Argentina. La masacre de Trelew vista desde este confuso presente

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La fuga del penal de Rawson y la Masacre de Trelew no sólo recuerdan un crimen de lesa humanidad cometido contra un grupo de valientes revolucionarios y revolucionarias sino que constituye una clave fundamental de análisis del Terrorismo estatal contemporáneo argentino. Al igual que los bombardeos a la población civil en junio de 1955, Trelew es otro punto de inflexión puesto sobre la superficie por quienes ocupaban la cúpula del Estado para sentar precedente de qué y cuánto estaban dispuestos a hacer quienes defendían (y aún hoy lo hacen) la estructura del capitalismo en su versión argentina.

¿Pero qué enseñanzas y legado deja a los jóvenes de hoy lo ocurrido el 22 de agosto de 1972 en ese confín de la Patagonia argentina?

Antes que nada demoler la idea impuesta por quienes se erigieron en enemigos de la libertad y la justicia, sobre que cualquier intento de enfrentamiento con el poder estaría condenado al fracaso. En ese período de la historia argentina, miles de jóvenes, como los que cayeron acribillados a balazos en la Base de la Marina Almirante Zar, estaban decididos a luchar por cambiar el orden injusto que soportaban millones de argentinos. En esa toma de decisión, no sólo desarrollaron al máximo su capacidad de entrega sino que también sabían que el compromiso era hasta las últimas consecuencias. Lo que el enemigo quiso mostrar como una sangrienta derrota, germinaba meses después en nuevos avances en la conciencia de las masas, y el triunfo electoral de 1973 y la multitudinaria movilización a las cárceles permitió de inmediato la libertad de todos los presos y presas politicas.

Desde ese punto de vista, Trelew hoy, deja claro que frente a las nuevas triquiñuelas y acciones ofensivas del Imperio, la única salida posible es la confrontación. Mostrarle los dientes y hacerle saber a quienes siguen generando nuevas formas de conquista, que no nos entregaremos a sus designios mansamente. Y que los aparentes retrocesos de la actualidad abonarán nuevas resistencias a futuro. Esto vale recordarlo, justamente ahora en que cuanto más violenta es la ofensiva para afianzar el capitalismo, más se insiste desde ciertos sectores de la izquierda, en soluciones integracionistas, falsos atajos, respuestas edulcoradas o tácticas posibilistas con quienes nos han puesto la soga al cuello y no dudan en apretar el nudo.

Por otra parte, aquellos jóvenes de Trelew también marcaron un camino en lo que hace a dejar de lado todo tipo de planteo individualista y apostaron al accionar colectivo. Desarrollaron una auténtica hermandad revolucionaria, donde el otro compañero o compañera era lo más importante a cuidar y proteger en la lucha cotidiana, junto con los sectores más golpeados de la sociedad. En los barrios, en los establecimientos de trabajo, en los ámbitos estudiantiles, se fueron gestando así bolsones de la nueva sociedad por la que se batallaba. Signos de amor compartido, de esperanzas de cambio y sobre todo, de un abierto altruismo en la reivindicación de los ideales. Con esa impronta y el deseo de volver a reintegrarse a la lucha activa en la calle, los militantes de todas las organizaciones revolucionarias que decidieron la fuga masiva de Rawson, y también los que optaron generosamente en no participar de la misma, como el inolvidable dirigente sindical Agustín Tosco, pusieron en marcha una gesta que desnudó como nunca a la dictadura del general Alejandro Agustín Lanusse.

Cuarenta y tres años después, es evidente que el concepto de militancia ha cambiado mucho, y aspectos de un marcado individualismo que soportan los distintos estamentos de la sociedad argentina actual, también se han introducido, como si se tratara de un virus, en el accionar de la izquierda. El recurso de arriesgar lo menos posible para auto preservarse (en el trabajo, en las Facultades y hasta en la militancia) son habituales y se asumen como si fuera algo que existió siempre. De la misma manera, también pueden observarse propuestas edulcoradas que actúan como apagafuegos de cualquier planteo de resistencia y que harían empalidecer a aquellos recordados jóvenes revolucionarios de Trelew.

