Argentina. Luisa Esther López “Tita”, Una Madre de todas las Plazas

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Por Lois Pérez Leira

Hace pocos minutos me ha llegado un correo electrónico donde me informaba Silvia Ollero, hermana de Inés, la destacada militante de la FJC, que fuera secuestrada por la ESMA,  que había fallecido su madre Tita el lunes 7 a las 11.30. Luisa Esther López como se llamaba, había nacido en San Andrés de Giles el 25 de marzo de 1923, en una familia de emigrantes: españoles por parte paterna e italianos por parte de la madre. Su padre fue  Jefe de estación de los ferrocarriles cuando eran ingleses en distintos lugares de la provincia de Buenos Aires. Aunque durante muchos años había sido destinado a la Estación de Devoto, donde residía con su familia en la casa chalet estilo ingles, que le destinaban a los Jefes ferroviarios. Tita se crio escuchando los pitidos del silbato de su padre y el ruido de las locomotoras. Desde joven fue una chica tímida, su cuerpo era menudo. Había hecho algún curso de corte y confección, y mientras miraba pasar los trenes de forma casi monótona bordaba o se hacia alguna prenda sencilla. Durante aquella estancia conoce a un joven  gallego de nombre Cesar Ollero. Cesar era comunista y hacia poco tiempo había salido del campo de concentración de la Isla  Martin García. El Gallego  tiene que comenzar una nueva vida, había perdido el empleo y ninguna empresa quería contar con su presencia.  Cesar estaba en una lista negra y marcado por comunista. Estas circunstancias de la vida lo llevan a ponerse  a trabajar con sus padres en una panadería. La persecución y acoso político por parte del peronismo y su disconformidad con la línea del P.C. lo van distanciando de la política activa, sin perder su ideología marxista.

Un día Cesar  invita a Luisa a encontrarse para tomar un refresco y charlar.  A pesar de la timidez de Tita, esta acepta. Ella sabía que era un buen muchacho, muy trabajador y de buena familia. Así nació lentamente una amistad que se convirtió en noviazgo y posteriormente en casamiento.

A principios de los años cincuenta se casa Cesar con Luisa La Calle, con quien tienen dos hijas Silvia e lnés. El matrimonio Ollero vive una vida feliz,  sus hijas crecen en un ambiente de estudio en una familia donde los temas políticos estaban a la orden del día. César no pierde la ocasión de contarles su paso por la cárcel, sobre la solidaridad con las luchas obreras y con República Española. En 1969 comienzan las grandes huelgas contra la dictadura de Onganía. En Córdoba (provincia. de Buenos Aires) durante varios días los trabajadores y sus estudiantes toman la ciudad. lnés la hija más pequeña de César comienza  su militancia estudiantil. En el año 1971-72 es elegida delegada de su centro de estudiantes de un colegio del barrio de Belgrano en la Capital Federal.

Inés es una jovencita hermosa, inteligente de su curso es una de las mejores. Estudia inglés y piano. Inés sigue los pasos de César y se afilia a la Federación Juvenil Comunista. Los Ollero viven con optimismo la nova situación de luchas políticas. César después de muchos años sin militancia comienza a participar a título personal, allegándose nuevamente al P.C. Silvia,  su hija mayor, decide también afiliarse, junto con su novio, un estudiante de veterinaria. Durante los primeros años de militancia Inés, pasará por distintas tareas dentro de la Juventud Comunista,  su responsabilidad y compromiso la convertirán en un cuadro político.

Conocí a esta familia al comenzar a noviar con Inés en 1971. Ella tenía 15 años estaba por cumplir los 16. No tardaron mucho en adoptarme como un hijo más. Durante varios años todos los días del año visitaba esa casa. Muchas veces ayudaba a Tita a limpiar el jardín o simplemente compartíamos el mate o el ajedrez con café y coñac con Cesar.

En el año 1974 la F.J.C. la envía a estudiar a un país socialista, a una escuela de las juventudes comunistas.

Desde 1975 hasta 1977 milita en la dirección de la Capital Federal de la F.J.C. siendo responsable política del barrio de Almagro para desempeñar en la última etapa la tarea de responsable de literatura da Capital.

Con el golpe de estado de Videla el P.C. tiene una actitud vacilante. A pesar de ello muchos militantes y dirigentes de este partido son detenidos y secuestrados.

En 1977 regreso de Galicia a la Argentina donde residí un par de años. Por cartas que nos enviamos con Inés me cuenta la dramática situación de represión que se vivía. También por esta vía  veo la posibilidad de volver a recomponer nuestra relación afectiva. No era consciente del peligro de regresar, mas podía en mí el amor que sentía por Inés. Al regresar nos encontramos en varias oportunidades, hasta que la mañana del 20 de julio de 1977 recibo una llamada angustiada y desesperada de Tita. Entre sollozos me decía. – Inés ayer fue a una reunión y no llego a casa. Nos tememos lo peor-  Al otro día por la tarde me traslade hasta San Andrés, para saber lo sucedido y ayudar en la búsqueda.

lnés que vivía en el barrio de San Andrés a las afueras de la Capital, se traslada como todos los días hasta el barrio de Belgrano. Ese día tenía una reunión de literatura del P.C., en un bar donde se acostumbraban a juntar, en la calle Corrientes y Medrano. Esa tarde llevaba un paquete con libros de Rodolfo Ghioldi, donde criticaba las ideas eurocomunistas de Santiago Carrillo.  A las nueve de la noche del 19 de julio de 1977 ya terminada la reunión con los libros que le quedaban, cogió el autobús como todos los días rumbo a su casa.

