Arroz con cianuro y ayunos di$idente$

Lo último y lo mejor, lo más completo en excelencia alimentaria primermundista, acaba de a(¿de?)nunciarse por Telemundo (tu mundo): el arroz con compramos en los supermercados viene convoyado con cianuro.

Ningún consumidor de arroz, que yo conozca, ha pedido semejante mixtura. Al contrario, el sistema noblemente nos permite escoger entre decenas de marcas, atributos (pre-cocinado, brown, largo, corto, mediano), precios, libras y envolturas simples o sofisticadas (la imagen es todo).

Nadie que yo sepa, arrocero como yo de pura cepa, cubano o chino, ha sido encuestado respecto a su gusto por el cianuro como ingrediente adicional de esta popularísima gramínea. Nadie en mis alrededores ha declarado su regusto por un toque cianótico en la alimentación, que yo me haya enterado, aunque sea archiconocida la atracción que sentimos por los barbitúricos, ansiolíticos, calmantes-u-otros-desbordantes de una realidad que persiste en repetirse incólumemente luego del efecto de fumadas, inyecciones, pastillas u oliscadas.

Nadie ha descubierto, entre quienes conozco, que la ingestión de arroz con cianuro también provoque la aparición de esa Otredad tan corta como virtual que con ansia se busca (aunque no es apropiado preguntarlo no acaba por entenderse, ¿es que no somos los más felices del Globo?).

Y no solo la grata gramínea ha sido convoyada sin (oh MY!) la consulta democrática de nosotros, los consumidores, sino que Kellogs, una de esas respetadísimas marcas alimentadoras infantiles, decidió incluir esta vertiente cianótica en el enriquecimiento de sus cereales.

De manera que los estómagos de todos, infantes y mayores, se abren a los nuevos modos de alimentación globalizados, incorporando sustancias con valores nutricionales en apariencia recién descubiertos por renombrados institutos de investigación.

La Agencia federal encargada de aprobar-desaprobar la incorporación convoyada del susodicho cianuro farináceo, no se ha pronunciado en contra ni a favor de esta adición, con lo cual abre el camino para la libre expresión de nosotros (en definitiva, depositarios del novedoso producto), y la discusión (acelerada, me imagino) de las bondades de su ingestión estomacal y su eyección.  

Hasta tanto no salga del silencio corporativo escéptico-místico y se ventile en un acto de participación democrática la continuidad de esta inesperada adición al arroz y a los cereales, un grupo de defensores del consumidor acabados de declararse disidentes se han declarado en huelga de hambre (o ayuno sano, según me ha confesado uno en secreto).

Ya han comenzado a divulgarse ampliamente en el mundo virtual las acusaciones dirigidas al gobierno cubano, por presuntamente financiar la operación cismática en la disidencia anti-cianótica del grupo de defensores del consumidor.

Ernesto González, escritor cubano residente en Estados Unidos, publica artículos en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la academia Cultural Exchange, y fue asesor de la prueba de español creada por Riverside Publishing. Trabajó durante trece años en el periódico en español Hoy del Chicago Tribune. Sus novelas están disponibles en amazon.com (EEUU) y lulu.com (Europa y Latinoamérica), y pueden ojearse en Google Books.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS