Baruch Spinoza

Baruch Spinoza
(1632-1677)



 Filósofo racionalista y pensador religioso holandés, considerado como el exponente moderno más completo del panteísmo. Nacido en Amsterdam de padres judíos hispano-portugueses el 24 de noviembre de 1632, Spinoza recibió una educación que ponía un gran énfasis en el estudio de las fuentes clásicas judías. Más tarde, sin embargo, se apartó del judaísmo ortodoxo como consecuencia de sus estudios de ciencias físicas y por el efecto que le produjeron los escritos del filósofo inglés Thomas Hobbes y del científico y filósofo francés René Descartes. Se apartó de la sinagoga y en 1656 fue excomulgado por los rabinos, que le desterraron de Amsterdam. Durante cinco años, Spinoza permaneció en las afueras de la ciudad, puliendo lentes para vivir. Durante ese periodo escribió su primer trabajo filosófico, Tratado de Dios, del hombre y de su felicidad, donde se prefiguran ya las líneas maestras del que sería su sistema filosófico. El Tratado teológico-político y la disertación De la reforma del entendimiento quizá fueron escritos también en este periodo, aunque el primero no se publicó hasta 1670 y el segundo hasta 1677. En 1661 se trasladó a Rinjnsburg, ciudad cercana a Leiden, y dos o tres años más tarde a Voorburg, no lejos de La Haya. Poco después, al trasladarse a La Haya, se le ofreció una cátedra de filosofía occidental en la Universidad de Heidelberg. El responsable de ello fue Charles Louis, el elector palatino. Sin embargo, Spinoza rechazó esta responsabilidad, para poder mantenerse libre de cualquier restricción que pudieran aplicar los teólogos sobre sus actividades intelectuales. También rechazó una pensión que le ofreció el rey de Francia Luis XIV, a cambio de que dedicara al monarca uno de sus trabajos.

La más completa expresión de Spinoza es su gran obra Etica demostrada según el orden geométrico (1674). De acuerdo con este tratado, el universo es idéntico a Dios, que es la 'sustancia' incausada de todas las cosas. El concepto de sustancia, que Spinoza saca de los filósofos escolásticos, no es el de una realidad material, sino más bien el de una entidad metafísica, una base amplia y autosuficiente de toda realidad. Spinoza admitió la posible existencia de atributos infinitos de la sustancia, pero mantuvo que tan sólo dos son accesibles a la mente humana, a saber, la extensión, o el mundo de las cosas materiales, y la racionalidad. El pensamiento y la extensión existen en una última realidad que es Dios, de quien dependen. La causalidad, en el sistema de Spinoza, puede hallarse entre los objetos individuales (es decir, entre los cuerpos físicos) en el atributo extensión, o entre ideas individuales en el atributo pensamiento, pero no entre objetos e ideas. Para explicar las aparentes interacciones causales entre objetos e ideas, Spinoza propuso una teoría conocida como paralelismo, según la cual cada idea tiene un complemento físico y, del mismo modo, cada objeto físico tiene su correspondiente idea.

Spinoza rechazó la providencia y la libertad de la voluntad, y su concepto de un dios impersonal fue recibido con hostilidad por muchos de sus contemporáneos. Su posición en la historia de la filosofía es única en muchos aspectos. No perteneció a ninguna escuela y no fundó ninguna. Aunque en ciertos puntos su trabajo se basaba en el de algunos de sus predecesores, muestra y afirma un individualismo tan acusado como para que se le pueda considerar un simple continuador o epígono, incluso en el caso del pensamiento de Descartes. Por la profundidad y la grandeza de sus ideas y su notable capacidad de síntesis, Spinoza se sitúa junto a los mayores pensadores filosóficos de todos los tiempos. Hasta un siglo después de su muerte, ocurrida el 21 febrero de 1677, su pensamiento no obtuvo reconocimiento y, aunque su sistema no consiguiera seguidores organizados, ha tenido, tal vez, la más penetrante influencia de todos los filósofos modernos con la excepción de Immanuel Kant. No sólo metafísicos sino también poetas como Johann Wolfgang von Goethe, William Wordsworth y Percy Bysshe Shelley han consultado y estudiado los trabajos de Spinoza en busca de inspiración y su pensamiento ha influido en el panteísmo poético subyacente de muchas interpretaciones modernas de la naturaleza.




Baruch Spinoza (Holanda, 1632-1677)
Tratado teológico-político (fragmento)
» Quizá alguien piense, sin embargo, que de este modo convertimos a los súbditos en esclavos, por creer que es esclavo quien obra por una orden, y libre quien vive a su antojo. Pero esto está muy lejos de ser verdad, ya que, en realidad, quien es llevado por sus apetitos y es incapaz de ver ni hacer nada que le sea útil, es esclavo al máximo; y sólo es libre aquel que vive con sinceridad bajo la sola guía de la razón. La acción realizada por un mandato, es decir; la obediencia suprime de algún modo la libertad; pero no es la obediencia, sino el fin de la acción, lo que hace a uno esclavo. Si el fin de la acción no es la utilidad del mismo agente, sino del que manda, entonces el agente es esclavo e inútil para sí. »   

«Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte sino de la vida».


