Así financió Franco la Guerra Civil o las deudas de España con Hitler y Mussolini

Por Alejandro Torrús / Público

La Guerra Civil supuso, por una parte, el final de las reservas de oro del Banco de España, que habían quedado en manos de la República y, por otra, la creación de una enorme deuda por parte de los ejércitos comandados por Franco que, tras la victoria del 1 de abril de 1939, pasó a ser de todos los españoles.

Nadie luchó gratis. No lo hizo la URSS por la República y tampoco los aliados fascistas y nazis de la España de Franco. Alemania e Italia fueron claves en la victoria militar de los golpistas del 18 de julio de 1936 y no dudaron en pasar la minuta al general Franco una vez conquistado el poder. Y es que ni la España republicana ni los golpistas del 18 de julio tenían los recursos suficientes para hacer frente a un conflicto que se prolongaría durante  casi tres años.

Por tanto, la Guerra Civil supuso, por una parte, el final de las reservas de oro del Banco de España, que habían quedado en manos de la República y, por otra, la creación de una enorme deuda por parte de los ejércitos comandados por Franco que, tras la victoria del 1 de abril de 1939, pasó a ser una deuda de todos los españoles.

El investigador y empresario José Ángel Sánchez Asiaín escribió en la obra La financiación de la Guerra Civil española, Premio Nacional de Historia en 2013, que una de las principales conclusiones de su exhaustivo estudio de las finanzas de la República y del Gobierno de Burgos fue que la “la República pagó el coste de la Guerra Civil con cargo al ahorro que los españoles habían acumulado en el pasado”, mientras que Franco “lo financió con el ahorro futuro”. “Con lo que los españoles se iban a ver obligados a dejar de consumir en los años sucesivos para satisfacer esa deuda de guerra”, proseguía Sánchez Asiaín, que falleció en 2016.

El historiador Ángel Viñas publicó ya en 1979 que la deuda de la España de Franco con la Italia fascista y la Alemania nazi oscilaba entre 5.239 millones a los 6.018 millones de pesetas de la época, lo que suponía alrededor de 700 millones de dólares, pese a que el gobierno franquista se había limitado a señalar en 1949 que la factura se limitaba a algo menos de 1.200 millones de pesetas. La parte más importante de esta deuda correspondía a la Italia fascista, la potencia que más recursos puso para la victoria de las tropas de Franco.

Sin embargo, Italia no fue la principal favorecida por los militares sublevados. En varias ocasiones responsables italianos afearon a los españoles que la Alemania nazi se estaba llevando la mejor parte de los recursos minerales españoles. Y es que los nazis no dieron ninguna facilidad a los franquistas. Ayudaban, sí. Y pasaron factura por todo. Incluso por los servicios de la Legión Cóndor o por los daños que los alemanes pudieron sufrir durante el conflicto. Hubo un tiempo, de hecho, a partir del acuerdo entre España y Alemania de 1941, que los alemanes podían comprar gratis en España: minerales, aceite, naranjas… y todo sin dejar una sola divisa en el Estado español. Así es la guerra y así son las finanzas.

Sin embargo, a pesar de que tanto la URSS como la Alemania nazi y la Italia fascista apoyaron con material bélico a los dos contendientes en la guerra de España, estas ayudas no son comparables ni en términos cuantitativos ni cualitativos. Así lo expresa el historiador Ángel Viñas en Las armas y el oro (Pasado & Presente) donde señala que “los dictadores fascistas dirigieron a Franco un chorro constante de armamento (con frecuencia muy moderno, aunque a veces un tanto superado) y de personal” constituyendo en términos financieros una cantidad total mayor “al total de las reservas del Banco de España que la República invirtió en hacer frente a los gastos bélicos y no bélicos exteriores”.

Asimismo, la importancia de la ayuda nazi y fascista para Franco fue vital. Por un motivo lógico: fue rápida. Una vez fracasado el golpe de Estado, el intento de sublevación del Ejército podría haber sido sofocado por las autoridades republicanas. Sin embargo, las democracias europeas dieron la espalda a la República, mientras que Alemania e Italia no dudaron en prestar una ayuda más que decisiva a Franco y los suyos.

“La conclusión es inescapable. El máximo del respaldo exterior recibido por Franco, expresado en términos monetarios, superó ampliamente, muy ampliamente a decir verdad, el total de reservas de oro del Banco de España en julio de 1936, cifradas en unos 715 millones de dólares. Los 991,5 millones de dólares se refieren, obviamente, a las ayudas financieras más o menos identificadas y cuantificadas”, escribe Ángel Viñas.

Por su parte, la República vio cómo los grandes bancos extranjeros se negaron a conceder créditos y que prácticamente solo Francia, de una manera modesta, y México comerciaron con el gobierno republicano. Por lo que su única fuente de financiación fueron las 638 toneladas de oro fino disponibles en Madrid a 18 de julio de 1936. De esta cantidad, más de dos terceras partes se enviaron a Rusia y fueron adquiridos por el Gosbank. La mayor parte del tercio restante se vendió en Francia. En conjunto la República ingresó más de 600 millones de dólares’, escribe el autor.

La investigación de Ángel Viñas al respecto confirmó que la República había gastado absolutamente todo el oro disponible, por lo que en la URSS, primero, y después en Rusia, no quedaba ni un lingote español. Su investigación concluía que en Rusia no quedaba oro español, que los rusos no parece que estafaran a España, pero que cobraron por todos los servicios y que el oro se vendió en Moscú, pero sólo una parte se gastó en la URSS, en la medida en la que millones de dólares se transfirieron a París.

Importe del respaldo exterior obtenido por Franco en millones de dólares.- EL ORO Y LAS ARMAS (ÁNGEL VIÑAS)
Importe del respaldo exterior obtenido por Franco en millones de dólares.- EL ORO Y LAS ARMAS (ÁNGEL VIÑAS)

 

A continuación, Público selecciona una lista de los principales financiadores del golpe de Estado y del ejército franquista durante la Guerra Civil.

Juan March

El banquero y contrabandista Juan March
El banquero y contrabandista Juan March

El banquero y contrabandista Juan March, cuya familia sigue disponiendo de una amplia fortuna, era el hombre más rico e influyente de la España de 1936 y no tuvo ningún reparo en financiar todo tipo de acciones para socavar la República. Primero, alentando la ‘conspiración’. Después, facilitando medios para que la rebelión fuera una realidad en 1936 y,  posteriormente, siendo generoso con su dinero, especialmente en los primeros momentos, a la hora de financiar la compra de todo tipo de material de guerra.

Hoy día todavía es imposible cuantificar cuánto dinero puso March a disposición de los militares sublevados. Lo dice el propio Ángel Viñas, que lo deja como una de las incógnitas a resolver por los historiadores del presente. Las especulaciones y tribulaciones de historiadores y periodistas, no obstante, han oscilado entre los mil millones de pesetas a las 15 millones de libras esterlinas más la financiación de buena parte de la intervención italiana en Mallorca.

De cualquier modo, sí está claro que ya March en los primeros días del golpe de Estado puso a disposición del general Mola 600 millones de pesetas de la época a través de una cartera de Valores. Así, tampoco dudó en financiar el alquiler del avión inglés que llevó a Franco de Canarias a Marruecos y en avalar cuantos créditos fueran necesarios para la causa franquista, no sin establecer unos intereses beneficiosos para él y sus socios.

El banquero, asegura la obra galardonada con el Premio Nacional de Historia de 2013, también se ocupó de dar solución a una cuestión de tanta importancia para un conflicto militar como el suministro y financiación del petróleo que utilizó el llamado ‘Gobierno de Burgos’. March ofreció las garantías suficientes a la empresa norteamericana Texaco para financiar los primeros envíos de petróleo a los sublevados, que dejaron de suministrar petróleo a la República, a pesar de los acuerdos firmados por ésta. El autor, además, añade: “No está documentado pero parece también claro que España recibió petróleo de Portugal siendo también March el financiador de esas compras”.

El dinero de Juan March también sirvió para sufragar las escuálidas arcas de Falange. El propio José Antonio Primo Riverahabía afirmado en 1934 que “uno de los primeros actos del Gobierno de la Falange será colgar al multimillonario contrabandista Juan March”. Sin embargo, 1936 el dinero de March ya fluía en las arcas de los falangistas, primero a disgusto de José Antonio y después con su aprobación.

Asimismo, el banquero Juan March realizó depósitos bancarios que sirvieron a los franquistas. Según ha cifrado
Sánchez Asiaín, estos depósitos tendrían al menos un valor actual de 18.500 millones de euros.

Portugal

Imagen de 1940 del jefe de estado portugués Antonio de Oliveira Salazar (3ra R) con el dictador español Francisco Franco (C) AFP
Imagen de 1940 del jefe de estado portugués Antonio de Oliveira Salazar (3ra R) con el dictador español Francisco Franco (C)
AFP

“La ayuda del Gobierno de Portugal a la sublevación fue realmente importante y generosa. Aunque, dada la limitación de recursos que Portugal disponía, esa ayuda fue en su volumen y regularidad, muy inferior a la ayuda prestada por italianos y alemanes”, escribió Sánchez Asiaín.  No obstante, el investigador también asegura que esta ayuda fue “muy oportuna y notablemente eficaz”, especialmente durante las críticas primeras semanas cuando parecía que el golpe de Estado iba a fracasar.

Así, el gobierno portugués puso a disposición de los militares golpistas todo tipo de recursos financieros, créditos por parte de bancos portugueses, pero también una amplia protección política y diplomática: “Queda constancia de que en 1937 y desde el Banco Espíritu Santo de Lisboa, se comunicaba a 37 representantes diplomáticos españoles que les remitían unas determinadas cantidades económicas”.

También ayudó Portugal en el suministro de armas al bando rebelde. Portugal, de hecho, se convirtió en el receptor formal de armas por cuenta de Franco. Durante aquellos años, el país luso pasó a ocupar la tercera posición en la lista de clientes de la industria bélica alemana y el primer europeo. Asimismo, el territorio portugués se convirtió en la retaguardia de apoyo logístico ya que servía de comunicación de la zona en manos de los militares golpistas, que había quedado partida en dos tras el fallido golpe de Estado.

Navarra.

En 1936, Navarra gozaba de un régimen foral que otorgaba a la Diputación Foral el control económico y fiscal de ese territorio. A partir de esa especial situación de su Hacienda Pública, la Diputación Foral de Navarra mantuvo una “importante, generosa y constante ayuda institucional a los sublevados”. Sirve como ejemplo que solamente tres días después del golpe de Estado la Diputación Foral ya había hecho un llamamiento a los navarros aplaudiendo “su patriotismo al sumarse a la causa del movimiento salvador en defensa de la religión, la paz material y nuestras libertades forales”, tomando medidas inmediatas para “el buen funcionamiento de la sociedad navarra al servicio de la guerra”.

El 24 de julio el propio general Mola dio orden a la Diputación para que le habilitara un crédito por dos millones de pesetas para hacer frente a los gastos originados por “el movimiento emprendido para salvar a España”. Este crédito, de hecho, sería posteriormente liquidado sin ser abonado. La Diputación también llamó a todos aquellos que “disfrutaban de una posición económica desahogada” a realizar una contribución a la causa.

En suma, todos los impuestos de guerra que creó la Diputación de Navarra sirvieron para recaudar 13.942.813 pesetas que fueron puestos a disposición de la ‘causa nacional’. Este dinero sirvió para, entre otras cosas, adquirir aviones para la defensa de Pamplona, cancelar el crédito a Mola, poner un coche blindado a disposición de Franco, motocicletas para el general Varela, una pensión de 1.840 pesetas a las hijas de Mola para gastos educativos o el pago de la factura de 4.700 pesetas presentada por el Colegio de Arquitectos vasco-navarro por confección del proyecto del chalet para la viuda del General Mola.

Los carlistas.

Otra importante fuente de financiación de los sublevados fueron los donativos que hizo un grupo muy selecto de carlistas, económicamente bien situados, entre los que pueden citarse Joaquín Baleztena, Miguel María Zozaya y Fernando Contreras. Pero lo que constituyó una excepcional fuente de financiación, explica Sánchez Asiaín, fue el sistema regular de cuotas que los carlistas tenían establecidos desde 1934, de acuerdo con el cual todos los afiliados debían pagar al ‘Tesoro de la Tradición’ una suma, ‘por lo menos igual a la pagada en imposición directa al Estado’.

Francesc Cambó.

El político catalán, cofundador y líder de la Liga Regionalista, descrito por Romanones como ‘el mejor político del siglo XX’, ayudó a recaudar en el extranjero 410 millones de pesetas para financiar la sublevación de los militares golpistas. Asimismo, avaló o ayudó a conseguir créditos que pudieron ascender a 35 millones de dólares.

Italia.

El cuñado de Franco, Serrano Súñer, el dictador Franco y el dictador italiano, Benito Mussolini, en una imagen tomada en 1941.- AFP
El cuñado de Franco, Serrano Súñer, el dictador Franco y el dictador italiano, Benito Mussolini, en una imagen tomada en 1941.- AFP

Escribe Ángel Viñas que hoy por hoy, toda toda referencia a las bases materiales iniciales del conflicto debe partir de la constatación de que Mussolini se había comprometido a ayudar a la sublevación contra la República desde por lo menos marzo de 1934. Así, el 1 de julio de 1936 conspiradores monárquicos suscribieron cuatro contratos con la Società Idrovolante Alta Italia (SIAI) en los que se detalló la futura ayuda fascista.

Su composición, la sabia distribución entre aviones de bombardeo, transporte, cazas e hidroaviones, la minuciosa descripción del municionamiento, material de apoyo (motores, gasolina etilada, sistemas de puntería, etc.) y piezas de repuesto muestran las funciones que la apalabrada ayuda debía cumplir: dar un empujón decisivo o cuasi-decisivo a la sublevación, poner a los sublevados en condiciones de hacer frente a la destartalada aviación gubernamental y permitirles transportar fácilmente tropas de un lado a otro.

“En cuanto el 25 de julio se clarificó en Roma que la sublevación era la promovida y anticipada por los monárquicos radicalizados, Mussolini echó toda la carne en el asador”, escribe Viñas.

El país transalpino aportó cerca de 80.000 italianos combatientes, de los que casi 4.000 murieron; 762 aviones, alrededor de 6.600 cañones, morteros y ametralladoras, 157 tanques, cientos de miles de fusiles, y millones de proyectiles y cartuchos. Más allá de la cuantiosa ayuda militar que Italia destinó a España en forma de aviones Savoia y cazas Fiat, armas y militares de las que, especialmente el historiador Viñas ha dado buena cuenta, cabe destacar la ayuda financiera.

En este sentido, y una vez acabada la guerra, representantes italianos y españoles, valoraron que el total del crédito que Italia había puesto a disposición de los golpistas ascendía a 6.926 millones de liras. No obstante, el Gobierno italiano, mucho más generoso que el alemán, propuso fijar en 5.000 millones de liras la deuda total del Gobierno español por suministro de material de guerra de todas clases y diferentes gastos hechos hasta el 31 de diciembre de 1939. El resto quedaba condonado.

Alemania.

El proceso oficial de petición de ayuda de los sublevados a Alemania comenzó el 21 de julio de 1936 cuando Franco, tratando de llegar a Hitler de la forma más directa posible y rápida, recibió a Johannes Bernhard, del que se sabía que estaba en condiciones de contactar con facilidad, y sin trámites administrativos, con el propio Hitler. Antes del golpe, hubo contactos con Alemania pero no hay base documental suficiente como para poder afirmar que fructificaron.

Cuando la petición de ayuda llegó a Hitler, los ministros del Aire, Goering, y de Guerra, Blomberg, animaron a Hitler a prestar ayuda e involucrarse en la operación tanto ‘por simpatía hacia sus planteamientos anticomunistas, como para utilizar el conflicto español como un laboratorio para mejorar las técnicas de los ejércitos alemanes’. Goering también recordó a Hitler que, a cambio de los aviones, Alemania podría obtener de España los minerales que tanto necesitaba.

De tal manera que la intervención alemana en la Guerra Civil española, dice el autor, no puede entenderse sin tener en cuenta la política de aprovisionamiento de materias primas, especialmente de minerales aplicados a las necesidades de la guerra. Sobre esta base, los rebeldes firmaron con Hitler el 20 de marzo de 1937 un Protocolo de Amistad. Las operaciones entre ambos países durante la guerra fueron múltiples, todas con ‘olvido sistemático’ de las opiniones españolas imponiéndose en todo momento el deseo alemán.

Una parte considerable de la deuda que España contrajo con Alemania fue pagadas por compensación, es decir, con exportaciones españolas a Alemania, sobre todo de minerales. Una vez terminada la guerra Alemania fijó la deuda en 372 millones de marcos, incluyendo el coste de la Legión Cóndor, que los alemanes cifraron en 99 millones de marcos. No obstante, la dictadura de Franco y la de Hitler jamás llegaron a un acuerdo para calcular el importe de la deuda aunque sí que encontraron una solución política de entendimiento mutuo para demorar el problema firmado en 1941 que permitía a los alemanes hacer compras en España sin pagar su importe. ‘Y minerales, aceite y naranjas, entre otras cosas, fueron enviados a Alemania sin generar divisas para la economía española’.

Valoración de la ayuda prestada por la Alemania de Hitler en marzo de 1939. LAS ARMAS Y EL ORO (ÁNGEL VIÑAS)
Valoración de la ayuda prestada por la Alemania de Hitler en marzo de 1939. LAS ARMAS Y EL ORO (ÁNGEL VIÑAS)

Protectorado de España en Marruecos

Las tropas franquistas utilizaron el protectorado de España en Marruecos para abastecerse de tropas. No hay que olvidar que allí empezó la sublevación el 17 de julio de 1936. Destaca el historiador Ángel Viñas que los franquistas “captaron indígenas a marchas forzadas: del 24 al 29 de julio de 1936 se reclutaron 1.693. El 11 de agosto ya ascendían a 5.308 y a finales de este mes a 9.712. Aunque en Marruecos permaneció una guarnición, lo que Franco necesitaba con urgencia era efectivos que apoyaran su marcha hacia Madrid”.

“Sobre los efectivos totales marroquíes las estimaciones son muy dispares, según los criterios. Dejando de lado cifras delirantes, y poco justificadas, las más recientes se sitúan en torno a los 80.000 hombres”, sentencia el historiador.

Sociedade Geral de Comércio, Industria e Transportes Limitada.

Este holding de empresas portugués dispuso de un crédito de hasta un límite de 175.000 libras esterlinas para los golpistas el 8 de agosto de 1936 con un interés del 5,5% anual.

Compañía General de Tabacos de Filipinas.

Dispuso un crédito de un millón de dólares, ampliado en 200.000 dólares más. Fue otorgado el 22 octubre de 1936. Sin intereses.

Kleinwort, Sons & Co.

El banco inglés otorgó un crédito de 800.000 libras con una remuneración del 4% anual el 15 de septiembre de 1937. Apenas un mes después, la misma entidad concedió otro crédito de hasta 1.500.000 libras esterlinas con un interés del 3% anual.

Société de Banque Suisse.

Concedió otro crédito de hasta un millón de libras esterlinas el 20 de octubre de 1938.

Caixa Geral de Depósitos.

La entidad bancaria portuguesa concedió un crédito hasta el límite de 50 millones de escudos portugueses el 28 de febrero de 1939 con un interés del 4% anual.

Consorcio bancos italianos.

Independientemente de la ayuda prestada por el Estado italiano, un consorcio de bancos italianos que presidía el Banco de Italia, con la colaboración de los bancos Hispano Americano y Español de Crédito, puso a disposición de los sublevados un crédito de hasta 125 millones de liras el 20 de noviembre de 1937, alcanzando un total de 300 millones de liras en 1939.

Así financió Franco la Guerra Civil o las deudas de España con Hitler y Mussolini

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