Argentina. ¿Qué pasó con Luciano Arruga?

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A diez años de la desaparición y muerte de su hermano, Vanesa Orieta hace un repaso por un caso cargado de impunidad, complicidades y también una lucha colectiva que deja enseñanzas para pensar la agenda de los derechos humanos del presente.

¿Cómo era tu vida hace diez años? La pregunta es el corazón de #10YearsChallenge, un desafío que circula por las redes sociales para que usuarios de todo el mundo comparen fotos propias con una década de diferencia: a la vista saltan cortes de cabello, experiencias turísticas, situaciones sentimentales, recorridos educativos y otros detalles que han dejado marca en las biografías de esas personas. Hace diez años, Vanesa Orieta tenía a su hermano Luciano (16) con vida, hasta que el 31 de enero de 2009 lo desaparecieron. Y esa marca en su biografía cambió para siempre el destino de una piba de barrio que se convirtió, a fuerza de dolor y de lucha colectiva, en una referente de los derechos humanos del presente. Diez años más acá en el tiempo, Vanesa y su entorno han logrado que el nombre de Luciano Arruga instale preguntas incómodas en la sociedad argentina.

Foto: Hernan Vitenberg

Foto: Hernan Vitenberg
-¿Cómo te encuentran estos diez años sin Luciano?

-Mirás para atrás y son muchas cosas que hemos hecho, y parece que se nos fue el tiempo de las manos casi sin darnos cuenta. La verdad que se va pasando por un montón de estados, me doy cuenta que la desaparición forzada de un familiar querido es un hecho de lo más triste. Es tremendamente tortuoso estar pensando hora a hora, día a día, semana a semana, año a año… esa persona no aparece, bueno, ¿qué pasó?, ¿dónde está? Eso te puede matar de tristeza o te puede fortalecer. Creo que a nosotros y a nosotras nos ha fortalecido mucho la organización y la lucha. Creo que, en lo personal, estoy en un momento de… de sanación pero (Se ríe.) sin banalizar esa palabra, como mirando un largo recorrido, observando todo lo que hemos hecho. Bajo ningún punto de vista ninguno de los familiares que pasamos por situaciones como estas, que son absolutamente traumáticas, tenemos que naturalizar nuestro día a día. Porque la realidad es que te cagan la vida, que nada vuelve a ser igual después de que se tortura, se desaparece o se mata a un ser querido. La mayoría de los familiares termina muy mal, de salud, psíquica, espiritualmente. Me parece que eso es lo que hay que resaltar también de esta problemática: todo el tiempo se está luchando para poder estar bien.

La  represión en democracia es una metodología que lleva a que tengamos cada vez más índices de pibes torturados, asesinados, desaparecidos.

Vanesa accede amablemente a la entrevista con Cítrica (de la que también participa una colega de Ámbito porque, explica Vanesa, repetir el dolor es volver a vivirlo), que transcurre entre mates en Indart 106, Lomas del Mirador, La Matanza. Esta casa, donde hoy funcionan una biblioteca popular especializada en derechos humanos y una radio comunitaria (Zona Libre), se dictan clases de apoyo escolar y se ofrecen talleres gratuitos a la comunidad, fue un destacamento policial de la Policía Bonaerense donde a Luciano (como a otros pibes del barrio 12 de Octubre y sus alrededores) lo detuvieron ilegalmente y lo torturaron antes de desaparecerlo.

Este sitio fue conquistado tras un acampe de casi tres meses del grupo de Familiares y Amigos de Luciano Arruga, un puñado de personas incansables que a lo largo de esta década han construido memoria y lucha hermanadas con otras luchas y otras memorias que habitan los sótanos de la democracia argentina: cientos de casos de gatillo fácil, desapariciones forzadas, hostigamiento de las fuerzas de seguridad y otros horrores cotidianos que no suelen ser tapa de los matutinos.

Foto: Hernan Vitenberg

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-¿Les costó apropiarse de este espacio, resignificarlo?

-Este lugar era nuestro cuando acá estaba la mismísima Policía. Después de la desaparición de Luciano, acá traían a los pibes de 12 de Octubre o de Santos Vega. Contactaban con nosotros para que intermediáramos, nosotros entrábamos acá y no nos importaba nada que hubiera un policía, dos policías o tres policías. Para nosotros dejaron de tener autoridad, no nos provocaban el más mínimo miedo. Era nuestro lugar, ya sabíamos que este iba a ser nuestro lugar cuando entrábamos acá. El dolor creo que nos atravesó tan fuertemente que entendimos «si esta gente desaparece a un pibe de 16 años, ningún respeto, ningún miedo». Me parece que ese sentimiento de que este lugar no podía seguir siendo usado por estas personas nos apareció muy rápido. En lo personal, en esos tiempos en que esto estaba abierto y estaba la Policía, si pasaba por acá gritaba algo o reaccionaba de alguna forma. Y aparte sentir que me dolía mucho que estuviera abierto. ¿Cómo puede ser? En este lugar tuvieron a mi hermano en esa cocina, lo tuvieron amarrocado, escuché cómo lo golpeaban… ¡no puede ser que esto siga abierto!

