Bajo el signo de Harpócrates

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Por Iñaki Urdanibia

El nombre propio que consta en al título de este artículo es el del dios griego del silencio que es representado con un dedo en la boca como exigiendo callar…sabido es que en boca cerrada no entran moscas, ni salen sandeces, órdenes o lo que sea menester.

Alain Corbin ( Lonlay- l´Abbaye, 1936) es un historiador francés, destacado alumno de Pierre Vidal-Naquet, especializado en el siglo XIX, profesor y dedicado a la historia social y la historia de las representaciones…un verdadero historiador de las emociones y de lo sensible como deja ver en su « Historia del silencio. Del Renacimiento e nuestros días» ( Acantilado, 2019). Nadie ha de dejarse engañar por el título en el sentido de que no estamos ante una exposición lineal, cronológica, de la historia del fenómeno estudiado, sino que el autor deriva, vagabundeando, como un avezado flâneur, estrujando textos literarios, de iluminados místicos, moralistas, viajeros, pintores y observadores varios, en los que hace expresarse al silencio, hasta el grito.

Desde el epistemólogo Gaston Bachelard al poeta Walt Whitman – y me guío por la bibliografía en español que consta al final del volumen-, Corbin avanza abriendo su objetivo como si de una amplio abanico se tratar y lo hace al modo de la crisálida. Nos conduce del interior al exterior y viceversa, en unos organizados pasos que no huyen de la mezcla, en los que se nos van entregando buscadores de silencio como virtud, como valor contemplativo, como manera de acercarse a sí mismo o a Dios, por parte de algunos, que consideran el recogimiento silencioso como el modo de escuchar las voces interiores o las voces silenciosas del supuesto ser superior ( llena está la Biblia de referencias a tal inquietante silencio…que se lo pregunten al pobre Job; y de no menores requerimiento a guardar silencio como muestra de humildad, o…de sumisión – desde Aristóteles o Pablo de Tarso mandando callar a las mujeres en las asambleas-; conste que este último añadido es mío). Somos conducidos a lugares en los que se pueden constatar el silencio de manera privilegiada, tanto sitios urbanos como extensiones ajenas a la urbe…bosques, desiertos que escapan del bullicio de la ciudad y sus pobladores. El mar, el desierto, el campo son visitados en textos varios de navegantes, viajeros y exploradores, desde Victor Hugo a Henry David Thoreau y escritores cuyos escenarios han sido invadidos por silencios misteriosos o abismales ( El mar de la Sirtes gracquiano o La línea de sombra conradiana le sirven de repetidas y socorridas fuentes); iglesias, hospitales( antes escenario de inhumanos gritos, luego evitados por medio de la medicación…), y escuelas, bibliotecas y cuarteles como lugares en los que el silencio se impone como forma de respeto, del necesario sosiego, o como forma de disciplina y orden ( subrayado en alguno de esos campos por Michel Foucault) que se supone que son obligadas formas de respeto hacia la autoridad, hacia la superioridad jerárquica. Momentos del día más propicios, como la noche que en su oscuridad limita con los sentimientos sublimes allá en donde el placer y el temor se confunden o se retroalimentan. Como no podía ser de otro modo, y mencionado queda ya, algunos moralistas ( Charles de Foucauld) buscadores de Dios, monjes, Ignacio de Loyola y otros consejeros como Castiglione o Gracián, , y reglas de órdenes religiosas la trapa o carmelitas, los primeros de manera muy especial)lo convierten en exigencia irrenunciable, posturas que parten de la afirmación de que el silencio se aprende y en este aprendizaje la Iglesia ha mostrado especial empeño, haciendo que su uso haya invadido, o se haya traspasado, el ámbito secular con los minutos de silencio, los místicos ( Teresa de Jesús o Juan de la Cruz) avanzaron por la noche oscura del silencio del amado divino; no faltan, faltaría más, los poetas como Rainer Maria Rilke, Charles Baudelaire, Stephane Mallarmé, Yves Bonnefoy, John Donne, ni los escritores como Herman Broch, Marcel Proust, Leconte de Lisle , Émile Zola, Julio Verne, Albert Camus, Pascal Quignard, Robert Walser, Antoie de Saint Exupéry, Paul Valéry, Le Clézio o, hasta de pasada Patrick Modiano, los pensadores como Lucrecio o Pascal, Alain, estoicos, Aristóteles o Séneca, Kiekegaard, y asociados a ellos amén de sus propias lecciones, sugerencias, contemplaciones, experiencias y consejos, asoman con precisión sagaz los comentarios de Alain Corbin que no se priva de adentrase, y adentrarnos, en cuadros varios como expresión del silencio en lienzo (la imagen es silencio , según Max Picard) y lo vemos en los casos de fray Angelico, Odile Redon, Rembrandt, Poussin, Friedrich, Denis Hopper, o llevarnos al cine ( Blow up de Antononi) como plasmación del silencio ( no sólo en el cine mudo), o de la mano de Maurice Maeterlinck en los pagos del amor y sus diversas expresiones entre las que el silencio ocupa un papel destacable…No faltan las indicaciones acerca de los reglamentos y limitaciones que se han ido imponiendo en ciudades con el paso del tiempo para evitar las molestias al resto de ciudadanos, con algunas excepciones mantenidas a la hora de vocear la actividad pregonada; del mismo modo que se alude a esta época en la que el ruido ambiente domina las ciudades en una contaminación acústica debida a machaques musicales varios o los motores…sin obviar los precedentes de poblaciones sometidas a la estridencia de las bombas, cañonazos,… à la guerre comme à la guerre.

Sin entrar en mayores, ya señaladas y de las que no hay manera, afortunadamente de huir al menos en este libro, también se abren paso en el lenguaje cotidiana no ciertas afirmaciones o consejos del tipo : para lo que hay que oír, mejor estar callado que barruntar cualquier simpleza, o pensárselo dos veces…sin olvidar el tan presente discuros hueco de políticos y otros vendedores de humo, que no cumplen aquella prescripción wittgensteiniana, que cierra el Tractatus, tantas veces citada como malinterpretada aunque en algunos casos va como anillo al dedo: de lo que no se puede hablar mejor es callar.

En este recorrido, saltarín como dicho queda, Corbin recurre a autores, verdaderos taxonomistas, que han distinguido entre diversas formas de silencio en un arco que va de la seriedad a la timidez, pasando como expresión de estupefacción, de dolor, aserción o negación…Una verdadera fenomenología del silencio para lo que Alain Corbin nos abre su biblioteca permitiéndonos disfrutar de ella, o abrirnos caminos para el disfrute lector, reflexivo, etc. Una selecta casa de citas selectas que en su selección y abundancia ofrecen la ocasión del saboreo y la rumia.

Y ciertos hipotéticos resabios apocalípticos que cierran la premiada obra, el Roger Callois de ensayos 2017, de la mano de Leconte de Lisle adelantando el abismal silencio del todo callará de Vigny, cuando el mundo llegue a su fin.

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