Basta es Basta en Yemen

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España debe de dejar de vender armas a Arabia Saudí

No hay ninguna duda de que los saudíes sabían lo que hacían. El macabro ataque fue perpetrado a medio día, a plena luz, con perfecta visibilidad en una zona urbana, junto a un mercado en la gobernatura de Sadaa, al norte del Yemen. La misma coalición encabezada por los saudíes lo ha reconocido. Según un comunicado suyo se trataba de “una acción militar legítima que se realizó conforme a las normas humanitarias internacionales”. Estos cínicos criminales de guerra que reconocen matar deliberadamente a niños menores de diez años en represalia a un misil disparado contra la ciudad saudí de Jizan el día anterior son nuestros mejores socios y amigos en la región. Algo funciona mal con nosotros.

Las redes han mostrado fotografías en que se muestra que al menos uno de los misiles era de fabricación de Estados Unidos. Los pilotos saudíes hubieran podido haberse entrenado en España. Nunca estaremos seguros. Arabia Saudí es el principal cliente de la industria de defensa española fuera de Europa. España exportó a Ryad armas por valor 270,2 millones de euros en 2017. Hemos ayudado a crear un monstruo con nuestros sucios negocios. Tenemos que hacer algo.

Desde que empezó la guerra hace más de tres años hemos mirado al otro lado cuando mes tras mes ocurría una masacre similar. Aunque la verdad es que esta ha sido la madre de todas las masacres y es difícil por su crueldad cerrar los ojos. La guerra de Yemen está ganando intensidad con la batalla por Hodeidah y los saudíes encuentran una resistencia inesperada. El puerto esta todavía en manos de los huzíes. Por él entra la mayor parte de la ayuda humanitaria. La guerra ha dejado a 11 millones de personas tan vulnerables que dependen de ella para sobrevivir.

Precisamente una semana antes del ataque a los niños de Sadaa hubo otra masacre en Hodeidah. La aviación saudí –testigos dicen que había aviones militares volando aunque los saudíes no lo reconocen– atacaron con misiles la entrada del hospital Al-Thaurah y el mercado de pescado, separados por algo más de 150 metros. Es uno de los lugares más frecuentados de la ciudad. Murieron 55 civiles y más de 170 fueron heridos. El criminal ataque era la respuesta a disparos con misiles huzíes contra un petrolero saudí en el mar rojo.

La guerra es genocida porque los saudíes tienen la estrategia de castigar hasta con muertes violentas a la población civil por sus posiciones políticas. Se trata de un castigo colectivo, por eso atacan bodas, funerales o autobuses de escuelas. Es también por esa razón que los saudíes han roto la vida económica bombardeando todo tipo de infraestructuras. Los servicios sociales apenas funcionan, los precios están disparados, los salarios de los funcionarios no se pagan, los hospitales han sido destruidos y las escuelas ahora son refugios o propiedad de grupos armados. Puede haber comida pero ¿cómo comprarla? Los medios de vida de millones de personas han desaparecido y la incipiente clase media ha caído en la pobreza. La mayoría de los yemeníes tienen solo una comida al día y muchas veces no completa. En Hodeidah, una ciudad de 600 mil habitantes, cerca de 300 mil personas han tenido que huir. En muchas de sus áreas no hay electricidad. Escasea el agua. Los precios están fuera de control. El cólera, por el calor y las condiciones sanitarias de los desplazados, acecha de nuevo. El año pasado una epidemia afectó a más de un millón de personas y miles murieron.

Guerra del Yemen Arabia Saudí Huzíes

El ataque intencionado a los niños forma parte de esa brutal estrategia de la que la batalla de Hodeidah es una pieza. La toma del puerto significaría el control saudí de la distribución de productos básicos: grano, fuel, medicinas, lo que permitiría a la coalición saudí-emiratos usar la ayuda humanitaria como arma político-militar en esta estrategia de castigo colectivo a la población. El 80% de los yemeníes vive en territorio bajo control huzíe. Sería sin duda un crimen de guerra al que la Comunidad Internacional tendría que responder. Por eso ni Estados Unidos ni Gran Bretaña intervienen directamente en la batalla por el puerto.