Organización popular, derechos humanos y capitalismo

La pata judicial del caso Luciano Arruga es una arista más del entramado de complicidades que se tejieron durante diez años entre fuerzas de seguridad, poder político, funcionarios judiciales y medios de comunicación amigos del poder. Durante cuatro años, la carátula de la causa fue «Averiguación de paradero», profundizando líneas de investigación (amplificadas por ciertos periodistas) que ligaban a Luciano con un caso de drogas e incluso con un viaje a Córdoba para visitar a su padre.

En esa primera etapa, las fiscales Roxana Castelli y Celia Cejas Martín y el juez Gustavo Banco -con diversos grados de responsabilidad-, rechazaron el Hábeas Corpus presentados por Vanesa y su mamá Mónica, delegaron la investigación en la propia Policía Bonaerense y pincharon los teléfonos del entorno de Luciano. Hay un pedido de enjuiciamiento a los tres que hasta ahora no prosperó.

Foto: Hernan Vitenberg

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-Hoy en día, en las marchas para recordar a Luciano hay varias cuadras de personas que acompañan y multiplican el reclamo. Tengo la sensación de que ese trayecto, por avenida Mosconi desde General Paz, al principio lo hacías vos y los más allegados en mucha soledad. ¿Qué recuerdos tenés de esos primeros tiempos?

-Al principio éramos nosotros remando esto en un mar de dulce de leche. Muy, muy difícil, pero no solamente lo difícil de poder instalar el caso, visibilizarlo y poder discutir la problemática, que eso es complejo de por sí porque necesitás de muchas herramientas. Discursivamente también estás en guerra todo el tiempo con quienes pretenden instalar otra idea de lo que vos estás denunciando. Al mismo tiempo, eran nuestros cuerpos, con dolor, con mucho dolor, mucho sufrimiento, mucha incertidumbre. Eran claramente otros tiempos. Se ha dejado todo en la cancha, como quien dice «este partido va a durar este tiempo, acá hay que jugarse entera». Y esa insistencia, ese todos los días sumar algo fue lo que logró que la causa se visibilizara. Fueron tiempos de no parar, de hoy hablo con este medio, mañana con este otro medio y así… todo el tiempo estar repitiendo. Fue de una gran insistencia de nuestra parte, de saber que no iban a ser los grandes medios de comunicación los que nos iban a ayudar a visibilizar esto, empezar a conocer medios alternativos. Nosotros siempre planteamos sinceramente cómo era el caso de Luciano, que teníamos una necesidad muy grande de poder tener Justicia, teníamos una sed enorme de verdad y de poder encontrar a Luciano. Eso era un impulso enorme para todos los días hacer algo, y ese granito de arena se fue sumando hasta que en algún momento… «bueno, no sé quién es Luciano pero hay un nombre que está dando vueltas y algo pasa con este pibe». Poco a poco se fue instalando, poco a poco me dieron la posibilidad también de hablar de Luciano no solo como víctima, desde el dolor más absoluto, sino también decir qué pensaba de la problemática.

Todos están buscando un otro peligroso al cual encerrar, aniquilar… va a ser el negro o el pobre o el indio o el estudiante

A Vanesa la acompañan esta mañana calurosa Rodrigo Ferreiro y Damián Piraino, integrantes de Familiares y Amigos. Por eso Vanesa, cuando busca en un rincón de la memoria o en lo profundo de su corazón una respuesta, piensa en colectivo: «¡Hay un grupo acá también! Nosotros somos Familiares y Amigos, todo el grupo tiene una palabra puesta en la misma dirección. Si no habla un familiar directo habla Familiares y Amigos, cualquiera de nosotros. Ese trabajo es muy valioso, ninguno de los familiares puede afrontar una lucha como esta, a largo plazo, instalando la causa de la forma en que se hizo, si no hay una colaboración grupal. Nosotros somos un grupo de personas que pensamos esta problemática, que construimos nuestra forma de denuncia, que entendimos rápidamente que no se trataba solo de Luciano, que se trataba de un montón de otros casos que se reproducen sistemáticamente a lo largo y a lo ancho de nuestro país. Sin dudas fue eso: estar muy solos, insistir, insistir, insistir, instalar, visibilizar y una vez que estaba visibilizada la cara de Lu, nuestro pedido de aparición con vida, bueno, poder hacer ahí un ajuste más de tuerca. Decir ‘esto no pasa solamente con Luciano, esto pasa con Facundo Rivera Alegre, con Daniel Solano, con Sergio Ávalos, con Miguel Bru’. También ir relacionándose con familiares es algo fundamental, al ir conociéndonos vamos construyendo una forma de accionar y eso hace posible que cada uno haga visible su causa y, al mismo tiempo, la problemática».