Por último, los hechos de la fuga de Rawson remarcaron el concepto de unidad en acción de las organizaciones revolucionarias, algo que hoy se extraña como un bien preciado difícil de repetir a pesar de los años transcurridos.  Esa decisión de fugarse juntos a pesar de las diferencias entre una organización y otra, no fue un hecho casual, sino parte una concepción de trabajo y militancia que se venía desarrollando desde mucho tiempo antes. Se tenía claro quien era el enemigo y frente a él valían todos las posibilidades de ataque. De allí que tanto en la improvisada conferencia de prensa realizada en el aeropuerto de Trelew por aquellos que luego serían asesinados a mansalva, como en las declaraciones conjuntas hechas en La Habana por los cuadros de dirección de las organizaciones armadas que alcanzaron a fugarse exitosamente, se recalcara el tema de la unidad y la necesidad de mantener esa iniciativa.

Actualmente, la unidad está en boca de todos los militantes del campo popular pero termina en la mayoría de los caso siendo sólo una expresión de deseos. Es evidente que no se toma muy en serio la necesidad de forjarla, a pesar de que revoluciones triunfantes como la de Cuba o la más reciente de Venezuela bolivariana han hecho esfuerzos para acercar posiciones entre los diferentes grupos que representan a la izquierda en todo su espectro.

El ejemplo de Trelew debería servir como acicate para que en este presente tan especial se fueran dando pasos firmes que permitan unificar a los que siguen creyendo que Revolución y Socialismo son dos conceptos indivisibles. Sería también una respuesta a quienes en todos estos años han secuestrado consignas, se han vestido con la ropa de los caídos en combate para volverlos a matar con propuestas claudicantes o maniobras de abierta corruptela, o han institucionalizado el discurso de inclinarse por el mal menor, evitando construir alternativas que desnuden la mascarada de un falso progresismo. Los revolucionarios que entregaron su vida en Trelew no lo hicieron para apuntalar al capitalismo, de allí que sería saludable -como ya se ha tratado de hacer con Maximiliano Kosteki y Darío Santillán- que nadie intente adueñarse de dicha épica para bastardearla con actitudes reformistas.

Como escribiera Francisco Paco Urondo, la sangre derramada en Trelew no podrá ser negociada ni tampoco olvidados ni perdonados los gestores de que ese aciago día 22 de agosto la Patria haya sido fusilada.


Argentina. A 44 años de la Masacre de Trelew en nuestra memoria el ejemplo vivo de nuestrxs compañerxs

Resumen Latinoamericano

LOS HÉROES DE TRELEW

Los caídos el 22 de agosto de 1972:

Carlos Alberto Astudillo (FAR). Nació en Santiago del Estero en el 17 de agosto de 1944 (28 años), estudiante de medicina en la Universidad de Córdoba. Detenido el 29 de diciembre de 1970 y brutalmente torturado.

Rubén Pedro Bonet (PRT-ERP). Nació en Buenos Aires el 1 de febrero de 1942 (30 años), casado y padre de dos chicos, Hernán y Mariana, de 4 y 5 años. Perteneciente a una familia muy modesta abandonó sus estudios para ingresar como obrero en Sudamtex y Nestlé. Detenido en febrero de 1971.

Eduardo Adolfo Capello (PRT-ERP). Nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1948 (24 años), estudiante de ciencias económicas y empleado. Detenido cuando intentaba expropiar un auto en febrero de 1971.

Mario Emilio Delfino (PRT-ERP). Nació en Rosario el 17 de septiembre de 1942 (29 años), casado. Estudió ingeniería en la Universidad de Santa Fe. Inició su militancia en Palabra Obrera, que confluiría en el PRT. Abandonó sus estudios universitarios para ingresar como obrero en el frigorífico Swift de Rosario, donde trabajó 5 años. Detenido el 14 de abril de 1970. El V congreso del PRT lo eligió miembro del Comité Central en ausencia.

Alberto Carlos del Rey (PRT-ERP). Nació en Rosario el 22 de febrero de 1949 (23 años), estudió ingeniería química en la Universidad de Rosario, donde se integró al PRT. Participó del congreso fundacional del ERP. Detenido el 27 de abril de 1971.

Alfredo Elías Kohon (FAR): Nació en Entre Ríos el 22 de marzo de 1945 (27 años), estudiaba ingeniería en la Universidad de Córdoba y trabajaba en una fábrica metalúrgica. Formó parte de los comandos Santiago Pampillón y fue fundador de las FAR local. Detenido el 29 de diciembre de 1970.

