, esta actividad no deja de ser una industria, donde lo crematístico anula el aspecto lúdico y los valores humanos del deporte. El dinero que mueve, los emolumentos de astros y humildes satélites como tantas veces se repite, son escandalosos. El ambiente humano, violento, parcial, cutre y plagado de sucias maneras…

Quizás en algún momento pudo albergar una sana competencia identitaria. Hoy, -si exceptuamos hasta cierto punto a nuestro simpático «aleti»-, con la filosofía del talonario, ni siquiera eso. Y aunque así fuera, no creo que sea ejemplar, medir la calidad de un pueblo por la potencia y destreza de sus atletas. Hay otras virtudes que calibran su auténtica riqueza y sus valores.

Pero evidentemente no podemos dejarnos arrastrar por falsos puritanismos. De una forma u otra, todos nos hemos visto alguna vez inmersos en episodios de paroxismo ciudadano.

Inhauteriak, San Fermines o Aste nagusiak, han sido circunstancias para desinhibir nuestras adrenalinas o nuestras composturas convencionales. Que hasta Petronio, por muy «arbiter elegantiarum» se mezclaba en el estadio con la chusma del «panem et circenses». Y que tiene mucho de humano y de catártico -con su matiz de patrimonio cultural- participar en las puntales «orgías» ciudadanas.

Pero claro, el desmadre futbolero, -lo digo modestamente, por aquello de los sociólogos- ya es otra cosa. En la fiesta, en la celebración popular, la inmersión es «con». En el futbol competición, es «contra».

Se trata de machacar, de romper… el «¡a por ellos!». Las expresiones son tan innumerables como malignas y variopintas. Y se genera un espectáculo donde el odio, la venganza e incluso la sordidez llegan a preocupar… Hasta la política se sacuden sus ponzoñas…

Y entran a saco los medios, a los que se les supone cierto tacto didáctico… Y los medios se dedican a engrasar la rueda del despropósito y del encono…

Ya he indicado que estas reflexiones, pueden exceder lo socialmente correcto. También me consta que no pocos las comparten, sin que esto implique ninguna categoría cultural ni una sensibilidad especial, no estamos para aristocracias espirituales. Simplemente, algunos, como si fuéramos de otra galaxia, gozamos de otras percepciones, que al margen de su peculiaridad, las queremos dejar libres.

Y en este sentido, a un servidor, la pasada movida futbolera de la «copa del rey Borbón», por muy institucional, subvencionada -con el erario público- y políticamente correcta que fuera, le pareció un despropósito. Y no quiero entrar en consideraciones, que podrían afectar seriamente a la soberanía de nuestro pueblo.

Pero que no se me malinterprete. Un servidor puede pensar, que lo que para uno es un desenfreno o un síntoma de que esta sociedad peca de frívola o de insensata, para otros más conspicuos, no pase de ser una simple fórmula para evadirse de sus problemas. Y así será sin duda, y quizás un disfraz para ocultar el rostro enfermo de nuestro sistema o el hastío, o el desencanto, o vaya usted a saber qué…

De todas formas y si no queda más remedio, ¡Aupa Atlethi, Osasuna y todos los reales y deportivos clubes de Euskalherria¡ Por animar que no quede…

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