Argentina. Hidrocarburos: quiénes ganan y quiénes pierden

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La hora de los despidos masivos en YPF. En épocas de vacas flacas el ajuste se hace sentir. Los trabajadores del petróleo van dejando su traje de beneficiarios para quedar desarropados. Ya en carácter de afectados, emergen las realidades no reconocidas en tiempos de bonanzas. Ajustes, precarizaciones, malas condiciones de trabajo y altos riesgos laborales son parte de la lucha de intereses cruzados.

Investigaciones realizadas en EE.UU. indican que los accidentes y muertes de operarios del sector es más alta que en cualquier otro segmento productivo. A la inherente peligrosidad de la tarea se le suma la desregulación laboral que se anunciaría con el nuevo pacto hidrocarburífero.

Desde principio de año las suspensiones y despidos son la amenaza con que las compañías presionan al sindicato que, hasta el momento, dejó pasar la precarización y el ajuste como garantía de puestos de trabajo.

A pesar de mantener cierta “paz social” en uno de los momentos más críticos de la industria a escala global, el reciente anuncio de YPF sobre la baja de 33 equipos y el despido de 1700 trabajadores fue la gota que rebalsó el vaso e impulsó un paro total de trabajadores en la Cuenca Neuquina.

Las transferencias como vía del desarrollo de los no convencionales
¿Cómo se mantuvo cierto nivel de productividad en este contexto? En el Informe económico “Transferencias al sector hidrocarburífero en Argentina”, EJES da cuenta que el Estado transfirió más de US$ 14 mil millones a las compañías del sector entre 2008 y los primeros meses de 2016, es decir, una vez y media el gasto salarial que realizaron en ese período. Las transferencias totalizaron US$ 21.535 millones al cierre del primer semestre de 2016. A partir de los Tarifazos, los “costos” se transfieren a usuarios y usuarias que serán quienes hagan grandes aportes a los cada vez más flexibles trabajos petroleros.

Los supuestos claros y superlativos beneficios del desarrollo de enclave petrolero deben ser, por lo menos, problematizados. Los años transcurridos demuestran que es una actividad riesgosa, contaminante, que se sostiene por las transferencias económicas de los Estados y dependiente de factores externos, como el precio internacional del barril. A nuestro entender, el balance de estimular a como dé lugar y en el corto plazo es negativo, incluso para quienes allí trabajan, cobren lo que cobren.

Existen diversos objetivos que sostienen esta política de transferencias al sector hidrocarburífero, de destacan dos de ellos. Por un lado, la meta fue sostener un piso productivo. Mientras en 2008 las mismas representaron el 2% de los ingresos totales del sector, el porcentaje creció a medida que los problemas se profundizaron para la actividad (caída del precio internacional, agudización de la restricción externa y crecimiento de la demanda). Es así que, para 2015, llegó a representar nada menos que el 48% de la facturación. En ese último año, las transferencias totales fueron superiores a los 6.500 millones de dólares.

Por otro lado, se buscó estimular el desarrollo de las formaciones no convencionales, donde YPF pos nacionalización condujo el proceso y fue una de las principales beneficiadas. Con la mira en la escala masiva de Vaca Muerta y otras formaciones no convencionales, el Estado fue, además de conductor, uno de los principales financistas.

Cierre de año
Los resultados muestran un sector petrolero altamente subsidiado, hecho que se profundizó a partir de la nacionalización de YPF, la caída del precio internacional del petróleo y el mayor foco en gas. Las transferencias económicas han logrado mantener e incluso aumentar los volúmenes hidrocarburíferos, pero no consolidar su expansión para el mediano y largo plazo. En los últimos meses, con el cinturón fiscal en mano, la discusión sobre quién pagará y qué estrategia se va a aplicar es creciente.

Entonces, si bien está en un parate, la meta de explotación masiva de no convencionales no se resigna, hecho que debe alertar y que impone profundizar el debate sobre los caminos estratégicos a tomar.

Por caso, en función de la competitividad, desde ámbitos gubernamentales se recargan tintas sobre otras transferencias y garantías, como puede ser forzar la ‘paz social’ con las comunidades vecinas y la flexibilización de las modalidades de trabajo.

Lo cierto es que, año a año, el megaproyecto Vaca Muerta se modifica y evoluciona de acuerdo a las condiciones y luchas imperantes, de las cuales nosotros y tantos otros formamos parte. La constante adaptación obliga a redefinir tácticas y estrategias, caminos que nos permitan ser efectivos en posicionar nuevos escenarios pospetroleros para enfrentar y transformar la acuciante realidad.

EJES – Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental

 

 

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http://www.redeco.com.ar/nacional/gobierno/20499-hidrocarburos-quienes-ganan-y-quienes-pierden

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