«De la necesidad de la naturaleza divina deben seguirse infinitas cosas de infinitos modos (esto es, todo lo que puede caer bajo un entendimiento infinito)».

 



Propuesta formulada a Spinoza para ocupar la cátedra de profesor ordinario de filosofía:


Celebérrimo señor:

El serenísimo elector palatino, mi clementísimo Señor, me ha ordenado que le escriba a usted, un desconocido hasta ahora, a lo menos para mí, pero muy recomendado al Serenísimo Príncipe, y le pregunte si estaría dispuesto a aceptar la cátedra de profesor ordinario de filosofía en su ilustre Universidad. Se le pagaría el estipendio anual que gozan actualmente los profesores ordinarios. En ningún otro lugar encontrará usted un Príncipe más favorable a los ingenios eximios, entre los cuales lo cuenta a usted. Tendrá amplísima libertad de filosofar, y confía que no abusará de ella para perturbar la religión públicamente establecida. No he podido dejar de cumplir la orden del sapientísimo Príncipe. Por lo cual le ruego muy encarecidamente que me conteste lo más pronto posible y que confíe su respuesta o al señor Grocio, residente del Serenísimo Elector de La Haya, o al Señor Gilles van der Hek, y trate de que me llegue con el paquete de cartas que suelen remitir a la corte, o use, en fin, cualquier otro medio que le parezca más adecuado. Agrego únicamente esto: que si usted viene aquí podrá disfrutar de una vida digna de un filósofo, excepto el caso de que todo ocurra contrariamente a nuestra esperanza y expectativa. Y con esto, consérvese usted bueno y reciba el saludo, ilustrísimo señor, de su devotísimo

J. Luis Fabricio

Profesor de la Universidad de Heildelberg, 1673




Carta en la que Spinoza rechaza el ofrecimiento del cargo:


Excelentísimo señor:

Si alguna vez hubiese tenido el deseo de aceptar el cargo de profesor en alguna facultad, solo hubiera podido elegir el que, por su intermedio me ofrece, el serenísimo Elector Palatino, especialmente por la libertad de filosofar, que el Clementísimo Príncipe se digna conceder; para no mencionar para nada que, desde hace mucho tiempo, deseaba vivir bajo el gobierno de un Príncipe cuya sabiduría todos admiran. Pero, puesto que nunca he tenido la intención de enseñar públicamente, no puedo decidirme a aprovechar esta excelente ocasión, aunque he meditado largo tiempo sobre el asunto. Pues, pienso, en primer lugar, que si quisiera dedicarme a la enseñanza de la juventud, dejaría de cultivar la filosofía. Luego, pienso que ignoro dentro de qué límites debe encerrarse esta libertad de filosofar, para que no parezca que quiero perturbar la religión públicamente establecida; pues, los cismas no nacen tanto del ardiente amor por la religión, como de la diversidad de las pasiones de los hombres o del afán de contradecir que todo, aún lo rectamente dicho, suelen tergiversarlo y condenarlo. Como ya he experimentado estas cosas ahora que llevo una vida privada y solitaria, mucho más he de temerlas después que haya ascendido a ese grado de dignidad. Usted ve, pues, excelentísimo señor, que me resisto no por la esperanza de mejor fortuna, sino por el amor a la tranquilidad, que creo poder conseguir de algún modo, con tal de que me abstenga de lecciones públicas. Por el cual le ruego encarecidamente que le pida al Serenísimo Elector que me permita deliberar más detenidamente sobre este asunto; y además que continúe procurando el favor del Clementísimo Príncipe para su devotísimo admirador, con lo cual obligará aún más, excelentísimo y nobilísimo señor, al enteramente suyo

Baruch de Spinoza

La Haya, marzo de 1673





Bertrand Russell Història social de la Filosofía


 

S P I N O Z A




Spinoza (1632-1677) és el més noble i el més atractiu de tots els grans filòsofs. Des del punt de vista intel·lectual, d'altres l'han superat, però no des del punt de vista ètic. Per això hom el considera, durant la seva vida i un segle després de la seva mort, com un home d'una perversitat sense límits. Era jueu de naixement, però els jueus l'excomunicaren. Els cristians també el rebutjaren. Tota la seva filosofia és dominada per la idea de Déu, però els ortodoxos l'acusaren d'ateisme. Leibniz li devia una gran part de la seva pròpia filosofia, però amagà el deute i s'abstingué curosament de pronunciar-ne cap mot de lloança; arribà, fins i tot, a mentir sobre les seves relacions personals amb el jueu herètic.