Clarisa Rosa Lea Place (PRT-ERP). Nació en Tucumán el 23 de diciembre de 1948 (23 años), estudió derecho en la Universidad de Tucumán, donde se integró al PRT. Participó del congreso fundacional del ERP. Detenida en diciembre de 1970 durante un control de rutina.

Susana Graciela Lesgart de Yofre (MONTONEROS). Nació en Córdoba el 13 de octubre de 1949 (22 años), maestra. Se radicó en Tucumán donde enseñaba y compartía la vida con los trabajadores cañeros. Fue una de las fundadoras de Montoneros en Córdoba. Detenida en diciembre de 1971.

José Ricardo Mena (PRT-ERP). Nació el 28 de marzo de 1951 en Tucumán (21 años), obrero azucarero. Integró los primeras grupos del PRT en Tucumán. Detenido tras la expropiación a un banco, en noviembre de 1970.

Miguel Ángel Polti (PRT-ERP). Nació en Córdoba el 11 de julio de 1951 (21 años), estudió ingeniería química en la Universidad de Córdoba, era hermano de José Polti, muerto en abril de 1971. Detenido en Córdoba, en julio de 1971.

Mariano Pujadas (MONTONEROS). Nació en Barcelona el 14 de junio de 1948 (24 años), fue fundador y dirigente de Montoneros en Córdoba. Participó en la toma de La Calera. Estaba a punto de terminar la carrera de ingeniero agrónomo cuando fue detenido en una redada, en junio de 1971.

María Angélica Sabelli (FAR). Nació en Buenos Aires el 12 de enero de 1949 (23 años), conoció a Carlos Olmedo cuando estudiaba en el Colegio Nacional Buenos Aires. Cursaba matemática en la facultad de ciencias exactas, trabajaba como empleada y como profesora de matemática y latín. Detenida en febrero de 1972 y salvajemente torturada.

Ana María Villareal de Santucho (PRT-ERP). Nació en 9 de octubre de 1935 (36 años), era compañera de Mario Roberto Santucho y madre de tres chicos. Licenciada en artes plásticas por la Universidad de Tucumán. Junto a Santucho empezó a militar en el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano y Popular) que luego confluyó en el PRT. Detenida en un control de rutina en un colectivo.

Humberto Segundo Suarez (PRT-ERP). Nació en Tucumán el 1 de abril de 1947 (25 años), de origen rural, fue cañero, obrero de la construcción y oficial panadero. Detenido en marzo de 1971.

Humberto Adrián Toschi (PRT-ERP). Nació en 1 de abril de 1947 en Córdoba (25 años), trabajaba en una empresa familiar hasta que eligió ser obrero. Detenido, junto con Santucho y Gorriarán Merlo, en una redada el 30 de agosto de 1971.

Jorge Alejandro Ulla (PRT-ERP). Nació en Santa Fe el 23 de diciembre de 1944 (27 años), maestro; abandonó sus estudios para trabajar como obrero en una fábrica metalúrgica. Participó del congreso fundacional del ERP y en la primera operación armada. Detenido junto con Humberto Toschi en Córdoba, en agosto de 1971.

Los sobrevivientes:

Maria Antonia Berger (MONTONEROS). Licenciada en sociología, había sido detenida el 3 de noviembre de 1971. Herida por una ráfaga de metralla logró introducirse en su celda, donde recibió un tiro de pistola; fue la última en ser trasladada a la enfermería. En la fecha de la masacre tenía 30 años. Secuestrada a mediados de 1979.

Alberto Miguel Camps (FAR). Estudiante, había sido detenido el 29 de diciembre de 1970. Eludió la metralla arrojándose dentro de su propia celda, donde fue baleado. En la fecha de la masacre tenía 24 años. Su cuerpo, enterrado como NN en el cementerio de Lomas de Zamora, fue identificado en el año 2000.

Ricardo René Haidar (MONTONEROS). Ingeniero químico, había sido detenido el 22 de febrero de 1972. Evadió las ráfagas de ametralladoras introduciéndose en su celda, donde fue herido. En la fecha de la masacre tenía 28 años. Secuestrado el 18 de diciembre de 1982.

