Publicado en: 30 octubre, 2015

Perú. Ayacucho virreinal: Privilegios y negociaciones

Por David Quichua

En la actualidad, los privilegios y las negociaciones siguen siendo elementos institucionalizados.

A unos años del bicentenario de la independencia del Perú, una de las principales promesas incumplidas latentes es la formación de una sociedad igualitaria y próspera. Desventuradamente, esta no se ha logrado porque, como una herencia virreinal, los peruanos mantenemos la obsesión de vivir en una sociedad basada en negociaciones y privilegios.

La negociación constituye un trato de asuntos públicos y privados, procurando su mejor logro especialmente por la vía diplomática, mientras que el privilegio se refiere a los beneficios, exoneraciones y ventajas especiales de las que gozan personalidades, familias o instituciones por una determinada circunstancia propia. Ambas modalidades de verse favorecido fueron constituyéndose en una práctica cotidiana, común e institucionalizada en nuestro devenir histórico.

Privilegios virreinales

Tras consolidarse en nuestro medio, la administración española se mostró jerarquizada. En el primer orden figuraban la nobleza colonial del virrey y su corte, la alta burocracia y los encomenderos, cuya posición se basaba en la limpieza de sangre, el abolengo genealógico, el ocio aristocrático y principalmente el privilegio. De otro lado estaban los duques, marqueses, condes, etc., que expresaban una nobleza más de dinero que de pergamino aristocrático. Un grupo intermedio estaba conformado por comerciantes, mineros, burócratas y empleados de segundo orden, por profesionales y la élite de los gremios, mientras que el grupo llano lo componían los mestizos, españoles pobres e indios ladinos; artesanos modestos, arrieros y buhoneros.

En el segundo orden estaban los indígenas. En su cúspide se ubicaban los descendientes de las panacas incas, exceptuadas del pago de los tributos y de los servicios personales. Estos eran seguidos por los caciques en condición de hidalgos castellanos, los alcaldes, los regidores de los cabildos y los indígenas ricos. Así mismo, figuraban los indígenas aculturados o acriollados, citadinos, de habla española, que trabajaban por un salario, así como los hatunrunas, la base social dividida en indígenas de los ayllus y los forasteros.

Esta organización social se mantuvo a base de negociaciones y privilegios. A principios del siglo XVI, en el contexto de las encomiendas, Garcí Diez de San Miguel, encomendero de los indígenas Huancas del pueblo de Sarhua, afianzó su poder administrativo y económico, por mantener buenos vínculos con el curaca del referido pueblo. Este permitió a su hijo Cristóbal Mantari vivir en Huamanga bajo la tutela del encomendero, de modo que el menor tuvo el privilegios de recibir educación, y más adelante, los de montar caballo, usar armas, vestir a la usanza española, vivir exceptuado del tributo y de la mita y usar el apelativo de “don”. El curaca mantuvo, pues, su poder local y la administración de la encomienda fue beneficiosa para el encomendero a lo largo del sistema virreinal.

Del mismo modo, a fines del siglo XVII, los indígenas de Lucanas, Andamarcas y Soras tuvieron el privilegio de verse exentos de la mita minera, debido a sus oficios especializados, como sastrería, zapatería y tintorería. También los ayudó el cumplir con diferentes actividades políticas y religiosas, siendo alguaciles, regidores, alcaldes, caciques, maestros de capilla, cantores y preceptores de culto. Los curacas e indígenas del pueblo de Carapo, ubicados en la región quechua, disponían de ciertos privilegios por su manejo del castellano, a diferencia de los demás curacas e indígenas de los pueblos sallqas alto andinos. En las últimas décadas del siglo XVIII, los poblados indígenas de la Intendencia de Huamanga, específicamente Sacsamarca, Huascahura, Santa Bárbara, Ñeque y los pueblos de las punas de Huanta, eran privilegiados por unas rebajas de los tributos.

Por lo tanto, el éxito de la administración española, a lo largo de sus aproximadamente tres siglos en América, se debió a los privilegios y negociaciones que hubo entre los diferentes sectores de españoles y de indígenas. Entonces, al iniciarse la lucha por la independencia, principalmente en el virreinato del Perú, un sector importante de indígenas no se sumó inmediatamente a la causa, debido a que el advenimiento de la vida independiente afectaría sus privilegios.

