Argentina: Hilda Molinas, una cubana al servicio de EEUU

Durante décadas desde EEUU se ha prohibido el viaje de ciudadanos de origen cubano a la isla que van a visitar a familiares, entre otras cosas, para evitar un flujo de dólares hacia Cuba en manos de los visitantes y así romper el bloqueo. Desde luego, esto, en los medios no existe; así como tampoco existe el campo de concentración que mantiene EEUU en la base de Guantánamo violando todos los derechos y normativas internacionales.

¿Ha pesado una restricción sobre la doctora Molina? Es correcto. Pero todos los funcionarios y operadores del gobierno cubano tienen la misma restricción, que conocen de antemano.

Y resulta que muchos gobiernos “occidentales y democráticos” tienen esa restricción, por ejemplo Israel:

Un ex empleado de la planta nuclear israelí, Mordechai Vanunu, brindó detalles y fotografías del reactor nuclear de Dimona a un periódico británico en los años 80.

La información brindada por el empleado llevó a varios expertos a calcular que Israel tenía al menos unas 100 ojivas nucleares, y posiblemente hasta más de 200.

La doctora Hilda Molina esta, renunció, además a su práctica, al Partido y a su banca en la Asamblea Nacional por su voluntad.

Después empezó a participar de manera activa en las campañas contra Cuba. Creó un Comité Independiente de Médicos Cubanos, financiado con dinero de la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana, que emitía informes tendenciosos y se publicaban en los periódicos de Miami.

A partir de ahí se enrareció la situación. Siguió una campaña mediática y Cuba no puede sentar el precedente de que cede bajo la manipulación mediática. La restricción está en vigor. Cuba no puede darse el lujo de premiar el chantaje de la gusanera de Miami.

La fábula de Heidi

Según los medios, Fidel sería “el decano de los dictadores del mundo”. En cambio Molina sería la “abuelita de Heidi”, buena como el perro Lassie y que quiere viajar a Argentina para visitar a sus dos nietecitos y su madre.

El hijo de esa médica, Roberto Quiñones, que ejerce la medicina privada en Buenos Aires, aseguró que su reclamo era puramente humanitario y no contenía ningún elemento político.

Hilda Molina fue una buena profesional hasta 1994, en su época de directora del Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren). A partir de allí pasó a militar en el campo de los enemigos de Cuba alimentados ideológica y financieramente por la Sección de Intereses de Norteamérica (Sina).

Los dos espacios de esa militancia fueron la presidencia del Centro Médico Independiente y el Comité Cubano Pro-Derechos Humanos. En el primero no duró mucho: sus miembros decidieron reemplazarla por considerarla paranoica (creía ver un agente de la seguridad del Estado detrás de cada persona que la encaraba).

Según el libro “Los disidentes”, de Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, ese Colegio Médico se juntó con Fundación Hispano Cubana, la Fundación Nacional Cubano-Americana, el Miami Medical Team Foundation, radio Martí, etc, para apoyar la fundación “Elena Mederos” y su programa de “Despertando sonrisas” para sacar niños a operar afuera de Cuba y denigrar la medicina cubana.

Quiñones, el hijo, desertó de Cuba. Algunas versiones aseguran que había sido comisionado con 100.000 dólares para viajar a Japón a comprar equipos médicos pero terminó recalando en Buenos Aires y poniendo una clínica privada. ¿Habrá utilizado para eso dinero estatal? La duda se alimentó con su negativa a viajar a La Habana con su esposa argentina y sus dos hijos para que conocieran a su abuela. Así lo había propuesto Fidel Castro ante la primera carta de Néstor Kirchner reclamando la salida de la doctora.

Pese a que el jefe de Estado cubano le daba todas las garantías a Quiñones para que fuera a La Habana y volviera a Buenos Aires, éste rehusó a viajar. ¿Tan poco extraña a su madre? ¿No era tan fuerte su deseo de que los chicos vean a la abuela? ¿O en realidad Quiñones tiene miedo que le reclamen algún vuelto? Si así fuera habría seguido la manía de su madre: también se le habrían perdido algunos dólares de los 10.000 que le entregó César Jaroslavsky por su tratamiento exitoso en el Ciren.&nbsp

Defensora del bloqueo

Todas aquellas son versiones con asidero pero que no pude confirmar fehacientemente. Está sí el libro de Elizalde y Báez, que tiene como fuentes a los agentes de la seguridad infiltrados en círculos contrarrevolucionarios. Estos brindaron en sede judicial testimonios sólidos sobre cómo “los disidentes” cobraban en la Sina dirigida por James Cason. La costumbre sigue ahora con el reemplazante Michael Parmly.

Molina alega motivaciones humanitarias pero es parte de la quintacolumna estadounidense dentro de la Mayor de las Antillas para favorecer la agresión “made in USA”. No hay que olvidar que la luminosa patria de José Martí, bloqueada, es uno de los “oscuros rincones” del planeta que George Bush condenó a ser bombardeados preventivamente cuando él y el Pentágono lo dispongan.

Para conocer el pensamiento de Molina hay que ver su informe “Algunas consideraciones sobre el sistema de salud en Cuba”, leído por su hijo Quiñones el 9 de febrero de 2006 en la sede de la institución.

Allí la doctora niega la existencia del bloqueo estadounidense, a pesar que el mismo es un hecho que la o­nU viene condenando desde 1992. Esa agresión ha provocado daños económicos directos por 82.000 millones de dólares y 5.000 muertos y mutilados por acciones organizadas por la CIA y grupos terroristas de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA)

Para Molina, la población cubana recibe “suministro de agua potable muy deficitario y con frecuente contaminación del agua”. No es la opinión de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que reporta al país como poseedor de uno de los mejores servicios del continente.

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