La vida de Spinoza fou molt simple. La seva família hagué de traslladar-se a Holanda, procedent d'Espanya o potser de Portugal per a escapar de la Inquisició. Fou educat en les doctrines jueves, però considera impossible de romandre ortodox. Hom li oferí mil florins anuals perquè amagués els seus dubtes; refusà, i hom intenta, llavors, d'assassinar-lo. En fracassar l'intent d'assassinat fou execrat amb totes les malediccions del Deuteronomi i amb la maledicció pronunciada per Elisa contra els infants trossejats pels óssos. Però cap ós no atacà Spinoza. Visqué plàcidament, primer a Amsterdam i després a Maia, i es guanyà la vida polint lents.

Era home de poques necessitats i sempre mostrà una rara indiferència pels diners. Els pocs que el coneixien l'estimaven molt, encara que desaprovessin els seus principis. El govern holandès, amb el seu liberalisme acostumat, tolerà les seves opinions sobre problemes teològics, però arriba a ser mal vist políticament perquè se situà al costat dels De Witt contra la casa d'Orange. Morí de tuberculosi als quaranta-quatre anys.

La seva obra principal, l'Ètica, fou publicada pòstumament. Abans d'entrar a examinar-la, cal dir quelcom de dues de les seves altres obres, el Tractatus theologico-politicus, i el Tractatus politicus. El primer és una curiosa combinació de crítica bíblica i de teoria política; el segon tracta exclusivament de teoria política. En la crítica bíblica, Spinoza s'anticipa, en part, a les concepcions modernes, particularment quan assigna als diversos llibres de l'Antic Testament dates molt posteriors a les que els assigna la tradició. Intenta de demostrar que les Escriptures poden ésser interpretades de faisó compatible amb una teologia liberal.

La teoria política de Spinoza s'inspira, essencialment, en Hobbes, malgrat les enormes diferències de temperament entre aquests dos homes. Sosté que en l'estat de natura no hi ha ni veritat ni error perquè l'error consisteix a desobeir la llei. Sosté que el sobirà no pot errar, i està d'acord amb Hobbes a sostenir que l'Església s'ha de sotmetre enterament a l'Estat. S'oposa a totes les rebel·lions, àdhuc contra un mal govern, i dóna com a exemple els trasbalsos d'Anglaterra per a demostrar el mal causat per una resistència violenta a l'autoritat. Però no està d'acord amb Hobbes a considerar la democràcia com la forma de govern «més natural». Tampoc no hi està d'acord en sostenir que els súbdits no han de sacrificar tots els seus drets al sobirà. Considera, en particular, que la llibertat d'opinió és molt important. No sé com ho concilia amb l'afirmació que les qüestions religioses han de ser decidides per l'Estat. Crec que vol dir que han de ser decidides per l'Estat i no per l'Església; a Holanda l'Estat era molt més tolerant que l'Església.

L'Ètica de Spinoza tracta de tres qüestions diferents. Comença amb la metafísica; passa seguidament a la psicologia de les passions i la voluntat i, finalment, elabora una ètica basada en la metafísica i en la psicologia precedents. La metafísica és una modificació de la de Descartes; la psicologia recorda la de Hobbes, però l'ètica és original i constitueix la part més valuosa del llibre. La relació entre Spinoza i Descartes s'assembla, en molts sentits, a la de Plotí amb Plató. Descartes era un home multilateral, ple de curiositat intel·lectual, però no massa frenat pels prejudicis morals. Inventà «demostracions» per justificar les creences ortodoxes, però la seva filosofia podia haver estat utilitzada pels escèptics, com Carneades utilitzà la de Plató. Spinoza no deixava d'interessar-se per la ciència i fins i tot escriví un tractat sobre l'arc iris, però el que més el preocupava era la religió i la virtut. De Descartes i els seus contemporanis accepta una física materialista i determinista i intenta de trobar, en aquest marc, un lloc per a la veneració i per a una vida dedicada al bé. Era un intent magnífic, impressionant, que provoca admiració fins i tot en aquells que creuen que ha fracassat.

El sistema metafísic de Spinoza és del tipus del de Parmènides. Només hi ha una substància, «Déu o la Natura»; res de finit no pot subsistir per ell mateix. Descartes admetia tres substàncies: Déu, la ment i la matèria; és cert que, fins i tot per a ell, Déu era, en un cert sentit, més substancial que la ment i la matèria perquè les havia creades i podia anihilar-les, si volia. Però, fora de la relació amb l'omnipotència divina, la ment i la matèria eren dues substàncies independents definides, respectivament, pels atributs de pensament i extensió. Spinoza no ho acceptava. Per a ell, el pensament i l'extensió eren atributs de Déu. Déu té també un nombre infinit d'altres atributs perquè ha d'ésser, en tots els sentits, infinit; però aquests altres atributs ens són desconeguts. Les ànimes individuals i els cossos materials separats són, per a Spinoza, adjectius; no són coses, sinó simples aspectes de l'ésser diví. No pot existir aquella immortalitat personal en què creuen els cristians, sinó únicament aquella immortalitat impersonal que consisteix a unir-se més i més amb Déu. Les coses finites són definides per llurs límits, físics o lògics, és a dir, per allò que no són: «tota determinació és negació». Només hi pot haver un Ésser, enterament positiu i ha de ser absolutament infinit. Spinoza arriba, doncs, a un panteisme complet.