Casi una hora tardaba en llegar a su casa, esa noche el colectivo de la Línea 187 interno 13, estaba lleno como siempre de trabajadores que regresaban al hogar. Antes de llegar al límite de la capital en las avenidas Constituyentes y Albarellos el autobús hacía una parada, donde subían muchos empleados de una importante fabrica de telas, de nombre Grafa. Al llegar a este lugar un operativo de la  Policía Federal y un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica  de la Marina (ESMA), detiene el autobús, revisan los pasajeros y detienen a lnés, que llevaba tres ejemplares del mencionado libro. Con la tardanza de lnés, los padres comienzan a pensar lo peor. César llevaba tiempo teniendo miedo de que a su hija por su militancia tan activa tuviera problemas con la dictadura.  Llamaron a todos los compañeros de militancia y nadie sabía nada.  El chofer del colectivo quien declaró todos los pormenores del operativo militar, le relato a Cesar por que había reconocido a Inés: “Yo conocía a su hija por que nos encontrábamos muy a menudo en el colectivo, ya que ella viajaba por la noche a una hora que coincidía con mi recorrido como chofer”.  Este testimonio y  los de los 15 pasajeros del autobús se hizo posible reconstruir lo sucedido por el operativo militar y argumentar que Inés fue llevada hasta la comisaría Número 49.

Con estos datos Cesar, a través del abogado Jaime Nuguer de la Liga por los Derechos del Hombre, solicitó, 16 de agosto un Hábeas Corpus en el Juzgado Nacional en el criminal de Sentencia Letra V.  Este Hábeas Corpus junto con el  dirigente secuestrado del sindicato Luz y Fuerza, fueron los primeros aceptados por la justicia Argentina durante la dictadura de Videla.

Una de las pruebas más contundentes fue la aparición de un acta labrada durante el procedimiento en la que se dejó constancia del operativo militar. Allí figura la nómina completa de los pasajeros, con su número de documento y su domicilio. En la lista aparece Inés Ollero, con expresa indicación de los efectivos actuantes de pertenecer a la Escuela de Mecánica de la Armada.

Durante varios meses se dio una titánica pelea para que este Habeas Corpus pudiese ser aceptado, hasta que Cesar apeló como última instancia al Tribunal Superior de Justicia. El 24 de abril de 1978 el máximo Tribunal dispuso que se ahondase en la investigación de la estudiante Inés Olleros.

Desde  el inicio de su secuestro mientras Cesar hacia sus gestiones para liberar a Inés,  la comencé a acompañar a Tita a las distintas actividades para hacerle compañía. En una oportunidad intentamos entrevistarnos con un obispo Gallego, Monseñor Miguel Ángel Araújo Iglesias, que estaba de visita en el Centro Gallego de Buenos aires, casi llorando le pedimos que se interesara por el tema. Nos hizo muy poco caso. Mejor dicho ninguno.

A fines de julio o principios  de agosto de 1977 no recuerdo la fecha exacta, se realizó la primera misa, en la Iglesias de la Santa Eucaristía. Tita me pidió que la acompañará Era una misa semi clandestina, que estaba organizada por los familiares. La iglesia quedaba en Santa fe y Uriarte. El Cura según luego me entere se llamaba Bernardo Penedo. Creo recordar que ese día había salido también una solicitada o una referencia a la misa.

Era un día muy frio y de lluvia. Entramos a la misa cuando ya había empezado. Fuimos con un compañero amigo de Inés, que militaba en telefónicos. Recuerdo las miradas desesperadas de los presentes.  El cura dio un sermón genérico, con una que otra palabra con algún sentido solidario o de esperanza. Unos nos mirábamos a  los otros con desconfianza y con miedo. Al terminar la ceremonia salimos con cierta preocupación del lugar, ya que podía terminar siendo una trampa.  Nos acercamos hasta la parada del colectivo en la Avenida San Martín y  regresamos hasta San Andrés.

Recuerdo que otra vez, Tita preparó unos brócolis, que ella misma cultivaba,  con salsa blanca. Después de cenar y tomar el café y la copa de coñac, -luego de hablar largamente de la situación de Inés-  Cesar me confiesa que esa noche se entrevistaría con Chamorro, el secuestrador de su hija, en la ESMA. Había quedado a las 12 de la noche. El “Tano” Truco el novio de Silvia, lo llevaría con su coche, como esa noche yo tenía pensado dormir en otra casa -por medidas de seguridad-, me ofrecieron llevarme hasta el centro.

Fue así como acompañe a Cesar a la histórica entrevista con el represor,  que tenía secuestrada a su propia hija. Recuerdo bajar a Cesar  del pequeño Fiat del “Tano”. que nos traslado hasta aquel tétrico lugar.   Cesar con su carpeta bajo el brazo, camino casi 70 metros, cruzó la avenida y entró por la puerta principal de la ESMA, donde los estaban esperando. Solo  recordar la escena, me produce terror. Me despedí del Tano y a pocos metros me tome el tren, en la estación que me llevo hasta el centro.

Años después el propio Cesar Ollero declarará en el juicio contando esta entrevista. Es allí cuando le dice al represor y director de la ESMA: “estando aquí con usted me siento más cerca de mi hija”. Dándole a entender que sabía perfectamente que Inés se encontraba secuestrada en ese recinto y él era el responsable de su vida o su muerte.

Tita durante todos estos años soñó con ver entrar por la puerta de su casa a Inés. No pudo ser una Madre de Plaza de Mayo, por qué ese papel lo jugo Cesar. Tita nunca porto el pañuelo de las Madres, ella lo llevo siempre adentro de su ser, en lo más profundo de su vida. Fue una Madre  de la Plaza, en silencio. Una autentica madre coraje. A los asesinos de su hija los odio profundamente.

Ahora estas con tu Cesar y junto a tu Inesita.

Tita ¡¡¡Hasta la victoria siempre!!!

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