Asunción Valgañón asegura que «La única salvación que veo es construir otra masculinidad»

Asunción Valgañón ha realizado un viaje relámpago a Nafarroa para presentar su sexto libro. Se describe a sí misma como una escritora valiente, que conoce muy bien el problema de los maltratos a mujeres; cientos de conferencias sobre este tema respaldan ese conocimiento. Asegura que a esta temática hay que darle «vida», por lo que a menudo recurre a intensos y significativos poemas que trasmiten la crudeza de la realidad.

En esta fugaz entrevista concedida a GARA, Asunción Valgañón asegura que no confía en las medidas que se llevan a cabo hoy en día contra la violencia de género, y señala que la única solución para ello es construir «otra masculinidad» mediante la educación.

­¿Qué recoge en este libro?

En este libro cuento muchas cosas. Cuento en primer lugar el sufrimiento terrible de la mujer, cuento el hombre que maltrata, por qué maltrata, la raíz de por qué se mete en su cerebro ese espíritu de maldad… Porque en sí no es un hombre malo, no es un asesino. Por eso se trata de un misterio, ni los sicólogos lo han podido descubrir. ¡Figúrate yo! Pero de todas maneras, es un libro muy completo, y las conferencias están muy llenas de vida, porque a las cosas hay que darles vida, movimiento. Hay que hacer una exaltación de lo que has hecho, ¡no vas a escribir un libro y dejarlo en un rincón! De ahí las conferencias y el campo que estoy trabajando.

­En el subtítulo remarca «sexo, violencia y miedo»…

Son los tres ingredientes del maltrato. Parece mentira, pero el sexo influye mucho en un hombre agresivo, bebedor ­hablamos de la ingesta de alcohol, y hablamos de una potencia violenta, agresiva, de un hombre maltratador­. Influye mucho el sexo, la violencia está servida y el miedo también.

­De esos datos que ofrece, ¿puede derivarse algún tipo de perfil o patrón del maltratador?

Definir un perfil del maltratador es muy difícil, aunque casi siempre se unen esas características. No existe un patrón, aunque lo condicionan los momentos de agresividad, la continuidad y el seguimiento. Existen unos factores importantes, como el temperamento brusco, el ser hijo de maltratadores; también pueden existir sicopatías, pero sobre todo el alcohol. El alcohol es el primer factor. Hay que tener en cuenta el volumen de violencia que pueda tener el agresor, en su seguimiento, en su momento, en su ciclo y forma de actuar.

­En un poema de los que ha leído señalaba que las agredidas «penden de un hilo, están abandonadas a su suerte» ¿Significa eso que no confía en las administraciones y en la labor que se está llevando a cabo?

No, y te voy a decir más. Yo soy una mujer valiente, y con este libro en la mano no cobro un sueldo por regir un estamento de mujeres maltratadas. Es curioso, pero éstas no secundan mis conferencias. Las llamas, las avisas, pero no hay un hermanamiento, una fusión. Todos estamos abocados a la figura extensa de la mujer, pero no cumplen ese cometido. Yo creo que se amparan en una cobertura un poco ficticia a lo que yo me quiero adherir; y lo digo con todo conocimiento de causa, porque he dado muchas conferencias, tengo muchas preparadas y he prescindido totalmente de estos campos. ¡Un misterio!

­¿Significa eso que el camino que llevamos hoy día no es el correcto, que hay que hacer algo más? ¿No parece que no se acaba de erradicar esta lacra?

La ley y los campos habilitados para reformar a los maltratadores no han podido coger ahora nuevos modismos para arreglarlo. ¿Qué vamos a hacer los demás? La única salvación que veo yo es cambiar, construir otra masculinidad. Cambiar el sexismo, el machismo, el patriarcado. Primero en casa, y después en las escuelas primarias, en los institutos, en las universidades, en los noviazgos, en los matrimonios, en los padres y en los abuelos. Es la única manera, el único asidero que tenemos si queremos que en las generaciones futuras el hombre crezca en la igualdad. ¡Y esto no se está haciendo!

­Ha repasado todas las etapas de la vida, sobre todo la vida en familia. A este respecto, ¿no tiene la sensación de que cada vez los casos de maltrato aparecen a edades más tempranas?

Sí, y eso se debe al desarrollo de la mujer, del hombre, del chico. Ya sabes que nada más acabar sus estudios, primarios incluso, los jóvenes ya se echan novia y viven juntos. Se empieza una cuestión prematura, un poco dislocada diría yo. Nosotros ya tuvimos una juventud florida y maravillosa, y ésa no nos la quita nadie. Ya con dieciocho años, ¿quién no tiene una novieta o un noviete? Así se forma un hogar, y claro, la convivencia es muy cruel. Además ahí influyen ya la economía y otros factores que importan muchísimo para que se adelante esa tragedia. –

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