Asturias 1962, cuando los mineros dijeron “No”…Y en Munich se reunía la oposición liberal.

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A muchos de los que ya andan con la jubilación, la lucha de la minería no ha devuelto la memoria de 1962, cuando la “huelgona” en Asturias en una España en la que –se decía- no se movía una mosca sin la autorización del Caudillo.

Aunque para algunos la historia se había detenido, en realidad estaban pasando muchas cosas, y mucha más que iban a cambiar. Sobre todo después de aquel 1962, cuando en los pequeños “corrillos” de los trabajadores se hablaba de las huelgas de Asturias. Una huelga de ahora, no como aquella de los tranvías de 1952 que resultó ser como el último coletazo del movimiento obrero destruido a sangre y fuego.

Los que no quieran leer estudios socioeconómicos sobre la miseria en la que sobrevivían las clases populares, no tienen más que revisar algunas películas, por supuesto las de Bardem y Berlanga. Pero también la de autores clasificados como adictos, o al menos no sospechosos. Así al vuelo, recomendaría dos, Hay un camino a la derecha (1953) de Rovira Beleta, y especialmente,  Mi tío Jacinto (1956),  porque la dirigió Ladislao Vajda con Pablito Calvo, y que acababan de hacer una de las películas más emblemáticas del nacional-catolicismo: Marcelino, pan y vino (1953), escrita por José Mª Sánchez Silva, hijo de un periodista anarquista, y más tarde autor del guión de Franco, ecce homo…Desde el cine, también ser percibían otras cosas, por supuesto que habían otros mundos con libertades y con más justicia, pero también otra cosas, a saber que algunos “adictos” como Nieves Conde dirigía películas inconformistas.

Era una época emigraciones masivas desde el Sur,  por la miseria claro está. Pero también por la falta de expectativas de cambio, también es un momento de tránsito de la “autarquía” .al Plan de Estabilización que acabaría enganchando el país en el furgón de cola del “milagro europeo”. Se impone el desarrollismo en algunas zonas, y emerge una nueva clase trabajadora que mediante las horas extras, el destajo y el pluriempleo, comienza a superar el círculo, y aparece una juventud que aguarda, según da nota una novela de Paco Candel.

España era un país que no había por donde cogerlo, la vergüenza. Se trataba de sacar pecho con el fútbol, pero por más que el Madrid realizaba prodigio, la selección nacional trufada de glorias extranjeras, daba más vergüenza que otra cosa. Las fanfarronadas del régimen sobre las “grandezas” de España eran objetos de crueles ironías, singularmente entre los obreros más conscientes. El cine también fue un buen espejo de este contraste entre la España oficial y la realidad. De ahí que se pueda afirmar con seguridad que las mejores películas antifranquistas se realizaron bajo el franquismo: El verdugo, Plácido, Calle Mayor, La caza, Viridiana…No hay que decir que, en la medida en que crecía el horizonte moral y cultural de las nuevas generaciones, el régimen se hacía cada vez más insoportable. De ahí también que, primero de una manera lenta, luego de forma inexorable, su base social real y/o supuesta comenzó a distanciarse. Sería desde esta base de donde surgiría una nueva oposición espoleadas con huelgas como la de los mineros, la creación de las comisiones Obreras, el impulso del Frente de Liberación Popular (FLP, origen de la LCR) cuyos debates conectaba con las inquietudes de la izquierda más avanzada de Europa. Los empresarios, que hasta entonces habían gozado de años felices –así lo proclamó uno de sus portavoces-, comenzaron a darse cuenta que aquel del Vertical le estaba pasando el tiempo.

En 1962, mientras que millares de mineros jóvenes fueron a una huelga general que en principio, no había convocado nadie ni fue, tampoco, encabezada por ninguna sigla. Seguramente desde el hoy resulta difícil apreciar lo que significó aquel gesto colectivo que suscitó una profunda corriente de solidaridad entre la gente obrera por más que muchos creyeran que “contra esta gente no se puede hacer nada” no hay que decir que la gesta resucitaba una memoria, incluso entre los que carecían de ella, como era mi caso. A muchísimos jóvenes criados en la inopia bajo el franquismo, aquella corriente nos llegó a través de los veteranos que hablaban a la hora de entrar, plegar o almorzar. Con sus métodos de todos a una, de unir la mina con el pueblo, hombres y mujeres, los mineros estaban comenzando una nueva fase de lucha consciente. Sus protagonistas ya eran los del 34, eran jóvenes a los que la guerra y el “maquis” les quedaban muy atrás por más que eran sus herederos. Aquella fue también la primera vez que algunos sentimos la palabra “intelectuales” referida a los que habían firmado un manifiesto de solidaridad con los mineros, un manifiesto que dignifica  a sus autores.

No fue por casualidad que ahora hace 50 años, al mismo tiempo que resurgiera el movimiento obrero desde Asturias con sus ecos en todas partes, también apareciera la primera plataforma de políticos profesionales dispuesta recoger los frutos políticos del final del régimen. 1962 fue por lo tanto también el año del llamado “contubernio de Munich”, contra el que el régimen echo naturalmente pestes, pero contra el que no empleó sus torturadores como sí lo hacía con anarquistas y comunistas.  A la reunión asistió Ignacio Fernández de Castro, uno de los líderes del FLP, pero lo hizo a título informativo, y es que desde la resistencia no se apreciaban estos montajes

La reunión de Munich ha sido magnificada por historiadores liberales así como por la prensa, por supuesto por “El País” que dedicó portada a su conmemoración. En dicha conmemoración se subrayaba el carácter conciliador, y la firma de un documento que pedía las mismas libertades que gozaba Europa. Eran personajes del exilio que participaba en la política de “presionar”  a las cancillerías, como lo haría un patético Indalecio Prieto que, a pesar de su proverbial sagacidad parlamentaria,  creía que los Estados Unidos luchaban por la libertad. Foster Dulles le tuvo que recordar que ellos luchaban por sus intereses, y aquel entonces, nadie los podía garantizar mejor que Franco. Una respuesta que también le podía haber dado Churchill de estar vivo.

También se dirá que Munich fue un antecedente del Pacto de Transición, lo cual conviene matizar. No hay que decir que los  problemas en 1962 eran muy diferentes para los trabajadores que para los políticos “liberales”.  Además, había una pregunta básica por medio, una pregunta similar aquella que se hicieron los ratones, ¿Quién le ponía el cascabel al gato? El cascabel se lo acabó poniendo la clase trabajadora liderando la lucha de una mayoría que se movilizó en fábricas, barrios, universidades…Lo de la Transición fue un fruto envenenado. Cuando la patronal y los reformistas del franquismo ahora cobijado bajo el manto del monarca, dijeron, Vale, hasta aquí hemos llegado”. Reconocemos que hay que legalizar las conquistas de la calle, pero si no queréis provocar al Ejército, tendréis que aceptar el cambio dentro de un orden o sea a nuestra manera. O sea una componenda…

Luego, los políticos profesionales hicieron su carrera, y los mineros volvieron a la mina o al paro. Ahora les quieren quitar hasta las minas, lo quieren quitar todo, ya se sabe, esta vida es un Valle de Lágrimas pero finalmente seremos recompensados en el cielo. El círculo de la historia comienza otra vez. Cabrá esperar que desde entonces, hayamos aprendido lo suficiente.

En la historia de nuestro movimiento, hubo ocasiones en que la palabra más sentida fue “Asturias”. Con 16 años, el que escribe buscaba información en las periódicos para saber más de lo que en las fábricas se hablaba bajo cuerda.

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