Salvaron sus vidas porque los fusiladores los creyeron muertos. Los tres están desaparecidos.

Seis presos lograron fugar el 15 de agosto, llegar a Chile y luego a Cuba:

Roberto Quieto. Secuestrado el 28 de diciembre de 1975. Desaparecido

Marcos Osatinsky. Detenido en Córdoba, en la Jefatura de Policía se le aplicó la “ley de fugas” y fue asesinado el 21 de agosto de 1975. Su cadáver fue dinamitado.

Domingo Mena, desaparecido el 19 de julio de 1976

Mario Roberto Santucho, desaparecido el 19 de julio de 1976

Enrique Gorriarán Merlo. Sobrevivió. Fue secuestrado en México en octubre de 1995 y trasladado a Argentina. Procesado y condenado por los hechos de La Tablada permaneció 8 años preso. Fue indultado por el presidente Duhalde en 2003. Falleció de un paro cardiorrespiratorio en Buenos Aires, el 22 de septiembre de 2006, a los 64 años.

Fernando Vaca Narvaja. Sobreviviente.

Los militantes que participaron en el secuestro del avión:

Carlos “Tomás” Goldemberg. Secuestrado en agosto de 1976. Desaparecido.

Anna Wiessen. Desaparecida en 1979

Víctor Fernández Palmeiro. Murió luego de participar en el operativo de ejecución del almirante Hermes Quijada, portavoz de la versión oficial de la dictadura de Lanusse sobre la masacre. La lápida que había en su tumba fue hallada en las excavaciones de las instalaciones del campo de exterminio Club Atlético, en Paseo Colón y Cochabamba, Buenos Aires, durante la dictadura cívico-militar.

Por otro lado Francisco “Paco” Urondo entrevistó a los tres sobrevivientes de la masacre en la cárcel de Devoto, donde los cuatro estaban detenidos, la noche del 24 de mayo de 1973. La entrevista fue publicada por El Descamisado y la revista Crisis con el título “La patria fusilada”. Franciso Urondo murió enfrentando a la dictadura militar en Mendoza, en julio de 1976.

Represalias sufridas por los familiares de algunos de los asesinados en la Base Almirante Zar:

Los padres y dos hermanos de Mariano Pujadas fueron secuestrados y asesinados el 14 de agosto de 1975 en Córdoba, por el Comando Libertadores de América, integrado por militares del Tercer Cuerpo de Ejército (ver nota al final de pagina y documento desclasificado).

El 25 de abril de 1976 fueron secuestrados Rogelio y María Amelia Lesgart (hermanos de Susana Lesgart). El padre de ambos, Rogelio, también fue secuestrado y liberado pocos días después.

Arturo Lea Place, padre de Clarisa fue asesinado el 22/08/76. Ver foto de la voladura de la casa de la familia Lea Place por militares y policías. Después del atentado, los encapuchados asesinaron a balazos en medio de los escombros a Arturo Lea Place, en tanto Luis, hermano de Clarisa, fue detenido. Una vez liberado abandonó el país.

Hugo Vaca Narvaja, padre de Fernando Vaca Narvaja, fue decapitado y su cabeza apareció en una bolsa de nylon. Miguel Hugo Vaca Narvaja (h) fue asesinado en un fraguado intento de fuga de la Unidad Penitenciaria Nº 1, el 12 de agosto de 1976.

Destino de algunos de los abogados de los presos políticos del penal de Rawson que llevaron adelante las acciones judiciales luego de la masacre:

Rodolfo Ortega Peña, asesinado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) el 31 de julio de 1974.
Mario Amaya, asesinado por la dictadura.
Roberto Sinigaglia y Mario Hernández, desaparecidos.
Eduardo Luis Duhalde, sobrevivió a la dictadura, fue secretario de Derechos Humanos de la Nación desde 2003 hasta que falleció, el 3 de abril de 2012.

En 2006 fue colocada una placa en el lugar de los hechos, que junto a los nombres de los 16 caídos dice: “Nunca más terrorismo de Estado. En este lugar el 22 de agosto de 1972 fueron asesinados 16 presos políticos y otros 3 heridos de gravedad. Por siempre respeto a la Constitución Nacional, verdad y justicia”.