Segons Spinoza tot és regit per una necessitat lògica absoluta. No existeix el lliure arbitri en l'esfera mental ni la casualitat en el món físic. Tot el que s'esdevé és una manifestació de la natura inescrutable de Déu i és lògicament impossible que els esdeveniments siguin distints del que són. Això planteja dificultats en relació al pecat, dificultats que els crítics assenyalaren immediatament. Un d'ells, observant que, segons Spinoza, tot és decretat per Déu, i que per tant, tot és bo, pregunta amb indignació: ¿quin bé era que Neró occís la seva mare? ¿Quin bé que Adam mengés la poma? Spinoza contesta que l'aspecte positiu d'aquests actes era bo, i que només era dolent l'aspecte negatiu, però la negació només existeix des del punt de vista de les criatures finites. En Déu, l'únic ésser completament real, no hi ha negació i, per tant, el mal d'allò que a nosaltres ens sembla un pecat no existeix quan és vist com una part del tot. Aquesta doctrina ha estat sostinguda, d'una forma o d'una altra, per la majoria dels místics, però no pot conciliar-se amb la doctrina ortodoxa del pecat i la damnació. Spinoza no era polemista, però era massa honrat per a amagar les seves opinions, per molt xocants que les trobessin els seus contemporanis; no és estrany, doncs, que les seves doctrines fossin vistes amb horror.

L'Ètica és escrita amb l'estil d'Euclides, amb definicions, axiomes i teoremes. Se suposa que tot el que segueix als axiomes és rigorosament demostrat per argumentació deductiva. Aquest estil en fa difícil la lectura. L'estudiós modern, que no pot creure en les «demostracions» rigoroses de les coses que Spinoza diu establir, s'ha d'impacientar forçosament pel caràcter detallat de les demostracions; cal dir, però que no val la pena d'estudiar-les en detall. N'hi ha prou de llegir els enunciats de les proposicions i d'estudiar els escolis (el millor de l'Ètica). Però fóra manca de comprensió blasmar Spinoza pel seu mètode geomètric. L'essència del seu sistema, tant des del punt de vista ètic com del metafísic, consistia a sostenir que tot podia ser demostrat; era, doncs, essencial, formular demostracions. Nosaltres no podem acceptar el seu mètode, però és perquè no podem acceptar la seva metafísica. No podem creure que les interconnexions entre les parts de l'univers siguin lògiques, perquè sabem que les lleis científiques s'han de descobrir amb l'observació i no sols amb el raonament. Però per a Spinoza el mètode geomètric era necessari, íntimament lligat a les parts més essencials de la seva doctrina.

Passo, seguidament, a examinar la teoria de emocions. Aquesta teoria és enunciada després d'una anàlisi metafísica de la natura i l'origen de la ment que acaba amb la sorprenent proposició que «la ment humana té un coneixement adequat de l'essència eterna i infinita de Déu», però les passions –analitzades al llibre III de l'Ètica– ens distreuen i enfosqueixen la nostra visió intel·lectual del tot. Diu que «tot tendeix a perseverar en el seu propi ésser». D'aquí provenen l'amor, l'odi i la lluita. La psicologia del llibre III és enterament egoista. «El qui concep que l'objecte del seu odi és destruït experimenta plaer.» «Si concebem que algú es delecta en quelcom que només una persona pot posseir, ens esforçarem perquè l'home en qüestió no ho posseeixi.» Però àdhuc en aquest llibre hi ha moments en què Spinoza abandona l'aparença d'un cinisme matemàticament demostrat; per exemple, quan diu: «L'odi és augmentat per la reciprocitat i pot, al contrari, ser destruït per l'amor.» Segons Spinoza, l'autoconservació és el motiu fonamental de les passions, però l'autoconservació canvia de caràcter quan comprenem que allò que és real i positiu en nosaltres és allò que ens uneix al tot i no allò que manté l'aparença de separació.

