Argentina: No es momento de dudas sino de certezas

Frente al 54% del caudal electoral y la moda k no son pocos los compañeros que enfrentan dudas respecto de “no estar quedándose abajo del tren de la historia”. Otros, con certezas impostadas, soberbios, sin fundamentos de sus posicionamientos, se afirman en la convicción de que&nbsp “esto es más de lo mismo”.

Lo cierto es que importantes sectores populares no oficialistas han quedado jaqueados ante el evidente consenso popular que construyó el kirchnerismo, y frente a este fenómeno no encuentran una manera de posicionarse que no les signifique descapitalizarse en su acumulación política y exponerlos aliados a los sectores más oscuros de la política.

Todo esto tiene que ver con la inseguridad política o la necedad que ha vestido a los sectores populares; una u otra los debilitan para pensar seriamente una política revolucionaria. La soberbia no los deja ver sus limitaciones, los enajena del proceso popular; la inseguridad les impide llevar adelante con firmeza las políticas propias y autónomas de organización de poder popular.

Son tiempos estos de rebeliones de los pueblos en el primer mundo que encuentran a la Argentina en una aparente paz. Quienes viven sus vidas a través de libros y publicaciones académicas, incluso mirando la Argentina desde el extranjero, podrán construir explicaciones que poco tendrán que ver al final con la vida real. Así intentarán explicar este momento nuestro como “populismo” o compararlo sin sonrojarse con el peronismo del 45, por contexto histórico, por políticas públicas, etc.

Lo dijimos una y otra vez, no podemos permitirnos obviar el estado de ánimo del pueblo ni subestimar el papel que ese ánimo tiene en la construcción de situaciones políticas. Pero hay cuestiones estructurales de las que no se insinúan siquiera modificaciones, al contrario, son los soportes del modelo, y que justamente, lo que producen, es la colonización consensuada de nuestra Patria.

Por otra parte, sin pretender ancarnos en las agorerías de quienes consumaron con sus decisiones el remate del capital social de los argentinos y llevaron a nuestro país a la economía de la penuria que recorrimos por el 2000-1-2; hay indicadores que tampoco debemos dejar de atender y que hacen a la imposibilidad de que se pueda seguir manteniendo la situación actual en nuestro país.

La reunión de la presidente con la UIA fue expresión de una política que no lleva más que nubarrones para nuestro pueblo. Además de recordarles a las empresas más concentradas que nunca en la historia han hecho tantas ganancias como en los últimos ocho años, reafirmó los términos de producción actuales, garantizándoles a los empresarios que no tendrán sobresaltos.

En otro escenario, los argentinos condenados al tutelaje de las políticas públicas miserables -que con más o menos dinero que va desde los 150 pesos a los 1200- soportan la humillación de lo que parece una limosna oficial para los pobres y no creación de trabajo genuino ni soluciones a la pobreza estructural, sino al contrario, cristalizar esa situación de pobreza y de clientela estatal de sus limosnas.

Por eso, vivimos tiempos de certeza en la definición y señalamiento de los responsables de esta situación. Son tiempos de identificar las políticas que tanto daño producen en el presente pero que deparan un futuro aún peor (ya sabemos los argentinos de la plata dulce). Son tiempos de no dudar a la hora de enfrentar a los verdaderos enemigos de la Patria que, más allá del esponsoreo circense de una camiseta de fútbol, condenan a nuestra nación a la postración.

Finalmente, para los que vienen de tradiciones políticas donde el “estar bien” los conforma, tenemos que ser claros y señalar con toda crudeza lo que enfrentamos (que poco tiene que ver con un neodesarrollismo nacionalista o con un estado de bienestar); una&nbsp tendencia histórica que empuja a una refundación neoliberal. Una tendencia que solamente la férrea decisión del pueblo puede cambiar.

Algunos esperan el desastre con ansias. Nosotros intentaremos evitarlo.

Únicamente políticas de estado que aparentemente no están siquiera en la agenda de trabajo son las que resolverán los grandes problemas nacionales.

La fuga de divisas se combate nacionalizando la banca y el comercio exterior. La suba de tarifas y el cese de los subsidios que le garantizaban la tasa de ganancia a las empresas de servicios y el previsible tarifazo, se combate reestatizando las empresas. Hay que romper con la economía de depredación recuperando la soberanía sobre los bienes comunes.

Hay que construir la voluntad política popular que fuerce estas políticas como único reaseguro de poder construir una Patria con inclusión y justicia.

Por lo demás, no podemos permitirnos, embriagados en los vahos del existimo tarado, no ver la base estructural que fuerza una economía dependiente, volátil, que no puede modificar esa estructura sino que la reproduce.

Festejar las políticas públicas es no animarse a analizarlas en su real impacto en nuestro pueblo, es desconocer gran parte de nuestro pueblo, ignorarlo.

Estamos en condiciones de caminar una patriada, hay estado de ánimo, hay épica, hay voluntad, tenemos que construir el camino, andarlo, sin dudas, con el horizonte claro.

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