Foto: Hernan Vitenberg

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-¿Por qué pensás que, a pesar de las denuncias, los casos se repiten en todo el país?

-Creo que es una metodología la represión en democracia, que lleva a que tengamos cada vez más índices de pibes torturados, asesinados, desaparecidos. Creo que esta metodología es selectiva en términos de, primero, instalar la figura de un otro peligroso que es el pobre, el pibe y la piba pobres, que están ubicados en los barrios pobres, y una vez instalada la figura de ese otro peligroso hacia donde la sociedad descarga toda su violencia, se avanza a través de otra gran problemática que se ha instalado perfectamente bien para relacionarse con ese otro peligroso: la inseguridad. Cuando aparece esa problemática de inseguridad, que aterra, alarma y paranoiquea a la gente, irracionalmente también aparecen todos estos pedidos de mano dura, represión, baja de la edad de punibilidad de los menores. Estos diferentes gobiernos constitucionales que han pasado por esta democracia se han servido de esa problemática para su favor y han avanzado con lo que se supone que pide la sociedad, que es más mano dura, y esa mano dura se acentúa bien fuerte en los barrios pobres controlando la vida de hombres, mujeres, niños, niñas y adolescentes de esos barrios. Algunas de las personas que sufrimos esto podemos lograr hacernos de determinadas herramientas, que traíamos, que logramos obtener, para poder avanzar en una lucha y hacer visibles estas causas. La realidad es que, como ocurre en lugares donde se violan los derechos fundamentales de las personas sistemáticamente, cuesta mucho poder reaccionar, ponerlo en palabras o exigir lo que hay que exigir. Entonces ahí terminan quedando muchos casos en una zona de invisibilidad con familiares muy cansados, que van poco a poco perdiendo la salud. Es sistemática la muerte de pibes, pibas, niños y niñas en los barrios, y la forma en que operan las diferentes fuerzas de seguridad: a través de la tortura, los asesinatos por gatillo fácil, las desapariciones forzadas y el encierro. Es complejo. Yo creo que hay una política que administra la pobreza y saca provecho de la pobreza y avanza, ya sea para entregarle un plato miserable de comida de esta forma desvergonzada y totalmente manipuladora, o así, generando políticas para un sector de la sociedad que pide mano dura. Ya está instalado que el peligroso es el pobre, el joven pobre… bueno, listo. ¿Quieren balas? Va a haber balas. ¿Quieren más comisarías? Va a haber más comisarías. No ha cambiado eso, creo que cada vez se recrudece más la situación. Hay que hablar de sistematicidad sobre todas las cosas.

-¿Qué pasa en la Argentina, que ha construido un proceso de Memoria, Verdad y Justicia con los desaparecidos, con el tema de los desaparecidos en democracia?

-Cuando se empezó a hablar más fuerte sobre derechos humanos y fue parte de la agenda, no se pudo pensar una relación y una continuidad de las políticas represivas entendiendo que somos el producto de un genocidio. Un genocidio no empieza y termina en el momento histórico en que sucede, sino que más allá de esos períodos se extiende como una enfermedad, avanza sobre nosotros y encontramos claros ejemplos en estos casos: en los asesinatos a través del gatillo fácil, las diferentes torturas que sufren los cuerpos de nuestros jóvenes, las desapariciones forzadas. Ahí algo nos está diciendo que somos producto de ese genocidio que les tocó sufrir a otros compañeros y compañeras, pero que a nosotros de alguna forma nos repercute en este momento. Creo que en este sentido de encontrar en los gobiernos una capacidad de administrar la pobreza para sus beneficios propios, hablar de desapariciones, de gatillo fácil en democracia no era algo que precisamente viniera a traer beneficios para quienes lo plantearan como un tema de agenda. Por sobre todas las cosas, el sistema capitalista es esto: un sistema donde no entramos todos, un sistema cruel, injusto, individualista, y los diferentes gobiernos que han pasado por la era democrática no hicieron más que reproducir las lógicas de un sistema capitalista. Con sus matices, pero no hicieron más que eso. Todos están buscando un otro peligroso al cual encerrar, aniquilar… va a ser el negro o el pobre o el indio o el estudiante. En todo el mundo se está buscando a ese otro peligroso porque la realidad es que las políticas son para unos pocos, las políticas que entienden y respetan el derecho de las personas no son para todas las personas, son para uno o dos sectores sociales determinados, y los pobres quedarán afuera y tendrán que vivir como puedan. Y bueno, ese control de la pobreza a veces se resuelve cruelmente a través de la muerte o el encierro. Me parece que no estamos en un estado de bronca y de ira que nos permita también poner una palabra distinta a la que nos están poniendo constantemente, que habla de seguir controlando y seguir reprimiendo. Me parece que si no empezamos a hacer que el dolor de muchas personas empiece a ser nuestro dolor, vamos hacia una sociedad que se plantea en términos cada vez más violentos.