LA MASACRE DE TRELEW
Crónica publicada por el diario Noticias, 22 de agosto de 1974

La cárcel de Rawson, una de las más seguras del país, comenzó a relacionarse con la represión política poco después del Viborazo de marzo de 1971, cuando el gobierno militar trasladó ese penal a los detenidos durante la rebelión popular cordobesa. En abril de 1972, alrededor de 200 prisioneros políticos compartían seis pabellones colmando prácticamente la capacidad del penal. En las inmediaciones, una base aeronaval con 600 soldados, dos aviones de reconocimiento, una compañía de Gendarmería con refuerzo de Ejército estacionada a cinco cuadras de la prisión, 500 efectivos de la policía provincial y una delegación de la Policía Federal, además de los 60 hombres del Distrito Militar de Trelew y la Base Naval de Puerto Madryn, con helicópteros a 60 kilómetros de Rawson, y la octava brigada del V Cuerpo de Ejército en Comodoro Rivadavia.

(…) En el aeropuerto de Trelew el 15 de agosto, Rubén Pedro Bonet también había señalado a los periodistas: “Nuestro objetivo, haber tomado la cárcel, haber venido hasta aquí e intentado la fuga, ha sido reincorporarnos a la lucha activa”, y agregaba “ya que estamos en la Patagonia concebimos esta Nación y esta lucha como la continuación de la que libraron todos los obreros rurales y los obreros industriales en el año 1921 y que fueron asesinados por el Ejército, por la represión”.

(…) Cerca de las 18 horas, a medida que se cumplían las últimas tareas previas de cada pabellón, los combatientes convergían sobre las rejas entonando una canción salteña, “la de Luis Burela” que recuerda la historia de los primeros montoneros de Güemes. A las 18.24 horas, llegó desde afuera el aviso de que estaba en camino el avión previsto, era el límite máximo de espera y ya se estaba por levantar la operación, los guerrilleros coparon todo el interior del penal (cuatro puestos centrales que controla respectivamente dos pabellones cada uno), la sala de biblioteca, aulas, cocina, enfermería y sobre todo dirección y la sala de armas. Luego un grupo de vanguardia llega hasta la caseta que controla la entrada al penal donde se produjo el único enfrentamiento armado en el que resultó muerto un guardiacárcel, y finamente los otros dos puestos de muralla que controlaban el frente del establecimiento penitenciario. El grupo 1, Quieto, Osatinsky, Santucho, Mena, Gorriarán, Vaca Narvaja, ocupan el auto que trae el apoyo externo.

La camioneta y los dos camiones previstos no llegaron.

Se intentó llegar al aeropuerto en remises de Rawson que fueron abordados por los otros 19 de la “vanguardia”. Antes de irse Bonet volvió a la caseta de entrada al penal para informar que no había camiones y que sólo fugaría la vanguardia y recordó la forma en que se había previsto la entrega del penal en caso de derrota.

Los 19 tuvieron un camino accidentado y llegaron cuando el avión ya decolaba. Los que quedaron en el penal, con solo un par de FAL lo mantuvieron en sus manos hasta que se garantizó el respeto a sus vidas. Luego, al entregar el establecimiento a las fuerzas de Ejército y Gendarmería fueron encerrados en cada celda del pabellón 7. Una ráfaga de FAL que erró por milímetros a dos combatientes rendidos fue el inicio de la etapa de más abierta represión.

(…) Desde la llegada a la base Almirante Zar, rigurosamente incomunicados, sancionados cada vez que eran encontrados hablando, los prisioneros mantuvieron diálogos usando le lenguaje de las manos y a veces el sistema morse con los golpes. Creyeron que la presencia de numerosos periodistas, médicos y jueces en el aeropuerto eran una garantía suficiente para sus vidas, aunque no para evitar la tortura.

(…) En el último minuto, cuando los están haciendo formar a los 19 en los pasillos, a las 3.30 de la madrugada del 22 de agosto, el capitán Sosa le pone a Haidar la pistola en la cabeza para que apoye la barbilla contra el pecho y mire al piso. Haidar piensa que el marino está loco, y alcanza a comentarlo con Kohon. Después las ráfagas de Sosa, Bravo y Marchard, se abatieron sobre los guerrilleros. Sosa, Bravo y el teniente Fernández recorrieron las celdas rematando a los caídos y matando a quienes ni siquiera habían sido alcanzados, como Delfino o Kohon.

