Atentado a la AMIA: El Ministro y el cuento de la responsabilidad iraní

Las necesidades geo-petrolero-estratégicas del eje sionista EEUU-Israel y no otra cosa es lo que se hace que Irán sea acusada de la responsabilidad del ataque a la embajada de Israel y la AMIA, en Buenos Aires; y algo con lo que periódicamente viene insistiendo la CIA y el FBI a través de la SIDE; responsabilidad que siempre cae por inconsistente.

El gobierno argentino protestó anoche por la propuesta del presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, de designar para ministro de Defensa a Ahmad Vahidi, uno de los seis iraníes cuya captura pidieron el fiscal Alberto Nisman y el juez Rodolfo Canicoba Corral. En realidad, Vahidi ya era viceministro y buena parte de los reclamados por la Justicia argentina tienen puestos importantísimos en Irán (P/12).

El más renombrado es el ex presidente Alí Akbar Rafsanjani, hoy en día uno de los máximos referentes de la oposición a Ahmadinejad. La Cancillería emitió un comunicado en el que manifiesta “su más enérgica condena y considera una afrenta a la Justicia argentina y a las víctimas la nominación de Vahidi”. También expresaron su rechazo la DAIA, la AMIA y el fiscal Nisman.

La insistencia de en continuar su plan de desarrollo nuclear por parte de Irán explica, en la Argentina, el gran apuro del Mossad israelí y la SIDE por lograr una condena por los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel. Es decir, tener una excusa más para atacar a Irán

Los atentados llevados a cabo en territorio nacional contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994); nunca fueron sometidos a un marco de investigación judicial serio y eficiente; debido sustancialmente al bochornoso encubrimiento llevado a cabo por todos los estamentos pertinentes del Poder Ejecutivo Nacional durante las gestiones de los sucesivos gobiernos; por la Justicia Federal; por el Ministerio Público; como así también por la DAIA contando con la complicidad y el «apoyo logístico» de los EE.UU y el Estado de Israel. Cuando fue el atentado a la AMIA, y se hablaba de fundamentalismo islámico, el juez Galeano orientó su investigación hacia la pista Iraní.

En dicho marco de encubrimiento e impunidad; sin sustento probatorio alguno e incluso mediante la comisión de delitos de acción pública por parte de los mismos representantes del Ministerio Público Fiscal de la Nación, fueron prefabricados una serie de indicios; confusos, equívocos y contingentes contra la República Islámica de Irán por la presunta autoría penalmente responsable de algunos miembros de dicho Estado soberano en los atentados mencionados; basados exclusivamente en información provista por los servicios de inteligencia de EE.UU y el Estado de Israel y receptados por el servicio de inteligencia nacional.

Se llego a esta conclusión “oficial”, entre otras cosas porque el encargado de negocios de la embajada de Irán, había sido visto 8 meses antes averiguando por el costo de una camioneta traffic.

La pregunta es realmente estúpida pero hay que hacerla: ¿Un encargado de negocios necesita ir a comprar una camioneta a un privado cualquiera, pagando de más, en vez de utilizar sus franquicias diplomáticas?

Esta otra pregunta es también estúpida pero hay que hacerla: ¿Un diplomático IRANI, vestido a la usanza IRANI, (según fue descrito por un “testigo”) va a ir a comprar directamente un elemento para utilizar en un atentado?

Curiosamente, cada vez que se caía la pista Iraní, por inconsistente, venía la presión inevitable del FBI a través de la&nbsp embajada norteamericana, y se volvía a achacar a Irán la responsabilidad del atentado.

Aparecían “contactos” y sospechosos por todos lados, y especialmente por la Triple Frontera. La tan mentada Triple Frontera, más que por miembros de agrupaciones fundamentalistas o terroristas Iraníes, está plagada a esta altura de agentes de inteligencia de todos lados, especialmente de la CIA.

La actual Ciudad del Este, Ex Puerto Stroessner, fue fundada en 1957 y creció notablemente con el aporte de&nbsp la inmigración Arabe y China, dedicada al comercio.

Regresando a la Argentina; al volverse a caer la “pista Iraní” aparecieron “arrepentidos Iraníes” traídos por la CIA, que lo único que faltaba era que hubieran manejado la completamente inexistente traffic. Obviamente se caían, por ridículos, ya que ni la gilada se los tragaba. Sin embargo este es el principal argumento usado por la fiscalía aergentina para acusar a Irán.

Hablando de la conexión local: ¿Es creíble que el gobierno de Irán conozca y tenga contactos con la Policía Bonaerense? ¿Alguien se imagina al policía Ribelli, un ladrón de autos, negociando en la embajada Iraní?

Conociendo la operativa de entrenamiento de las policías de Latinoamérica por parte de Estados Unidos, es seguro que el único contacto de la Bonaerense sea la CIA o el Comando Sur.

“Hubo un suicida”. Esto nunca se pudo confirmar con pruebas en la causa judicial. Como no hubo ADN de las 85 víctimas, fue imposible corroborar si hubo un muerto 86 que no se correspondía con ningún familiar y que sería el suicida.


