Asombrados?

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Me asombra como aun los cubanos se cuestionan por qué los trabajadores deben sufrir que en los centros laborales, en lugar de actuarse en aras de aumentar la producción o los ingresos, se esté constantemente al acecho de los «culpables» a quienes “marcar” o simplemente expulsar ante cualquier crisis, a modo de exorcismo que aparenta purgar “el mal” con el que de hecho se ha convivido por décadas, en la practica tal accionar se usa como telón en que en realidad es el mal el que ahoga la semilla de una idea o del honesto deseo de hacer. En el centro de pugnas de poder, este actuar es clara evidencia de crisis, que con base psicológica o no, es bien objetiva. Las cacerías de brujas intentan enmascarar con acciones publicas una realidad que esconde errores de fondo y son generadoras de estados de temor una de cuyas expresiones es que muchos individuos rehuyan asumir siquiera su función. Especie de reacción evasiva de la realidad. Todos a la defensiva, pues… “a mi no me van a tocar!”. A la larga da la impresión de que no se quiere trabajar o asumir responsabilidades “No sin la debida autorización”. Obreros, especialistas y muchos dirigentes (éstos últimos quienes mas tienen que perder y por tanto que defender) actúan según la practica de “esconder” o “pasar” la bola, ya que siempre es mas fácil dificultar con criticas, o “pasar el muerto a otro”, que asumir responsabilidades. Es palpable la tendencia a la inmovilidad y optar por lo primero, las criticas, la cobardía. Gestiones demoradas, infructuosas, chismes y otras manifestaciones negativas no son combatidas con efectividad y son manifestación directa de esta situación que considero claramente objetiva. Toda subjetividad que la acompaña es consecuencia de una dirección desorganizada, mal orientada, poco exigente.

Curiosa situación quizás nada extraordinaria. Hablamos de un país en que el presidente se dedica hace ya mas de un año a «reflexionar» sobre problemas de la humanidad; labor orientadora y loable; observaciones en una voz prestigiosa, llamados desde una tribuna ganada, ideas en un marco mas o menos concreto, pero que no toca problemas nacionales, luego ajeno, extranjero. Mas que presidente de un gobierno esto le lleva a comportarse como mero espectador de la realidad nacional, por demás incompleto, distanciado de las carencias a que están sometidos los ciudadanos promedio. En su lugar un Primer Ministro temporalmente en funciones que opta por darse tiempo para «recoger» y procesar opiniones del pueblo sobre los problemas que le rodean; proceso que aclara demorará. Con intenciones legitimas o no, el pueblo, con espíritu constructivo, opta por el beneficio de la duda y participa. En cualquier caso aunque duro, esto es expresión de que la dirección no tiene una clara noción del estado de cosas a nivel del las masas, de que se duda de los canales establecidos. Bien, quizás esta vez se logre un accionar finalmente consecuente. La oportunidad esperada tras una promesa mas de no traicionar la confianza. Pero, si este es el estado de cosas a este nivel ¿Qué se puede esperar?

Corre el tiempo que suma incertidumbre al estado psicológico imperante. ¿Que pasa en un país con todas estas premisas objetivas? ¿Que pasa en las empresas que aun no tienen la menor idea de qué cambiará (si cambiará)? ¿Cuáles son las proyecciones estratégicas de la dirección a los niveles superiores? Dificultades económicas que han llevado a optar por el control centralizado de las transacciones monetarias aporta burocracia y por tanto demoras adicionales tanto a las compras como a los pagos; el aparato de control estatal es tan enrevesado que llega al punto del absurdo y termina como alimento de la corrupción administrativa. Mientras, la prensa, incapaz de tocar siquiera con el pétalo de una rosa la realidad del país, mucho menos la lleva a la pluma y traiciona así al pueblo dejando a un lado su papel dentro del proceso revolucionario; aunque francamente esto no es argumento para el asombro, ya que toda la gran prensa mundial trabaja en función de la clase en el poder. ¿Sería acaso esta es la excepción? Cabria mejor preguntarse: ¿Qué clase está en el poder?