Seis horas más tarde recibieron atención de enfermeros, y recién al mediodía la de médicos. En ese tiempo murieron Astudillo, Kohon, Polti y Bonet.

El 30 de abril de 1973, el presidente general Lanusse premió al capitán de corbeta Luis Emilio Sosa con una beca para instruirse en la infantería de marina norteamericana, en Estados Unidos, con sobresueldos y otras recompensas. Los paraderos de Sosa, Bravo y Marchand son de los secretos más celosamente guardados por la Marina hasta hoy.

Al tiempo de la masacre, los prisioneros que seguían en Rawson recibieron cartas de los hijos de Pedro Bonet de 4 y 5 años, contaban a sus “queridos tíos” que la gente les decía que su padre “era como San Martín pero que todavía por unos años” no iban a encontrar estatuas con su figura. Las tres hijas de Ana María Villarreal de Santucho no creían que su madre había muerto, “lo que pasa es que mamita es pícara y está escondida para que no la encuentren”. El montonero Miguel Bustos escribía: “No olvido las sombras de los rendidos en el aeropuerto (las armas en el suelo/sonrientes como acabados de nacer/ con el coraje intacto/entregados a un enemigo infame)”.

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Poema donde Rubén Pedro Bonet escribe a sus hijos

Los que lo conocieron pueden atestiguar

que era un duro militante.

Igual lo saben sus torturadores

que no lograron sacarle una palabra.

Pero también es bueno que se recuerde

que su última carta la escribió a Hernán y Mariana

sus hijos de 5 y 4 años.

Recién llegado al penal de Rawson

les contó cómo había viajado desde Buenos Aires.

Primero en un camión de celdas sin día y sin noche

y luego en un avión esposado al asiento.

Pero él lo decía como si fuera

una hermosa aventura en la Malasia

-no se olviden de que era para sus hijos-.

También les contó que en el penal hacía frío

pero que a él tanto frío le gustaba

y que fumaba y que leía y que tenía en la pared

de su celda pegada la foto de Hernán y de Mariana

junto a la de Carlitos Chaplin.

Les pedía a sus hijos que lo vinieran a visitar

si era posible para el 9 de julio.

Que no faltaran a clase y que le contestaran la carta.

Como Hernán y Mariana no sabían escribir

le enviaron sus dibujos

donde el duro militante tenía en vez de manos raíces

y un alto sombrero de payaso.

El día que se fugó del penal

se ató del cuello una carterita de cuero marrón

con las fotos de sus hijos la de Chaplin y los dibujos

y aún la llevaba cuando lo asesinaron

en la base naval

bien cerca del mar y de una playa

con enormes negras gaviotas.

Vicente Zito Lema (1974)

tapa+trelewpoesiacomounarma.blogspot.com.ar

La imagen congelada

Nunca escribí sobre Trelew; mejor dicho, sobre su masacre,

la masacre travestida de fuga,

la base de Marina sobre la que nevaron, en vez de copos, coágulos.

Trelew es su aeropuerto,

es la ciudad menos turística, más real, en el valle inferior del río Chubut,

es el polo textil donde sólo descansan las ovejas, las ruecas no descansan,

es el Mimosa de cuyas velas se descuelgan unos galeses locos destetados de Europa,

es 28 de julio de 1865, el siglo XIX a plena voz,

es ‘Tre’, pueblo en galés, y ‘Lew’, apócope de Lewis,

es el Pueblo de Luis, el Tre de Lewis,

es Lewis Jones tirando de la soga de una locomotora

imaginaria para que llegue el tren,

es el tren o caballo de vapor,

es el caballo de vapor que corre por las vías

tendidas sobre durmientes mapuches y tehuelches,

es mapuche y tehuelche lo que cruje por debajo de lo que sea que duerme,

es el crujido de sus osamentas que aún se quiebran

y de su sangre que aún salpica,

es la memoria que el polo textil no puede hilar de las tolderías deshilachadas,

es el 4 de junio de 2011, los berridos del siglo XXI,

es el Puyehue que ruge desde Chile y le echa a todo un manto de cenizas.

Pero es, antes que nada, su masacre, su 22 de

agosto de todo el siglo XX.

