Argentina. Toma del poder y espontaneísmo

Con la exacerbación de la crisis económica, buena parte de la izquierda argentina convoca por estos días a movilizarse por un programa de ruptura con el capital financiero; no pago de la deuda; ruptura con el FMI; estatización de la banca y el comercio exterior; prohibición de despidos; toma de toda empresa que despida o quiebre, y medidas similares. Se trata de un programa que, por contener medidas incompatibles con el capitalismo, pone sobre el tapete qué clase social, y con qué poder, lo aplicaría. Pero este tema, cuando se habla en los grandes medios de comunicación, no se precisa. A lo sumo, se hace referencia a un “gobierno de los trabajadores” que aplicaría las medidas propuestas. Aunque sabemos que un “gobierno de los trabajadores” no es sinónimo de poder obrero, esto es, de poder para revolucionar las relaciones de producción y en Estado.

Estas cuestiones ya las he discutido en otros textos, y ahora no voy a repetir las críticas. Lo que deseo señalar en esta nota es otro problema al cual, hasta ahora, no le he prestado suficiente atención. Se refiere a la creencia de que es posible tomar el poder combinando “luchismo” y consignas transicionales. O sea, se espera que, montados en la movilización cada vez más profunda de las masas, los revolucionarios lleguen al poder para iniciar la transición al socialismo. Por ejemplo, un periódico de izquierda plantea “inmediato paro activo de 36 horas en marcha hacia la huelga general hasta aplastar el ataque capitalista contra los trabajadores. Es la única vía para contraponer al poder concentrado del capital contra las masas, el poder de clase de los trabajadores”. Según esto, existiría la posibilidad de que la clase obrera tome el poder –vía los partidos de izquierda marxista- en un futuro más o menos inmediato.

Pues bien, soy crítico de ese enfoque. Sostengo que es una posición espontaneísta, que no le dice la verdad a las masas trabajadoras. Por un lado, no dice que para tomar el poder es necesaria una larga preparación de las fuerzas del trabajo. Y en segundo lugar, que hoy esas condiciones y preparación, en Argentina, sencillamente no están.

Una crítica de Marx a la táctica espontaneísta de toma del poder

Lo que estoy planteando no es una elaboración personal, sino está en las tradiciones del socialismo. En este respecto, rescato un texto de Marx, de 1850, que pone el acento en esa preparación. Lo explica en polémica con unos comunistas que apostaban a una toma del poder más o menos rápida. Decía Marx: “Mientras nosotros le decimos a los obreros: tienen que atravesar 15, 20, 25 años de guerras civiles para cambiar la situación y prepararse ustedes mismos para ejercer el poder, se les dice: tenemos que tomar el poder de inmediato, o nos podemos ir a dormir” (“Actas Reunión de la Autoridad Central de la Liga, 15/09/1850”; Marx y Engels Collected Works, t. 10, p. 626). Y agregaba que la revolución “es el producto de realidades, no el resultado de un esfuerzo de la voluntad”.

Aquí las ideas claves son: (a) la clase trabajadora debe revolucionarse a sí misma; (b) deben existir condiciones para imponer el punto de vista socialista, y no el pequeñoburgués, o nacionalista. Pensar lo contrario es puro subjetivismo idealista, voluntarismo; no tiene nada que ver con un análisis materialista.

Lo cual, trasladado al presente, significa enfrentar las ideas burguesas o pequeñoburguesas de las masas, y criticar toda forma de control burocrático o estatal burocrático sobre el movimiento obrero. Así como criticar el superficial optimismo espontaneísta (que es una forma de oportunismo). Por eso Marx agregaba: “Siempre he desafiado las opiniones momentáneas del proletariado. Estamos dedicados a un partido que, por suerte para él, todavía no puede llegar al poder. Si el proletariado llegara al poder las medidas que introduciría serían pequeñoburguesas y no directamente proletarias. Nuestro partido puede llegar al poder solo cuando las condiciones le permitan poner en práctica sus propios puntos de vista. Louis Blanc es el mejor ejemplo de lo que ocurre cuando llegas al poder prematuramente. Más aún, en Francia no es solo el proletariado el que gana poder, sino también los campesinos y la pequeña burguesía, y deberá llevar a cabo no sus medidas, sino la de ellos” (pp. 628-9, ibid.).

Puede verse que las recomendaciones de Marx son lo opuesto a la creencia en un golpe de mano táctico para hacerse del poder. Si las masas están imbuidas de convicciones burguesas y pequeñoburguesas, e inmersas en una red de controles (punteros políticos, burocracia sindical y similares), ¿cómo se pretende que de la noche a la mañana tomen el poder y comiencen la transformación socialista del país? (esto dejando de lado que una revolución socialista debería tener, además, un carácter internacional). No se “aplasta al capitalismo” con espontaneísmo, sino con acción consciente –esto es, cuando las ideas se convierten en fuerza material. Agregando que hoy ese mensaje debe incluir la crítica de los socialismos burocráticos, y de los capitalismos de Estado burocráticos (tipo Venezuela chavista). Lo cual exige mucho esfuerzo militante. Aunque cuando expongo estas ideas, desde el campo del voluntarismo idealista me responden con un “usted no quiere hacer nada, quiere irse a dormir”.

Termino diciendo que la revolución no se hace “desde arriba”. De ahí el énfasis en encarar la lucha del marxismo en todos los planos, el económico, el político y el ideológico. El criterio central es que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los mismos trabajadores. O, en palabras de Rosa Luxemburgo: “La revolución socialista es la primera que no podrá triunfar si no es salvaguardando el interés de la gran mayoría de los trabajadores. La masa del proletariado está llamada a fijar conscientemente tanto el objetivo como la orientación de la revolución, y además, paso a paso y por su propia actividad, debe hacer entrar el socialismo en la vida cotidiana. La esencia de la sociedad socialista reside en que la masa laboriosa deja de ser una masa a la que haya que gobernar para que empiece ella misma a protagonizar la vida política y económica en su totalidad, orientándola en virtud de una determinación consciente y libre” (¿Qué quiere la Liga Espartaquista?). Un enfoque que está muy lejos del espontaneísmo oportunista.

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