Els dos darrers llibres de l'Ètica, titulats respectivament «De la servitud humana o de la força de les emocions» i «Del poder de la comprensió o de la llibertat humana» són els més interessants. Estem sotmesos, fins al punt en què tot allò que ens ocorre és determinat per causes externes i som lliures en proporció als esdeveniments en que som autodeterminats. Com Sòcrates i Plató, Spinoza creu que totes les accions dolentes són degudes a un error intel·lectual: l'home que comprèn adequadament les pròpies circumstàncies actuarà sàviament i serà fins i tot feliç davant allò que per a un altre és un infortuni. No apel·la a la generositat; sosté que l'interès propi, i més particularment l'autoconservació, regeix tot el comportament humà. «Cap virtut no és superior a aquest esforç per a preservar el propi ésser.» Però aquesta concepció d'allò que l'home savi i prudent escollirà com a objectiu de la seva autorecerca és diferent de la de l'egoista ordinari: «El bé més elevat de la ment és el coneixement de Déu i la virtut més alta de la ment és conèixer Déu.» Les emocions són anomenades «passions» quan provenen d'idees inadequades; les passions d'homes diferents poden entrar en conflicte, però si els homes obeeixen la raó, sempre aniran d'acord. El plaer és un bé en ell mateix, però l'esperança i el temor són dolents així com la humilitat i el penediment: «El qui es penedeix d'una acció és doblement pervers o malalt». Spinoza

considera el temps com quelcom d'irreal i, per tant, totes les emocions relatives a un esdeveniment futur o passat són contraries a la raó. «Quan la ment concep una cosa sota el dictat de la raó, és

igualment afectada tant si la idea és d'una cosa present com si ho és d'una cosa passada o futura.»

És una frase difícil, però constitueix l'essència del sistema de Spinoza i cal deturar-nos-hi un moment. Segons l'estimació popular, «és bo tot allò que acaba bé»; si l'univers es perfecciona gradualment, en tenim millor opinió que si es deteriora gradualment, encara que la suma del bé i del mal sigui la mateixa en tots dos casos. Ens concerneix més un desastre en la nostra pròpia època que en la de Gengis Khan. Segons Spinoza aquesta actitud és irracional. Tot el que s'esdevé és una part del món etern i intemporal, tal com Déu el veu; per a Ell la data no té cap significat. L'home savi intenta, tant com ho permet la limitació humana, de veure el món tal com el veu Déu, sub specie aeternitatis. Però podeu replicar que esteu segurs de tenir raó quan dieu que us preocupen més els infortunis futurs, perquè és possible d'evitar-los, que les calamitats passades, sobre les quals no podeu fer res. El determinisme de Spinoza forneix la resposta a aquest argument. Només la ignorància ens fa creure que podem modificar el futur; el que sigui serà i el futur és fixat tan inalterablement com el passat. Per això, condemna l'esperança i el temor: tots dos es basen en una visió del futur com quelcom d'incert i són deguts, per tant, a una manca de saviesa.

Quan adquirim (si és que podem) una visió del món anàloga a la de Déu, veiem totes les coses com una part del tot, necessàries per al bé d'aquest tot. Per tant, «el coneixement del mal és un coneixement inadequat». Déu no té coneixement del mal, perquè no hi ha cap mal a conèixer; l'aparença del mal prové del fet que veiem les parts de l'univers com si subsistissin per elles mateixes.

Spinoza es proposa d'alliberar els homes de la tirania de la por: «Un home lliure en el que menys pensa és en la mort i la seva saviesa consisteix en una meditació no de la mort, sinó de la vida». Spinoza visqué completament d'acord amb aquest precepte. Arriba al darrer dia de la seva vida amb una calma completa, sense exaltació, com Sòcrates al Fedó, conversant, com en qualsevol altre dia, sobre temes que interessaven el seu interlocutor. Al revés d'altres filòsofs, no solament creia en les pròpies doctrines sinó que les practicava; no sé que en cap moment, i malgrat les provocacions, caigués en aquella ira o en aquella angoixa que la seva ètica condemnava. Sempre fou cortès i raonable en la polèmica, mai no denunciava sinó que s'esforçava al màxim per a convèncer.

Tot allò que ens ocorre i que sorgeix de nosaltres mateixos és bo; només allò que prové de l'exterior és dolent per a nosaltres. «Puix que totes les coses de què l'home és la causa eficient són necessàriament bones, l'home no pot sofrir cap mal que no provingui de causes externes.» Per tant, res de mal no pot esdevenir-li a l'univers com a tot, puix que no està sotmès a causes externes. «Som una part de la natura universal i seguim el seu ordre. Si comprenem això clarament i distinta, aquella part de la nostra natura que és definida per la intel·ligència –dit d'altra manera, la millor part de nosaltres mateixos– estarà segurament d'acord amb tot allò que ens ocorre i s'esforçarà a persistir en aquesta aquiescència.» Mentre l'home és una part inconscient, –no voluntària, d'un tot més ampli, viu en la servitud, però quan ha comprès la realitat única d'aquest tot, és lliure.

Les implicacions d'aquesta doctrina són desenvolupades al darrer llibre de l'Ètica.

Spinoza no s'oposa, com els estoics, a totes les emocions; s'oposa únicament a les «passions», és a dir, a aquelles emocions en què romanem passius davant les forces externes. «L'emoció que podem anomenar passió deixa d'ésser passió quan ens en formem una idea clara i distinta.» Comprendre que totes les coses són necessàries ajuda l'enteniment a dominar les emocions. «El qui es comprèn ell mateix i comprèn les seves emocions clarament i distintament estima Déu, i més l'estima com més es comprèn ell mateix i les seves emocions.» Aquesta proposició ens introdueix a l'«amor intel·lectual de Déu», és a dir, en la saviesa. L'amor intel·lectual de Déu és la unió del pensament i de l'emoció: jo diria que consisteix en un pensament veritable combinat amb l'alegria de la comprensió de la veritat. L'alegria del veritable pensament és una part de l'amor intel·lectual de Déu perquè no conté res de negatiu i és, per tant, una part veritable del tot, i no sols aparentment, com ho són aquelles coses fragmentàries, tan separades en el pensament que fins semblen dolentes.

He dit, fa un moment, que l'amor intel·lectual de Déu implica alegria, però potser era un error, perquè Spinoza diu que Déu no és afectat per cap emoció de plaer o de dolor; diu també que «l'amor intel·lectual de l'enteniment envers Déu és una part de l'amor infinit amb què Déu s'estima Ell mateix». Crec, tanmateix, que en l'«amor intel·lectual» hi ha quelcom que no és mer intel·lecte; potser l'alegria que implica és considerada com quelcom superior al plaer.

«L'amor de Déu –ens diu– ha d'ocupar el lloc principal en l'enteniment.» Cal dir que en ometre les demostracions de Spinoza, he donat una visió incompleta del seu pensament. La demostració de la proposició anterior és breu i per això la citaré sencera; el lector pot suplir amb la imaginació les demostracions de les proposicions restants. La demostració és aquesta: «Aquest amor va lligat a totes les modificacions del cos (V. 14) i és fomentat per totes elles (V. 15); per tant (V. 11), ha d'ocupar el lloc principal en l'enteniment, Q.E.D.»

Les proposicions a què es refereix aquesta demostració, diuen: (V. 14) «La ment pot demostrar que totes les modificacions corporals o imatges de les coses poden referir-se a la idea de Déu»; (V. 15) «Qui es comprèn ell mateix i comprèn les seves emocions clarament i distintament, estima Déu, i més l'estima com més es comprèn ell mateix i les seves emocions»; (V. 11) «En la proporció en que una imatge mental és referida a més objectes, és més freqüent o més sovint vívida i ocupa més l'enteniment.»

La «demostració» citada podria formular-se així: tot augment en la comprensió d'allò que ens ocorre consisteix a referir els esdeveniments a la idea de Déu, perquè en realitat tot és una part de Déu. Aquesta comprensió de totes les coses com una part de Déu és l'amor de Déu. Quan tots els objectes són referits a Déu, la idea de Déu ocupa plenament l'enteniment.

Per tant, la proposició que l'«amor de Déu ha d'ocupar el lloc principal en l'enteniment» no és una simple exhortació moral, sinó una descripció del que ha d'esdevenir inevitablement quan comprenem.

Diu que ningú no pot odiar Déu però també diu que «qui estima Déu no pot esperar que Déu l'estimi a ell a canvi». Goethe, que admirava Spinoza sense entendre'l gens ni mica, considerava aquesta proposició com un exemple d'abnegació personal. No es tracta pas d'això, sinó d'una conseqüència lògica de la metafísica de Spinoza. No diu que l'home no ha de voler que Déu l'estimi; diu que l'home que estima Déu no pot voler que Déu l'estimi. Ho explica amb la demostració següent: «Perquè si un home volgués això, desitjaria (V. 17, Corol.) que Déu, el qual estima, no fos Déu i, per tant, desitjaria experimentar un dolor (III, 19), cosa absurda (III, 28)». Ja ens hem referit a la proposició V. 17, aquella que diu que Déu no té passions ni plaers ni dolor; el corol·lari citat dedueix que Déu no estima ni odia ningú. No es tracta, doncs, d'un precepte ètic sinó d'una necessitat lògica: l'home que estima Déu i vol que Déu l'estimi desitja sentir un dolor, «cosa absurda».

L'afirmació que Déu no pot estimar ningú sembla contradir l'afirmació que Déu s'estima Ell mateix amb un amor intel·lectual i infinit. Pot estimar-se Ell mateix perquè aquesta estimació és possible sense cap creença falsa; si més no, l'amor intel·lectual és una classe d'amor molt especial.

En arribar a aquest punt, Spinoza ens diu que ens ha donat «tots els remeis contra les emocions»; el gran remei és el de les idees clares i distintes sobre la natura de les emocions i llur relació amb les causes externes. L'amor de Déu és molt més avantatjós que l'amor dels éssers humans: «Les follies i els infortunis espirituals poden ser atribuïts a l'amor excessiu de quelcom sotmès a moltes variacions». En canvi, el coneixement clar i distint «suscita l'amor envers una cosa immutable i eterna», i aquest amor no té el caràcter turbulent i inquiet de l'amor d'un objecte transitori i mudable.

