Argentina. La mujer rural y el cuidado de la Casa Común

El 15 de octubre se celebra – si es que pudiéramos “celebrar-”, el día internacional de la mujer rural. Tener un día en las efemérides como recordatorio, por supuesto que no es menor, es producto de incansables labores, debates, organización y lucha por parte de los colectivos de mujeres para valorizar el rol de las invisibles, quienes todos los días en los silencios de sus espacios hogareños, y del campo, trabajan en la alimentación y cuidado de sus familias.

El primer Día Internacional de las Mujeres Rurales se celebró el 15 de octubre de 2008. Fue establecido por la Asamblea General en su resolución 62/136, de fecha 18 de diciembre de 2007. En ella reconoce «la función y contribución decisivas de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural.

El impacto del Covid-19 en las mujeres rurales

El 2020, transcurre como un año bisagra, la Pandemia que atraviesa nuestro mundo, que develó muchas injusticias que se vienen denunciando desde hace mucho tiempo, pero se revelan ante los ojos de millones de seres humanos. ¿Será que las generaciones futuras lean este episodio mundial como uno de los hechos más trascendentales en la historia de la humanidad?

El modo de producción capitalista, de raíces patriarcales, puesta sobre las espaldas de millones de mujeres ya no se aguanta más. A viva voz los feminismos de todo el mundo gritan y se movilizan para tirar al patriarcado, el mal sobre el que se sustentó la opresión y la explotación de cuerpos, territorios y mentes a nivel global.

Según un estudio realizado por el Conicet en conjunto con el Ministerio de las Mujeres, Género y diversidades argentino, en donde se encuestó a mujeres de diferentes ámbitos, detectando que en la población rural, las mujeres están vinculadas a actividades agrícolas en un 44,7%, de producción de alimentos 31,7%, comercialización de alimentos 7,2%, apicultura 3,6% y procesamiento de alimentos 2,2%.

Mientras que el 46,8% no está produciendo durante la pandemia y un 15,8% sólo produce para consumo familiar. Del 37,4% que sí están produciendo, el 74% lo comercializan en la comunidad y el 22% en ferias. En relación al acceso a los recursos institucionales de las mujeres rurales y originarias, el 22,3% recibe la AUH (Asignación Universal por Hijo) y el 20,1% recibe el IFE (Ingreso familiar de Emergencia), mientras el 59,7% declaró que no recibe ningún subsidio.

Las principales dificultades, mencionadas por las mismas, son para conseguir trabajo (33,8%), enfermedad por otro motivo (21,6%), de acceso o continuidad de estudios (20,9%) y de acceso a alimentos en forma regular (19,4%). Un 10,8% está atravesando situaciones de conflictos territoriales y un 5,8% de tenencia precaria de la tierra. Otras dificultades están vinculadas con el acceso a medicamentos (8,6%) y de acceso al agua potable (7.9%). También se destacan la falta de conectividad y las violencias institucionales, que se ha incrementado entre las mujeres originarias principalmente.

El 48,9% manifestó que en su comunidad existe algún tipo de iniciativa comunitaria que involucra redes de solidaridad para enfrentar los efectos del COVID-19, como el reparto de bolsones de alimentos, barbijos, y remedios caseros.

Un modelo de explotación o un modelo de cuidado

La valorización financiera como modo de producción se agudizó en los últimos 4 años del gobierno de Macri, lo que sumado a la crisis sanitaria devenida en pandemia global, profundizó los procesos de pauperización y de desigualdad en nuestras poblaciones, siendo mucho más marcada sobre las mujeres, quienes históricamente sostienen un trabajo “invisibilizado” asociado a la alimentación y el cuidado de la familia, en el hogar.

En esto los feminismo debemos constituirnos como sujetos de profundas trasformaciones que superen las barreras de los Estados nacionales, para tejer redes desde la comunidad local hacia lo global, con enlaces de sororidad, donde prevalezca la plurinacionalidad, la descolonización, el antirracismo y, por supuesto, termine con el modelo de opresión patriarcal capitalista que expropia a las mujeres no solo su trabajo sino también las decisiones sobre su cuerpo y el tipo de territorio en cual se quiere vivir.

Por eso más que celebrar, hay que transformar, y el cuidado de la casa común desde la perspectiva feminista nos guía el camino para un mundo donde se siembre igualdad, sin explotadores ni explotades.

*Co-directora del Centro de Estudios Agrarios

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