Argentina. Enfoques cooperativos; Hoy: El vivir bien como derecho inclaudicable.

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«¿Quiénes son los responsables de estos hondos males? ¿A quién atribuir las desgracias y miserias que aquejan a nuestro pueblo?«. («La Dinamita»: Valparaíso. 1888). http://www.blest.eu/biblio/ortiz/cap2.html.

“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”. Voltaire

 

 

Bajo la aclaratoria del Presidente de Bolivia, Evo Morales, iniciamos estas modestas reflexiones a la luz de los valores y principios cooperativos del Siglo XXI, y ellas dicen: “Vivir Bien no es lo mismo que vivir mejor”.

Nos aclara fulminantemente el concepto. “El Vivir Bien es vivir en igualdad y en justicia. Donde no haya ni explotados ni explotadores, donde no haya ni excluidos ni quienes excluyan, donde no haya ni marginados ni marginadores. El Vivir Bien es vivir en comunidad, en colectividad, en reciprocidad, en solidaridad, y, especialmente, en complementariedad”.

“El Vivir Bien no es lo mismo que el vivir mejor, el vivir mejor que el otro. Porque para el vivir mejor, frente al prójimo, se hace necesario explotar, se instala la competencia, se concentra la riqueza en pocas manos. Entonces se produce una profunda competencia, unos quieren vivir mejor y esto a cambio de que otros, las mayorías, vivan mal. Ahí hay una gran diferencia, ya que el Vivir Bien es vivir en igualdad de condiciones, vivir mejor es egoísmo, desinterés por los demás, individualismo”.

Esta concepción ligada a la tierra, a la naturaleza, a la armonía, a las culturas originarias y con proyección actualizada que están en plena construcción y consolidación en Bolivia y Ecuador nos convoca y nos fascina.

Y nos convoca y fascina en razón a tanta corruptela y autoritarismo provenientes de quienes asumieron la responsabilidad pública de velar por el bienestar social y no lo hacen, por el contrario, incrementan el infortunio de las gentes de carne y huesos.

¿Cómo es posible tanta resignación y adormilamiento de las conciencias? ¿Qué trabajador, que maestro de escuelas, qué peón de estancias, que empleado y servidor público puede vivir bien con la pauperización del salario?

El sojuzgar de los pueblos es una cuestión de ciencia y técnica aplicada.
Por tanto, la disputa social por conquistar el buen vivir se abre camino en el campo cultural, concretamente en cada cabeza. Terreno tras terreno mental, en cada conversación, en cada ocasión, y en los medios masivos de comunicación social.

A propósito de esto último leímos que José Martí dijo alguna vez que “ser culto es el único modo de ser libre” Necesario es debatir de qué cultura hablamos, puesto que la cultura europeizante nos hizo súbditos, y ahora la globalización económica nos despoja de nuestras ciudadanías en complicidad con los cipayos locales.

Globalización económica, que por cierto, nos aísla y separa con persistencia de nuestras culturas de buen vivir, pretendiendo instalarnos la mentalidad de adaptación a la miseria, a las recurrentes crisis, mientras del otro lado asumen el problema que les acarrea la fabulosa acumulación dineraria.

Encontramos presencia y cultura jesuítico-guaraní en los territorios que abarcan los países de Argentina, Paraguay, Brasil y Bolivia, fundamentalmente. Es una cultura extraordinaria que implica una concepción colectiva de producción y distribución de bienes, de absoluto respeto a la naturaleza, a la comunidad y al individuo. Su lenguaje es rico y dulce.

El buen vivir es Tekó porá.

Bartomeu Melià, jesuita, doctorado de la Universidad de Estrasburgo (Francia), gran conocedor de esta cultura nos alecciona: “Lo más resaltante del buen vivir es la reciprocidad en el intercambio de bienes, que los guaraníes expresan con la palabra jopói: manos abiertas uno para otro. Pero más importante que esa circulación generalizada de bienes, no regida por deudas que deban ser pagadas a sus tiempos ni en cantidades fijas, sino por el deseo de mostrarse generoso, está la del jopói o reciprocidad de palabras. No puede haber tekó porã donde la palabra no circula con libertad y sin recelo».

Jopoi y oñendivepá constituyen dos formas de asociación de laboreo agrario, cuyas raíces se hunden en lo profundo de la cultura paraguaya que aguarda su renacer.

La naturaleza y la especie humana enfrentan su mayor dilema de supervivencia en razón al irracional y descontrolada mercantilización. En medio de esa atropellada antihumana la concepción del buen vivir, del tekó porá es una briza alentadora. Así las cosas, está claro que el vivir bien como derecho es, inclaudicable.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

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