La etapa republicana

Una vez lograda la independencia y restablecida la tributación -denominada “contribución”- de los indígenas, de las castas, de los predios urbanos y rústicos, los privilegios se mantuvieron. Diversos pueblos indígenas, castas, mestizos y criollos fueron privilegiados con la exoneración de sus pagos. Los indígenas de las provincias de Huamanga y Huanta fueron indultados de las tributaciones durante los años de 1824 y 1825.[1] Posteriormente, cuando las autoridades del naciente Estado priorizaron cobrar, formaron motines y sublevaciones, puesto que los habitantes de Ayacucho, como indica el prefecto, estaban “acostumbrados a que nada se les exigiese” y desde 1826, los indígenas de las punas de Huanta, juntamente con los curas, los hacendados y algunos españoles, llevaron adelante la famosa rebelión de los iquichanos, en contra del Estado en formación. Gracias a ella, líderes e indígenas lograron diversos privilegios, como el reconocimiento por los presidentes caudillos de turno, el indulto de las contribuciones y su integración al Estado.

En el sector político, las autoridades departamentales, provinciales y distritales tuvieron privilegios. En los pueblos de Huamanga, 24 alcaldes y 14 cantores y sacristanes se vieron libres de la obligación de entregar  144 pesos al semestre y 228 pesos al año. Para 1830, los descuentos tributarios de las autoridades sumaban 1721 pesos con un real, al semestre, y 3442 pesos y dos  reales al año.[2]

En el aspecto social, la independencia no logró una nación mestiza y el Perú continuó siendo una sociedad polarizada y racista. En un sector, los criollos, mestizos y las castas, sin tener incluso origen colonial, lograron emplear diversas estrategias de poder y consolidar su carácter de sector civilizado, frente a los indígenas que se dividían en originarios con tierras y sin tierras, forasteros e indígenas yanaconas, comúnmente denominados “bárbaros”. Pero a pesar de ello, cada uno de los sectores siguió manteniendo privilegios y distinciones. Los pocos hijos de españoles que aún vivían en Huamanga tras la independencia se negaban a contribuir por el valor real de sus predios rústicos y hacían prevalecer su condición de mestizos españoles para negociar rebajas con las autoridades. Las castas de la provincia de Huamanga, equivocadamente identificadas como la población más pobre, eran  dueñas y rentistas de 173 haciendas y contribuían únicamente tres pesos anuales.

Tras la derrota ante Chile, en 1885, los vecinos principales de las ciudades de Huamanga y Huanta fueron exonerados de la contribución personal. Los médicos, escribanos, boticarios y abogados fueron liberados también de sus contribuciones personales.[3] Los privilegios y las negociaciones fueron constituyéndose, pues, en uno de los elementos más significativos de nuestra sociedad, a lo largo de toda la vida republicana.

Lo que nos ha dejado

En la actualidad, los privilegios y las negociaciones siguen siendo elementos institucionalizados. Esta forma de vida hizo imposible, a lo largo de nuestra vida republicana, la movilidad social y, por ende, fue un obstáculo para la formación y el establecimiento de la unidad nacional. Afectan, además,  el proceso de inclusión social que tanto se pretende cristalizar.

SUMILLA: “…formaron motines y sublevaciones, puesto que los habitantes de Ayacucho, como indica el prefecto, estaban ‘acostumbrados a que nada se les exigiese’ “

 



[1]AGN. Ministerio de Hacienda, Prefecturas del Departamento de Ayacucho. O.L. 131, f. 273.

[2]AGN. Ministerio de Hacienda. Sección de contribuciones. Libro de matrícula de indígenas de las provincia de Huamanga, 1830, f. 303.

[3]AGN. Ministerio de Hacienda, Prefectura de Ayacucho, 1886, f. 371.

 

 

http://www.noticiasser.pe/28/10/2015/historia/ayacucho-virreinal-privilegios-y-negociaciones

-->
COLABORA CON KAOS