Falta de comunicación en los canales establecidos, dejadez, efecto colateral de la acción de la burocracia auto-destructiva tras años de transmitir hacia arriba una imagen distorsionada y adornada de la realidad, en buen cubano consecuencias de un largo proceso de “inflar el globo”, dejan a los cubanos en un barco sin provisiones y a la deriva, cuyos oficiales, ante los evidentes indicios de descontento que interpretan validos aun no deciden qué ordenes dar, necesitan tiempo para reorientarse y optan únicamente por azuzar la imagen del eterno enemigo en quien enfocar el resentimiento y la ira popular, situación no menos verídica, pero que se aviene a la medida de las circunstancias como maniobra disuasoria para trasladar cualquier análisis lejos del panorama nacional. En medio de este compás de espera nada alentador, mas allá del monótono y poco creativo discursar de noticiarios y prensa. En lo concreto los precios suben, la desmotivación crece y la única acción concreta observable es la reflexión, el estudio. ¿Acaso estaremos frente al nacimiento de una nueva teoría existencial? Nada raro que se reafirme la tendencia a mantener la inercia sin responsabilizarse de nada, aumenta el “floating” y a los individuos sencillamente todo les “resbala”. Esta peligrosa situación se re-alimenta a si misma. ¿Será una situación deseada? ¿Quedará acaso tiempo de revertirla? Sirva la pregunta como llamado de alerta a evitar la autocomplacencia izquierdista. Cuba es bandera para la los movimientos populares, si; ellos la necesitan, pero una visión idealizada agudiza la ceguera. Cuba también es un pueblo inmerso en una compleja y profunda dinámica de conflictos. Es siempre preferible bordear el lago que ahogarse, preferible cortar el miembro enfermo que dejarse morir.

La reacción interna sin embargo suma sorpresa. A un lado la palpable apatía y a otro, casi dos décadas después del conocido proceso “de rectificación de errores y tendencias negativas”, resurge un discurso partidista que identifica la debilidad fundamental de la revolución “en los cuadros”, algo así como olvidar la historia para darse el lujo de repetirse. ¿Es que 20 años no bastaron para cumplir la tarea? Bueno, fueron suficientes para olvidar. Es interesante que tras este regreso a la inocencia, en lugar de ser reanalizados y depurados, se intente “educar”, «mejorar» a los cuadros activos con clases, entre otras cosas, nada menos que de ética. Pues “hay que seguir con ellos”. No nos riamos, es en serio. ¿Es que se concibe un cuadro revolucionario sin ética? ¿Como llegaron a cuadros individuos con faltas en ese sentido? ¿Cuanta ética debe tener un cuadro? ¿Es medible la ética? Si alguna vez la tuvieron y la perdieron; ¿Cómo es que aun están allí? No hay cuadro imperfecto, eso es una condición humana. Hay miedo, mimetismo y blandenguería que nos sumerge de nuevo en el engaño.

