Batalla en Seattle: un cine para el debate

El antiguo obrero y presunto socialista demostraba quien seguía ganando la lucha de clases, e ilustraba aquella anécdota del proletario brasileño que en medio de una huelga, le dijo ingenuamente al patrón: “Es que Vd., no sabe que existe la lucha de clases”, y éste le respondió: “!Y tanto que lo sé¡ ¡La hemos ganado nosotros¡”

Después de haber ganado algunas batallas (y no pocos derechos sociales) en la segunda postguerra mundial, y en los años sesenta-setenta…Después del descalabro del “socialismo real” se fue imponiendo una izquierda transformada (lo que no le impide llamarse “transformadora”, lo que bien podía hacer pero con mucha ironía)…Después de todo esto llegaron los intelectuales domésticos para decirnos que eso de la lucha de clases ya estaba pasado de moda, que había que pasar del nosotros al yo, todo lo cual fue dando lugar a la mayor derrota social&nbsp jamás conocida. Una derrota que creaba una crisis ecológica y alimentaria de consecuencias casi apocalípticas, un retroceso brutal en el mundo mayoritario, así como de un cambio histórico que se describe en pocas palabras: por primera vez los hijos de los trabajadores podían mirar a sus padres como “privilegiados”…

Esto último quedaría más o menos&nbsp camuflado bajo el velo de las conquistas anteriores y por un furor consumista de consecuencias devastadoras, sin olvidar una pérdida radical de conciencia de la cual tenemos cumplida expresión en esa “izquierda” representada por Montilla cuyas declaraciones sobre la crisis proclama que el libre mercado y la insultante tasa del beneficio empresarial son sagrados…De todo ello nos habla esta película que puede considerarse una demostración de que los hijos de Ken Loach son cada vez más, de que el cine, incluyendo el más tradicional, se está apuntando al frente del rechazo del neoliberalismo. Así pues, con todas sus limitaciones, esta es una película que ilustra la consigna de que nuestras vidas valen más que sus beneficios…

Estamos ante una película comprometida que narra los cinco días que hicieron temblar el templo del dinero en 1999. Narra como decenas de miles de manifestantes tomaron por asalto la calle en protesta contra una corporación enemiga de la humanidad llamada Organización Mundial del Comercio (OMC). Muestra que lo que comenzó como una protesta antiglobalización en principio moderada, sin ninguna cobertura mediática, que se planteaba un objetivo tan “utópico” como el cese de las conferencias de la OMC, se convirtió en una auténtica revuelta social que finalmente obligó a proclamar el estado de excepción, lo que desembocó en la adopción de una postura de combate contra el Departamento de Policía de Seattle y la Guardia Nacional por parte de una masa de manifestantes, todos ellos pacíficos y más sin armas que la demagogia de los hechos. Esta película llegó a nuestras pantallas con menos resonancia de la que merecía, pero ahora puede llegar al más apartado centro social para recordar a los más jóvenes unos hechos decisivos.

Batalla en Seattle muestra los puntos de vista de un grupo de personas que intencionada o accidentalmente estuvieron en las calles de Seattle durante aquellos días.

Ésta película seguramente no habría existido sin el empeño del actor Stuart Townsend que ha efectuado su “ópera prima” como realizador con una propuesta militante que evoca con veracidad estas manifestaciones, que describe a algunos de sus múltiples protagonistas, sus diversos focos de rechazo…Para ello es de suponer que sería imprescindible la intervención de su compañera, Charlize Theron, una actriz que no siempre se distingue por saber escoger sus papeles pero que será recordada por unas pocas películas, no muchas, la verdad. Towsend ha podio beneficiarse del soporte industrial y de una serie de actores conocidos, lo que le han dado a la producción una dimensión más amplia. Aunque la trama se atiene bastante a los hechos, Towsend ha optado por crear una ficción que a mi parecer resulta bastante representativa aunque la gente que estuve más cerca seguramente podría matiza muchas cosas. Ha optado por una película coral que sabe mantener el interés del espectador por más que va contando los temas de denuncia. En éste sentido resultan muy convincente apuntes como la del médico que denuncia a la industria farmacéutico o el de los representantes africanos que se han sentido despreciado…

Desde este punto de vista, el autor sale airoso de la operación, y sí la película &nbsp ha pasado injustamente desapercibida se debe no tanto a sus valores como al hecho de que no ha contado con muchos apoyos de la opinión crítica, entre otras cosas porque estos son todavía muy minoritarios, y tienen que atender a muchas otras cuestiones.&nbsp &nbsp Uno hasta podría pensar mal, pues el film arremete directamente contra la OCM y sus dudosas operaciones. Townsend demuestra inteligencia al convencer de pleno a cualquiera de ponerse en contra de tan poderosa organización, y deja bien patente lo que significó para las movilizaciones ulteriores.

No tengo de que la lucha de clases de la que hablamos también una traducción en la pantalla, y por lo tanto, hay que aprovechar obras comprometidas como esta en la que una cineasta inquieto plasma un capítulo decisivo de nuestra historia y lo hace con rigor y honestidad. Sin ser nada del otro jueves, se trata de un aporte cívico muy interesante que se sostiene por un guión bien tramado, por unas interpretaciones sólidas, pero sobre todo por la convicción de su mirada airada.&nbsp Se puede afirmar que Batalla en Seattle sale airosa en su vocación documental y crítica as fuerza de ser honesta con unos hechos que fueron noticia en todas partes, y que ahora aparecen argumentados a través de las peripecias de diversos actores y testigos.

De todas maneras, mi intención al comentar la película no es tanto ofrecer un veredicto de “crítico de cine” sino llamar la atención sobre una película que ya se está divulgando en DVD y que está al alcance de cualquier peña para ver y discutir. Y sí alguien me cuenta que esto ya es conocido le diré que –lamentablemente- no es así. Vivimos en unos tiempos acelerados, con unos sistemas informativos que banalizan todo lo que es importante, y sin articulación social y organizativa, de manera que la memoria solidaria tiene enormes dificultades para transmitirse. Y esta película es un medio excelente para ver y discutir, que buena falta hace para elevar la conciencia de unas nuevas generaciones que se están encontrando delante de un paisaje de corrupción y desolación. Un paisaje del que las declaraciones de Montilla sobre la crisis económica y sus soluciones, son un buen ejemplo.

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