La supervivència personal després de la mort és una il·lusió, però en la ment humana hi ha quelcom d'etern. La ment només pot imaginar o recordar mentre va lligada al cos, però en Déu hi ha una idea que expressa l'essència d'aquest o d'aquell cos humà sota la forma d'eternitat i aquesta idea és la part eterna de la ment. L'amor intel·lectual de Déu, quan és sentit per un individu, radica en aquesta part eterna de la ment.

La felicitat que consisteix en l'amor de Déu no és la recompensa de la virtut, sinó la virtut mateixa; no en gaudim perquè controlem els nostres desigs, sinó que controlem els nostres desigs perquè en gaudim.

L'Ètica acaba amb aquestes paraules:

«L'home savi, en la mesura que és considerat com a tal, rarament és trasbalsat espiritualment, sinó que, en ésser conscient d'ell mateix, de Déu i de les coses, per una certa necessitat eterna, mai no deixa de ser, sinó que sempre posseeix la veritable aquiescència del seu esperit. La via que he indicat, la via que duu a aquest resultat, pot semblar extremament difícil, però podem descobrir-la. Ha de ser forçosament difícil, perquè rarament la descobrim. Altrament, si la salvació fos fàcil d'atènyer, si pogués ésser trobada sense grans dificultats, ¿com s'explicaria que gairebé tots els homes la ignoressin? Però totes les coses excel·lents són difícils perquè són rares.»

En intentar una estimació crítica de la importància de Spinoza com a filòsof, cal distingir la seva ètica de la seva metafísica, i veure fins a quin punt la primera pot sobreviure si rebutgem la segona.

La metafísica de Spinoza és el millor exemple d'allò que podríem anomenar «monisme lògic», és a dir, la doctrina que el món com un tot és una substància única i cap de les seves parts no és lògicament capaç d'existir aïlladament. El fonament d'aquesta concepció és la creença que tota proposició té un subjecte i un predicat units, concepció que ens duu a la conclusió que les relacions i la pluralitat han de ser il·lusòries. Spinoza creia que la natura del món i de la vida humana podia deduir-se lògicament d'axiomes evidents per ells mateixos; ens hem de resignar als esdeveniments com ens resignem al fet que dos i dos són quatre: tots són producte de la necessitat lògica. Aquesta metafísica és impossible d'acceptar en la seva totalitat; és incompatible amb la lògica moderna i amb el mètode científic. Els fets han d'ésser descoberts per l'observació, no pel raonament; quan inferim correctament el futur, ho fem amb principis que no són lògicament necessaris sinó suggerits per les dades empíriques. I el concepte de substància en què es fonamenta Spinoza no pot ser acceptat actualment, ni per la ciència ni per la filosofia.

Ara, quan entrem en l'ètica de Spinoza, sentim –o almenys jo sento– que en podem acceptar quelcom (però no tot) després de rebutjar-ne el fonament metafísic. En línies generals, diríem que Spinoza vol demostrar la possibilitat de viure noblement fins i tot quan som plenament conscients dels límits del poder de l'home. Amb la seva doctrina de la necessitat, fa que aquests límits siguin encara més estrets que no són en realitat; però allí o­n existeixen indubtablement les màximes de Spinoza són, probablement, les millors possibles. Tenim, per exemple, el cas de la mort: l'home no pot fer res per a esdevenir immortal i és, per tant, inútil de perdre el temps lamentant el fet que hem de morir. Viure obsedit pel temor de la mort és una mena d'esclavitud; Spinoza té raó quan diu que «l'home lliure, en el que menys pensa és en la mort», però àdhuc en aquest cas es tracta únicament la mort en general; la mort per una malaltia particular ha d'ésser impedida, si és possible, sotmetent-se a una cura mèdica. Allò que cal evitar, fins i tot en aquest cas, és l'angoixa o el terror; les mesures necessàries han de ser adoptades amb tota calma i els nostres pensaments s'han de centrar, tant com sigui possible, en altres qüestions. Igual podem dir de tots els altres infortunis purament personals.

Però, que s'esdevé amb els infortunis de les persones que estimem? Pensem en quelcom que pot ocórrer, en la nostra època, als habitants d'Europa o de la Xina. Suposeu que sou jueu i que la vostra família ha estat assassinada. Suposeu que feu treball clandestí contra els nazis i que la vostra muller ha estat afusellada perquè la policia no us ha trobat. Suposeu que el vostre marit, per algun delicte purament imaginari, ha estat enviat a un camp de treball a l'Àrtic i hi ha mort de fam i de penalitats. Suposeu que la vostra filla ha estat violada i assassinada per soldats enemics. Podem preguntar-nos si en tots aquests casos, cal conservar una calma filosòfica.