A 48 años de proceso la situación refleja una realidad tan terrible como peligrosa. Algo como para echarse llorar! De hecho no falta quien se lamenta. La revolución se enfrasca en su imagen hacia el extranjero, mientras se aleja de los suyos. El silencio se entiende como olvido y alimenta un nada nuevo sentimiento de desamparo social. Respecto a los cuadros, no hay acciones que evidencien que se ha escuchado el clamor popular de someter por decreto a evaluaciones periódicas a los dirigentes; no por su superior, no por las comisiones de cuadros que se auto-eligen, no dejándolo a la iniciativa de apuradas y nobles asambleas de producción donde los trabajadores, muchas veces con ardides o presiones, son manipulados. Cuadros evaluados a partir de opinión de sus subordinados, de los trabajadores, tendrían el mejor aval del revolucionario. Que no se haga otra campaña coyuntural, que sea por decreto! ¿Acaso sirve a la revolución un dirigente con 30% de aceptación, un dirigente revolucionario con un 50, un 60% de aceptación? ¿Quién mide tal indicador, el Partido? ¿En base a qué y sobre qué sujetos se realiza tal muestreo? ¿Es un muestreo estándar? Un cuadro sin apoyo mayoritario de sus subordinados carece de representatividad moral, de liderazgo y de apoyo real; solo sirve para generar descontento y sumar descrédito al sistema. Porque la gente identifica al sujeto que los dirige con el sistema. ¿Quién mejor para evaluar el desempeño que la masa que se dirige? Ah, pero las masas trabajadoras, esas que llevan el peso de la nación carecen de participación real en la toma de decisiones, se consideran sencillamente eso, masas. Son tratadas como un simple amasijo de individuos carentes de capacidad de análisis, por debajo de sus dirigentes. Horas y horas de televisión, discursos, monótonos análisis y preparación (propaganda) política dirigida a los trabajadores. ¿Cual es el resultado? Lo que tenemos. ¿Curioso verdad? Quizás también se olvide que en Europa del Este fueron ellos quienes traicionaron las ideas que representaban, tanto en su actuar, como en las horas de crisis. Abdicaron en avalancha, muchos cambiaron ideas por dinero, otros renunciaron. Cierto es que tal proceder orientado a validar los cuadros parece ir a la verdadera raíz de muchos problemas, incluida la corrupción. La idea no es infalible ni nueva, no va a ser la solución mágica y no accionará por si sola; pero si no se deja en la palabra y se actúa en consecuencia sería una buena aproximación. Mas democracia, mas socialismo. Debe abandonarse el discursar publico de confiar en el hombre traducido solo en confiar en los cuadros y no en las masas. La realidad tiene voz propia. Si al final de todos estos años de trabajo y batalla se necesita recurrir a la coerción, por algo será. No hace mucha falta argumentar mas, primero se vive, luego se piensa.

Un país no genera riqueza si no es con la masa trabajadora, no se puede repartir lo que no se tiene, pero hay necesidad de repartir y de ahí el actuar obcecado hacia ella. Se olvida la conciencia social y se subvalora la capacidad de cambio que esta en manos de los trabajadores; claro, no hay de que asombrarse tampoco, pues se vive la gloria de las batallas ganadas por los oprimidos en otras naciones y subyace la teoría de que la dirigencia no puede esperar a que la masa “entienda las decisiones” que deben ser tomadas sin demora y con mano fuerte, pues en cualquier caso siempre habrá afectados; eso la ubica en un estadio superior, el del poder. Es triste que no se ponga a las masas del país a la altura de sus dirigentes y se les intente una y otra vez manipular. Es un enfoque de acción hacia el segmento incorrecto. Si pudiera medirse el nivel técnico, profesional, cultural o político del pueblo cubano el resultado seria digno de orgullo. En concreto hoy muchos dirigentes no están a la altura de las masas que dirigen, pero que digo a la altura, algunos son verdaderos ignorantes tanto técnica como políticamente; desorientados en tiempo, época, capacidad, preparación y visión. Ese es el problema que genera las mayores contradicciones. Es el siglo XXI, bajo estas condiciones llegara el momento en que este divorcio cobre su precio a manos del engañado. El riesgo se identifica muy bien, pero falla otra vez el método. Tras la parábola de un discurso paralelo y generalizador el accionar termina nuevamente recayendo sobre el obrero, al parecer por naturaleza y a pesar de todas las tesis de grado de los cubanos, la masa “es indisciplinada”, “escurridiza”, “vaga”, “rebelde”, “no entiende”, por lo que se necesita de un tratamiento correctivo, aparecen nuevas resoluciones, mientras a los cuadros se les trata con un paternalismo patético, incluso con programas de atención especializada. No hay alumnos malos, sino malos profesores. No hay pueblo delincuente, sino gobiernos poco comprometidos. No hay trabajadores malos, sino malos dirigentes.

Tan obvio y tan lamentable. ¿De qué asombrarse? ¿Que se espera? ¿Que se pide? ¿Productividad? ¿Eficiencia? Hombre! Es un error de orientación. El entrevistado siempre optimista en televisión impulsa a apagarla o recurrir al mágico botón del “mute”. La única realidad, a pesar de las tantas traiciones y frustraciones ya sufridas y por cierto también pagadas, es que si a la revolución le queda algo verdadero, algo genuinamente revolucionario, son los trabajadores; el resto, afectado por un pensamiento aburguesado, esta tirando la carreta barranco abajo. Hay que cortarle la soga! No pedirle a los primeros que jalen más hacia arriba para salvarse.