Nunca escribí sobre la masacre, o sea, sobre Trelew.

No pude.

No se puede.

Dejo el espacio en blanco para que lo llene el porvenir.

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……………………………………………………………………..

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…………………………………………. No, no lo dejo, clavo

sobre el papel las cuatro chinches con la foto inmortal

de los diecinueve guerrilleros que se entregan en el aeropuerto

del que no pudieron escapar,

del que no pueden escapar,

la escena inenarrable en la que lo único que se

rinde son los brazos.

Los vemos: la mirada de frente, los camperones

cómplices de la noche invernal,

las armas en el suelo sólo por eso de los brazos,

mientras se escuchan cada vez más distantes

los motores del avión en que huyen los compañeros

que tuvieron la suerte.

Trelew entero se congela en esa imagen congelada.

En esa imagen congelada en la que están acorralados.

Acorralados pero vivos.

Y ahí congelo el poema,

a fin de que la Historia, cuyos pulsos difieren del humano,

les dé el margen –¿treinta mil siglos, años?–

de recoger las armas y volver

para escapar de una ciudad menos terrible, redescubiertos,

quizá azarosamente, en los estratos fósiles, entre ruinas inciertas,

vestigio de las luchas por la transición al socialismo,

y hasta palabras raras, como ésa: Trelew.

¿Qué fue Trelew?

¿Qué querría decir en aquel tiempo?

Adrián Desiderato (2015)

***

Por eso no morimos

“Su cadáver estaba lleno de mundo”

César Vallejo

“El rocío se secó rápido, aunque volverá mañana.

Sólo el que cae en la tumba no vuelve.”

Anónimo chino

Me refiero a ellos a nosotros mismos

ahora después de siempre

sin gesto ni ademán sin pose ni mueca

lo digo por mí pero no solamente

hablo por mí

hago alusión de la silueta y de lo interno

del lomo y las palabras

evoco a la cuchara del preso y a su caldo frío

a los horizontes encarnados al futuro nuestro

a sus batallas mías.

Somos ellos que somos nosotros

a la vez diferentes los mismos.

No hemos negociado la sangre

llamamos a la muerte por su nombre

verdadero salimos de las entrañas

de un volcán escarabajos de fuego

-los trapos con la estrella y el color

de nuestro suelo-

nosotros ahora después de siempre

nacimos en 1972 y en el monte tucumano

en el mar y en la Patagonia

en diciembre nos nacieron ellos mismos

y nos nacimos juntos en junio Avellaneda

y en el Escambray y en la Maestra

a todos nos nacieron.

Pero hoy mañana todo el siglo es Trelew

no hay agosto sin 22 ni Trelew sin revolucionarios

no hay calendario que olvide por cuenta propia

ni arena sin fósiles ni mar que no se junte

con otro mar después de todo.

Nada que pueda ser dicho es olvido.

Somos los brotes de sus cuerpos apilados

en una morgue de improviso en la base genocida

somos sus voces puérperas de un grito

somos sus caballitos de madera sus manos

sus vientres sus planes de fuga sus poemas.

Somos el buen amor a nuestro pueblo

obrero campesino originario desocupado

hambriento somos

el buen odio al enemigo nuestro.

Compañeros compañeras en ellos nosotros

con ellos somos

uno

muchos

todos.

Yo soy Trelew 22 de agosto

combatiente vos preso político

nosotros acribillados

todos rebeldes revolucionarios.

Soy Rubén Pedro Mariano Ana María

tengo 23 tengo 29 años

toda la sangre en su sitio el coraje

y la ternura soy este coraje soy esta revolución

me enamoro vuelvo no me fui no me van

somos hijos de ellos hermanos compañeros

vibrantes hojas de sus tallos

humanos tan humanos

vivos

ahora por siempre.

Hernán Boeykens (2015)

***

Veintidós del ocho

“Nuestras derrotas lo único que demuestran

es que aún somos pocos

los que luchamos contra la infamia”

Bertolt Brecht

Así será cada veintidós del ocho.

Será de madrugada en Trelew,

y será el mismo viento el que barrerá la meseta

amontonando la arena y los días. En los rincones ajados

de este mapa o de esta suerte,

los compañeros chamuyarán con el destino.

Parlarán acodados en sus catres, mano a mano.