Si seguiu l'ensenyament de Crist, direu: «Pare, perdoneu-los, que no saben pas el que fan». He conegut quàquers que ho haurien dit sincerament i profundament, i precisament per això els admiro. Però abans d'admirar algú, hem d'estar segurs que l'infortuni és sentit tan profundament com hauria d'ésser-ho. No podem acceptar l'actitud d'alguns estoics que deien: «¿Que m'importa si la meva família pateix? Jo puc ser encara virtuós». El principi cristià «estimeu els vostres enemics» és bo, però el principi estoic «sigueu indiferent envers els vostres amics» és dolent. I el

principi cristià no inculca la calma i la tranquil·litat sinó un amor ardent, àdhuc pel pitjor dels homes. No tenim res a dir-hi, llevat d'una cosa: que és massa difícil perquè la majoria de nosaltres el puguem practicar sincerament.

La reacció primària davant aquests desastres és la venjança. Quan Macduff sap que la seva dona i els seus fills han estat assassinats per Macbeth, decideix d'occir el tirà. Aquesta reacció és encara admirada per la majoria de la gent quan la injúria és molt gran i provoca un veritable horror moral en les persones desinteressades. No la podem condemnar totalment perquè és una de les forces que genera la punició i la punició és necessària, de vegades. A més, des del punt de vista de la salut mental, l'impuls de venjança pot ser tan fort que, si el reprimim, tota la concepció de la vida d'un home pot ser deformada o esdevenir anormal. No és pas un cas general, però sí propi d'un gran nombre de persones. Ara, també podem dir que la venjança és una motivació molt perillosa. Si la societat l'admet, permet que cada home sigui jutge del seu propi cas, és a dir, permet exactament allò que la llei vol impedir. A més, es tracta, en general, d'una motivació excessiva: vol infligir molta més punició que l'estrictament desitjable. La tortura, per exemple, no ha d'ésser punida amb la tortura, però l'home enfollit pel desig de venjança considerarà que una mort sense tortura és massa benigna per a l'objecte del seu odi. A més –i aquí és o­n Spinoza té raó– la vida dominada per una sola passió és una vida estreta, incompatible amb qualsevol forma de saviesa. Per tant, la venjança com a tal no és la millor reacció a la injúria.

Spinoza diu les mateixes coses que diuen els cristians i quelcom més. Per a ell, tots els pecats són deguts a la ignorància i els perdonaria «perquè no saben pas el que fan». Però us ajudaria a superar les limitacions que són causa –en la seva opinió– del pecat i us exhortaria a no deixar-vos tancar (fins i tot sota el més gran dels infortunis) en el món de la vostra pròpia pena; us ho faria comprendre presentant-vos la relació d'aquesta pena amb les seves causes com una part de l'ordre total de la natura. Com hem vist, creu que l'odi pot ésser superat per l'amor. «L'odi és augmentat per l'odi recíproc i pot, en canvi, ésser destruït per l'amor. L'odi completament vençut per l'amor es converteix en amor; i l'amor és aleshores més gran que si l'odi no l'hagués precedit.»

M'agradaria de creure-ho, però no puc, llevat d'alguns casos excepcionals en què la persona que odia es troba completament sotmesa al poder de la persona que es nega a odiar, a canvi. En aquests casos, la sorpresa davant la manca de punició pot destruir un efecte reformador. Però mentre els perversos siguin poderosos, no serveix de res assegurar-los que no els odieu, perquè atribuiran les vostres paraules a un altre motiu. I no podeu privar-los de llur poder amb la no-resistència.

Per a Spinoza, el problema és més fàcil que per a aquell que no creu en la bondat última de l'univers. Spinoza creu que si veiem els nostres infortunis tal com són en realitat, com una part de la concatenació de causes que van des del començament del temps fins al final, comprendrem que són únicament infortunis personals, no de tot l'univers, i que respecte a aquest són únicament discordances passatgeres que s'eleven cap a una harmonia definitiva. No puc acceptar-ho; crec que els esdeveniments particulars són el que són i no canvien per absorció en un tot. Cada acte de crueltat és eternament una part de l'univers; res del que s'esdevingui més tard no pot fer que aquell acte canviï de natura i sigui bo i no dolent, ni pot conferir perfecció al tot de que forma part.

Tanmateix, quan heu de sofrir quelcom de pitjor (o que almenys us ho sembli) que el que sofreix la majoria de la humanitat, el principi de Spinoza de pensar en el tot, o almenys en qüestions més grans, més generals que la vostra pròpia pena, és útil. En algunes ocasions és consolador de pensar que la vida humana, amb tot el que conté de mals i sofriments, és una part infinitesimal de la vida de l'univers. Aquestes reflexions poden no bastar per a constituir una religió, però en un món que pateix, són una ajuda i un antídot contra la desesperació profunda i paralitzadora.

 

 

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS