[Audio] Del género chico al género ínfimo: poder frívolo en el cuplé de inicios del siglo XX

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Para entender el origen del cuplé en España hay que remontarse muy atrás en el tiempo. A finales del siglo XIX llega a España la influencia francesa del couplet, que se encuentra con los resquicios de lo que fue la tonadilla escénica del siglo XVIII, con personajes como Maria Antonia Vallejo Fernández «La Caramba». Era un momento en el que también estaba naciendo la cultura de masas, con un gran incremento de la población en un Madrid en expansión donde se multiplicaban los espacios públicos: bares y cafés cantantes, pequeños teatros donde triunfaban sobre todo las figuras andaluzas que cantaban flamenco y sus derivados. Nada que ver con el cuplé.

Del género mayor, la ópera, se pasa al género chico, la zarzuela. Y de esta, se pasa al género ínfimo: el cuplé. Es así como se genera la canción independizada, más fácilmente recordable por el gran público. En muchas ocasiones trufada de chascarrillos picantones, sátira social y política. Temáticas que conectaban rápidamente con el público, que eran recordadas y cantadas por las calles, generando sus propias variaciones de las letras.
Cultura popular en estado puro, pues era la sabiduría popular, lo que se hablaba en las calles de Lavapiés y La Latina y el aroma de los madriles más clásicos, lo que acababa inspirando las letras de estos cuplés.

Podríamos considerar que el nacimiento del cuplé fue en 1898 en el Teatro Barbieri, en la calle Primavera, en Lavapies, con la interpretación de ‘La Pulga’ interpretrada primero por Nelle Martini y castellanizada posteriormente por Pilar Cohen.

Comienza así una época artísticamente muy enloquecida, de horarios tardíos, de despiporre absoluto y protagonizada por mujeres. Mujeres con fuerza, que además hacen gala de un gran sentido del humor, lo que las hace más poderosas aún. Los cantos al cachondeo y al flirteo se convierten en algo revolucionario en el Madrid de comienzos de siglo XX. Los espectáculos suceden en los horarios más crápulas que se puedan imaginar, en un Madrid en ebullición en el que se cantaba en todos los rincones. Nacía así el género sicalíptico, con contenido especialmente picantón, que después derivaría en el cuplé de variedades con espectáculos a media tarde para toda la familia, y posteriormente ya en los años 30 acabaría convirtiéndose en cuplé político, durante la II República.

Para comprender del todo este periodo cultural, tenemos que hablar también del ultraísmo, movimiento cultural de oposición al modernismo de la época, contemporáneo del dadaísmo, del que se cumple ahora el centenario de su surgimiento en España, en 1918.

Esta historia de vanguardias culturales finaliza abruptamente con la Guerra Civil española, en 1936. Durante este periodo la escena remite, hasta quedar prácticamente en nada al finalizar la contienda, siendo sustituída posteriormente por la cultura patrocinada por el Régimen, pero esa es otra historia que deberá ser contada en otro momento.

Tengo dos lunares, tengo dos lunares, uno junto a la boca y otro donde tú sabes.
Isabelita Bru – ‘Tango de los lunares’.

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