Argentina. “Un virus contagioso arrasa con un barrio donde la gente vive hacinada”

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Mientras crecen exponencialmente los casos de COVID-19 en la Villa 31/31 Bis, quienes atienden la salud de lxs vecinxs reclaman por la falta de materiales sanitarios, la escasez de personal de limpieza y el abandono absoluto que padece la población villera.

La situación de la atención primaria de salud en la Villa 31/31 Bis es muy compleja. Hoy tenemos equipos de protección personal, pero las primeras semanas desde que se decretó la cuarentena estuvimos muy escasos: había pocos barbijos quirúrgicos, lavandina o alcohol en gel. Algunas cosas tuvimos que gestionarlas por nuestra cuenta porque nunca llegaron, como las máscaras. Recibimos distintas donaciones y logramos tener para todxs. 

El tema álgido en nuestro CeSAC es el recurso humano para limpieza. Históricamente reclamamos que una sola persona no puede hacerse cargo de la limpieza de todo el centro de salud y nunca nos dieron respuesta. Al empezar la pandemia el trabajo se multiplicó, y la exposición de la compañera también: debe limpiar cada dos horas todo el centro, también cada consultorio cuando se retira un paciente y desinfectar por completo el consultorio donde fue atendida una persona sospechosa de COVID-19.  Solicitamos tener tres personas para la limpieza del centro, pero no mandaron a nadie. 

Todxs lxs trabajadorxs del Centro nos dividimos en tres grupos para disminuir la exposición y los posibles contagios y así garantizar la continuidad en la atención, pero con la limpieza parece imposible. Hace unas semanas, la compañera que se encargaba de la limpieza se contagió y tuvimos que testearnos todxs. Mandaron solamente un reemplazo, así que seguimos en la misma situación.

Mandamos a hisopar a personas con los criterios del protocolo y muchas veces son rebotadas o expulsadas por las unidades de atención a personas con fiebre, mientras que otras veces son expulsadas por el operativo DetectAr montado entre Ciudad y Nación. Las personas con criterio de “caso sospechoso” tienen que ir por sus propios medios caminando al operativo.
La alternativa es una ambulancia, que nunca llega en tiempo y forma al centro de salud. Muchas veces las ambulancias no quieren entrar a la villa y otras veces esperan un operativo policial que las acompañe. Mientras tanto, las personas con problemas graves y urgentes pueden llegar a esperar hasta dos horas.
La tendencia es a hisopar cada vez menos. Por ende, se hace para el diagnóstico pero no se repite luego para confirmar que la persona haya negativizado, por lo que se asume que ya no contagia y puede finalizar el aislamiento. A las familias y los contactos estrechos, que deberían controlarlxs al día siete, cada vez se lxs hisopa menos. Paradójicamente, y a pesar del nombre del operativo, quedan muchos casos sin detectar.
¿Cuál es el destino para los contagios detectados? Las personas con síntomas leves sin factores de riesgo, son aisladas en hoteles, y las personas con factores de riesgo o síntomas moderado-graves, son internadas en el hospital que disponga de camas. El trato ahí es muy variable. Varias personas a las que les ha tocado vivirlo dicen haber pasado hambre y frío, otras comentan que no sabían adónde habían aislado al resto de sus familiares. Una mezcla de angustia y desesperación sin respuesta. Por estos motivos, cada vez más vecinxs están evitando ir a testearse y soportan los síntomas en sus casas sin acercarse al sistema de salud. 

Nuestro CeSAC viene de un reclamo histórico, desde que abrió, por sus condiciones estructurales. Es un galpón sin ventilación debajo de la autopista, es decir, no tiene luz natural ni salida de emergencia. Tampoco cuenta con una enfermería en donde pueda pasar por la puerta una camilla si hay una emergencia. No tenemos ni siquiera sillas de ruedas. Por estas condiciones venimos reclamando sin ser escuchadxs hace tiempo. En el contexto de la pandemia, estas deficiencias son trabas constantes para la atención.
Las promotoras de salud son parte fundamental del equipo del CeSAC: son vecinas, conocen el barrio y tienen mucho compromiso con el rol que ocupan, pero está precarizadas desde su contratación. Figuran como becarias, sin derechos laborales y con sueldos bajísimos. Ahora, cuando se declara la emergencia sanitaria, su trabajo es fundamental. Les exigen estar presentes muchas horas, ir casa por casa, exponerse y poner la cara por un Estado que no responde en la práctica como dice que responde (llevando comida y elementos de higiene a las personas aisladas, por ejemplo). 
Luego de reiterados reclamos les dieron el equipo de protección personal que pedían y a un grupo de ellas, un contrato interino como auxiliares de salud. Es un cargo administrativo, nunca un cargo reconociendo su rol. Por eso seguimos reclamando por la ley de promotorxs de salud que las valorice, reconozca y cuide por el importante rol que desempeñan.
La pandemia, y su repercusión trágica en los barrios vulnerables, pone a la vista de todxs las condiciones nefastas de vivienda de más de 40.000 personas en la 31/31 bis. Las necesidades mínimas no están saldadas, como el acceso al agua potable, al gas natural, a una red segura de luz, etc. El Gobierno del PRO, que hace más de 12 años está al frente de la Ciudad, hace campaña mostrando la flamante «urbanización del Barrio Mujica». 
La pandemia hace caer esa careta y demuestra que la urbanización no quiso ser más que un arreglo de cara: mejoraron un poco la fachada, pero no mejoraron las condiciones de vivienda de las personas. De golpe, un virus contagioso arrasa con un barrio donde la gente vive hacinada, se corta el agua por 12 días y es imposible cumplir con las condiciones mínimas de higiene propuestas en la prevención.
Sabiendo que esto tarde o temprano iba a ocurrir, no se generó un protocolo específico para la atención en “barrios vulnerables” hasta pasados casi tres meses de iniciada la pandemia. Además, en la construcción de este protocolo no se tuvo en cuenta a vecinxs, asambleas barriales, promotorxs de salud y profesionalxs que venimos trabajando hace tiempo por la salud del barrio, que tiene una historia fuerte de lucha y organización. 

El Gobierno porteño llega al barrio bajando protocolos e indicaciones, como si no existiera nada antes, desconociendo el trabajo territorial, las asambleas feministas y toda organización previa. Tal es así que se presentaron respuestas improvisadas y cambiantes día a día. Al principio, muy caóticas y desacertadas. Hoy, a 90 días de iniciada la pandemia, hay una estructura en funcionamiento que intenta darle respuesta.
Mientras sucede todo esto, en el CeSAC hacemos lo imposible para dar respuestas a todos los otros asuntos de salud que no tienen que ver con el COVID-19 y que siguen estando, aunque quieran taparlos.
Relato colectivo realizado por médicxs que trabajan en atención primaria de la salud en la Villa 31/31 Bis de Retiro, Ciudad de Buenos Aires. 
Fotos: Federico Imas
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