”El suicida está identificado”. Supuestamente esto lo dicen la SIDE y la CIA, aunque el juzgado de Juan José Galeano hizo trascender que existe una declaración de un testigo de identidad reservada: “Es información de inteligencia, que será difícil comprobar”. Una fuente de la SIDE repitió el mismo concepto: “Tal vez haya pruebas, pero es difícil”.


”El suicida era el jefe del comando y que entró por la Triple Frontera”. Esto también se viene diciendo desde años, pero no se presentó otra evidencia que hablar de grupos fundamentalistas en la zona.

La postura de Galeano y las órdenes de captura se libraron después de que la SIDE, bajo la jefatura de Miguel Angel Toma, elaboró un informe en el que se llegaba a esa conclusión, pero siempre después que la central de espías, la CIA y el Mossad apuntaron a Irán como culpable del atentado. A esa postura se sumaron también la AMIA y la DAIA. Para otros observadores del caso, las pruebas contra Irán son poco contundentes y surgen esencialmente de la declaración de arrepentidos que rompieron con el régimen de los ayatolas –que terminaron siendo doble agentes de la CIA- o a partir de informes de inteligencia de difícil comprobación.

Al respecto tanto el gobierno de Irán, como Hezbolláh, cada uno por su lado,&nbsp han hecho pública&nbsp su posición en cuanta ocasión se les ha presentado, precisando:

1. Que no tuvieron nada que ver con esos atentados, que no practican el terrorismo indiscriminado con inocentes y que mucho menos lo hubieran hecho en un país amigo tradicional como la Argentina.

2.&nbsp Y además han enfatizado, en que la «justicia» argentina no ha producido pruebas que sustenten que sus ex funcionarios pudieran haber tenido&nbsp algún tipo de vinculación con los atentados, y que la tal absurda acusación tiene por único objeto favorecer a las posturas de Israel y Estados Unidos en las disputas que ellos mantienen con estos.

Este último punto clave&nbsp sobre «las pruebas» ha sido justamente corroborado por el gobierno británico, insospechado de cualquier indulgencia a favor de Irán, cuando se produjo en el 2004 la detención en ese país del ex-embajador iraní en la Argentina, Soleimanpour, que allí se encontraba residiendo, realizando estudios de post-grado en una Universidad.

El gobierno británico fue concluyente y demolió las pretensiones&nbsp de la «justicia»&nbsp argentina (manipulada por los israelíes con la anuencia, sino la participación activa de nuestro gobierno). Rechazó la extradición del iraní sospechado in limine, sin siquiera realizar la instancia judicial de práctica. La causal de la negativa británica fue clara y terminante: FALTA DE PRUEBAS.

El Juez Galeano empezó a trabajar a tiempo completo e incondicionalmente para los israelíes desde un primer momento. Así fue que la absurda hipótesis del coche-bomba/conductor suicida, negada por todos los expertos independientes consultados en los primeros días, que conduce a los musulmanes, fue la única y excluyente que se consideró y sólo fue controvertida durante el juicio oral por algunos de los abogados defensores.

Pero los «jueces» de éste (Larrambebere, Gordo y Pons)&nbsp ya&nbsp habían sido&nbsp debidamente «aleccionados», y a pesar de las contundentes evidencias ventiladas en la sala sobre su inexistencia y lo débil y contradictorio de los argumentos de los fiscales y Galeano que alegaban lo contrario, soslayaron aquellas y amañaron&nbsp miserablemente&nbsp estas, para terminar por concluir «que se había usado una Trafic como coche-bomba».

Al final de muchas presiones la Corte terminó por alinearse con la posición israelí, que «era» también&nbsp la del gobierno argentino, prensa y&nbsp «clase&nbsp política» y en mayo de 1999, en una acordada (un mero instrumento informativo, no un fallo), declaró que en el atentado se había usado un coche-bomba y que&nbsp una presunta&nbsp Jihad Islámica, presunto «brazo armado de Hezbollah» había sido quien perpetró el atentado. Pero aclaró que no había pruebas de la participación de Irán.&nbsp

En setiembre del mismo año, en otra acordada, emitió una orden de captura internacional contra el libanés Imad Moughniyah, porque según lo aclara en la misma acordada, la CIA le había indicado que éste era el jefe de esa&nbsp presunta «Jihad Islámica» al momento del atentado. (investigación de Petrosino – Bini)

Los atentados explosivos contra la AMIA y la embajada de Israel, a principios de los 90, fueron operaciones experimentales de EEUU e Israel para instalar la «guerra contraterrorista» en América Latina, cuyo entramado orgánico solo empezó desarrollarse con Bush hijo tras la demolición de las Torres Gemelas el 11 de septiembre.

Los “atentados a las instituciones judías” colocaron la «piedra fundacional» señalando claramente la lógica del «nuevo enemigo» simbolizado en el «terrorismo islámico» y cuyo remate fuera otro gran “atentado” ficcional: el S-11

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