Foto: Hernan Vitenberg

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Entre expedientes y recuerdos familiares

Diez años después de la desaparición de Luciano, la causa principal (que acumula decenas de cuerpos de expedientes) sigue en etapa de instrucción. Entre los detalles curiosos de la investigación por la desaparición forzada, no se tuvo en cuenta el accionar judicial en otra causa, que investigó la detención y la tortura de Luciano en el destacamento de Lomas en septiembre de 2008, y en la que hubo sentencia en 2015: el policía Julio Torales, a cargo del destacamento, fue condenado a 10 años de prisión. Para la Justicia Federal, los hechos no están conectados.

Si no empezamos a hacer que el dolor de muchas personas empiece a ser nuestro dolor, vamos hacia una sociedad  cada vez más violenta

En esta década de memoria y lucha para Vanesa y sus allegados, hubo otro hito trascendental el 17 de octubre de 2014. Ese día, Familiares y Amigos supieron que Luciano había sido enterrado como NN en el cementerio de Chacarita, tras su muerte en el Hospital Santojanni.

Según pudo reconstruir parcialmente la Justicia, la madrugada del 31 de enero de 2009, Luciano cruzó desesperado la avenida General Paz a la altura de Mosconi y fue atropellado por un vehículo. Luego lo trasladaron al centro médico, donde murió al ser operado. Luciano llevaba encima ropas que no eran suyas.

La impericia judicial hizo que las fotos de su cuerpo sin vida, tomadas en la morgue, pasarán desapercibidas durante mucho tiempo porque no hubo un registro adecuado de su fisonomía ni de sus rasgos particulares (por ejemplo, un tatuaje con el nombre de Vanesa). Hay testigos que dicen haber visto un móvil de la Bonaerense a la vera de la General Paz aquella madrugada y la versión coincide con la desconexión de los aparatos de rastreo por parte de dos móviles. Datos dispersos que deberán unir en los tribunales para que llegue la Justicia completa.

Foto: Hernan Vitenberg

Foto: Hernan Vitenberg
-¿Sienten que hubo una pequeña cuota de reparación con el hallazgo de los restos en 2014?

-Siempre es positivo poder avanzar en algunos pedidos de verdad y justicia, y sin duda fue bueno para nosotros haber encontrado los restos de Luciano para no seguir en esta incertidumbre de no saber dónde está… dónde estaba. Igualmente, en esta cuestión de reflexionar también entra esto: mi familia, mis amigos, mis amigas encontraron restos, no encontramos a Luciano en el momento justo. Ese cuerpo no pudo hablar de lo que sufrió. Nosotros encontramos, después de cinco años y ocho meses, restos óseos sobre los cuales se pudo sacar muy poca información. Tener que reconocer a mi hermano por sus huesos creo que tiene que ver con la perversidad de este sistema también. Esa foto no se va más de la cabeza. (Silencio.) Sí, seguramente en algo repara no seguir buscando a un desaparecido, pero lo que viene cuando se encuentran esos restos también suma al horror que, bueno, no hay que acostumbrarse. Reconocer restos óseos no es lo que un familiar merece, y tampoco merece reconocer a una persona a pocos minutos de haber sido asesinada o torturada. Entendemos que es parte de una lógica perversa de un Estado desaparecedor también entregarte, después de mucha lucha e insistencia, los restos óseos de un pibe de 16 años que había desaparecido por haberse negado a robar para la Policía.

-Siempre toca recordar a Luciano por el horror: un pibe desaparecido en democracia. ¿Cuál es la parte más vital de tu hermano por la que a vos te gustaría que la sociedad lo recuerde?

-Creo que a cualquier joven que le toca perder la vida en una situación tan espantosa, los familiares lo tenemos que recordar, para poder sobrevivir, desde sus lugares más hermosos, y yo los guardo en mi memoria: sus caras, sus gestos, su sonrisa, sus palabras, sus deseos, los que me transmitía a mí de cuando él fuera grande. Pero me parece que esa parte romántica, en un contexto tan cruel… no, no, no quiero hablar de eso. Lo que sí quiero que quede claro es que Luciano tenía un montón de sueños y un montón de proyectos que se los robaron, se los quitaron el 31 de enero del año 2009 cuando lo desaparecieron. Hay momentos que por ahí se dan en la vida de nosotros, en los que estamos en determinada situación y recordamos esa palabra que dijo. En esos momentos, sin duda aparece Luciano muy vivo, pero aparece muy vivo también no estando. No está Luciano.

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