Le coserán, de seguro, un rato antes de que llegue la requisa,

un secreto dobladillo al alma. Harán, silbando con disimulo,

embutes en el cielo interminable de la estepa

o en pequeñas ratoneras. Como sea, darán,

eso es sabido, refugio indudable a la esperanza.

Practicarán postreras e imperceptibles inscripciones en los muros,

ilegibles para los verdugos. Y finalmente saldrán.

De este lado de la boca del fusil,

los compañeros formarán frente a la celda

y caminarán sublevados y descalzos a la muerte.

Contarán los disparos en la noche, las estrellas

en el gris de este desierto.

(Muchachos generosos y sencillos:

esa verdad que gritan con sus días

es la patria que escriben con sus huesos.

Ustedes conversan el idioma del porvenir,

todo lo que quedó pendiente y hoy nos arde;

esa inalcanzable provincia que aún ansiamos, el mañana.)

Mariano Garrido (2015)

Diez fotos inéditas sobre la Masacre de Trelew

A 43 años del asesinato de 16 detenidos distintas imágenes recuerdan a las víctimas de la Masacre de Trelew.

El año pasado se presentó “Trelew 72”, un libro con imágenes inéditas sobre los episodios ocurridos durante 1972 en la provincia de Chubut, que culminó con la “Masacre de Trelew”. Está obra contiene imágenes del archivo fotográfico del diario chubutense Jornada, tomadas por Emilser Pereira y preservadas por Alberto “Chujo” Feldman, elaborado por el Archivo Nacional de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el Programa Memoria en Movimiento de la Secretaría de Comunicación Pública.
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GUERRILLERAS DE TRELEW PRESENTES POR SIEMPRE!

Video

Video homenaje a CLARISA,SUSANA,ANA MARIA,MARIA ANGELICA Y MARIA ANTONIA,VICTIMAS DE LA MASACRE DE TRELEW *

Maria Antonia Berger sobrevivio y fue asesinada con posterioridad

A 44 años de la Masacre de Trelew

Declaración del Frente Político de la Juventud

Nadie borrará de nuestra memoria el ejemplo vivo de nuestrxs compañerxs que no aceptaron resignarse, que no naturalizaron lo dado, que creyeron con firmeza que la transformación social es posible y dejaron todo por el sueño de la felicidad colectiva. Hace más de 40 años, cientos de jóvenes como nosotrxs estaban presxs por estar organizadxs y luchando contra la dictadura que en 1972 encabezaba Lanusse. Ésta juventud, que no se contentaba solo con palabras, emprendió la gran tarea histórica de escribir la revolución con acciones concretas.

El 15 de agosto de 1972, en la ciudad de Rawson, se inicia una fuga masiva de un penal de alta seguridad planificada por compañerxs de distintas organizaciones combativas. La iniciativa tuvo un éxito parcial, ya que se pudieron fugar 6 importantes referentes de las organizaciones políticas, pero 19 cayeron presxs en el intento y el resto no pudo concretar la salida de la cárcel. La repercusión positiva que tuvo en el pueblo la fuga dejó a la dictadura sumamente debilitada, lxs luchadorxs se demostraban imparables, organizadxs y unidxs. Tal situación fue imperdonable para los genocidas. Lxs 19 compañerxs detenidxs fueron llevados a una base de la marina en Trelew, seis días después fueron cobardemente fusiladxs 16 compañerxs. Sólo tres lograron sobrevivir.

Hoy, a 44 años de la Masacre de Trelew, la experiencia de aquella juventud combativa, que se organizaba, unía y luchaba se vuelve un ejemplo para todxs lxs que, al igual aquellxs, no nos resignamos a este mundo de opresión, explotación y saqueo. Más aún, en un contexto político donde el macrismo -aliado, cómplice y amigo de los genocidas- avanza en el relato demonizador de lxs luchadorxs de la década del ’60 y ’70, ataca a las referencias de los organismos de Derechos Humanos, pretende la prisión domiciliaria de los genocidas presos y propone para la juventud el camino de los neo-nazis. Hoy más que nunca, gritamos bien fuerte:

¡LXS COMPAÑERXS DE TRELEW VIVEN EN NUESTRA LUCHA!

30000 COMPAÑERXS DETENIDXS-DESAPARECIDXS ¡PRESENTES!

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