Argentina. Kbrones: de la cárcel al trabajo esencial en un solo paso

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En marzo, la cooperativa textil fundada por ex presos no tenía producción y solo pensaba en asegurarle la comida a cada integrante. Con la pandemia se reconvirtieron, empezaron a fabricar barbijos y hasta incorporan personal mientras el mundo se desploma. Una experiencia que debe conocerse para complejizar el debate sobre las cárceles.

El número: 68 pantalones. Ese fue el último pedido que recibieron antes de que la pandemia de coronavirus cambiara todo y bajara la producción a cero. En una semana, la cooperativa había hecho tan solo 68 pantalones, cuando en condiciones normales llegó a producir más de tres mil.

Pero como pasa en las películas, un llamado empezó a cambiar la historia.

—¿Dónde estás ahora? —se escuchó del otro lado del teléfono.

—Llorando en casa. Consiguiendo comida y mercadería para llevarles a los compañeros —respondió Julio.

¿Se animan a fabricar barbijos? Un sindicato necesita 100 mil.

Julio César Fuque, socio fundador y encargado de la cooperativa, recuerda esa conversación casi como el principio del renacimiento de Kbrones. Si hace una década habían pensado en este proyecto para reinsertarse socialmente con trabajo, ahora, el proyecto debía reconvertirse para adaptarse al cambio abrupto que había impuesto el Covid-19. Así, la cooperativa pasó de diseñar y confeccionar ropa de seguridad e indumentaria reforzada para la industria metalúrgica y energética, a confeccionar barbijos.

“En estos tiempos se ven las ideas, los nuevos líderes, los nuevos políticos. Cuando hay necesidad, uno sale del confort y empieza a rehacerse —dice Julio, mezcla de calle y sociología—. Nosotros nos reinventamos y estamos en plena producción de barbijos¿Y te digo la verdad? Somos uno de los más serios y de los mejorcitos en cuanto a calidad”.

De los 68 pantalones y de no tener más pedidos de trabajo a este presente, pasaron más de dos meses. Los dos meses del aislamiento social, preventivo y obligatorio que decretó el Gobierno nacional para hacer frente a una pandemia que modificó las rutinas de todo el país y de todo el mundo.
En ese tiempo, Kbrones no solo fabricó cientos de miles de barbijos para diversos clientes, desde sindicatos, cooperativas eléctricas y fundaciones, hasta el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires. Kbrones también comenzó a fabricar camisolines, cofias y otros artículos de protección sanitaria indispensables para los profesionales que están en la primera línea. “No solo hemos sacado adelante nuestro trabajo, sino que además derivamos el trabajo a otras cooperativas textiles de la Ciudad y del Gran Buenos Aires”, remarca Julio.
Como los pedidos superan la capacidad de producción del taller, Kbrones responde a dos de los principios centrales del cooperativismo (ayuda mutua y solidaridad) y distribuye tareas con otras cooperativas.
Conocer desde adentro
En estas semanas, mientras los compañeros y las compañeras de Kbrones trabajaban para cumplir con los pedidos de barbijos, en la sociedad, los medios y el ámbito político y judicial crecía el debate sobre el reclamo de presos y presas ante el peligro creciente de contagio en las unidades carcelarias de todo el país, especialmente en las que sufren una superpoblación que agudiza el problema.
La historia se repitió como tantas veces: algunos jueces se equivocaron, los medios masivos mintieron, exageraron y tergiversaron y la clase media urbana armó cacerolazos. “En algún punto el tema de las cárceles es como el del virus; siempre están hablando de la enfermedad, nunca del antídoto», compara Julio, que conoce el virus desde adentro.
Nadie se lo contó. Lo sufrió y lo analizó detrás de las rejas. El antídoto, para él y sus compañeros y compañeras, es bajar el índice de delito y de reincidencia enseñándoles a trabajar a los presos. Ofreciéndoles una salida laboral. Ayudándolos a encontrar un oficio que les guste, que los incluya.
Fotos: Diego Pintos
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revistacitrica.com.ar/cooperativas-carceles-barbijos.html
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