Basta de amenazas

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Mientras algunas personas se afanan en etiquetar qué ideas e ideologías son válidas para el siglo XXI, la realidad no para de mostrarnos actitudes que nada han cambiado en todas las décadas de capitalismo y una regresión próxima a la Edad Media en algunas zonas del mundo.

Hoy hay quienes nos hablan de una sociedad madura que tiene capacidad de decidir, poniendo peros, en vez de aprovechar la madurez de la misma para romper con los esquemas imperialistas que ataron a muchos pueblos a esta cárcel de pueblos llamada España.

Hoy en Cataluña hay un proceso abierto de escisión del país de los desahucios y de la OTAN, un proceso muy difícil plagado de chantajes económicos y amenazas, como los pronunciados por Felipe VI sobre que una constitución legada por los franquistas y que muchos ni llegamos a estar vivos para verla en su transición a la democracia, “prevalecerá”, o la insinuación de utilizar al ejército para impedir un proceso democrático por parte de ministros y aspirantes al Gobierno. Quizás para ellos, lo de Cataluña es un “golpe de estado” y lo de Franco “una guerra civil”, pero para las personas verdaderamente democráticas reconocemos en lo segundo el golpe de estado y un difícil proceso democrático en lo primero.

Pero difícil no quiere decir que se deban recurrir a las armas, sino que habrá que sentarse a dialogar, recurriendo si hace falta al psicólogo, para que no nos cause un trauma un cambio que podría repercutir positivamente en nuestra madurez como sociedad. Pero hablamos de un sistema en el que, quienes son capaces de matar a niños cosiendo sus mercancías, son los que podrán llegar a la cima en las listas de mayores capitalistas. Ellos siempre llevarán su escopeta a la mesa de negociaciones.

Y más desgraciadamente, no es sólo la sociedad catalana la que está siendo amenaza hoy. Siria lleva siendo amenazada desde hace años, y aunque su Gobierno legítimo haya sobrevivido a ellas a diferencia del ucraniano (quienes se encuentran todavía en guerra civil tras el golpe de estado fascista), sus poblaciones siguen estando en peligro, y puede que unos desgraciados atentados en París sirvan como pretexto para meternos en una gran guerra predecesora de una Guerra Mundial como la que significó la generada por el golpista y dictador fascista de Franco.

Veo tanques en Huelva y Sevilla, vemos controles policiales con metralletas en las calles y tenemos miedo, pero no del terrorismo, sino de sus guerras (las del capital), y de nuestras manos está el poder de acabar con las amenazas que nuestros gobiernos van lanzando a todo el mundo. Quizás el ejercicio más revolucionario en estos momentos sea salvar la deficiente democracia burguesa a la vez que ganamos fuerzas en las calles, y aunque promueva el voto nulo, espero ver a la clase obrera concienciada haciendo referencia a ella hasta el día de las elecciones destapando la amenaza del fascismo que representa Ciudadanos mientras seguimos estimulando espacios de encuentro que limen asperezas en nuestra punta de lanza.

La respuesta contra el terrorismo del Daesh no pasa por sentarse a dialogar con aquellos criminales ni entonar un tímido “no a la guerra”, sino en coordinar una respuesta internacional que acaben con aquel mal llamado Estado Islámico respetando los sistemas democráticos anteriores en los países afectados directamente por las diferentes ramas de este grupo terrorista, una coordinación que permita una intervención militar lo más precisa y menos traumática posible y no acabe siendo un bombardeo indiscriminado de civiles como el perpetrado por Francia en un hospital pediátrico en respuesta a, los ya mencionados, atentados de Paris. Con Hitler tampoco valieron las negociaciones.

Sin miedo, reivindiquemos la solidaridad de clase y entre pueblos que acabe con las amenazas del capital.

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