Las organizaciones humanitarias que trabajan en Yemen han dicho que se ha llegado a una situación en que la única ayuda humanitaria posible es parar la guerra. Estamos hablando de una crisis que las propias Naciones Unidas calificaron de apocalíptica. La Unión Europea, que tiene una posición ambigua en el conflicto, ha reconocido que no hay solución militar y que el conflicto debe ser resuelto a través de negociaciones. Parece que tiene razón. Los huzíes no muestran debilidad. La batalla por Hodeidah que según la coalición iba a durar una semana lleva dos meses. La capacidad balística que están mostrando parece que está haciendo daño a los saudíes, algo que no ocurría en los dos primeros años de guerra. Las masacres de civiles en Hodeidah y Sadaa han sido respuestas a lo que parecen ser disparos de misiles exitosos.

Los huzíes han declarado que disparan misiles en legítima defensa contra los continuos ataques aéreos saudíes. Según el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales con sede en Washington, en los primeros cuatro meses de este año han disparado 30 misiles, el mismo número que en todo el año 2107. El ritmo de disparos parece no haber descendido desde entonces.

La Unión Europea está dividida. Mientras en sus reuniones hacen declaraciones altisonantes sobre la necesidad de encontrar una solución política, parte de sus miembros sigue involucrada en el conflicto vendiendo armas o asesorando a los militares saudíes. En el proceso Suecia, Finlandia, Bélgica, Alemania han dejado de vender armas a los saudíes, pero Gran Bretaña, Francia y España, entre otros, siguen vendiéndoles. La incapacidad de Bruselas para actuar como una Unión se expresa también en esta guerra. Ha sido incapaz de condenar los crímenes de guerra de sus amigos ricos y de suspender la venta de armas a los contendientes (solo han decretado un embargo contra los pobres y debiles huzíes). Los principios son solo aplicables a los enemigos, no a los amigos, a los que se les pasa todo.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es tan inoperante por sus divisiones que fue incapaz de condenar la masacre de los niños de Sadaa, a pesar de que el Secretario General de Naciones Unidas lo había calificado de “crimen de guerra”. El Consejo está tan dominado por Gran Bretaña (quien ejerce la presidencia este mes) y Estados Unidos, amigos íntimos de Ryad, que tuvo la osadía de poner a perpetradores y víctimas en el mismo nivel. Llamó a ambos bandos a cumplir la ley internacional. A los niños menores de 10 años muertos y a los pilotos de guerra saudís. Qué ridículos son.

Todavía esta en vigor la resolución 2216 de abril 2015 que da legitimidad a la coalición liderada por los saudíes para atacar a Yemen mientras impone un embargo de armas a los huzíes y les exige que dejen de defenderse de las agresiones de su vecino del norte. Las propias Naciones Unidas hicieron público un informe en junio haciendo responsable a la coalición de la muerte o heridas de 1.300 niños durante 2017, pero no nombró ningún niño saudí fallecido a causa de disparos de misiles desde Yemen.

El enviado especial de las Naciones Unidas, Martin Griffiths, ha convocado una reunión en Ginebra a principio de septiembre para discutir un acuerdo que de fin a la guerra. Pero las negociaciones encuentran siempre con un muro: Ryad no reconoce a los huzíes como un actor político, y al gobierno de facto en Sanaa como un gobierno. Califica a los huzíes de “milicias terroristas pertenecientes a Irán”. Viendo su actitud con Canadá, a quien obligó a salir del país a su embajador en Ryad por criticar la falta de respeto a los derechos humanos en general y en particular con las mujeres, parece imposible pensar que Ryad cambie de actitud y abandone la guerra sino se le presiona. Arabia Saudí ha tomado un rumbo agresivo, ambicioso, y le traen sin cuidado las leyes internacionales. Sin duda se necesitan medidas más contundentes contra Ryad que llamamientos a cumplir las leyes.

Amnistía Internacional pidió la semana pasada al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que cumpla con sus compromisos electorales y pare la venta de armas a Arabia Saudí. España debe estar del lado de los países comprometidos con los derechos humanos y no con los intereses de los accionistas de las empresas de armamento que hacen negocio con la tragedia humana. Europa debe de dejar de vender armas a Arabia Saudí mientras continúe su guerra genocida contra Yemen.

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